Discurso del presidente del Gobierno en la inauguración del foro Wake Up, Spain!: II foro económico organizado por El Español

4.4.2022

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Casa de América, Madrid

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Buenos días.

En primer lugar, me van a permitir que agradezca la invitación, de nuevo, del director de El Español. Agradecer y reconocer el trabajo de toda la comunidad de El Español, a todos sus periodistas, a todos sus trabajadores y trabajadoras, que estoy convencido de que, entre bambalinas, han estado durante todo este año haciendo posible el que, de nuevo, querido Pedro, tengamos este Wake Up, Spain!, que, en definitiva, como bien ha dicho el director de El Español, es una llamada a la acción.

Y precisamente en este momento, como el que también sufrimos durante la pandemia, tenemos que llamar a la acción precisamente para poder hacer frente a las consecuencias, primero humanitarias, luego económicas y sociales, de esta terrible guerra que estamos sufriendo a las puertas de Europa.

Me permitirán, en el capítulo de agradecimientos, que. lógicamente, además de las empresas patrocinadoras, dé un cálido abrazo al director de la causa que nos acoge a la Casa de América y, sin duda alguna, también a la comunidad empresarial que nos acompaña, a toda la comunidad de personas que están, seguro, siguiendo este Wake Up, Spain! desde el streaming y, por supuesto, también a los agentes sociales que nos acompañan y que durante estos dos años han demostrado un sentido de Estado, un compromiso con su país, que, desde luego, estoy convencido, en estos tiempos tan difíciles como consecuencia de la guerra, van a volver a reivindicar y a reflejar en acuerdos.

Lo ha dicho antes el director de El Español. Yo creo que la injustificada agresión por parte de Putin a Ucrania ha traído de nuevo la guerra a las puertas de la Unión Europea. El horror de las muertes, como estamos viendo a lo largo de estos últimos días en ciudades que pueden ser perfectamente, por su fisonomía, ciudades europeas, ciudades de nuestro país.

Ojalá, como dijimos ayer muchos presidentes de la Unión Europea, ojalá: vamos a hacer todo lo posible por que quienes han perpetrado esos crímenes de guerra no queden impunes y, por tanto, puedan comparecer ante los tribunales, en este caso ante la Corte Penal Internacional, para hacer frente a sus supuestos casos de lesa humanidad, de crímenes de guerra o, por qué no decirlo, también de genocidio.

Pero el horror de las muertes, los millones de refugiados y de refugiadas que hace muy pocos días tuve ocasión de poder ver en el centro de acogida que el Gobierno de España ha puesto en marcha en Alicante, otro en Madrid, otro en Barcelona y muy pronto un cuarto en la ciudad de Málaga, nos hace regresar a un tiempo que creíamos definitivamente desterrado en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Y creo que estos dos años nos han enseñado que Europa no es inmune ni a las pandemias ni tampoco a las guerras, por lo que, en consecuencia, debemos tomar nota y construir esto que hemos llamado ahora la autonomía estratégica y que, al principio de la pandemia vimos claramente que no tenía Europa, que no tenía España. Lo teníamos en la capacidad de poder fabricar respiradores y, por supuesto, también mascarillas.

Hoy ya tenemos esa capacidad y, sin duda alguna, también aumentar nuestra capacidad disuasoria para ser escuchada y respetada en el orden internacional. Por sintetizarlo en dos frases: la salud se protege y la paz se defiende.

Y eso es algo de lo que Europa ha tomado nota y creo que en España también la clase política, el conjunto de la ciudadanía española, debemos también tomar nota. La guerra de Putin en Ucrania es, sin duda alguna, un cambio tectónico en el orden internacional, aunque probablemente no estemos viendo en qué dirección se va a manejar ese cambio tectónico del orden internacional. Pero está claro que el mundo cambió el 24 de febrero pasado como consecuencia de esa invasión con graves réplicas que, estoy convencido, vamos a sufrir a lo largo de los próximos meses y años.

No solamente me estoy refiriendo a la crisis humanitaria, sino también a la grave crisis alimentaria en ciernes en muchas economías menos desarrolladas y, por desgracia, ya debilitadas por la crisis.

Le comentaba antes a Pedro, al director de El Español, que ahora, cuando uno tiene ocasión de poder hablar con dirigentes latinoamericanos o también con dirigentes africanos, todos ellos dicen: "Por favor, dejad de hablar de que esta es una crisis, una guerra que afecta a la seguridad europea, porque afecta a la seguridad global".

Y cuando hablamos de seguridad, no solamente nos estamos refiriendo a la seguridad física, nos estamos refiriendo también a seguridades que dábamos por hecho hasta ahora, como puede ser también la alimentaria.

En definitiva, la guerra, como la pandemia, exige de toda nuestra unidad, puesto que es nuestro sistema democrático el que se ve atacado. Y esa unidad es la que todos los gobiernos europeos estamos cimentando con nuestras decisiones en los Consejos Europeos. Y es también la unidad que pido en España a la oposición.

Esta guerra también está afectando a la estabilidad económica de la Unión Europea. Lo ha dicho antes el director de El Español y, por extensión, a la de nuestro país, España.

El aumento del coste de la vida, esto es, la inflación, se explica en más de un 70%, según nos dice el Ministerio de Economía por el alza de los precios de la energía y los alimentos no elaborados. Y no podemos engañarnos: la guerra está afectando a la economía, especialmente a la región del mundo que se ve afectada de manera directa por la guerra en Europa.

Pero aun siendo conscientes de este enorme alto coste que estamos pagando, debemos también ser conscientes de que no hacer nada, de que no plantar cara a Putin, como estamos haciendo desde Europa, sería incluso mucho más gravoso.

Como bien sabemos, la invasión de Ucrania ha alterado el cuadro de previsiones económicas internacionales trazado para este año, para el año 2022, el 25 de enero. Simplemente por citar algunas de esas previsiones, el Fondo Monetario Internacional anticipaba un crecimiento económico mundial de en torno al 4,4%.

La Comisión Europea, que ha sido el último organismo internacional que ha publicado sus pronósticos antes de la guerra del 24 de febrero, el día 10 de febrero anticipaba un crecimiento del 4% para el conjunto de la Unión Europea y la eurozona, mientras que para España la cifra era de un crecimiento del 5,6% en el año 2022.

Este escenario económico ha cambiado radicalmente en el contexto de la invasión de Ucrania por parte de Putin. Ahora hay multitud de consecuencias que se presentan a distintos niveles. Se ha producido, como bien sabemos, un shock negativo de oferta. Y es importante también recordarlo, porque tenemos algunas de esas réplicas a las cuales antes hacía mención.

Por ejemplo, en el ámbito de la crisis alimentaria que tienen, y cobra aún mayor importancia, tanto Rusia como Ucrania. Estos dos países son proveedores importantes de varias materias primas, como son el trigo, el maíz, los fertilizantes, el gas, el petróleo o los metales. Además, un país como Rusia es un proveedor clave de níquel, que es utilizado precisamente para la producción de acero de baterías. Y tanto Rusia como Ucrania, por ejemplo, son proveedores fundamentales del argón y el neón que se utilizan en la producción de los semiconductores.

Como sabemos, tras las peores etapas de la pandemia, Europa y España venían experimentando una recuperación económica robusta. España, por centrarnos en nuestro país, cerró el año 2021 con una subida del PIB del 5,1%, según los datos del INE, y con una potente creación de empleo.

Contamos con más de 20 millones de ocupados, una barrera que no se sobrepasaba desde la crisis financiera del año 2008. Hace unos minutos, como bien comentaba antes el director de El Español, hemos conocido los datos de afiliación a la Seguridad Social y de paro del mes de marzo, que muestran una reducción del desempleo de en torno a 840.000 personas respecto a hace un año, la mayor reducción interanual en un mes de marzo de toda la serie histórica.

Y, además, junto a ello, las arcas públicas, que -conocíamos la semana pasada- cerraron el año 2021 en una situación mucho más saneada de lo que se esperaba: el déficit público alcanzó el 6,76% del PIB, es decir, es una cifra 3,3 puntos menor de la anotado un año antes, que era del 10,08%.

Y quiero además subrayar que se ha conseguido reducir este déficit público y, por tanto, empezar la consolidación fiscal de nuestras cuentas públicas; no con ajustes como se hizo durante la crisis financiera utilizada, creo yo, como excusa para infligir recortes que debilitaron a la postre la sanidad en el Sistema Nacional de Dependencia en nuestro país, haciéndonos más vulnerables ante emergencias sanitarias como la de la COVID-19.

Creo que es una de las lecciones que también tenemos que extraer de esta crisis, de su respuesta, y en su comparación con la crisis financiera. En esta ocasión, lo que hemos hecho ha sido estimular la economía, lo que ha supuesto una recaudación tributaria mucho mayor, que marcó un máximo histórico de 223.382 millones de euros en el año 2021, es decir, un 15,1% superior a la registrada en el año 2020. Y, eso sí, con sustantivas bajadas de los impuestos vinculados con la electricidad para hacer frente al alza de los precios, tanto de la energía como de la electricidad en los hogares y también en nuestras empresas.

Y, a pesar de que nuestra economía está creciendo a un ritmo potente y ágil de cara al futuro inmediato, la guerra, evidentemente, aumenta la incertidumbre económica por parte de todos los actores. Sin duda, uno de los elementos más negativos de la situación actual es el incremento de los precios: el dato de la inflación correspondiente al mes de marzo, no supone una buena noticia; al contrario, es una mala noticia.

El aumento del IPC es un problema para la economía, es un problema para el tejido industrial, para las empresas, para las familias, para los trabajadores, sobre todo para los colectivos más vulnerables, porque ven mermado su poder adquisitivo y sus ahorros.

Y, a pesar de que el panorama al que nos enfrentamos es complejo y de una elevada incertidumbre, sí me gustaría subrayar algo que de alguna manera ha apuntado el director de El Español, y es la capacidad de España y, por extensión, también de sus empresas, de sus agentes sociales, también del Gobierno, de afrontar los momentos más duros y crecerse ante la adversidad.

Antes, con la pandemia, y hoy, con la guerra, sabemos que España siempre responde. Y este Gobierno es el mismo Gobierno que afrontó la pandemia global protegiendo a la ciudadanía, que logró un acuerdo histórico, como fue la mutualización, por primera vez, de la deuda a nivel europeo y, por tanto, vehicular esos fondos europeos, que son una gran oportunidad para hacer muchas cosas que tuvimos que hacer después de la crisis financiera, pero que no teníamos recursos para poder impulsar.

Es el mismo Gobierno que impulsó, junto con las comunidades autónomas y también los profesionales sanitarios, una estrategia de vacunación ejemplar en Europa y en el mundo.

Es el mismo Gobierno que ha hecho reformas estructurales. Algunos pueden pensar que las reformas estructurales son la devaluación o el debilitamiento del estado de bienestar, pero una reforma estructural es, por ejemplo, pedida por la Comisión Europea durante muchísimos años, un ingreso mínimo vital que, de alguna manera, reordena todas las políticas sociales de prestaciones a las personas, a los colectivos más vulnerables.

Es el mismo Gobierno que puso en marcha los ERTE, los créditos ICO, que ha subido el salario mínimo interprofesional, que, como efectivamente recordaba antes el director de El Español, acordó con los agentes sociales una importante reforma laboral.

Es el mismo Gobierno que afrontó una crisis sin precedentes como fue la precipitada salida de la comunidad internacional de Afganistán, sirviendo, como bien recordaba la presidenta de la Comisión, como ejemplo del alma de Europa, representándolo también en el momento en que asumió las consecuencias del desastre de la isla de La Palma con el volcán; con la máxima cooperación, coordinación y colaboración entre administraciones y entre empresas.

El mismo Gobierno que hace dos semanas logró que se reconociera algo difícil en Europa y es, precisamente, la particularidad de la Península Ibérica a la hora de afrontar la subida de los precios de la luz como consecuencia de un marco regulatorio común, que es el que tenemos en el ámbito europeo vinculado con la energía.

Este Gobierno, en definitiva, si me permiten la expresión, está hecho para todas las estaciones, para las duras, que, la verdad, son las que han venido una tras otra -y de qué manera- y para las amables, que, estoy convencido, también llegarán.

Este Gobierno sirve para subir cuestas y, seguro que también, para bajarlas cuando lleguen, que seguro llegarán. Y este Gobierno es el mismo que se enfrenta ahora a las duras consecuencias de una guerra en territorio europeo.

Y este país, España, su sociedad, su industria, sus empresas, sus trabajadores y trabajadoras, también sus gobiernos, desde el municipio más pequeño al municipio más grande, estoy convencido, van a hacer lo mismo.

Por ello, estoy persuadido de que volveremos a salir adelante con unidad, con justicia y con determinación. Y también Europa ha aprendido cuál debe ser su rumbo. Creo que, como bien decía antes el director de El Español, Europa es nuestro ecosistema, es el lugar al que pertenecemos. Europa ha sabido comprender que lo que se libra a las puertas de nuestra Unión no es una disputa territorial entre vecinos; lo que tiene lugar es una agresión de una potencia nuclear, con un autócrata al frente, en contra de un país soberano y democrático. Y la agresión, en consecuencia, se produce precisa y justamente porque es un país libre, democrático y europeo.

Europa, en consecuencia, está amenazada. Europa ha sido agredida. Llevaba siendo minada por Putin desde dentro, con el apoyo a campañas de intoxicación, con su respaldo a las fuerzas de ultraderecha o también anti europeas. Y ahora Europa ha sido puesta a prueba del modo más extremo, con una guerra, con una invasión ilegal.

Y Europa ha sabido responder. Putin, me lo han escuchado decir en muchas ocasiones, subestimó la voluntad de resistencia ucraniana y subestimó también la respuesta, la unidad de Europa. Creyó que la opinión pública europea se cuartearía tras sus campañas de insidias y de división, y se ha encontrado con una nación que resiste de manera encomiable y con un continente que responde.

Este es el momento al que se enfrenta Europa. Lo estamos viendo en Ucrania y lo veremos en pocos días en Francia: Europa o la extrema derecha. Los enemigos de Europa son los enemigos de la democracia: da igual que sea en Moscú, en Kiev o en París.

No hay otro enemigo ni mayor amenaza. El proyecto europeo y sus valores de libertad, de democracia, de solidaridad, tienen un adversario único y global que es un proyecto autoritario, fanático, extremista, que desprecia la libertad personal. Es incompatible con la democracia, con los derechos fundamentales. Se disfraza con distintos ropajes, si me permiten la expresión, pero siempre ataca a los mismos, a las minorías, exalta el sometimiento de la mujer, desprecia el cuidado del planeta y del medio ambiente, agrede los derechos de los trabajadores y trabajadoras y también de sus representantes y siempre, siempre, se opone al proyecto europeo y se empeña en destruirlo.

Putin no es un conservador, igual que la ultraderecha no es conservadora. No quiere conservar nada de lo que vale la pena en nuestro planeta: ni la naturaleza ni los valores humanistas que han permitido el gran progreso de la humanidad. Quiere imponer una sociedad imaginaria donde el derecho a la diferencia o la discrepancia cede arrollado por la violencia y por la intransigencia.

Siento, queridos amigos y amigas, si me permiten que así les califique, la misma preocupación que cualquier demócrata ante este riesgo, pero tengo la confianza en la capacidad de respuesta de Europa. De la misma manera que hicimos frente a la pandemia, en esta ocasión la respuesta coordinada que hemos dado a nivel europeo está marcada por tres principios que son el de la unidad, el de la determinación y el de la solidaridad.

Tenemos, en consecuencia, razones, en este contexto tan complejo que está atravesando nuestro continente, para ser y sentirnos orgullosos de ser europeos, no por haber nacido -lo he dicho en muchas ocasiones- en un punto concreto geográfico de Europa, ni por cualquier rasgo de nuestra fisonomía, ni por cualquier otro accidente de la naturaleza. Estamos orgullosos y orgullosas de ser europeos, porque hemos construido, entre todos, la comunidad cívica más avanzada de la historia, la que ha llevado más lejos los principios humanistas, los que se fundamentan en los valores de la libertad y de la justicia social.

Ese, y no otro, es el patriotismo europeo que proclama un patriotismo que se basa en principios y en valores que tienen vocación universal. Y, exactamente, esos mismos principios europeos son los principios que se inscriben en nuestra Constitución, son los que guían nuestra respuesta.

En España, al igual que sucedió con la pandemia, el impacto de esta crisis sobre la economía y la inflación dependerá en buena medida también de la respuesta que demos nosotros en nuestro país. Las circunstancias también cambian: el tipo de desafío al que nos estamos enfrentando hoy no es el que teníamos en la primavera de 2020. Pero hay una constante y es la determinación del Gobierno para repartir de forma justa las cargas económicas de este impacto de la guerra, como hicimos también con la pandemia, protegiendo el crecimiento de la creación de empleo que iniciamos en el año 2021.

Y, antes que nada, quiero decir que ni España ni Europa han dudado nunca en este conflicto. Tenemos la obligación de responder a esta guerra protegiendo a Ucrania, parando los pies, si me permiten en este término coloquial, a Putin y blindando el bienestar de nuestras sociedades.

Y esta protección debe darse a todas las escalas: a escala global, a escala europea y, sin duda alguna, también a escala nacional, para que, precisamente, la guerra no detenga la buena marcha de nuestra economía y, en consecuencia, no rebaje, o al menos no rebaje tanto, el bienestar de nuestra ciudadanía.

A tal fin, el Gobierno de España no ha dejado de trabajar un solo instante. El resultado es el Plan Nacional de Respuesta a la Guerra. Un plan riguroso, un plan ambicioso, concertado también con múltiples colectivos, también con instituciones y con grupos parlamentarios, para afrontar la compleja situación generada por esta guerra. Con este Plan perseguimos ocho grandes objetivos:

El primero, sin duda alguna, tiene que ver con contener, con bajar el precio del gas, el precio de la electricidad, también de los carburantes, en la medida de nuestras posibilidades, a escala nacional, apoyando en particular a los colectivos más vulnerables.

En segundo lugar, lo que queremos es apoyar a los sectores y a las empresas más afectadas. Todas las crisis son asimétricas. Es cierto que ésta no lo es tanto porque, en definitiva, son todos los sectores los que se ven afectados como consecuencia del alza de los precios. Pero queremos hacer un especial hincapié en proteger a las pequeñas y medianas empresas y también a los trabajadores y trabajadoras autónomos.

En tercer lugar, lo que queremos es reforzar la estabilidad de los precios, evitando una espiral inflacionista, la cual a la postre perderíamos todos.

En cuarto lugar, lo que queremos hacer es suministrar, garantizar, mejor dicho, el suministro.

En quinto lugar, proteger la estabilidad financiera.

En sexto lugar, acelerar el despliegue del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. En particular, la agenda de transición energética para alcanzar cuanto antes, una mayor autonomía estratégica en este ámbito.

En séptimo lugar, impulsar la eficacia energética.

Y, finalmente, reforzar la ciberseguridad, un ámbito de nuestra seguridad que evidentemente va a cobrar a lo largo de los próximos meses y años cada vez mayor importancia para acometer estos ocho objetivos.

El Plan se articula en un conjunto de medidas que supone la movilización, nada más y nada menos, de manera extraordinaria, de en torno a 16.000 millones de euros, 6.000 millones de euros en ayudas directas, en rebajas de impuestos específicas para colectivos determinados, y 10.000 millones de euros en avales gestionados a través del ICO. Un Plan para el que, de nuevo, pido el apoyo de las Cortes Generales.

El Plan Nacional de Respuesta incluye, como no podía ser de otra manera, medidas de corrección en los mercados. Creo que, en fin, esto es algo que se está abriendo paso también a nivel europeo, no solamente por parte de gobiernos socialdemócratas o de orientaciones socialdemócratas como la que yo pueda representar, sino también desde la perspectiva conservadora, desde la perspectiva también liberal se está hablando de la necesidad de intervenir y de corregir el mal funcionamiento de determinados mercados.

Es evidente que el mercado de la energía a nivel europeo no está funcionando, ni está, digamos, resistiendo al estrés, al que viene sometido desde un tiempo a esta parte. La situación extrema a la que nos enfrentamos requiere de soluciones inéditas. Estamos sufriendo una guerra y, por lo tanto, como bien dicen los ingleses, tenemos que pensar fuera de la caja para ver cómo abordar esta situación.

Y se trata, por supuesto, de medidas extraordinarias, también temporales, acordes con el contexto excepcional de un conflicto armado, insisto, de nuevo a las puertas de Europa, que ha distorsionado los mercados energéticos, los de los carburantes o hasta incluso, como antes hacía referencia, a los de los productos agroalimentarios.

El Gobierno de España está obligado a actuar, intervenir, para proteger a las familias, a las empresas, a los trabajadores y trabajadoras y, evidentemente, a los principales sectores afectados.

Como ya he comentado antes y había hecho referencia el director de El Español, el último Consejo Europeo del pasado 24 y 25 de marzo, celebrado en Bruselas, permitió que España y Portugal lográramos la excepcionalidad energética ibérica.

El primer paso ya está dado y con éxito, conseguir la aprobación por parte de los líderes europeos para que logremos una solución propia a los elevados precios de la electricidad, ya que somos una isla energética por nuestro alto porcentaje de energías renovables. Hemos hecho ambos países una apuesta decidida, es evidente que Portugal mucho antes que nosotros, pero una apuesta decidida por las energías renovables. Y, en segundo lugar, por la escasa interconexión de nuestras naciones con el resto de Europa, que evidentemente es la segunda más baja del continente, un 2% solamente de interconexiones, cuando los objetivos de la Unión Europea para el año 2020 era de un 10% de interconexiones y para el año 2030 de un 15%. Bueno, estamos en un 2% y evidentemente esto hace que, aunque estemos formalmente integrados en el mercado energético, no lo estemos desde el punto de vista práctico.

Yo creo que este es un grandísimo avance, no solamente para la Península Ibérica, sin duda alguna, también, para ambos gobiernos, sino en particular para la Unión Europea a la hora de abrir la puerta a este necesario debate sobre la intervención en un mercado que evidentemente no está funcionando. Y lo hacemos porque es perentorio, es absolutamente necesario para poder proteger a nuestras sociedades.

Y ya hemos remitido al Consejo nuestra propuesta inicial, que se ha dado a conocer en los medios de comunicación a lo largo de la semana pasada. Limitar a 30 € por megavatio/hora el precio máximo del gas para las centrales de generación eléctrica, frente a los 120 euros a los que cotiza hoy, fíjense, en fin, la diferencia tan abismal.

Esta posible solución, evidentemente, no llevaría aparejada un aumento del déficit de la tarifa, ni tampoco tendría un impacto sobre las cuentas públicas. El propio sistema lo absorbería y también lo regularía. Este es solo uno de los muchos elementos técnicos que debemos discutir a partir de ahora con la Comisión Europea ambos gobiernos, el Gobierno de España y el Gobierno de Portugal, y está previsto que antes de que termine este mes de abril tengamos la respuesta por parte de las instituciones comunitarias.

Pero estas medidas urgentes, diseñadas para minimizar, insisto, el impacto de la guerra en Ucrania, no deben desviarnos del rumbo de la modernización de nuestro país, marcado desde el comienzo de la legislatura.

Creo que en momentos como el actual, cuando se ponen en cuestión los fundamentos, los principios, los valores de las sociedades, es cuando tenemos que reafirmarnos en aquellos elementos que son los que van a permitir ganar el futuro a España y al conjunto de la Unión Europea.

Por eso, muy al contrario, esta crisis, como lo fue también la pandemia, no va a ser utilizada por el Gobierno de España como una excusa para ralentizar muchas de estas transiciones que tenemos que hacer desde una perspectiva de justicia como es la transformación digital o la transición energética.

Al contrario, el Plan Nacional de Respuesta contempla también la aceleración de los procesos de transición ecológica y de transformación digital incorporados en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Porque precisamente la descarbonización de nuestra economía hacia las energías renovables es donde está la respuesta para terminar con la dependencia del gas y también del petróleo rusos. Y quiero decirles que esta es una de las digamos premisas, de los diagnósticos, ampliamente compartidos por aquellos países con gobiernos que claramente ven en la agenda 2030, en la transición ecológica, no un elemento, digamos, de ralentización, sino de dinamización y de ganancias de competitividad en el corto, medio y largo plazo.

Quiero decirles que España está liderando en Europa la ejecución de los planes de recuperación. Permítanme decir que estoy muy orgulloso, muy orgulloso pese a todas las dificultades y también errores que se puedan estar cometiendo, estoy muy orgulloso de que España sea, con diferencia, el país más avanzado en todo lo relacionado con la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Fue el primer país de los 27, junto con Portugal, que era como todos recordamos, quien ostentaba la presidencia pro tempore de la Unión Europea en el primer semestre del año 2021, en recibir la aprobación definitiva del plan.

También hemos sido el primero en recibir el desembolso ligado al cumplimiento de hitos y de objetivos que tienen que ver totalmente con las reformas y las transformaciones, a las cuales posteriormente haré referencia.

Y hasta la fecha, simplemente por darles algunos datos, solo España en diciembre de 2021 y Francia en marzo de 2022 han recibido, hemos recibido, desembolsos del Plan, adicionales, adelanto del 13%. Un adelanto al que todos los países tienen derecho al firmar los documentos de gestión y en total hemos recibido ya en nuestro país 19.037.000.000 de euros de la Comisión Europea provenientes de los fondos europeos Next Generation.

Sin embargo, como bien todos sabemos, y estoy convencido, querido Pedro, de que a lo largo de esta semana será objeto de debate por parte de los empresarios, de los agentes sociales y sin duda alguna también de los distintos dirigentes autonómicos y municipales que pasen por este foro, sin embargo, como decía, recibir los fondos es el primero de los desafíos, no menor, pero es el primero de los desafíos.

El reto verdaderamente importante es ejecutarlos con rapidez, de manera eficiente, que los datos macro lleguen a las pequeñas y medianas empresas, a los autónomos, a los trabajadores, que impacten, en definitiva, verdaderamente en la vida cotidiana de las personas, en las vidas de nuestro país.

Para ello, en los nuevos meses, en los nueve meses que apenas han transcurrido desde que se aprobó el plan, la Administración General del Estado ha realizado un enorme esfuerzo, y quiero además reconocer el trabajo de todos los funcionarios y funcionarias que ante, en fin, un despliegue inédito, porque estamos hablando de un fondo nuevo, un fondo con sus propias reglas, creado, como bien se decía antes, en un tiempo extraordinario como fue ese primer semestre de la pandemia, bueno, pues como decía antes, la Administración General del Estado, sus funcionarios y funcionarias han hecho un enorme esfuerzo para hacer llegar los fondos europeos a la economía española a través de tres procesos.

En primer lugar, activar todos los procedimientos administrativos necesarios para transferir los fondos a la economía a través de los concursos públicos, de las convocatorias de ayudas, de subvenciones con concurrencia competitiva.

Simplemente para que se hagan ustedes una idea, en apenas nueve meses se han autorizado el gasto de 27.928 millones de euros de los ejercicios presupuestarios para el año 2021 y el año 2022.

En segundo lugar, publicando las convocatorias para que los ciudadanos, las empresas, puedan acceder a los fondos. A fecha del 22 de marzo, la página web del Plan de Recuperación de los fondos europeos recoge un total de 1.612 convocatorias, por un importe de 27.027 millones de euros.

Y, en tercer lugar, adjudicando las convocatorias de licitaciones, de ayudas, de subvenciones a esas empresas y a esos ciudadanos.

La Administración General del Estado ha resuelto, para que se hagan una idea del enorme esfuerzo que todo ello está conllevando, más de 524 convocatorias por un importe de 8.552.000.000 de euros, alcanzando los 11.486 proyectos beneficiarios de los fondos Next Generation. Estos son proyectos ya asignados con beneficios reales y en consecuencia están detrás, por qué no decirlo, también de la recuperación económica y de la creación de empleo tan intensa que estábamos registrando a lo largo de estos últimos meses.

Y, además, en el marco del Plan de Recuperación, como saben ustedes, hemos creado una figura, inspirada también en la legislación comunitaria, que hemos llamado Proyectos Estratégicos para la Recuperación y la Transformación Económica, los famosos PERTE. Estos proyectos estratégicos son una herramienta, yo diría que fundamental, para reindustrializar nuestro país, para modernizar tecnológicamente nuestro país.

Hemos aprobado ya nueve proyectos estratégicos, con todo el trabajo que lleva detrás, y quiero, además, a todos los ministerios y a todos los funcionarios y funcionarias, reconocer el trabajo. Hemos aprobado, como he dicho, nueve proyectos estratégicos en áreas muy importantes para la economía y la industria de nuestro país, como es, por ejemplo, el vehículo eléctrico, el sector aeroespacial, la gestión y la digitalización del agua, el sector naval, la agroindustria, la economía circular, la medicina de vanguardia, las energías renovables y el hidrógeno verde y el almacenamiento, o también de la lengua, el español en el mundo digital.

Todos ellos prevén movilizar nada más y nada menos que 56.000 millones de euros, 19.000 millones de euros de los cuales provienen de los fondos europeos. Lo demás es apalancar inversión privada.

Y siguiendo con esta voluntad de abordar la transformación de sectores estratégicos de nuestra economía, me gustaría anunciarles, aquí en el Foro en español, un nuevo proyecto estratégico sobre microchips y semiconductores, dotado con unos 11.000 millones de euros de inversión pública.

Por lo tanto, el anuncio que les hago aquí en el diario El Español es la aprobación próxima de un nuevo proyecto estratégico sobre microchips y semiconductores, dotado con 11.000 millones de euros de inversión pública.

Creo que las razones son bien conocidas. Podemos todas intuirlas, o incluso también corroborarlo. Y es que los semiconductores son un elemento básico de todos los sectores energéticos y, por tanto, adquieren una importancia, yo calificaría de geoestratégica mundial, en un contexto de transformación digital tan profundo de nuestras economías.

España no va a perder la carrera de la tecnología más avanzada. Muy al contrario, el Gobierno de España quiere que nuestro país definitivamente sea y se sitúe a la vanguardia del progreso industrial y también del progreso tecnológico. Y este proyecto estratégico, este PERTE, representa esa gran apuesta que yo calificaría de ambiciosa. Por qué no decirlo, también de audaz, para atraer importantes inversiones en la industria de los semiconductores y de las nuevas tecnologías relacionadas, que serán clave para alcanzar esa ansiada autonomía estratégica, también a nivel europeo.

Junto a las inversiones de los fondos europeos, como bien saben ustedes, el plan de recuperación incluye una ambiciosa agenda reformista de más de 100 medidas en los próximos tres años o, mejor dicho, en estos cuatro años de legislatura, y que el Gobierno está poniendo en marcha con agilidad y yo creo que de manera intensa. Y, en este sentido, quiero de nuevo agradecer a los agentes sociales todo el esfuerzo que están haciendo de generosidad y de solidaridad, no ya con sus representados, ya sean sus afiliados sindicales o sus empresas que estén en el ámbito de la patronal, sino con su país.

De hecho, las reformas contempladas en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, quiero decirles que ya hay un buen número de ellas aprobadas en las Cortes Generales, al menos, en buena medida, las más importantes leyes, como la reforma laboral; como la Ley de Garantía del poder adquisitivo de las pensiones; como la Ley del cambio climático; como la Ley de Educación; como el ingreso mínimo vital, que es una reforma y es una reforma estructural largamente demandada por parte de la Comisión Europea; como la Ley de los trabajadores y trabajadoras de las plataformas digitales; como la Ley para la reducción de la temporalidad en el Empleo Público, que también era una de las reformas que nos pedía la Comisión Europea para reducir la temporalidad del empleo público y, sin duda alguna, también la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional, que ha sido recientemente aprobada en las Cortes Generales y que para mí, como presidente del Gobierno es, desde el punto de vista personal, una de las leyes más singulares, más importantes de esta legislatura.

Además, se encuentran en estos momentos en tramitación en las Cortes Generales, tras su aprobación en el Consejo de Ministros, importantes leyes que tienen que ver con la necesidad de escalar la dimensión del tamaño de nuestras empresas y, por tanto, de aumentar la internacionalización de nuestra economía, como es el proyecto de ley Crear y Crecer para el emprendimiento, el proyecto de ley Startup, el proyecto de ley de la Reforma Concursal, el proyecto de Ley General de Telecomunicaciones, el proyecto de Ley General de Comunicación Audiovisual, el Proyecto de Ley del Deporte, el proyecto de Ley de Vivienda. Es decir, una agenda reformista y legislativa de una intensidad absolutamente excepcional, creo que homologable al desafío que tenemos por delante con la pandemia y con la guerra y, sobre todo, de la necesidad de modernizar para ganar nuestro futuro.

Y permítanme que me refiera, en este sentido, a algunas de estas reformas que creo particularmente relevantes en este en este foro empresarial.

En primer lugar, las que tienen que ver con el objetivo de acelerar la transición del sistema energético hacia un modelo más sostenible basado en las energías renovables y, por tanto, anclado en la Agenda 2030 que nos marca, que nos define Naciones Unidas.

En segundo lugar, las reformas para hacer nuestro tejido empresarial más dinámico y más productivo.

Para ello, como saben, hemos aprobado la Ley Crea y Crece, que marca un hito en la creación de empresas, en facilitar su expansión, en contribuir a la mejora del clima de negocios en el territorio nacional, eliminando trabas burocráticas. Y también una ley que ha sido bien acogida por parte de la comunidad de startups de nuestro país, que es la Ley de Startups, que tiene la ambición de convertir a España en un HUB de innovación, de digitalización, fomentar la inversión y, por lo tanto, también atraer talento internacional.

Con esta ley de startups que esperamos que entre en vigor antes de que acabe este año, España se va a convertir en una nación emprendedora preparada para el cambio de la estructura productiva, pensando en las generaciones futuras.

Y, en tercer lugar, las reformas vinculadas a la mejora de nuestro capital humano, como pueda ser la Ley de Educación, la Ley de Reforma de la Universidad, la Ley de Políticas Activas de Empleo, la Ley de Ciencia recientemente también aprobada.

Y aquí me gustaría destacar, de nuevo, la reforma de la Formación Profesional, que se aprobó definitivamente hace diez días y que estoy convencido de que va a suponer una gran palanca de transformación económica, social, mejorando notablemente la formación de nuestros trabajadores, de nuestro tejido productivo y las necesidades del mercado laboral, con un sistema educativo adecuado a lo que requieren y exigen la economía y las empresas en este año 2022.

Creo que, además, para un país que sufre, por desgracia, un paro juvenil tan elevado. Con un absentismo… un fracaso escolar, mejor dicho, tan elevado también en comparación con otros países europeos, el que tengamos una ley de formación profesional de calidad, digna, que permita no solamente la educación sino también la formación de nuestros estudiantes al mercado laboral, es una gran noticia y creo que es una de las grandes conquistas de esta legislatura. Y, de nuevo, quiero agradecer el trabajo de los agentes sociales y su participación en esta indudable transformación estructural de nuestro sistema educativo.

Y, por último, quisiera hacer referencia a la reforma laboral, que ya está permitiendo mejorar sustancialmente, yo diría que de manera histórica, las condiciones de contratación y reducción de la precariedad de los trabajadores y trabajadoras, que es sin duda alguna, también una de las demandas recurrentemente puestas en las recomendaciones de país de la Comisión Europea. Y que, además, es la precariedad, me refiero, un elemento lesivo que debilita la productividad, la evolución de la productividad, en nuestro país, que es uno de los principales talones de Aquiles de nuestra economía. Y lo hace, especialmente, en situaciones de crisis como las que estamos viviendo, porque los ERTES han resultado ser una herramienta extraordinaria, como una palanca de respuesta alternativa al despido que de manera masiva se produjo en anteriores crisis.

En suma, puedo decir que España no ha parado de trabajar en estos dos últimos años, a pesar de la pandemia, a pesar de las diferentes catástrofes naturales. Y ahora la guerra en Europa, que, lógicamente, nos interpela a todos. Y, por eso, estamos a disposición de afirmar o, mejor dicho, estamos en disposición de afirmar sin titubeos que España responde. Que España responde siempre. También en las circunstancias más adversas, como las que estamos viviendo durante estos dos años.

Pero recordar todo cuanto nos ha ocurrido en apenas dos años debería llevarnos a una convicción. Y es la importancia de contar con democracias sólidas, con estados del bienestar fuertes, de contar con una arquitectura institucional que funcione y que responda a las legítimas demandas de nuestros conciudadanos de impulsar, como hacemos a través de los fondos europeos o como hace también este foro, la colaboración público-privada como una herramienta, yo diría que insustituible, para reactivar nuestra economía, para impulsar una recuperación que tiene que ser justa, y para lograr juntos y juntas la España en la que creemos y en la que queremos vivir.

La unidad, a pesar de nuestras diferencias, ya sean políticas, institucionales, corporativas o mediáticas, es la mayor de las fortalezas de una sociedad que se enfrenta a desafíos extremos como los que estamos viviendo.

Unidad en España, sin duda alguna unidad en Europa, en un momento en el que vuelven a estar en juego fundamentos que pensábamos incuestionables a lo largo de largas décadas de desarrollo y progreso, como es la paz, como es la libertad o como es el funcionamiento de nuestra democracia.

Me habrán oído manifestar a lo largo de estos últimos días desde el inicio de la invasión de Putin en Ucrania una pregunta, y es: ¿qué más tiene que ocurrir para que seamos capaces de orillar rencillas, diferencias menores y, por tanto, de unir fuerzas? Yo no voy a dejar ni un instante de promover esa unidad necesaria.

España somos todos, somos todas, y las dificultades que tenemos por delante debemos vencerlas juntos y juntas. España responderá como respondió ante la pandemia, como respondió ante una crisis humanitaria tampoco menor a la cual hace referencia el director del español, Pedro J, como es la crisis de Afganistán, donde muchas mujeres y niñas están sufriendo en primera persona las consecuencias del dogmatismo, del sectarismo y de la intransigencia. O como también respondimos con el volcán de la Palma. España responderá porque somos un país diverso y fuerte al mismo tiempo. Un país preparado para todas las estaciones, preparado para los tiempos más amables y también para los tiempos más difíciles, como los que nos ha tocado vivir.

Ante la guerra y sus consecuencias, España nuevamente responderá como siempre responde: con unidad, con determinación y con solidaridad.

Quisiera, para concluir, de nuevo, terminar como empecé: agradeciendo esta iniciativa, agradeciendo a la comunidad de El Español su participación y agradeciendo, lógicamente también, a la Casa de América, su hospitalidad para celebrar un encuentro que, sin duda alguna, es un encuentro que se ha convertido, querido Pedro, en un hito político, económico y social en este segundo año de celebración.

Muchísimas gracias a la comunidad de El Español.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)