Intervención del presidente del Gobierno en el Pleno Extraordinario del Congreso para informar sobre la situación en relación con Ucrania

2.3.2022

Madrid

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ

Señora presidenta, señoras y señores diputados, comparezco ante ustedes y para informar sobre la invasión rusa en Ucrania y también para manifestar la posición de la Unión Europea y de España en relación con la violación de la legalidad internacional perpetrada por el presidente Putin.

Como saben, el pasado 24 de febrero, Europa recordaba de golpe sus peores pesadillas. Tras semanas de enormes esfuerzos diplomáticos por parte de la Unión Europea para garantizar la paz en Ucrania, el dirigente de una potencia nuclear decidía invadir militarmente una nación vecina, libre, soberana y democrática.

Lo hacía, como estamos viendo en los medios de comunicación, de forma cruel y premeditada, sin ningún acontecimiento que desencadenara y, por lo tanto, justificara esta invasión. Lo hacía incumpliendo sus promesas y compromisos, demostrando con ello el nulo valor que confería a esas promesas y esos compromisos. Y lo hacía, como todos pudimos escuchar, con argumentos que yo calificaría de falaces que nos traen ecos de aquella Europa víctima de liderazgos autoritarios, de fantasías imperialistas y alucinaciones históricas que creíamos definitivamente superadas en nuestro continente.

Hay, señorías, decisiones irracionales y también injustificadas que ponen en riesgo lo más preciado, que es la vida de inocentes, de la manera más cruel que podamos imaginar.

Y por eso, en el inicio de esta comparecencia, me gustaría expresar al encargado de la embajada de Ucrania que nos acompaña en el pleno el dolor del pueblo español por las pérdidas de vidas humanas en la invasión en Ucrania.

Señor Matiuschenko, transmita nuestro respaldo al pueblo ucraniano, a sus fuerzas armadas, a sus gobernantes y reiteramos el compromiso de España, nuestro compromiso, la solidaridad y el apoyo a la soberanía nacional, a la integridad territorial de su país, así como nuestra admiración y el respeto por la heroicidad y la determinación con la que su pueblo está combatiendo por su libertad y por su independencia.

Así se lo transmití personalmente al presidente Zelenski el pasado domingo, en nuestra última conversación telefónica Una nación, Ucrania, con la que señorías, además, precisamente este año estamos celebrando el 30 aniversario de nuestras relaciones diplomáticas.

Señorías, quiero ser muy claro en mi diagnóstico sobre el origen de este conflicto.

El presidente Putin no acepta la consolidación como potencia global de la Unión Europea, cuyos principios y cuyos valores democráticos son opuestos al régimen autoritario que él ha impuesto en Rusia. Putin no quiere que avance la democracia.

Putin no quiere que Europa continúe fortaleciéndose y por eso ataca nuestra seguridad para fragilizarnos y, en consecuencia, tener una Europa aún más débil.

A lo largo de sus años de presidencia, Putin ha tratado de dividir a Europa de todas las maneras posibles con fake news, con desinformación, con ciberataques, con espionaje, acercándose a actores políticos y también a actores económicos en nuestro país. Y, en esta ocasión, pensaba que podría lograrlo de nuevo y se ha encontrado con todo lo contrario, con una Europa más unida y más determinada que nunca.

Razones tenemos, señorías, para esta rotunda unidad.

La invasión decretada por el presidente Putin sobre Ucrania es una violación flagrante de la legalidad internacional. Es un atropello a la Carta de las Naciones Unidas. Es una voladura de los cauces diplomáticos tan necesarios en momentos de conflicto, como pueda ser el formato de Normandía, la OSCE o también las propias Naciones Unidas. Y es un intento de redefinir las fronteras europeas por la fuerza, subyugando poblaciones, imponiendo gobiernos títeres, como estamos viendo también en Bielorrusia, y amenazando, en consecuencia, a la seguridad europea.

Los acontecimientos de estas últimas semanas ponen de manifiesto la voluntad del presidente Putin de ejecutar un plan deliberado que aspira a devolvernos a un esquema de seguridad conforme a sus únicos y particulares intereses.

Su visión expansionista ha ido concretándose a lo largo de estos últimos años. En 2008 intervino militarmente en Georgia para apoyar las regiones separatistas de Osetia del Sur y también de Asia. En 2014 ocupó y se anexionó Crimea y en 2022, con un ataque masivo a Ucrania, un país en el corazón de Europa de los más grandes de nuestro continente, limítrofe con cuatro países europeos y de 44 millones de habitantes, continúa con ese ánimo expansionista.

Y no solamente eso. Putin ha amenazado a países de una tradición neutral y democrática como Suecia y como Finlandia, ha señalado a las naciones bálticas como países que amenazan la seguridad rusa, ha exigido volver a las fronteras de la OTAN de 1997. En definitiva, toda una provocación inaceptable. No solamente inaceptable, señorías, yo diría que inexplicable, porque en una era en la que debemos hacer frente a tantos retos globales como es la desigualdad, como es el cambio climático, como es la revolución tecnológica, el envejecimiento de la población, los movimientos migratorios o la propia pandemia del XIX que aún padece el mundo, retos, en consecuencia, que exigen de un multilateralismo reforzado, parecía absolutamente impensable ver tanques avanzar de nuevo en Europa. Pero, por desgracia, está ocurriendo y debemos, en consecuencia, estar unidos y ser contundentes en la respuesta, como lo estamos haciendo ya.

Porque lo que está en juego, como decía al principio de mi intervención, señorías, es la fortaleza de la Unión Europea, la fortaleza de nuestros valores y de nuestros principios, nuestra manera de entender y de vivir en el mundo.

Las acciones de Putin representan un atentado contra los valores sobre los que se sustenta nuestro modo de vida y el orden internacional, por lo menos el europeo, desde finales de la Guerra Fría. Son y constituyen una amenaza directa a principios tan arraigados como la soberanía nacional, como la integridad territorial de las naciones, como la libertad de los pueblos para decidir su futuro, los derechos humanos, la resolución pacífica de los conflictos a través de la diplomacia, del diálogo y la indivisibilidad de la seguridad europea.

La decisión de Putin de invadir Ucrania, señorías, es un intento brutal de frenar la construcción de un espacio político, el europeo, cimentado en la defensa de unos valores radicalmente opuestos al autoritarismo que él representa. El autoritarismo que representa, por ejemplo, el cierre de medios de comunicación independientes en Rusia, como hemos visto a lo largo de estos largos años, de perseguir y encarcelar a opositores, de aprobar leyes que niegan, por ejemplo, la diversidad de la sociedad rusa. Todos ellos son hechos que forman parte de una misma actitud política, no son hechos inconexos. Y es, precisamente, su desprecio a los derechos humanos, a la democracia y a la libertad de las sociedades. Y lo hace, además, con el único lenguaje que él entiende, que es el lenguaje de la guerra.

Europa, señorías, creo que podemos todos convenir, es la encarnación, con todos los defectos que pueda tener, del multilateralismo, de la democracia y del Estado social y democrático de Derecho.

Países como Ucrania, como Georgia, como Moldavia, con los que también tuve ocasión de poder hablar a lo largo de estas semanas, o también todos aquellos que conforman el espacio llamado de los Balcanes occidentales están eligiendo libre y democráticamente llamar a las puertas de la Unión Europea, como hicimos también nosotros en la década de los 80.

Ven en Europa el modelo en el que quieren vivir y también prosperar, como hizo España desde sus primeros pasos en democracia. Y la Unión Europea, con el desarrollo de políticas de vecindad, con el acuerdo de asociación tan importante que tenemos con Ucrania, con el Partenariado Oriental o con el proyecto de vecindad sur que está impulsando España dentro de la Unión Europea, lo que está tratando es de apoyar la consolidación de la democracia, la libertad y el Estado de Derecho en estos países.

Y señorías, esto es lo que en realidad teme Putin. Putin teme la construcción y el fortalecimiento de una potencia geopolítica en la Unión Europea a las puertas de sus fronteras. Putin teme a Europa porque teme a la democracia. Por eso ataca a Europa, una potencia que representa un modelo radicalmente opuesto al autoritarismo que él impone a su población. Por eso quiere acabar con la construcción de una Europa fuerte y poderosa en el contexto de la geopolítica global.

Y esto es, señorías, lo que está en juego. Las bombas sobre Ucrania son la expresión de una lucha encarnizada entre dos modelos antagónicos de ser y de estar en el mundo. Por un lado, el modelo de las democracias liberales, de los derechos humanos y de otro, el autoritarismo que no respeta los derechos humanos ni la libertad de su propio pueblo.

Se ha dicho, señorías, que raramente se produce una guerra entre dos naciones democráticas y tiene, si lo pensamos, toda su lógica, porque un gobernante democrático responde ante su pueblo y raramente los pueblos asumen el coste de una guerra injusta e injustificada. Los países que respetan el principio de la ley democrática en su interior tienden a aceptar la legalidad internacional en el exterior.

Estamos viendo que Rusia se comporta como una potencia agresora en el exterior y vulnera la ley internacional al agredir e invadir a un tercer país. Pero, para mantener esa agresión hacia afuera, Putin se comporta como un autócrata hacia adentro. Detenciones de quienes protestan contra la invasión, como hemos visto en estos últimos días, censura de los medios de comunicación independientes, persecución de la oposición y de la disidencia… Por eso, señorías, quiero expresar mi solidaridad también con el pueblo ruso, que va a sufrir el coste de la guerra por el imperialismo de su presidente.

Estoy convencido de que el pueblo ruso no quiere la guerra, que el pueblo ruso sabe que mientras unos pocos oligarcas incluidos, también Putin, amasan fortunas multimillonarias, esta guerra injusta, injustificada, la condena a la pobreza y al ostracismo en el mundo.

Hemos visto en las calles de Rusia como muchos ciudadanos se oponen a esta guerra, y hemos visto también la represión ejercida por su propio gobierno para acallarlos mediante detenciones. Y por eso quiero pedirle al presidente Putin que ponga en libertad de inmediato a todas aquellas personas detenidas arbitrariamente.

Señorías, no nos tenemos que engañar, ni tampoco ser ingenuos. Para Putin todos son instrumentos para la guerra, ya sea la guerra convencional o también la guerra híbrida, también las campañas de desinformación que sus terminales amplifican. Tomemos, por ejemplo, las noticias que expande para justificar ante los suyos la invasión. Putin ha llegado a asegurar que sus acciones son en defensa propia. Acusa al gobierno ucraniano de neonazi y de cometer un genocidio ante la población rusa que vive en Ucrania. Describe la misión de Rusia como la de desmilitarizar y también desnacificar a Ucrania. En resumen, mentiras y más mentiras. Y, por cierto, una soez manipulación de la realidad de la historia y del significado tan dramático que tuvo para la humanidad el término genocidio y el nazismo en nuestra historia.

Pese a todos sus esfuerzos, afortunadamente, señorías, esta intensa guerra híbrida de desinformación no ha tapado la verdad. Y esta es que la invasión rusa de un país soberano, en este caso Ucrania, es un atropello a la legalidad internacional. Y ha encontrado el rotundo rechazo de una amplísima mayoría de países, por ejemplo, en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, también en el Consejo de Europa, donde ha sido expulsado Rusia. Lógicamente, la unidad en torno a la Alianza Atlántica, el G7 y también en la Unión Europea.

Y a este respecto, señorías, me gustaría detenerme por un instante de la Unión Europea. A lo largo de su historia, señorías, Europa ha tenido que enfrentarse a grandes desafíos. Basta recordar los más inmediatos. En 2016 muchos daban por herido de muerte al proyecto europeo después del Brexit, la salida, por cierto, de una potencia nuclear de la Unión Europea. Pero la Unión demostró una férrea unidad en la defensa de sus intereses e incluso ha avanzado en algunos aspectos que parecían imposibles en cuanto a su integración, como es la política común de seguridad y de defensa.

En 2020, señorías, muchos auguraron que la Covid 19 iba a suponer un golpe duro, durísimo, probablemente difícil de superar a la Unión Europea y que no iba a ser capaz de poder recuperarse de este embate de la pandemia del Covid. Y, sin embargo, fuimos capaces de poner en marcha una respuesta sanitaria a la pandemia. Más aún, hoy Europa es el mayor donante de vacunas del mundo. Donamos más vacunas de las que administramos a nuestra propia población. Y fuimos capaces también de impulsar los fondos europeos, unos fondos de recuperación, que han supuesto la emisión, por primera vez en la historia de la Unión Europea, de deuda pública europea, lo que es, en definitiva, uno de los principales logros por los cuales, por ejemplo, España ha venido trabajando durante estas últimas décadas. Unos fondos que son una gran oportunidad para modernizar nuestra economía-y a los cuales luego me referiré -para reforzar algo muy importante, como es la autonomía estratégica, fortalecer nuestro modelo de bienestar y consolidar la recuperación económica y el empleo, como hemos visto en los datos de hoy.

Ahora, señorías, nos enfrentamos de nuevo a una crisis que yo calificaría de brutal, que es también definitoria. Y ante esta disyuntiva de elegir no hacer nada y mirar hacia otro lado, o de responder con contundencia a Rusia y reforzar nuestra resiliencia como Unión, Europa ha decidido fortalecer su proyecto común.

En el frente exterior, lo hacemos aprobando unas sanciones económicas inéditas por su contundencia y también por su puesta en marcha, poniendo en marcha la ayuda humanitaria para socorrer a los refugiados y refugiadas ucranianos y trasladando a Ucrania material defensivo y también material ofensivo.

Señorías, España siempre ha entendido que este ataque es a Europa, a sus principios y a sus valores, y por eso siempre hemos defendido acciones coordinadas a nivel europeo, no un sumatorio, como nos recordaba ayer el Alto Representante, de iniciativas de cada país. Por eso apoyamos la activación del Fondo Europeo para la Paz, para la entrega de armamento defensivo y ofensivo por parte de la Unión Europea a Ucrania. Y quiero recordar, además, a sus señorías que España es el cuarto donante de este fondo.

Esta ha sido mi posición, ha sido la posición del Gobierno de España y creo, además, que es la adecuada. Lo creo firmemente. A una amenaza europea debemos dar una respuesta europea, coordinada, unir. Es lo que nos pidió el Alto Representante, Josep Borrell, y a esa llamada España respondió al instante.

Pero, como veo que hay grupos que ponen en cuestión el compromiso del Gobierno de España a este respecto y para mí y para el Gobierno de España es tan importante, tan fundamental, la unidad de todos, quiero anunciarles también que España entregará a la resistencia ucraniana material militar ofensivo.

Señorías, unidad. Unidad de Europa, de sus Estados miembros. Unidad de todos los grupos parlamentarios en la respuesta al brutal ataque de Putin en Ucrania.

Señorías, España es un país amante de la paz. Las generaciones que nos precedieron lucharon durante cuarenta años contra la dictadura para lograr la democracia, la libertad y la paz. Muchos de ellos pagaron un alto precio, pagaron el precio de la muerte, de la cárcel o del exilio. Y por eso los españoles nos conmovemos cuando vemos luchar a un pueblo por su libertad. Y nos indignamos cuando un país miente a sus ciudadanos y atropella la legalidad internacional para invadir otro país. Tenemos muy reciente el recuerdo del no a la guerra. Pero no nos equivoquemos, señorías, hoy el "No a la guerra" de Irak es el "No a la guerra" de Putin.

¿Y qué es lo que ha hecho España a lo largo de esta crisis? Bueno, cimentar la unidad, no regalarle a Putin lo que más desea, que es la división de Europa. Unidad en la ayuda económica a Ucrania. La Unión Europea está dando asistencia financiera para sostener la economía de Ucrania, primero respaldando la estabilidad institucional con 1.200 millones de euros de asistencia macro financiera. Segundo, ayuda inmediata con 45 millones de euros de asistencia humanitaria y 85 millones de euros para material sanitario y, tercero, 355 millones de euros para la reconstrucción de infraestructuras críticas, como por ejemplo los aeropuertos.

Junto con esa unidad en la ayuda económica a Ucrania, estamos también desplegando, como decía al principio, unidad en las sanciones económicas; sanciones que van a tener un impacto brutal, severo, sobre Rusia. Se trata, en definitiva, de aislar al gobierno de Putin, a Putin mismo y también a la oligarquía que le apoya.

Los paquetes que hemos adoptado incluyen, entre otras cuestiones, las siguientes medidas. En primer lugar, sanciones individuales sobre el presidente Putin, sobre el ministro de Exteriores, Lavrov, sobre los responsables de las decisiones adoptadas estos días, incluidas lógicamente aquellas personalidades responsables y militares de Bielorrusia. Junto con esas sanciones individuales, sanciones financieras sobre entidades y empresas estatales, sobre el gobierno y el Banco Central; restricciones al flujo de capitales rusos hacia la Unión Europea; prohibición de la asistencia financiera a una lista de empresas estatales -al comercio, a las inversiones-; la prohibición también de la compra venta de valores por parte de los bancos rusos.

El pasado domingo, 27 de febrero, como saben, se pusieron en marcha nuevas sanciones financieras, excluyendo algunos bancos rusos del sistema Swift y restringiendo el uso de las reservas internacionales del Banco Central de Rusia, así como otras medidas dirigidas contra los oligarcas rusos.

También hemos planteado las sanciones que representan el control de exportaciones de productos de doble uso, para limitar lógicamente las capacidades militares de ese país. Sanciones adicionales en el ámbito de la energía, para el refinado de petróleo, en el sector de la industria aeroespacial. Prohibición, como saben, a las compañías rusas de sobrevolar el espacio aéreo de toda la Unión Europea, así como aterrizar en o despegar de nuestros aeropuertos. Prohibición de emisiones de varios medios de comunicación que entendemos son propagandísticos del régimen, que se utilizan no por parte de los periodistas, sino esas plataformas como Russia Today y como Sputnik para campañas de desinformación. Hemos suspendido también parcialmente la aplicación del acuerdo sobre la facilitación de la expedición de visados en pasaportes diplomáticos o de servicio. Y, por último, les anuncio que una de las medidas que desde España vamos a impulsar, tanto en la Unión Europea como la OCDE, es la declaración de Rusia como un paraíso fiscal, incluyendo a ese país en la lista negra de paraísos fiscales.

Señorías, el régimen de Putin debe tenerlo claro: Estas sanciones van a estar vigentes hasta que ponga fin a la invasión, salga de Ucrania, de toda Ucrania, y regrese a las fronteras reconocidas internacionalmente de la Federación Rusa. Sanciones todas ellas, señorías, cuyo impacto en Rusia ya estamos comprobando sobre el tipo de cambio del rublo, sobre la caída de la bolsa, la subida de los tipos de interés de referencia del Banco Central ruso.

Y finalmente, como ya les anticipé al principio de mi intervención, el pasado domingo 27 de febrero se aprobó en el Consejo de Asuntos Europeos el uso, por primera vez en la historia, del Fondo Europeo de Apoyo a la Paz para el envío, para la entrega de armamento a Ucrania. En este sentido, se van a movilizar 500 millones de euros, de los cuales 450 millones de euros se podrán utilizar incluso para armas de combate y otros 50 millones de euros para material defensivo. España ha estado entre los principales impulsores para que este mecanismo se pusiera en marcha, pudiendo proporcionar incluso material ofensivo para que los ucranianos puedan defenderse de esta salvaje agresión, como una prueba más del compromiso de la Unión Europea con Ucrania.

Señorías, unidad en la respuesta europea. Unidad que España va a continuar cimentando, en todas y cada una de las acciones que tomemos a nivel comunitario, y unidad también que hemos extendido a la Alianza Atlántica.

Yo creo, señorías, que Putin ha cometido tres errores estratégicos con esta invasión. El primero, lógicamente, es creer que Ucrania iba a abrazar las veleidades imperialistas de Rusia. Ha subestimado claramente la capacidad de lucha y de resistencia de Ucrania. En segundo lugar, creo que ha cometido el error de pensar que Europa se iba a dividir y nos ha encontrado, como he dicho al principio de mi intervención, más unidos que nunca. Y, en tercer lugar, Putin nos ha recordado que la OTAN, como alianza de Estados para su seguridad, es más necesaria que nunca.

Señorías, recordemos cómo durante estos últimos años se han sucedido declaraciones de todo tipo, de distintos mandatarios anunciando, por ejemplo, la muerte cerebral de la OTAN, o la amenaza de la salida de superpotencias de la OTAN bajo la administración de Trump en Estados Unidos. Y a las puertas de la Cumbre de Madrid, donde se va a definir el nuevo concepto estratégico de la OTAN para el año 2030, en el año, además, en el que se cumplen 40 años de la entrada de España en la OTAN, Putin ha logrado ensamblar la Alianza Atlántica y la unidad entre la OTAN y la Unión Europea.

La Alianza Atlántica ha acordado, señorías, reforzar el flanco oriental para asegurar la defensa de todos los aliados. España, como saben, ayer lo anunciamos, no va a enviar tropas a Ucrania. La OTAN tampoco está previendo eso. Lo reitero, España y la OTAN no van a enviar tropas a Ucrania. Pero sí estamos contribuyendo al refuerzo de las misiones de la OTAN, tal y como anunciamos, con el despliegue de nuestros buques y aviones de combate en Bulgaria; con nuestro compromiso, que es efectivo y real, y que se demuestra precisamente con los despliegues en Letonia, en Bulgaria, en Turquía y, próximamente, en Estonia.

De hecho, España ha decidido, junto con la OTAN, incrementar con 150 efectivos nuestro contingente de la misión aliada en Letonia, que hasta ahora contaba con 350 militares, en el marco de la llamada Presencia Reforzada Avanzada; incremento perfectamente contemplado en los acuerdos del Consejo de Ministros sobre misiones de paz en el exterior, que aprobamos el pasado mes de diciembre. Y, adicionalmente, más allá de la respuesta inmediata a esta crisis, debemos seguir adaptando y reforzando la Alianza Atlántica para hacer frente a los retos de seguridad a los que nos enfrentamos.

España va a apoyar a Ucrania a hacer frente a este ataque, además de las acciones conjuntas bajo el paraguas de la Unión Europea y de la OTAN, hemos enviado, como saben, 20 toneladas de ayuda humanitaria, dos aviones de la Fuerza Aérea Española cargados de equipos personales de material defensivo, así como de equipamiento médico. Y tengo, en este sentido, el firme propósito de proporcionar a Ucrania toda la ayuda y el apoyo que sea posible, conforme lógicamente a las capacidades de nuestro país.

Puedo asegurarles, señorías, que el Gobierno ha estado movilizado desde el primer momento para hacer frente a todas las consecuencias, tanto internacionales, europeas, como nacionales, que pudieran derivarse de este conflicto. Se activó un seguimiento permanente y coordinado de la situación con todos los ministerios implicados y, en base a nuestro sistema de seguridad nacional, se activó también el Comité de Situación, que como saben, es un órgano que está contemplado en el Consejo de Seguridad Nacional, como un órgano de apoyo que actúa en base a unas directrices de carácter estratégicos si las crisis así lo requieren. Y el pasado 24 de febrero, como saben, reunimos al Consejo de Seguridad Nacional, presidido por el jefe del Estado, el rey Felipe VI.

Informé al principal líder de la oposición sobre la situación, el ministro de Asuntos Exteriores ha comparecido ante las Cortes Generales, ha estado en contacto con todos los grupos parlamentarios y, así mismo, he tenido la ocasión de conversar con los expresidentes del Gobierno que me antecedieron en el cargo, para informarles de la situación y recabar de ellos una visión derivada de su experiencia internacional. Y quisiera, en este sentido, aprovechar esta oportunidad para reconocer y agradecer el respaldo y el apoyo que han expresado los distintos grupos políticos ante esta situación tan inédita como compleja.

Y quisiera también agradecer al personal diplomático y, en concreto, a nuestra embajada en Kiev y a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en su labor en estos días tan difíciles. Me gustaría reconocer especialmente a aquellos que han contribuido a la evacuación de los más de 100 compatriotas que decidieron salir de Ucrania. También quiero dedicar unas palabras a todas las personas que componen las Fuerzas Armadas y, en concreto, a aquellos que participan en las distintas misiones exteriores, porque gracias a su profesionalidad, gracias a su entrega, España está contribuyendo al esfuerzo colectivo para el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional.

Señorías, la brutal invasión de Ucrania nos sitúa ante la necesidad de defender nuestros principios innegociables para un país como España. Principios que afectan a aspectos fundamentales del orden internacional en el que creemos y, por ello, la posición de España es firme y decidida, clara y contundente. Ahora bien, voy a ser franco en esta cámara porque debemos hablar con claridad también a los españoles y españolas, las medidas que hemos adoptado y las que podemos adoptar en el futuro, en el seno de la Unión Europea y también de la Alianza Atlántica, van a tener un coste y van a exigir sacrificios.

Como advertí la semana pasada, las sanciones van a tener consecuencias sobre la economía europea y española. Y no solo sobre las cifras macroeconómicas, sobre los presupuestos del Estado o también sobre la economía de las empresas; van a tener lógicamente un impacto sobre la economía de las familias y también sobre los productos básicos.

Toda esta tensión inflacionista, sus derivadas, la incertidumbre económica, el sensible incremento de los precios y los servicios más inmediatos a cualquier necesidad, va a tener una causa, la injustificable guerra en Ucrania, y un culpable, que es el presidente Putin.

Y de la misma manera que estamos actuando juntos en la respuesta a Putin, del mismo modo que unidos respaldamos las sanciones económicas y de todo tipo que la Unión Europea está planteando a Rusia, también debemos actuar unidos al afrontar las consecuencias de estas mismas sanciones y, en general, las repercusiones de este conflicto sobre España y sobre Europa.

Por eso, señorías, hago un llamamiento a todos los grupos parlamentarios para lograr un Pacto de Unidad. Unidad en la respuesta frente a la invasión y unidad en la respuesta para mitigar el impacto de la guerra entre nosotros. Voy a ser más preciso. En primer lugar, es más que probable que las sanciones financieras y comerciales tengan un impacto sobre las exportaciones españolas en Rusia, sobre las inversiones de empresas españolas en ese país y sobre los flujos de turistas rusos en España. Además, es más que probable que se produzcan interrupciones bruscas en las importaciones de Ucrania (uno de los principales suministradores de cereales de aceite de girasol y otras importaciones de productos agropecuarios).

Pero el impacto más importante y previsible va a ser sobre los mercados energéticos. A diferencia de otros países europeos, la dependencia española del gas y del petróleo rusos son menores. España tan solo importa, aproximadamente, en torno al 4,6 por ciento del petróleo y el 8 por ciento del gas de Rusia. Por tanto, el impacto directo será más limitado, y puedo garantizar que la seguridad del suministro está garantizada. Pero, en todo caso, el impacto será importante en nuestro país y en la economía europea.

La incertidumbre asociada al conflicto está ya provocando subidas importantes de precios mayoristas de los mercados del gas y del crudo, como hemos visto en estos últimos días. Es muy previsible que los precios se mantengan altos y volátiles en el futuro, con el impacto directo en el Índice de Precios al Consumo y, por tanto, sobre el poder de compra y el bienestar de nuestros compatriotas. El resultado de todo esto será una ralentización del crecimiento económico en nuestro país y en Europa. Menores inversiones en un momento clave en el que Europa y España estamos consolidando la recuperación económica tras la crisis provocada por la pandemia de la Covid 19.

Europa está, señorías, en la obligación de pagar con este sacrificio lo que los ucranianos están pagando con su libertad y con sus vidas. Como dije al principio de mi intervención, el coste de la no respuesta sería aún mayor que el que vamos a padecer. Tenemos, en consecuencia, que poner freno entre todos a la ambición imperial y autoritaria de Putin.

Por lo tanto, conscientes de que la respuesta a la guerra va a exigir sacrificios, tenemos entre todos, señorías, la enorme responsabilidad de tomar medidas a nuestro alcance para prepararnos y hacer que el impacto sea el menor posible, sobre todo sobre las familias más vulnerables. Y para ello, la unidad que les propongo se orienta a trabajar en dos frentes: El primero, el europeo, y el segundo, el nacional.

A estas alturas, señorías, todos somos conscientes de que Europa se enfrenta a un conflicto con Putin, que va a durar tiempo. Europa, no me cabe duda, va a prevalecer, sin duda alguna, pero nos enfrentamos a una crisis larga. Por ello, Europa debe reducir sus vulnerabilidades y poner fin a sus debilidades.

En primer lugar, tenemos que actuar respecto a la propia visión estratégica de la Unión Europea. Debemos trabajar en lo que se llama nuestra autonomía estratégica, reducir nuestras dependencias y consolidar nuestra capacidad de actuación ante situaciones tan dramáticas como las que se están viviendo ahora mismo en Ucrania.

Este ataque va dirigido a Ucrania, pero ese no es el objetivo inmediato. El verdadero objetivo de Putin es poner en cuestión la arquitectura de seguridad de Europa y para poder hacer frente a este reto, la única vía es avanzar aún más en la integración en ámbitos como la política exterior y de defensa común. Debemos mejorar los procesos de toma de decisiones, recurrir con mayor intensidad a la regla de la mayoría cualificada, sustituir en consecuencia la unanimidad, activar con mayor eficacia la política común de seguridad y de defensa, por supuesto, en plena complementariedad con la OTAN.

Como saben, en la Unión Europea estamos trabajando y estamos a punto ya de aprobar la llamada Brújula Estratégica, que es la estrategia de defensa de la Unión Europea. Y en el marco de la OTAN, estamos embarcados en un proceso de reflexión sobre el futuro que va a culminar en la Cumbre de Madrid del próximo mes de junio, con la adopción del llamado Concepto Estratégico, es decir, la orientación estratégica de la OTAN de aquí al año 2030.

Pues bien, desde España queremos que ambos documentos de la Unión Europea y de la OTAN estén plenamente alineados y que las dos organizaciones se complementen en la consecución de sus objetivos.

Y para ello va a ser muy importante la publicación de una nueva declaración conjunta sobre las relaciones de la Unión Europea con la OTAN, en la que ya estamos trabajando desde ambas organizaciones.

En segundo lugar, debemos reaccionar definitivamente en lo que se refiere a la seguridad energética y a la dependencia que algunos países muy importantes dentro de la Unión tienen de Rusia. La Unión depende, señorías, casi en un 40 por ciento de un suministrador de gas que está generando la mayor crisis de seguridad en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En estas circunstancias tenemos que abordar el problema de la garantía de suministro, pero creo que no tenemos que quedarnos ahí.

Tenemos que aprovechar estos debates para resolver, de una vez por todas, el problema de la subida del precio de la energía y del mercado energético en su conjunto.

Se decía que el problema de la subida de los precios era temporal. Esto lo hemos escuchado a lo largo de estos últimos meses, pero ahora vemos que la situación no se va a resolver en el corto plazo, más bien al contrario. Esta crisis nos ha traído una mayor incertidumbre que tiene que servirnos de acicate para encontrar soluciones estructuradas, soluciones permanentes. Esas soluciones tienen que aumentar nuestra capacidad de adaptación y transformación del sistema energético actual.

España, señorías, está liderando desde hace meses propuestas concretas y ambiciosas con tal objetivo, y vamos a seguir desempeñando con la máxima intensidad el papel proactivo para poner al servicio de Europa, entre otras cuestiones, nuestra capacidad de regasificación. Y, en este punto, quiero recordar que es también urgente avanzar con determinación en las interconexiones eléctricas.

Como saben, la Comisión Europea está preparando una segunda comunicación sobre la energía, que vamos a esperar que se emita cuanto antes, y que debería recoger algunas de las propuestas en las que el Gobierno de España lleva insistiendo desde hace meses, incluso antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Algunas de esas propuestas son las siguientes. Primero, medidas para reducir la volatilidad y desacoplar de forma temporal los precios del gas y de la electricidad, lo cual evitaría que la subida extraordinaria del precio mayorista del gas marcara el precio de toda la electricidad. Segundo, fomentar los contratos de largo plazo entre agentes para dar estabilidad a los precios. Tercero, medidas que aborden de forma clara los problemas de especulación del mercado de emisiones de CO2.

Y respecto al gas, la Comisión Europea ya ha anunciado la adopción de medidas propuestas por nuestro país, como las compras conjuntas de gas y la creación de reservas estratégicas entre varios países.

En definitiva, se trata de asegurarnos el que los consumidores perciban los beneficios de la descarbonización de esta transición energética, haciendo que esta transición sea justa, que no paguen desigual desigualmente los más vulnerables.

He hablado de las decisiones que debe adoptar Europa respecto a la autonomía estratégica y a la seguridad energética y quiero ahora hablar de las decisiones que afectan a las consecuencias humanitarias de esta guerra.

Señorías, la invasión de Ucrania está poniendo ya a prueba nuestras estructuras de acogida de refugiados. Está suponiendo, como saben ustedes, una nueva oleada de refugiados y esta vez nuestra respuesta tiene que ser, lógicamente, mucho más coordinada de la que tuvimos en el año 2015.

Quiero agradecer a todas las instituciones públicas, a las comunidades autónomas, también a los gobiernos municipales, su manifestación para acoger a eventuales refugiados de Ucrania en nuestro país, que por ahora no están llegando de manera masiva a nuestro país, pero que, teniendo en cuenta las cifras de ACNUR, que ya hablan de 660.000 ucranianos y ucranianas que han salido del país, esta cifra es evidente que va a seguir creciendo y vamos a tener que hacer frente a esta crisis migratoria. Para ello, creo que es importante y urgente avanzar en la negociación del Pacto de migración y de asilo, con un equilibrio entre la solidaridad y la responsabilidad que responda a las necesidades de los Estados de primera entrada. Creo que la solidaridad va a ser fundamental para hacer frente a las consecuencias humanitarias de esta crisis.

Y para responder a esta emergencia humanitaria, la Comisión Europea ya ha propuesto, como saben, activar la directiva de protección temporal que garantizaría el asilo de los refugiados ucranianos sin necesidad de aplicar los procedimientos habituales. Esta semana los ministros de Justicia y de Asuntos de Interior van a estudiar esta propuesta y de aprobarse sería la primera vez que se activara la directiva de Protección Temporal desde su entrada en vigor en el año 2001.

Y, por último, Europa debe tomar decisiones en el ámbito fiscal. Como saben, a finales de este año finaliza el plazo de la llamada cláusula de escape del Pacto de Estabilidad y de Crecimiento, que ha permitido que los Estados miembros pudiéramos acometer los programas de gasto necesarios para hacer frente a la pandemia de la Covid 19.

Creo que podemos estar todos de acuerdo en que el contexto actual de guerra, pues no parece razonable volver a las reglas fiscales anteriores que obligarían a un ajuste fiscal desproporcionado, con el riesgo que ello implicaría para la recuperación y también para la cohesión social de nuestro continente.

Ahora más que nunca, en esta nueva crisis, el Gobierno de España va a abogar, como ha venido haciendo durante estos últimos años, por una adaptación de estas reglas fiscales, para que podamos seguir avanzando en la recuperación de la crisis provocada por parte del Covid 19 y hacer frente a las futuras necesidades de inversión en la adaptación y la mitigación al cambio climático, la transformación digital y en una mayor autonomía estratégica para Europa, incluido el refuerzo de la seguridad común.

En resumen, señorías, en el plano europeo les pido que cimentemos la unidad de España en torno a la autonomía energética y estratégica, la revisión de las reglas fiscales y el pacto de migración y asilo.

Y en el plano de la política nacional, nuestro deber es impulsar un Plan Nacional de Respuesta al impacto de la guerra y el Gobierno ya está en ello. Este plan tiene dos características. Creo que debe ser abierto y debe ser dinámico. Abierto a las aportaciones que los grupos parlamentarios, el resto de gobiernos autonómicos, locales y los agentes sociales nos puedan hacer al Ejecutivo. Y un plan que tiene que ser también dinámico, por cuanto en esta primera fase algunas de las consecuencias de la guerra son absolutamente impredecibles.

El Plan Nacional de Respuesta al impacto de la guerra que les propongo va a tener los siguientes ejes: el primero, creo que tenemos que impulsar un gran acuerdo, un gran pacto de rentas. Todos somos conscientes de que uno de los mayores riesgos económicos de la guerra es el precio de la energía, de diversas materias primas y la traslación al coste de la vida. A lo largo de la pandemia, señorías, creo que todos podemos convenir en que los agentes sociales, los sindicatos y los empresarios nos han dado un ejemplo del verdadero patriotismo logrando entre ellos -y también con el Gobierno- hasta 15 importantes acuerdos que han permitido garantizar la paz social durante la pandemia y también con reformas acordadas, sentar las bases para la recuperación económica y la competitividad de nuestro país.

Por eso me gustaría invitar a los agentes sociales a lograr un pacto de rentas, un gran acuerdo de país que proporcione estabilidad y confianza, tanto desde la perspectiva de los costes salariales como desde la moderación de los márgenes y beneficios de las empresas. Y todo ello con el objetivo de evitar caer en una espiral inflacionaria que mine el poder de compra de las familias, de los ahorradores y ponga en riesgo la recuperación económica.

En segundo lugar, el Gobierno va a proteger a las familias más vulnerables, como hemos hecho a lo largo de estos dos años de legislatura y dos años largos de pandemia. Haremos también frente a estas consecuencias en el frente bélico. Para ello, el Gobierno va a prorrogar hasta el 30 de junio el descuento del bono social eléctrico en el 60 por ciento para los colectivos vulnerables y en el 70 por ciento para los colectivos vulnerables severos. Y, además, invitamos a las comunidades autónomas, a los entes locales, a las asociaciones, a los agentes sociales, a redoblar sus esfuerzos en la asistencia a los colectivos más vulnerables y a adoptar medidas sociales adicionales que permitan mejorar y garantizar las condiciones para confrontar este shock energético en las familias. Este va a ser uno de los puntos que llevaré a la Conferencia de Presidentes que tendrá lugar en pocos días.

El tercer ámbito, señorías, en el que proponemos actuar es el de la energía. Vamos a dedicar actuaciones importantes con el objetivo de acelerar la transición energética de nuestro país. Cuando hablamos de autonomía energética, señorías, hablamos de reforzar y redoblar e intensificar esta transición energética que venimos haciendo desde hace ya tres años. Como saben, la hoja de ruta del gobierno hacia una economía más limpia y des carbonizada está claramente marcada en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que aprobó la Comisión Europea el pasado junio del año 2021, dotado con 70 mil millones de euros de fondos europeos para los próximos tres años.

El plan es responsabilidad de todas las administraciones públicas, incluidas también las comunidades autónomas y los gobiernos local locales, a los que convoco para colaborar de forma estrecha en la ejecución del mismo.

Hoy más que nunca, señorías, se hace necesario que todas las administraciones estemos unidas y firmes, en acción y trabajando de manera conjunta para poder ejecutar los fondos europeos con la mayor eficacia y la mayor rapidez.

Estos fondos suponen una inversión en la modernización de España que no podemos desaprovechar. Y en este contexto hago un llamamiento a los grupos parlamentarios, a todos los gobiernos autonómicos, a aprovechar la oportunidad que representan estos fondos europeos y a quitar de la ecuación de la confrontación política y partidista la gestión de los fondos europeos.

Y en esa dirección son importantes las medidas en el ámbito energético que ya se contemplan en el Plan de Recuperación. Pero, en el contexto actual, el Gobierno adoptará medidas adicionales de corto, de medio y largo plazo para proteger a las familias y a las empresas, a nuestra industria ante la subida de la factura y acelerar, en consecuencia, la transición energética.

De manera inmediata, señorías, el Gobierno de España va a extender hasta el 30 de junio las medidas fiscales vigentes actualmente de tipos más reducidos para la energía, IVA en la electricidad al 10 por ciento, suspensión del impuesto al valor de la producción de electricidad, impuesto especial sobre la electricidad al mínimo del 0,5 por ciento y se prorrogará también hasta el 30 de junio la minoración temporal del beneficio extraordinario que obtienen las centrales de generación de gas no emisoras, gracias a que repercuten determinados costes que realmente no soportan.

Y al igual que hacen otros países europeos vamos a proteger a nuestra industria electrointensiva, que está sufriendo tremendamente los altos precios de la electricidad, y para ello, durante el año 2022 se va a reducir en un 80 por ciento los peajes a más de 600 consumidores electrointensivos y se va a prorrogar hasta el 30 de junio las medidas de flexibilidad en los contratos de suministro de gas natural para los consumidores industriales.

Señorías, junto con estas medidas de corto plazo que les acabo de anunciar, es necesario emprender acciones adicionales de medio y de largo alcance para acelerar la transición ecológica y reducir, en consecuencia, la dependencia energética de nuestro país y yo diría también del conjunto de la Unión Europea.

En primer lugar, hay que subrayar que la energía más barata es la que no se consume habitualmente. España tiene mucho recorrido por hacer en el ámbito de la eficiencia energética, dado que el 30 por ciento del consumo de energía en España se produce por el parque de la edificación, en gran parte debido a la elevada antigüedad del mismo. El Plan de Recuperación ya prevé importantes recursos destinados a la rehabilitación energética de edificios residenciales, también de edificios públicos. Pero en el contexto actual, el gobierno quiere dar ejemplo, a través de la Administración General del Estado, y de forma urgente, en primer lugar, activaremos el plan de reducción de consumos energéticos en los edificios y en las infraestructuras de la Administración General del Estado asociado a la climatización, a la movilidad y al alumbrado.

Vamos a aprobar una partida de 100 millones de euros para la sustitución de alumbrado público que permitirá reducciones de consumo del 70 por ciento en este ámbito y, junto con la mejora de la eficiencia energética, vamos a aplicar las siguientes medidas estructurales dirigidas a acelerar el despliegue de renovables y a reforzar la autonomía energética en nuestro país: vamos a asignar una partida de 500 millones de euros para acelerar el autoconsumo; se van a eliminar barreras ligadas a la conexión eléctrica y también a agilizar la tramitación administrativa; se va a convocar este primer semestre del año una subasta de energías renovables adicional a las ya previstas en el calendario, con el objetivo de acelerar su despliegue en nuestro país, y se va a destinar una nueva partida de 1.000 millones de euros para el proyecto estratégico vinculado con las energías renovables, el hidrógeno y el almacenamiento, el proyecto PERTE EHRA, con el objetivo de desarrollar nuevos proyectos renovables y de almacenamiento que nos permitan incrementar la fabricación de sistemas fotovoltaicos eólicos y garantizar el suministro de estos elementos básicos para la transición energética.

Y, en cuarto lugar, en los próximos años, todos los países de la Unión, también España, estamos llamados a aumentar nuestros compromisos internacionales en materia de seguridad y de defensa.

La intención del Gobierno de España es que este mayor esfuerzo vaya claramente acompañado del fortalecimiento y el desarrollo de nuestras capacidades industriales y tecnológicas nacionales.

En suma, señorías, si estamos de acuerdo en el diagnóstico, y es que este es un ataque a Europa, a su seguridad, a sus principios, y que Europa representa precisamente una amenaza para Putin. Si estamos de acuerdo en que la unidad europea es nuestra principal fuerza para hacer frente a esta amenaza tan real como inquietante que representa Putin. Si estamos unidos en la respuesta a una invasión injusta, injustificada del régimen de Putin en Ucrania, debemos estar unidos en la respuesta que tanto desde Europa como desde España demos a las consecuencias económicas y sociales de este conflicto bélico.

Un conflicto bélico, señorías, no deseado, no buscado por Europa, pero que va a encontrar la respuesta unida de toda España y de toda Europa.

Señorías, termino haciendo una reflexión.

Creo que, a lo largo de la historia de Europa, nuestro continente aprendió con toda crudeza y también con todo sufrimiento, que la guerra nunca es la solución, que la democracia siempre es el camino para hacer progresar a nuestras sociedades.

El camino de Europa, señorías, nunca ha sido fácil. A veces, sin duda, demasiadas veces, es una historia llena de dolor y de sufrimiento.

Pero Europa aprendió de ese dolor y de ese sufrimiento.

Por eso estamos decididos a defender ese ideal de paz y de libertad, de democracia y de justicia social que tanto nos costó lograr.

Hoy, señorías, se abren ante España y ante Europa dos caminos: el camino de la paz y de la legalidad internacional o el camino de la fuerza ilegítima que aboca solo al desorden mundial. Para España, como para toda Europa, la elección es dura, pero es sencilla: somos un país, somos una Unión comprometida con los valores de la paz, de la legalidad internacional y de la solidaridad, en esta ocasión con el pueblo ucraniano.

Muchas gracias, señorías.