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Intervención del presidente del Gobierno en el acto "Salud mental y Covid-19. Plan de Acción"

Madrid, sábado 9 de octubre de 2021

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Muchísimas gracias, Quique Peinado, Victoria, por tu testimonio. Dolors Anso. Muchísimas gracias, ministra, también. Secretaria de Estado, autoridades. Señoras y señores.

Gracias por estar hoy aquí, por compartir todos vuestros testimonios con nosotros y con toda la gente que nos está siguiendo a través de las redes sociales.

Como bien se ha recordado aquí, este es un acto para hablar de salud mental, y lo hacemos en un momento en que, afortunadamente, estamos saliendo del mayor reto sanitario que hemos sufrido en un siglo que ha sido la pandemia del COVID. Una pandemia que también, y aquí se ha dicho, ha tenido su efecto sobre la salud mental de nuestros compatriotas.

Afortunadamente, hoy España está entre los países del mundo con menor Incidencia Acumulada, estamos en 48 casos por cada 100.000 habitantes a 14 días que es la incidencia que siempre evaluamos para saber exactamente cuál es la situación de la pandemia. Registramos unas tasas de vacunación del 88% de la población mayor de 12 años con pauta completa y, en este sentido, me gustaría antes de nada también, agradecer a los profesionales sanitarios y al conjunto de compatriotas la respuesta que hemos dado ejemplar a nivel mundial en el compromiso de la lucha contra la pandemia.

Pero, evidentemente, como decía antes, la Salud Mental no es solo la ausencia de enfermedades o de trastornos. La Organización Mundial de la Salud, como ha dicho antes la ministra, lo ha dejado muy claro, tener salud mental es tener un estado completo de bienestar físico, mental y social, y aquí es cuando te surgen las preguntas. ¿Cuántas personas a nuestro alrededor poseen ese estado de plenitud? ¿Cuántas veces a lo largo de nuestra vida nos sentimos en plenitud? En el día a día, incluso, ¿cuántas veces nos sentimos así y durante cuánto tiempo? Yo creo que ese bienestar está claro que no es fácil de conseguir y, por desgracia, para algunas personas es casi imposible y, sin embargo, es a lo que todos y todas debíamos de aspirar, también desde los poderes públicos, y es a construir una felicidad individual y también una felicidad colectiva.

A nuestro alrededor, por el contrario, solemos encontrar problemas para dormir, angustia, inseguridad, miedo, sensación de falta de control, tristeza, desesperanza, soledad. Estos sentimientos pueden ser naturales porque forman parte de la vida pero no deberían ser la norma para nadie, ni tampoco deberían sufrirse en silencio, como bien habéis relatado, porque la normalización puede acarrear problemas mayores y más graves.

Escribía Almudena Sánchez en un libro publicado recientemente sobre su depresión, y en él decía ella: "es hora de que la fragilidad salga al escenario". Y aquí también habéis hecho referencia a la necesidad de visibilizar esta realidad.

Y así es. Yo creo que es importante pasar del silencio al debate y del debate tenemos que pasar a la acción porque lo que es evidente es que no podemos normalizar que tantas personas necesiten pastillas para poder dormir o para poder levantarse y vivir. Tampoco podemos normalizar que el trabajo produzca ansiedad, no podemos normalizar que el sufrimiento se viva en soledad y tampoco que los cuidadores y cuidadoras de las personas que sufren también se sientan solos.

Por tanto, debemos de dar respuesta inmediata a quienes tienen problemas de salud mental pero también debemos de abrir un gran debate social sobre las causas profundas y también prolongadas en el origen de los trastornos de salud mental. Debemos reflexionar, como bien decía antes Dolors, sobre el concepto del éxito, sobre la velocidad de la vida moderna, sobre las relaciones laborales, sobre el exceso de estímulos de todo tipo que al final nos sobrepasan, porque nuestro objetivo como individuos debe ser siempre alcanzar la vida buena, como decían los filósofos, la felicidad a fin de cuentas.

Permitidme que muestre el orgullo colectivo de un país cuyos ciudadanos han dado ejemplo al mundo entero y cuyos servicios públicos han demostrado estar entre los mejores del mundo. Y quizá las sociedades en las que vivimos contribuyen defectuosamente a que podamos lograrlo.

Las historias y las cifras de la Salud Mental están puestas sobre la mesa, algunos datos yo creo que hasta, incluso, son muy crudos de cuál es la realidad que vivimos a nivel global y a nivel nacional.

Según la OMS, en 2030, es decir, dentro de 9 años, los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo. Una de cada cuatro personas sufre o sufrirá un trastorno mental a lo largo de su vida. El 12,5% de todos los problemas de salud mental está representado en los trastornos mentales, una cifra mayor que, por ejemplo, el cáncer o los problemas cardiovasculares.

Más de 300 millones de personas -me he quedado impresionado con esta cifra-- en el mundo viven con algún tipo de depresión. Uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años tiene un problema de salud mental diagnosticado. Cerca de 800.000 personas se suicidan cada año en el mundo. De ellas, 45.800 son adolescentes.

Esto convierte el suicidio en la principal causa de muerte a estas edades, después de las lesiones por accidentes de tráfico.

Estos son los datos de la OMS a nivel del mundo.

Pero si aterrizamos y nos centramos en nuestro país, el 5,8% de la población confiesa sufrir ansiedad. Y casi el mismo porcentaje sufre depresión. Entre el 2,5% y el 3% de la población, es decir, más de un millón de personas, sufre un trastorno mental grave. Y más de la mitad de personas que sufren un trastorno mental no recibe ningún tipo de tratamiento.

Si nos centramos en los niños de 4 a 14 años, el 13,2%, según las cifras oficiales, corre el riesgo de sufrir algún tipo de mala salud mental, y el porcentaje es cinco puntos mayor en niños que en niñas. Casi la mitad de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años considera haber tenido algún problema de salud mental. Es decir, estamos hablando no de porcentajes fríos, lejanos, sino de realidades muy ciertas en nuestro país porque afecta a más de 7 millones de jóvenes.

Aquí se ha dicho antes, el suicidio en 2019 se mantuvo como la primera causa externa de mortalidad, con 3.671 fallecimientos. El suicidio no es un tabú, es un problema de salud pública.

Ningún Gobierno puede quedarse parado ante esta realidad. Porque estas cifras ya eran alarmantes a principios del 2020.

Pero ahora, tras el impacto de la pandemia, son peores. Todavía resulta complejo precisar el impacto que ha tenido y tiene esta pandemia en la salud y en el bienestar de la población española. Pero ya podemos sacar conclusiones y, sobre todo, actuar en consecuencia.

Estos datos son de 2019. Estas cifras ya eran alarmantes, en consecuencia, a principios de 2020 pero con la pandemia es evidente que muy probablemente sean aún peores. Todavía resulta complejo precisar el impacto que ha tenido y que tiene esta pandemia sobre la salud y el bienestar de la población española.

Lo que sí que es cierto es que algunas conclusiones podemos ir anticipando, y que me gustaría compartir con todos ustedes.

La primera conclusión es que resulta determinante la desigualdad social y la salud mental. Las condiciones de vida, la precariedad laboral, la exclusión social, la incertidumbre hacia el futuro más inmediato aumentan el riesgo de padecer ansiedad, angustia, depresión, trastornos -incluso- más graves.

La depresión, por ejemplo, es tres veces más frecuente -según las estadísticas oficiales-- entre personas que sufren el paro que en personas que tienen un empleo y es diez veces más frecuente entre personas con algún tipo de discapacidad para trabajar que en trabajadores.

Es decir, algunas enfermedades mentales afectan mucho más a personas que tienen menos recursos y que, por tanto, son más vulnerables a situaciones tan dramáticas como las que hemos vivido durante esta pandemia.

Y desde que empezó la pandemia, el porcentaje de personas con pocos recursos en una sociedad ya de por sí antes de la pandemia bien desigual, ha aumentado y ha aumentado, evidentemente la depresión o la falta de esperanzas, que casi duplican al de las personas con recursos (un 32,7% frente a 17,1%). Por tanto, la desigualdad social tiene que ver también con un aumento muy importante de los problemas de salud mental.

La segunda conclusión que me gustaría compartir es que los jóvenes, las personas mayores, las mujeres y las personas con discapacidad son los grupos de la población que han visto más afectada su salud en este último año.

Y quiero hacer especial hincapié en las mujeres. Porque las desigualdades y las discriminaciones en el ámbito profesional que por desgracia sufren, la carga de responsabilidades en el hogar, el cuidado familiar y la violencia de género -que está muy presente por desgracia en nuestras sociedades-- han sido algunos de los principales factores que han provocado o agravado los problemas de salud mental entre las mujeres, y esto no es un problema de las mujeres, sino de toda la sociedad.

El impacto de las crisis en los colectivos más vulnerables siempre es más fuerte. Las brechas se agravan. Insisto, ya nuestro país tenía unas brechas muy graves antes de la pandemia y se han ensanchado como consecuencia de la misma.

La vulnerabilidad se multiplica en algunos grupos de la población, y la interseccionalidad se ha hecho más evidente aún tras la pandemia y, por ello, son estos grupos sociales los que tienen más posibilidades, por desgracia, de sufrir trastornos mentales. El impacto de la pandemia de la COVID-19 supone una necesidad urgente de un sistema sólido de promoción, de prevención y atención a la salud mental.

Y aquí se ha dicho, y yo lo comparto. Es esencial no estigmatizar los trastornos mentales como signo de debilidad de quienes los padecen, al contrario, como bien decía Victoria, tenemos que visibilizarlo precisamente porque es un ejemplo de valentía y de coraje. Nadie está a salvo de ellos, nadie. Y porque una sociedad fuerte es, evidentemente, aquella que está más cohesionada y que no excluye sino que integra.

Necesitamos una sociedad que facilite, que alivie la vida de estas personas y también de quienes las rodean, como decía antes Nel, con recursos y con concienciación y, por tanto, con una concienciación social y con un compromiso sanitario y también político en donde podamos afrontar este gran reto que tenemos por delante y que nos es propio a sociedades contemporáneas como las que estamos viviendo.

La Salud Mental es una prioridad, como sabéis, para este Gobierno. Se refleja en un Dictamen que tuvo lugar en una Comisión Para la Reconstrucción Social y Económica, que fue acordada por los distintos grupos parlamentarios en el seno de las Cortes Generales. Allí salieron una serie de conclusiones en donde prácticamente la totalidad de los grupos parlamentarios llegaron a un acuerdo, por ejemplo, relativo a esta cuestión de la Salud Mental y, sin duda alguna, también lo es del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y la renovación del propio Marco Estratégico de Salud Mental.

Y me recordaba antes la ministra que es una estrategia que no renovamos desde el año 2009, desde el año 2009 no se renueva la estrategia de Salud Mental en nuestro país.

Es un documento, aquí se ha dicho, estratégico por parte de la ministra, pensado por supuesto en los profesionales, en los pacientes de la Salud Mental. Una hoja de ruta que permite avanzar con pasos afianzados hacia la mejor Salud Mental en su más amplio sentido y, atendiendo a la emergencia provocada por el impacto de la pandemia del Covid en la salud mental y respondiendo, como decía antes, a este Dictamen de la Comisión de Reconstrucción del Congreso de los Diputados, alineándonos con la Agencia Internacional y en consonancia con el trabajo que se viene realizando en relación con el marco estratégico, el Gobierno hoy presenta el Plan de Acción 2021-2024 Salud Mental Covid-19.

Este Plan de Acción que se enmarca dentro de todos los trabajos que estamos haciendo para la renovación de la estrategia de Salud Mental va a contar con una dotación económica de 100 millones de euros por parte del Gobierno de España, con acciones concretas van a ser siempre, siempre, siempre, fruto del consenso del Comité Institucional y refrendadas lógicamente por el Consejo Interterritorial donde están representadas todas las comunidades autónomas.

A mí me gustaría trasladarles algunas de las medidas que vamos a poner en marcha en este Plan de Acción, que van a ser las propuestas que lleve el Gobierno de España a este Consejo Interterritorial y al Comité Institucional:

En primer lugar, lo que debemos es mejorar la Atención de la Salud Mental, una atención que debe de ser de calidad en todos los niveles del Sistema Nacional de Salud. Tanto en atención hospitalaria como aquí se ha dicho como en atención primaria. Esto debe ir acompañado del impulso a la Formación Sanitaria Especializada en salud mental y a la formación continuada.

Por tanto, mejora en la atención y, sin duda alguna, formación.

Quiero anunciarles que en la próxima convocatoria lo que vamos a hacer es incorporar la especialidad de psiquiatría infantil -como decía antes la ministra-- y adolescente a la Formación Sanitaria Especializada. Y vamos a hacer esto sumando estas plazas a las ya ofertadas anteriormente.

En segundo lugar, lo que queremos es sensibilizar y luchar contra la estigmatización de las personas que sufren algún tipo de salud mental. Vamos a realizar una importante campaña para visibilizar los problemas de salud mental y reducir el estigma que sufren las personas con estos trastornos.

En tercer lugar, lo que queremos es prevenir estas conductas adictivas con y sin sustancia. Entre estas últimas, especialmente aquellas relacionadas con las Tecnologías de la Información y de la Comunicación que es un grave desafío, sobre todo para los más jóvenes.

En cuarto lugar, la promoción del bienestar emocional, atendiendo a los determinantes sociales de la salud mental: vamos a poner el foco en la infancia y en la adolescencia, como demuestra la creación de la especialidad de Psiquiatría Infantil. Y también nos vamos a centrar con especial atención en aquellos colectivos, como he dicho antes, o grupos sociales más vulnerables, como son, por ejemplo, los mayores, las personas con algún tipo de discapacidad y también las mujeres.

En quinto lugar, la mejora de la prevención, la detección y la atención de la conducta suicida.

En ese sentido, quisiera anunciarles que el Gobierno de España pondrá a lo largo de las próximas semanas el Plan de Acción en marcha con un teléfono de información 24 horas, gratuito y confidencial, para ofrecer atención profesional y apoyo ante la conducta suicida a personas afectadas, también a los familiares, con capacidad de derivación rápida a los servicios de emergencia correspondientes, ante una situación de crisis.

El resto de líneas y acciones concretas se van a diseñar con las comunidades científicas, por supuesto también en última instancia, con el Consejo Interterritorial donde están representadas, insisto, las comunidades autónomas porque ellas tienen mucho que decir también en política de salud y de salud mental.

Concluyo, pero concluyo agradeciendo de corazón la presencia hoy aquí de personas muy influyentes en nuestra vida social -sobre todo para la gente joven-- que han venido a visibilizar los problemas de salud mental. En programas además de alto impacto como Deforme Semanal, ¡Puedo hablar! o Entiende tu mente.

Yo quiero deciros a todos y a todas que vuestra labor es encomiable y os lo agradezco de corazón porque al final lo que hacéis es convertir vuestras experiencias en mensajes de concienciación social, de compromiso y de superación y, por tanto, a todos vosotros y vosotras, gracias.

Que el 10,8% de la población española --insisto, no son porcentajes, son realidades que tenemos que apoyar-- haya consumido tranquilizantes, relajantes o pastillas para dormir. Que el 4,5% haya tenido que tomar antidepresivos o estimulantes en los últimos días mucho del estado de salud de nuestra sociedad. También dice mucho de que son problemas estructurales que tenemos que visibilizar y reaccionar ante ellos. Tenemos que analizarlos y hacerles frente con todas las responsabilidades y todo el poder que tiene el Estado que es mucho pero, sin duda alguna, también con el apoyo de las sociedades científicas y del resto de la sociedad civil articulada en nuestro país.

Este es nuestro compromiso, nuestra responsabilidad es actuar. Hoy presentamos este Plan de Acción. Dentro de poco pondremos en marcha la actualización de la estrategia nacional pero, sobre todo y ante todo, quiero agradecer el compromiso diario de muchos de los que estáis aquí presentes que nos habéis servido como inspiración, como motor de actuación y, sobre todo, el compromiso para hacer que nuestra sociedad sea una sociedad mejor y, en definitiva, una sociedad más libre gracias a la felicidad.

Gracias a todos. Bienvenidos al Palacio de La Moncloa y adelante.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)