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Intervención del presidente del Gobierno en la reunión del Consejo a nivel ministerial de la OCDE

Miércoles 28 de octubre de 2020

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Gracias, Secretario General, Excelencias, Damas y caballeros:
Permítanme comenzar enviando un saludo al primer ministro de Japón, Yoshihide Suga; al Presidente de Chile, Sebastián Piñera y a la recién reelegida primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, que no podrá acompañarnos hoy porque aún se encuentra en el proceso de formar su nuevo gobierno. Nuestros representantes permanentes y equipos de la OCDE han trabajado estrechamente en los preparativos de este Consejo ministerial, demostrando un gran espíritu de equipo.
Quería dar una especial bienvenida a nuestros amigos de Colombia y Costa Rica, que pronto serán las últimas incorporaciones a la lista de miembros de la OCDE.
También quería expresar mi gratitud l Ángel, nuestro Secretario General y su equipo, por su inestimable trabajo liderando la OCDE en estos complicados momentos. Mientras se acerca su sexagésimo aniversario, la OCDE es ahora más influyente y necesaria que nunca. En estos tiempos de crisis, habéis respondido, y nosotros, en tanto que miembros de la organización, lo agradecemos enormemente.
Excelencias, damas y caballeros:
Atravesamos una crisis sin precedentes. Tras cobrarse la vida de 1,1 millones de personas en todo el mundo, la pandemia no pierde fuelle, y no cabe duda de que se sigue imponiendo. Aquellos países que ya sufrimos una primera ola de la pandemia, estamos experimentando nuevos brotes. Entretanto, la actividad económica se ha contraído drásticamente a escala mundial. En sus últimas previsiones, el FMI prevé una caída del PIB mundial del 4,4% para 2020, del 5,8% solo en las economías desarrolladas. Esta caída en la producción será aún más acusada en determinadas regiones, alcanzando el 8,1% en Iberoamérica y el Caribe o el 8,3% en la eurozona. Por su parte, el África subsahariana experimentará su primera recesión en 25 años, con la perspectiva de una contracción del PIB del 3%.
En un momento como el actual, la OCDE puede resultar especialmente útil para todos sus países miembros, hacienda honor a su nombre; Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. La cooperación con sus miembros y con el resto del mundo está en el centro de su mandato. De hecho, todos necesitamos preguntarnos de qué forma podemos cooperar mejor en esta situación extraordinaria, cuando nos preparamos para una recuperación fuerte, resiliente, ecológica e inclusiva al mismo tiempo que tenemos que hacer frente a nuevos brotes.
La plataforma de la OCDE "Afrontar el coronavirus", mencionada por Ángel anteriormente, con sus más de 150 sumarios de políticas, es un buen ejemplo de un análisis basado en pruebas, y de las recomendaciones que los gobiernos pueden utilizar como fuente de inspiración para luchar contra la pandemia en muchas e importantes áreas.
Como Presidente de esta Reunión del Consejo ministerial, en plena pandemia, mi país, España, propuso transformar la reunión ministerial en un proceso de mesas redondas de ámbito ministerial que concluyeran en la reunión de hoy. Este sistema ha demostrado ser una positiva innovación para la organización. El propósito de estas mesas redondas estaba claro: alentar a los países miembros a compartir sus visiones, experiencias y enfoques sobre los distintos aspectos de la crisis de la Covid.19 y el proceso de recuperación en marcha en sus países a fin de poder aprender los unos de los otros.
Durante los últimos cinco meses, hemos realizado amplios y provechosos intercambios sobre el tipo de recuperación que queremos y sobre el papel de la cooperación internacional en la superación de esta crisis.
Permítanme destacar cuatro conclusiones clave de estas mesas redondas.
En primer lugar, la COVID-19 ha provocado una respuesta política masiva con grandes similitudes en los instrumentos utilizados y objetivos perseguidos por los distintos países miembros de la OCDE: las ayudas financieras directas e indirectas a las empresas para conservar puestos de trabajo han ido acompañadas, en la gran mayoría de los países, de una prestación complementaria a los trabajadores y autónomos, además de medidas para ampliar el apoyo a quienes ocupan empleos nuevos o de manera informal.
Todas estas medidas de emergencia deben adaptarse progresivamente y retirarse de forma escalonada. Sólo cuando la recuperación se haya consolidado y se hayan restablecido nuestros niveles de producción podremos centrarnos en recuperar los balances fiscales, de forma gradual y con cuidado. Como han apuntado muchas organizaciones internacionales, incluido más recientemente el FMI, acelerar la consolidación fiscal podría poner en peligro nuestros esfuerzos.
En segundo lugar, y aunque la respuesta ha sido masiva, el impacto de la crisis ha sido desigual. Los más vulnerables de nuestras comunidades han sido los más afectados: los trabajadores con sueldos bajos y empleos precarios, los más desfavorecidos y en situación de exclusión social, los niños de entornos desfavorecidos, los inmigrantes, las mujeres, los jóvenes, las familias monoparentales.... El impacto ha sido asimétrico también entre empresas y sectores. Con todo, la forma en la que el empleo y los ingresos han influido ha estado en gran parte marcada por nuestras respuestas políticas, incluidos los esquemas de regulación temporal del empleo y el fortalecimiento de nuestros sistemas de protección social.
Las políticas económicas deberían elaborarse para garantizar una recuperación robusta que conduzca a la creación de más y mejores puestos de trabajo, y sin dejar a nadie atrás. Del mismo modo, las medidas laborales y de protección social deberían estar bien alineadas para promover una recuperación que proteja a los más vulnerables y que evite que se agraven las diferencias socioeconómicas ya existentes.
En tercer lugar, como Ángel mencionó antes, nuestro secretario general, las transiciones ecológica y energética darán forma a nuestras recuperaciones. La pandemia no puede ser una excusa para dejar de lado nuestros planes ecológicos. Por el contrario, la mayoría de nosotros coincidimos en la urgencia y tenemos la voluntad política de acelerar los planes existentes de transición hacia una sociedad descarbonizada y transformar nuestras economías.
En cuarto lugar, y apuntalando el resto, como dijo Ángel, necesitamos cooperación internacional y unas instituciones multilaterales robustas. No solo para ayudar a poner fin a la pandemia más rápidamente, acelerar la recuperación económica, reforzar la resiliencia de la cadenas de valores mundiales y preservar una igualdad de condiciones global en estos momentos cruciales, sino también para abordar desafíos internacionales como el cambio climático, la lucha contra la pobreza o la conservación de la biodiversidad.
En resumen, necesitamos una dirección clara hacia delante. No podemos volver a la economía tal y como era antes de la COVID-19. Los países miembros de la OCDE deben ver la recuperación como una enorme oportunidad de avanzar hacia un modelo de crecimiento más resiliente, ecológico, digital y más inclusivo. Los países que entiendan esto y actúen con rapidez saldrán de la pandemia más fuertes y con una ventaja competitiva.
Excelencias, damas y caballeros:
De acuerdo con las conclusiones de las tres mesas redondas, estos dos días pueden servir para completar el cuadro y mantener una conversación completa y exhaustiva sobre la recuperación. Hoy comenzaremos con dos sesiones de grupo, una sobre aspectos fiscales y monetarios de la recuperación, y otra para reflexionar sobre el papel del comercio y la inversión y sobre cómo fortalecer las cadenas de valor globales en un proceso de globalización siempre cambiante.
Otras dos dimensiones de la recuperación deberían formar parte de la conversación.
En primer lugar, no podemos tener una recuperación que no sea verdaderamente global, que no incluya a todos los países en vías de desarrollo. No después de una crisis causada por una pandemia que no conoce fronteras. No en nuestro mundo cada vez más interdependiente e interconectado. No cuando la historia reclama más multilateralismo, mayores esfuerzos globales para abordar los apremiantes desafíos que afectan al conjunto de la humanidad: desde el cambio climático y la degradación medioambiental hasta los desequilibrios demográficos y las tendencias migratorias asociadas. Después de todo, a la OCDE no le importa solo el futuro de sus miembros: su convención, que va a cumplir 60 años el 14 de diciembre, exige con claridad que nos preocupemos por el desarrollo internacional en general.
En segundo lugar, tanto nuestras conversaciones como la propia recuperación no se verán completadas hasta que incluyamos la perspectiva de género. En nuestra lucha contra la pandemia mundial de COVID-19, damos las gracias a las numerosas mujeres, en toda su diversidad, que han servido con valentía y siguen trabajando en la primera línea de sus comunidades. Es un hecho que las mujeres están representadas de manera desproporcional entre los trabajadores esenciales en áreas como la atención de la salud, la educación, la alimentación y el cuidado de otras personas, y muchas de ellas soportan una carga aún mayor de trabajo de cuidados no remunerados. En otras palabras, las mujeres han soportado la peor parte de la pandemia. A medida que continuamos reiniciando con seguridad nuestra economía y construyendo sociedades más justas e inclusivas, una respuesta feminista e interseccional a la pandemia y a la recuperación protegerá los logros sociales, económicos y políticos por los que las mujeres y sus aliados han luchado arduamente durante décadas.
Ahora, mientras nuestras perspectivas de una recuperación están más claras y cercanas, la pandemia ha evolucionado y ha dado un nuevo giro.
En la actualidad nos enfrentamos, como ha dicho Ángel, a nuevos brotes del virus en muchos países que ya padecimos una primera ola entre mediados de marzo y junio o incluso julio. Al igual que en algunos de vuestros países, el domingo pasado mi Gobierno, el Gobierno de España, declaró de nuevo el Estado de alarma para contener los nuevos brotes. Esto significa que estamos trabajando en nuestros planes de recuperación y al mismo tiempo adoptando medidas para estabilizar y contener los nuevos brotes. Pero déjenme que sea claro: no hay una solución intermedia, como dijo antes Ángel, entre luchar contra la COVID-19 y apoyar la economía. Sin medidas estrictas de control de la pandemia, no habrá una recuperación económica duradera.
En las circunstancias actuales, creo que hay al menos tres cuestiones clave que debemos abordar en esta reunión ministerial:
A) En primer lugar ¿cómo conjugamos la lucha contra el virus y la implementación de nuestros planes de recuperación?
B) En segundo lugar, ¿hasta qué punto estamos comprometidos con incluir en nuestra respuesta para la recuperación a corto plazo las reformas que necesitamos a medio y largo plazo?
C) En tercer lugar, y muy relacionado con la cuestión anterior ¿estamos dispuestos y preparados para dar a la recuperación una dirección que suponga un nuevo enfoque de crecimiento económico? ¿Un enfoque en el que cuestiones como las desigualdades de renta o de género sean cuestiones centrales? ¿Un enfoque en el que las transiciones energética y ecológica ocupen un lugar clave? ¿Un enfoque en el que una nueva base económica digitalizada pero basada en las personas constituya un elemento clave de la recuperación y el crecimiento futuro?
La respuesta que demos a estas tres cuestiones tendrá mucha importancia en la conformación del futuro de nuestras economías. Tras la brusca caída de la producción en 2020, esperamos que en 2021 haya una robusta recuperación de la actividad. Según el FMI, el PIB mundial debería crecer el año que viene un 5,2%, y un 3,9% entre las economías desarrolladas. Pero en realidad, la recuperación con forma de V no está garantizada; depende de nosotros, de cómo reaccionemos en el frente sanitario y en el ámbito socioeconómico.
Excelencias, damas y caballeros:
No deberíamos limitarnos a acelerar la recuperación. Esta crisis es nuestra oportunidad para construir un futuro mejor. Un futuro en el que cumplamos los objetivos colectivos que nos fijamos con la Agenda 2030 y los objetivos de desarrollo sostenible. Un futuro con un robusto sistema multilateral, porque sabemos que juntos somos más fuertes. Un futuro en el que el bienestar económico vaya de la mano de la protección medioambiental y la conservación de nuestro planeta. Un futuro de avance tecnológico basado en normas en el que nadie se quede atrás.
Mi Gobierno, el Gobierno español está completamente comprometido con esta aproximación, tal y como lo atestiguan las medidas implementadas en los pocos meses pasados. Desde el principio de la pandemia, mi Gobierno se ha preparado para lo que llamamos un "escudo social y económico" para proteger a las familias, los trabajadores y las empresas. En general, más del 20% de nuestro PIB se ha movilizado para este propósito:
- Para proteger, por ejemplo, los 3,4 millones de puestos de empleos a través de esquemas de reducción del tiempo de trabajo y permisos, y a 1,5 millones de autónomos a través de esquemas de apoyo extraordinarios.
- Para asegurar a través de instrumentos de garantía bancaria de más de 140.000 millones de euros, la supervivencia de 500.000 empresas solventes, que vieron sus ingresos detenerse dramáticamente.
- Para apoyar, por ejemplo, a más de 850.000 familias vulnerables que se beneficiarán del Ingreso Mínimo Vital que se ha aprobado recientemente, una clara señal de que queremos que la recuperación no deje a nadie atrás.
Mientras luchamos contra la pandemia, no hemos detenido nuestras reformas para el futuro, adoptando una ley contra el cambio climático y para la transición energética, una estrategia de economía circular y una ley para el teletrabajo, por nombrar solo algunas.
Y a lo largo de toda la pandemia hemos enfatizado la importancia de profundizar en el diálogo social. Estoy orgulloso de decir que todas las medidas socio-económicas clave aprobadas en mi país durante la pandemia habían sido negociadas y acordadas previamente entre los sindicatos, las asociaciones de empresarios y el Gobierno.
Esta es también la perspectiva que hemos elegido en la UE, que creo firmemente ha tomado la decisión correcta con el acuerdo histórico del Consejo Europeo del 21 de julio, creando un gran Fondo de Recuperación: el Next Generation EU. Sus 750.000 millones de euros, financiados a través de la emisión de deuda común europea, financiarán las inversiones e impulsará reformas para acelerar la recuperación de sus Estados Miembros. Este acuerdo muestra al mundo la determinación colectiva de la Unión Europea para superar esta crisis juntos, con más integración, más solidaridad y más responsabilidad de todos los Estados Miembros.
En España, estamos trabajando ya a toda velocidad en nuestro Plan de Inversión y Reforma, que se sostiene sobre cuatro pilares transversales: la transición ecológica, la transformación digital, la cohesión social y territorial y el cierre de la brecha de género.
El Plan define una hoja de ruta clara para la modernización de la economía española; para una recuperación robusta, inclusiva y resiliente; y para responder a los desafío de la próxima década. En general, dedicaremos cerca del 38% de todos los recursos a las inversiones verdes, y un 31% a las intervenciones digitales. En último término, el Plan busca acelerar y ampliar el alcance de los principales programas de reforma estructural de fomento de crecimiento promovidos por el Gobierno durante los últimos dos años.
En este contexto, me gustaría animar a la OCDE a que continúe con sus esfuerzos para desarrollar un indicador que incluya, además del PIB, otros aspectos importantes de avance y nivel de vida relacionados con la sostenibilidad, la inclusión y el bienestar. Esta nueva economía más sostenible necesita nuevos indicadores más sostenibles e inclusivos.
Excelencias, damas y caballeros:
El diálogo que estamos a punto de tener es extremadamente, extremadamente importante. Deberíamos explicar, entre iguales, cuáles son nuestros planes para un futuro de crecimiento sostenible en transición hacia una economía limpia, a la vez que se generan empleos e ingresos para todos nuestros ciudadanos.
Como dije antes, estamos entrando en una nueva fase: hasta que se disponga ampliamente de vacunas y tratamientos efectivos, tendremos que controlar y eliminar los nuevos brotes del virus y, al mismo tiempo, sentar las bases para una recuperación económica.
Es necesario un debate sobre el tipo de recuperación con el fin de establecer el marco político que nos permita proporcionar la mejor respuesta posible a la pandemia y sentar las bases para un crecimiento vigoroso que ponga a las personas en el centro de la recuperación.
Sí, el crecimiento debería ser fuerte, pero también resiliente.
Sí, la recuperación debería ser vigorosa, pero también sostenible y verde.
Y sí, queremos diseñar un crecimiento poderoso, pero socialmente inclusivo y generalizado, que no deje a nadie atrás.
Esta oportunidad no se puede aprovechar sin una fuerte cooperación internacional para abordar las dimensiones económicas transfronterizas de la crisis. El comercio internacional y las inversiones juegan un papel importante en el apoyo a nuestra respuesta a la pandemia. Deberíamos fortalecer nuestra capacidad de planificar y abordar posibles escaseces de bienes esenciales sobre la base de la cooperación internacional y un sistema multilateral sólido. Y es necesario reforzar la resiliencia de las cadenas críticas de valor mundiales, integrando las lecciones aprendidas de la crisis y nivelando todavía más el terreno de juego, pero sin renunciar a los beneficios de un comercio abierto y basado en normas.
Un ámbito político en el que la cooperación internacional es más necesaria que nunca es en el campo de la fiscalidad mundial y, en particular, la fiscalidad digital. La pandemia ha reforzado la posición dominante de las empresas digitales, incrementando sus ingresos a expensas de las empresas más tradicionales. Es pues justo y legítimo esperar que paguen su cuota justa de impuestos dentro de los países donde crean valor y beneficio. Alcanzar una solución multilateral consensuada a los desafíos planteados por la economía digital es pues más crucial que nunca, y la OCDE debería seguir desempeñando un papel clave al frente de todos los esfuerzos para alcanzar este objetivo.
Finalmente, la recuperación sólo será amplia y resiliente si su alcance es mundial. La COVID-19 ha afectado a los países en desarrollo a todos los niveles de ingreso y desarrollo, con especial severidad. Se necesitan importantes esfuerzos internacionales para mitigar los efectos de la crisis en los más pobres del mundo. Me preocupa en particular la sostenibilidad de la deuda en muchos países vulnerables. Tenemos que abordar las consecuencias de los altos niveles de deuda en la capacidad de estos países para soportar el impacto del golpe de la COVID-19 y comprometernos colectivamente con los tratamientos de la deuda para aquellos países que pudieran necesitarlos.
Queridos amigos, Excelencias, señoras y señores:
Espero, de verdad espero, que esta Reunión Ministerial sirva para forjar respuestas políticas sólidas y coordinadas a la crisis. Cuento con todos ustedes para avanzar en esta dirección, y cuento con la OCDE para que siga estando ahí para ayudarnos y guiarnos en el camino..
Se lo debemos al planeta. Se lo debemos a nuestros contribuyentes. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos. Se lo debemos a la humanidad.
Muchas gracias por vuestra atención. Muchas gracias, querido Ángel, Secretario General.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en inglés)