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Intervención del presidente del Gobierno en la Clausura de la Cumbre del Cambio Climático

Paraninfo de la Universidad Complutense, Madrid, viernes 18 de enero de 2019

Buenas tardes, ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera; ministra de Hacienda, María Jesús Montero; ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque. Excelentísimo señor rector de la Universidad Complutense, Carlos Andradas, amigos y amigas,

Parece mentira pero, todavía, hoy, en el año 2019, en pleno siglo XXI, hay personas, organizaciones, no solamente partidos políticos, sino también organizaciones muy significadas que siguen sosteniendo que el cambio climático es un engaño. Que el cambio climático es una ideología. Parece mentira, pero esto es así.

Nosotros somos herederos, las sociedades que aquí estamos  representadas de distintas latitudes del planeta, somos herederas de la ilustración, creemos en la razón, y creemos también en la ciencia. Y tenemos la certeza de que ante cualquier ideología posible, o antes de cualquier ideología posible, está la razón y la ciencia.

Este tipo de declaraciones, de afirmaciones negacionistas que estamos viendo  que surgen, y que cada vez, desgraciadamente, son más comunes, no solamente en ámbitos partidarios, no solamente en ámbitos sectoriales, sino también en organismos y organizaciones internacionales, en algunas ocasiones, me recuerda a aquella broma pesada. Aquella broma de Einstein que decía: "Triste época la nuestra en la que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio". Y décadas después sigue siendo muy difícil desintegrar prejuicios. Y por eso, hoy, quiero que mis primera palabras sean para agradecer, especialmente a los activistas, singularmente a los científicos comprometidos, que hayan, no solamente abierto camino, sino mantenido la llama, y mantenido la tensión durante todos estos años.

Gracias a ellos, a ellas, el cambio climático está cada vez más presente y es, y forma parte del núcleo duro de la agenda política mundial.

El Ministerio que, dentro del Gobierno de España, se ocupa de la energía y del medio ambiente, se llama Ministerio para la Transición Ecológica. Los nombres, es cierto, no crean una realidad, pero contribuyen a configurar esas realidades. Y sirven para determinar cuáles son las prioridades de quien elige el nombre. Transición Ecológica, esas son las dos palabras que, a mi juicio, marcan la tarea en la que estamos embarcados ahora en el mundo, hacer la transición entre un modelo energético y otro, radicalmente distinto. Y poner la ecología, sí, la ecología en el centro de nuestro presente más inmediato y de nuestro futuro, también, más inmediato.

Ustedes conocen perfectamente la necesidad de políticas decididas en este asunto; de políticas audaces, que tienen que ser valientes. También de la necesidad de reivindicar una política que haga pedagogía a la opinión pública en nuestro país. Y, por supuesto, también, en el mundo; de políticas, en definitiva, que vayan siempre un poco más allá de lo previsto, y nunca un poco más acá que es en lo que, muchas ocasiones, desgraciadamente, nos encontramos.

Si algo hay para lo que no tenemos tiempo es para titubear ante el desafío enorme del cambio climático, para hacer ensayos y cometer errores. Se ha dicho muchas veces, que somos la primera generación que está padeciendo realmente los efectos del cambio climático y que somos la última que tiene poder para detenerlo. Por tanto, es hoy o nunca. Es ahora o nunca.

Y me gusta, me gusta mucho la expresión ambición climática. Expresa bien la actitud que, a mi juicio, debemos tener en esta materia. Hay algunas razones para sentirse satisfechos de lo que se está logrando. Es indudable. Se han hecho progresos y, seguro que, en estas jornadas, que hoy tengo el placer de clausurar, habéis sido partícipes, y habéis conversado sobre ellas. Pero, justamente, porque somos ambiciosos, porque somos ambiciosos creo que nuestra obligación es subrayar lo que todavía, lo que todavía no se ha logrado.

Naciones Unidas ha disparado la alarma en torno al diferencial creciente entre las obligaciones asumidas por todos y cada uno de los Estados miembros en los Acuerdos de París de 2015, y la senda real de reducción de emisiones. Es decir, la diferencia entre la realidad y el deseo, o si me lo permiten, la realidad y la necesidad.

Con estos datos de Naciones Unidas, los riesgos de no limitar la temperatura aumentan exponencialmente, como bien saben ustedes. Y eso es algo que no podemos permitirnos. Si somos la última generación que tiene poder para detener el cambio climático, no hay distracciones posibles.

El cambio climático lleva marcando el debate público más de una década, y la Agenda Política Global, al menos, desde que en 2015 se firmaron los acuerdos en la capital francesa de París. En 2019, a mí no me cabe duda de que lo va a seguir haciendo y de manera mucho más intensa, lo hemos visto durante estos últimos años. Porque el impacto de este desafío afecta a todos los órdenes de nuestra sociedad. Genera factores de estrés que amenazan el desarrollo al poner en riesgo las condiciones de vida.

El alcance de este reto produce tensiones, conflictos, que estoy convencido, ustedes también han compartido en estas jornadas, por el acceso a recursos básicos como es el agua, que cada vez es un recurso más escaso y, no solamente en el continente africano, por situarnos en un continente muy cercano al continente europeo, sino también, en nuestro país. La alimentación, el territorio, o la energía.

El cambio climático provoca, en definitiva, aumento de las desigualdades, migraciones forzosas que, no solamente se están produciendo en África, sino que ahora mismo en muchas ocasiones, cuando pensamos en Latinoamérica y vemos las caravanas, y vemos también los flujos migratorios, los centramos única y exclusivamente en conflictos o en crisis que puedan vivir determinados países, pero se nos olvida también que hay un elemento central detrás de él, que es la suma de consecuencias del cambio climático en esos países latinoamericanos, y la pérdida, en definitiva, de la salud ambiental de nuestro planeta, del único planeta que tenemos.

No podemos olvidar que el cambio climático se proyecta en el ámbito nacional, internacional, y global, y de ahí que también agradezca y mucho, la presencia de destacados líderes internacionales en el ámbito del cambio climático. No entiende de países, ni de ideologías ni de civilizaciones. Es un desafío para todos. Por ello, ninguna respuesta fragmental y local podrá ser suficiente.

Y esta semana, además, que el Brexit, hemos visto cuáles son las consecuencias del mismo, creo que también que esa decisión que tomaron nuestros compatriotas y me gusta llamarlos así, británicos, ha vuelto a poner de manifiesto la tentación de buscar respuestas individuales a problemas que exigen respuestas colectivas, y eso creo que no es aceptable, ni tampoco inteligente.

Los grandes retos globales, como es la migración, como es también la desigualdad, o como es el cambio climático, exigen de respuestas que tienen que ser globales. La única vía hacia el éxito es una solución concertada, cooperativa y, insisto, ambiciosa. Y la acción de los poderes públicos debe estar marcada por lo que nos dice la ciencia; la razón y la ciencia.

Esta realidad, sin duda, nos obliga a repensar muchas cosas. No solo cuál es nuestro modelo energético, sino también cuáles deben ser las transformaciones sociales, las transformaciones económicas del mundo, a partir de ahora. ¿Qué modos de producir? ¿Y qué modos de consumir son los mejores en este nuevo escenario que se nos abre, como consecuencia del cambio climático?

Les voy a decir algo, que no es amable, pero es cierto. Las legislaciones sobre cambio climático, a menudo, no son muy populares entre la opinión pública de nuestros países, entren nuestros conciudadanos. Y hay que preguntarse ¿por qué? Porque evitan, a mi juicio, a largo plazo, mediante limitaciones, mediante transformaciones que no son tangibles en el corto plazo para nuestros ciudadanos. Exigen una adaptación incómoda en el corto plazo: transformar industrias, modificar nuestros hábitos de movilidad, nuestros hábitos automovilísticos, si me permiten la expresión, o cambiar el perfil de las ciudades exige comprensión y, también,  asunción de responsabilidades por parte del conjunto de la ciudadanía.

Es decir, la política tiene que hacer y tiene que recuperar una de sus principales facetas, la pedagógica; la pedagogía que hay hacer también con nuestros conciudadanos.

Los ciudadanos nos exigen altura de miras para tomar decisiones, indudablemente, pero una de esas decisiones tiene que ser también la de pedirles a nuestros ciudadanos, a todos los sectores involucrados, que nos acompañen en este camino, que no escuchen a los que sólo repiten supersticiones, porque son supersticiones o simples, llanas y vanas mentiras.

Un gobierno solo no va a arreglar este problema, tampoco todos los gobiernos del mundo, por mucho que nos involucremos, vamos a aprobar solos este problema. Ésta es una reflexión que me gustaría también compartir con los ciudadanos de nuestro país, que tenemos que comprometernos todos y cada uno de nosotros, en lo individual, en lo colectivo, en lo institucional para frenar el cambio climático y adaptarnos también a las consecuencias que ya estamos viendo en nuestro planeta. Está en nuestras manos asegurar un futuro en el que se promueva un modelo de desarrollo sin emisiones de CO2.

Un modelo que tenga en cuenta los límites del planeta, y que garantice a los europeos, de los que formamos parte, de hoy y de mañana, al menos, las mismas oportunidades, el mismo bienestar que hemos tenido nosotros.

Este es el momento de impulsar la agenda de transformación de Europa. Como bien ha comentado antes la ministra Ribera, la ministra de Transición Económica, y situarse a la cabeza de la acción climática, desde Europa. Debemos modernizar nuestras economías, y aprovechar, además, los beneficios colaterales, que los hay y muchos, de esta lucha contra el cambio climático y la adaptación.

Somos capaces de convertir este desafío en una enorme oportunidad de progreso y de prosperidad para el conjunto de las sociedades. Según ciertas estimaciones, son necesarios en torno a 180.000 millones anuales para cumplir los objetivos de la Unión Europea de marco de Clima y Energía de 2030. Y el Gobierno de España tiene claro que esa es una prioridad, y que las prioridades sólo se cumplen presupuestándolas. Y en el presupuesto que acabamos de presentar en el Parlamento, se recoge un incremento contundente en varias partidas que, de alguna u otra manera, están vinculadas con la lucha contra el cambio climático y que afectan a distintos Ministerios. La inversión, sin ir más lejos, de I+D+i, que es determinante en las transformaciones que España necesita, y que también afectan a la dimensión climática, crece en un 5,1% interanual, respecto a los presupuestos del año anterior.

Estos presupuestos son, a mi juicio, una palanca de modernización, de futuro, con la que queremos hacer progresar y, también, construir una España más próspera: razón, o en consecuencia, ciencia. O inversión. Política, en definitiva, en el más noble sentido de la palabra.

Mirad, la Organización Internacional de Trabajo, la OIT estima que esta transición ecológica mejorará también el empleo. Y la evidencia, asegura que mejorará también nuestra calidad de vida en múltiples sentidos, así que, sigamos trabajando. Y, de manera más ambiciosa, si cabe, que nunca.

Las instituciones multilaterales a las cuales ha hecho antes referencia la ministra y, en especial, Naciones Unidas juegan un papel decisivo. Y quiero, además, a los interlocutores internacionales subrayar algo que también decimos entre los agentes sociales españoles, y es que, este Gobierno es un Gobierno comprometido con el multilateralismo. Este Gobierno es un Gobierno comprometido con el sistema de Naciones Unidas. Y buena prueba de ello es el compromiso de esta Organización, de Naciones Unidas, con los objetivos de desarrollo sostenible, de la Agenda 2030, que es, a mi juicio un auténtico contrato social, global, que nos vincula a todos.

Pero los esfuerzos comprometidos hasta ahora, en el marco multilateral, si me permiten, no son suficientes, o mejor dicho, son insuficientes y nos obligan a hacer mucho más. Por eso, es importante la ambición, que nace del liderazgo. El liderazgo para reforzar los compromisos, no para destruirlos -como estamos viendo, desgraciadamente, en múltiples ámbitos de la política global-. No podemos sino lamentar, en este caso, que Estados Unidos pues haya abandonado el Acuerdo de París, pero también me gustaría reivindicar la acción de múltiples ciudades, de múltiples Estados, dentro de Estados Unidos, que no han renunciado a los compromisos por el cambio climático y que mantienen la llama viva de una gran sociedad, que, estoy convencido, retomará sus compromisos en la lucha contra el cambio climático en el futuro.

Europa, en cambio, si miramos a nuestro continente, se enfrenta a este debate, yo creo que desde una posición privilegiada. La reciente adopción de la normativa europea sobre eficiencia energética, energía renovable, y, sobre todo, las emisiones de vehículos supone, a nuestro juicio, una revisión al alza de los objetivos que, previamente, nos habíamos marcado. Es decir, ambición. Una ambición que dé frutos, tanto en términos de competitividad como de reparto equitativo de la riqueza generada.

Los próximos pasos serán determinantes. Tenemos unas elecciones en mayo de 2019, de este año, el 26 de mayo. La nueva Comisión va a tener un reto enorme, que es el reto de impulsar aún más el liderazgo de la Unión para situarla en primera línea de esa transición ecológica.

Y, por eso, es fundamental lo que ocurra, como decía antes, en las elecciones europeas. Quienes dudan, o quienes están dispuestos a negociar con los que dudan ni pueden ni deben tener un peso decisivo en el Parlamento a la hora de afrontar un desafío de tanta envergadura.

El compromiso, por lo demás, de España es firme, es inequívoco, es determinante, no lo duden. En estos siete meses estamos trabajando, desde el primer minuto, en este mandato en una auténtica agenda integral, porque siempre hemos entendido que la transición ecológica no es un departamento sectorial, no es una política más, sino que es una política trasversal, horizontal, que afecta al conjunto de Departamentos del Gobierno.

Una lucha con objetivos claros, específicos como es la lucha y la adaptación, no nos olvidemos nunca de la adaptación al cambio climático. El uso racional y, solidario de nuestros recursos. La apuesta de nuestra economía descarbonizada: la transición energéticamente urgente. Y, también, la generación de empleo, derivada de ello. Estos retos constituirán la acción transversal de todos los ámbitos del Gobierno con la Presidencia del Gobierno al frente. De hecho, tenemos también a la Alta Comisionada de la Agenda 2030 dependiente directamente de la Presidencia del Gobierno.

Somos, en definitiva, todos y todas, no sólo el Ministerio del ramo, quienes debemos remangarnos en esta tarea, y lo estamos haciendo. El Gobierno de España quiere cumplir, y no solamente quiere cumplir, va a cumplir, y quiere, además, estar a la cabeza. Hablamos de hechos, no sólo de nombres y de palabras; hablamos de inversiones, y hablamos, también, de leyes, que son necesarias, de ese marco regulatorio.

Eso sí cambia la realidad. Y en tan solo unos meses hemos dado pasos firmes. Y me gustaría también reivindicarlos. Hemos avanzado en temas cruciales en la política energética de nuestro país. Hemos aprobado medidas urgentes para controlar la subida de la electricidad y para ofrecer cobertura a los ciudadanos en situación más vulnerable. Medidas concretas, reales, contables y efectivas. Hemos tomado decisiones que avanzan en la transición hacia un modelo energético limpio y accesible. Hemos eliminado barreras regulatorias como el denominado impuesto al sol. Hemos reconocido legalmente el autoconsumo compartido, y hemos impulsado las actividades de recarga de los vehículos eléctricos, que es tan importante para impulsar esa transición en el parque automovilístico de nuestro país.

Medidas, como decía antes, concretas, reales, contables y efectivas. Medidas que parten de una premisa, que esta transición ecológica tiene que ser, tiene que ser, debe ser socialmente justa también, que no deje desprotegido a nadie, que nadie camine solo. El progreso, al menos como lo entiende este Gobierno, es un progreso en el que todos tenemos que avanzar y no unos dejando a la mayoría detrás.

Hemos aprobado, en consecuencia, gracias también al empeño de la ministra y a su sensibilidad, ayudas para las comarcas mineras afectadas, y estamos preparando un plan de acción urgente en transición justa, que incluya la formación de los trabajadores y la creación de nuevas bolsas de empleo para las comarcas afectadas. Como digo, medidas concretas, reales, contables y efectivas.

Trabajamos, en definitiva, con visión estratégica ante este lo que este desafío representa, lógicamente, para nuestro país. Y, en este sentido, les anuncio que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030, que ha preparado el Gobierno y que en unos días vamos a remitir a la Comisión Europea, va a movilizar 235.000 millones de euros. Repito,  235.000 millones de euros a lo largo de los próximos diez años.

El gran potencial que tiene España en Energías Renovables va a ser una realidad en los próximos diez años. Así que, como ven, tenemos una agenda de Gobierno ambiciosa, integral y presupuestada en una materia fundamental para nosotros como es, el cambio climático. Los peligros se pueden superar mediante el ingenio y la pasión que hace solo el ser humano. Acumulemos, por tanto, todo el ingenio y toda la pasión ahora.

Perdimos una década, desgraciadamente, por culpa de la crisis económica y financiera, y, en esa década, España perdió mucho de su ingenio, y mucha de su pasión. Muchos jóvenes, desgraciadamente, se marcharon como consecuencia de la falta de oportunidades en nuestro país, a trabajar en sectores relacionados con la investigación en energías renovables. Es hora de recuperar ese ingenio y esa pasión. Ahora tenemos nuevas prioridades y tenemos una década por ganar, que es la que vamos a comenzar.

Y quiero decirles que España está lista para contribuir a crear una economía global, próspera, justa y ecológica. España, no lo duden, ha recuperado el ingenio, ha recuperado la pasión, y tiene cada día más ambición climática, y no solo climática.

Muchas gracias.


(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)