Intervención del presidente del Gobierno en 'La Cultura y la Agenda 2030"

14.3.2019

Lo primero de todo, ministro, alta comisionada, Carmen, Valeria, Ángela, Jesús, muchísimas gracias por vuestras palabras y con ello, también dar las gracias a todos los que estáis aquí presentes, a los hombres y mujeres que nos acompañáis. Sabemos que sois personas muy atareadas, nos lo ha recordado antes Ángela en su intervención, que a esta hora estaría trabajando en casa, haciendo guiones.

Con lo cual, creo que, siempre toda presencia significa e implica un compromiso. El compromiso que con vuestra presencia estáis trasladando al conjunto de la sociedad es el compromiso con la cultura y con la Agenda 2030, que son dos objetivos, dos compromisos claramente imbricados, ¿no?

Comenzaré esta intervención haciendo dos reflexiones o dos anécdotas, mejor dicho. Cuando llegamos al Gobierno, fue en el mes de junio, y en el mes de junio nos veíamos obligados a tener que presentar inmediatamente la hoja de ruta de la Agenda 2030 a Naciones Unidas. Y, entonces, yo le pregunté al ministro de Asuntos Exteriores, a Pepe Borrell, si había preparado algo de la Agenda 2030 que teníamos que presentar, y, lógicamente, eso era algo que afectaba también a la reputación de nuestro país, en un organismo multilateral al cual este Gobierno le da muchísima importancia.

Bueno, el caso es que Pepe Borrell empezó a preguntar dónde estaba el encargado o la encargada de la Agenda 2030 en el Ministerio de Asuntos Exteriores y nos dimos cuenta de que, en efecto, la Agenda 2030 pues era de las últimas ventanillas del Ministerio de Asuntos Exteriores. La decisión que tomamos fue la de, lógicamente, intentar hacer cuanto antes un proyecto de Agenda 2030 que demostrara cuál es el compromiso del Gobierno de España y de la sociedad española con los objetivos de Desarrollo Sostenible, pero tomamos también una decisión muy importante, y era sacar del Ministerio de Asuntos Exteriores esa Oficina de la Agenda 2030, y traerla al núcleo, al corazón de la acción del Gobierno, que es el Palacio de La Moncloa, y hacerlo, digamos, depender de la Presidencia del Gobierno, porque con eso estábamos trasladando un compromiso inequívoco, claro, fundamental, de la sociedad española y de su Gobierno con los objetivos de Desarrollo Sostenible, que tienen que ver con la pobreza, con la desigualdad, con el género o con la cultura, como es el acto que nos convoca hoy aquí.

Por tanto, si de alguna cosa me siento orgulloso es de que, precisamente, se había constituido la Alta Comisionada de la Agenda 2030, que dependa del Palacio de La Moncloa, de la Presidencia del Gobierno y que, en consecuencia, en ese Pacto de Estado, que antes comentaba Jesús, pues que también haya otros pactos de Estado, o mejor, dicho, políticas de Estado. Y una de las políticas de Estado que sea, lógicamente, la Agenda 2030, porque es una hoja de ruta que traslada muchos valores. Uno de ellos, a mi juicio, muy importante, que tiene que ver, sobre todo, en esta semana tan importante en el 15M con estos viernes por el futuro de muchísimos chavales jóvenes que se están manifestando en favor de un planeta sostenible, pues que, en efecto, este Gobierno y esta sociedad le importa y mucho, y se ocupa y mucho de la solidaridad intergeneracional.

La otra decisión que tomamos, con algunos de vosotros y de vosotras, que he tenido ocasión cuando estaba en la oposición de poder hablar, era recuperar el Ministerio de Cultura. Yo creo que si queremos darle, Jesús, un sentido de estado a la política de cultura, lo que tenemos que hacer es recuperar el Ministerio de Cultura. Y ojalá, dentro de ese Pacto de Estado por la Cultura la cual yo también me apunto, este tenga como uno de sus principales valores, una de sus principales herramientas, el que nunca desaparezca el Ministerio de Cultura, con independencia de que gobierne un partido u otro, el Ministerio de Cultura, pues, no desaparezca del Organigrama del Gobierno.

Y, luego, pues deciros que durante estos nueves meses al frente de la Presidencia del Gobierno, pues he envidiado, y mucho el trabajo, que ha hecho Cristina o el propio Pepe, al frente del Ministerio de Cultura, porque al final, bueno, pues hay otros Departamentos en los que nosotros nos ocupamos de cosas muy distintas a las que se ocupa, por ejemplo, Pepe. Porque Pepe, como ministro de Cultura se ocupa de lo que somos, que es, en definitiva, la cultura.

La cultura, al final, nos define como persona, lo que queda cuando nos despojamos de todo. En realidad, la cultura es lo radicalmente humano.

Si pudiéramos hasta, incluso, llegar a imaginar un mundo en el que la Cuarta Revolución Industrial, gracias a la inteligencia artificial, y gracias también a la robótica, pues nos liberara de muchos de los trabajos que no se quieren hacer sin duda alguna, entre ellos, no estaría todo lo que está aquí representado en esta sala. No somos capaces de imaginar un mundo sin músicos. No somos capaces de imaginar un mundo sin artistas, sin pintores, sin escritores, sin arquitectos. Si el mundo fuera obvio, como dijo el escritor Albert Camus, el arte no existiría. Pero el mundo, afortunadamente, nunca va a ser obvio. Y, por tanto, el arte seguirá existiendo.

Y, por eso, queremos, y esto sí que me parece muy importante, porque nosotros también estamos muy comprometidos con los objetivos del Desarrollo Sostenible, que la cultura sea el cuarto pilar de esos ODS, que sea el cuarto pilar de la Agenda 2030.

El primero de ellos, como sabéis tiene mucho que ver con uno de los temas que también yo personalmente me he implicado en él, y también hemos constituido un Alto Comisionado dependiente de la Presidencia del Gobierno, que es la lucha contra la pobreza infantil, que afecta al 28% de los chavales en nuestro país. Y que, desgraciadamente, la pobreza infantil no es que acabe cuando uno cumple 18 años, sino que se perpetúa y va de generación en generación esclavizando a muchos niños y niñas en nuestra sociedad.

Por tanto, el primero es la pobreza extrema. El segundo tiene que ver con la desigualdad y con la injusticia. Y el tercero tiene que ver también con algo en lo que estamos muy comprometidos, y es con la adaptación y con la mitigación del cambio climático.

El cuarto debe hacer una reivindicación de la cultura, como expresión profunda de esos aspectos emocionales, existenciales y cognitivos de los seres humanos. La expresión de lo que sentimos, de lo que hemos vivido. Y también de lo que somos capaces de aprender.

Y queremos preservar el planeta y construir sociedades justas. Eso se dice y mucho, precisamente, porque lo que queremos es que aflore todo eso, sin otro estorbo que el de la simple condición humana.

La cultura encierra una hermosa paradoja en estos tiempos de globalización cada vez más acentuada. Nos une, pero también nos individualiza, al mismo tiempo. Refleja lo que compartimos todos, en países lejanos o en países mucho más próximos. Y preserva, al mismo tiempo, lo que nos diferencia de los demás, que son la marca de nuestra tierra, nuestras costumbres, nuestra historia personal. La cultura, en ese sentido, nos permite comprender al otro, sin dejar de ser, nosotros mismos. Yo creo que esto es muy importante, en un momento en el que, bueno, pues estamos viendo movimientos en otros países, y en las sociedades, reaccionarios, donde se trata de uniformizar a la sociedad, donde se concibe la diversidad como algo problemático. Creo que lo importante es reivindicar la potencia transformadora de la cultura como un instrumento para aglutinar, para incluir, para integrar, que creo que es uno de los grandes desafíos que tienen nuestras sociedades.

Creo que la cultura nos permite afrontar las grandes transformaciones de nuestro tiempo, sabiendo que en el fondo nunca cambian la esencia de lo que somos, y nos permite mirar al mundo cara a cara. Tomar conciencia, y combatir aquello que nos parece injusto.

Decía Pablo Picasso que la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Y no hay cultura indiferente. No hay cultura decorativa. La cultura es siempre un instrumento de acción. Una batalla contra la intolerancia, que hay mucha, contra el desconocimiento, contra el dogmatismo. O contra la violencia a la cual se banaliza en estos últimos tiempos en el conjunto de nuestras sociedades.

Las películas, una ópera, el teatro, los libros, las canciones, los lienzos de Picasso ayudan a construir sociedades críticas, sociedades diversas, sociedades mejores. Sociedades en las que el pensamiento abre caminos para vivir una vida que merezca ese nombre. La cultura, en consecuencia, transforma. Y siempre transforma para bien.

Y en ese mundo de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, nosotros siempre hemos considerado que la cultura nunca podía faltar. Pero la cultura no es sólo espíritu, y creo que también es importante el enfoque que se le ha dado a este acto. Es espíritu, pero también es materia, y creo que ahí claramente el hombre de los números, que ha sido Jesús, nos ha dicho claramente lo que representa.

Tiene números, no podemos despreciar, y no debemos despreciar para nada su importancia económica. Su peso en términos de riqueza, de empleo, de desarrollo material.

Como bien comentaba antes Carmen la cultura y las actividades relacionadas con la propiedad intelectual representan el 3,3% de nuestra capacidad de producir riqueza anual, el famoso PIB, y han dado trabajo en el año 2018 a nada más y nada menos que 700.000 personas. En definitiva, es un fuerte motor de desarrollo económico, como también lo es de turismo. Y es, lógicamente, una gran embajadora exterior.

Los cineastas, los dramaturgos o los artistas plásticos necesitan una industria cultural sólida detrás. Esta es una de las cosas que Pepe, como ministro, siempre nos ha trasladado: tenemos que hablar de industria, tenemos que potenciar la industria cultura. Un tejido de profesionales y de trabajadores y trabajadoras que sostengan día a día la concreción y la divulgación de las obras culturales. El genio sin industria, quedaría apagado. El genio sin industria no llegaría bien a la ciudadanía. La industria también es genio. Y todos los que me habéis precedido en el uso de la palabra, pues lo sabéis muy bien, porque os dedicáis a ello.

La cultura supone, por lo tanto, un sector clave en la economía, en la vida social, que no puede ser devaluado en los malos tiempos. No puede volver a ser, al igual que fue en su momento, la educación durante esta década perdida de crisis económica, o la investigación o la ciencia el pariente pobre de las crisis económicas.

¿Prefiere usted cerrar un quirófano o una biblioteca? Se planteaba como disyuntiva. Pues ninguna de las dos. Las dos son igualmente graves. Las dos nos amputan por igual. Cuando se cierran bibliotecas se acaban cerrando quirófanos.

Las bibliotecas, las editoriales, las compañías discográficas, las productoras cinematográficas, las salas de concierto, las galerías de arte, las salas de cine, los museos, las empresas de videojuegos, las plataformas de televisión o los locales de música en vivo son el armazón de esta industria cada vez más valiosa. En ella hay empleo con futuro, y también, mucho bienestar social. La industria cultura es, además, nuestra tarjeta de visita exterior más brillante. Y lo he podido comprobar, además, como presidente del Gobierno durante estos meses. Gracias a ellas, a nuestras series, a nuestros cantantes, a nuestros cineastas, llegamos a cualquier lugar del mundo.

El Instituto Cervantes conoce perfectamente hasta qué punto las industrias culturales sirven para abrirle camino al español, y despertar también el interés por nosotros en países tan distintos como pueda ser Serbia o Finlandia.

Y gracias a la cultura, también, las personas que nos visitan encuentran nuestra diversidad, nuestra riqueza, y nuestro rostro como país.

El turismo cultural es uno de los campos en los que el crecimiento de España deba sentarse, porque sabemos que hay muchas facetas de España que aún son poco conocidas.

Queremos, en definitiva, que la cultura esté entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Y queremos que la cultura esté entre los asuntos de Estado que deben ser protegidos, acordados, entre las distintas formaciones políticas. Porque la cultura no pertenece a ninguna ideología, a ningún partido político. Es de todos y de todas.

Y en estos últimos meses, el Parlamento ha aprobado por unanimidad el Estatuto del Artista, tan importante para dignificar a los creadores en nuestro país. Y también la Ley de Propiedad Intelectual, Carmen.

Y, además, hay que reivindicar que no ha sido un logro ni del Gobierno ni de la oposición; ha sido un logro de todos. Y creo que ese es el camino: que la cultura nos pertenece a todos, y, en consecuencia, es asunto de todos los partidos políticos que estamos representados en la Cámara.

Hay dos aspectos concretos a los que quiero referirme especialmente, porque creo que en ellos la cultura, que siempre aporta, y esto quiero subrayarlo, me da la sensación de que puede aportar un poco más. Jesús me pedía, pues yo también en contraposición voy a pedir algo.

Primero, yo creo que lo ha comentado Ángela en su intervención, es el de la igualdad entre hombres y mujeres, que la semana pasada volvió a ser protagonista en las calles, en los pueblos y ciudades de nuestro país, porque, aunque invisibilizadas por la historia, en muchos casos, las creadoras han estado presentes desde hace siglos: pintando, escribiendo, diseñando, filosofando o haciendo música.

Hoy, en el siglo XXI, que es el siglo claramente de las mujeres, es más necesario que nunca que estéis a la vanguardia. Que habléis de la igualdad, pero, sobre todo, que se os vea iguales. Que creéis, que luchéis, que sirváis como ejemplo en otros ámbitos que, lógicamente, son más hostiles. Por tanto, igualdad de género.

Y el segundo asunto al que también Carmen se ha referido en su intervención, es el de la diversidad.

España tiene cuatro lenguas. Y una de ellas la hablan, nada más y nada menos que 550 millones de seres humanos en el planeta. Tiene un patrimonio histórico impresionante, que cuenta con maravillas romanas, medievales, barrocas, con herencias cristianas, con herencias musulmanas. España tiene, en fin, un capital cultural inacabable e incalculable. Y ese capital, que es diverso, apegado a cada tierra, a cada lengua, tiene que servir para unirnos.

La cultura demuestra que los vascos, los andaluces, los catalanes, los castellanos, los gallegos, por citar simplemente esos territorios, somos a la vez distintos e iguales. Tenemos mil caras, pero solo una ciudadanía. La cultura da prueba de ello.

Del mismo modo que da prueba de que Europa comparte un mismo espacio de valores, una historia entrelazada, y una serie de obras, de obras, yo diría que extraordinarias, que nos han hecho ser lo que somos hoy como europeos, creo que también tenemos que reivindicar lo mismo para España, sin uniformizarnos, sin laminar nuestras identidades personales y, sin duda alguna, tampoco las colectivas.

La cultura, en consecuencia, debe tener un protagonismo indudable en el desarrollo sostenible del planeta, y, por eso, en la Agenda 2030 tiene que ser uno de los principales objetivos. Porque un mundo sin creadores o con creadores invisibles, sería, sin duda alguna, un mundo peor. Un mundo banal, un mundo vacío.

Decía el novelista israelí David Grossman que la literatura no puede cambiar la realidad, pero impide que la realidad nos cambie a nosotros y a nosotras. Esa, creo que es la verdadera tarea de la cultura: lanzar advertencias que nos protejan de perder lo que somos. Y lanzar preguntas que nos abran caminos, también. Entre ellas, a mi juicio la más acuciante es cómo podemos construir un mundo menos contradictorio y más humano.

Muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)

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