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Intervención del presidente en la Conferencia Internacional de Cambio Climático 2019

San Sebastián, miércoles 6 de marzo de 2019

Señor lehendakari, señora ministra para la Transición Ecológica, señora presidenta del Parlamento vasco, señor consejero de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda, señoras y señores.


Muy buenos días a todos y a todas, muchas gracias por atender este importante evento.

Antes de nada me van a permitir simplemente una licencia. Acabo de aterrizar en San Sebastián, he conocido el fallecimiento de uno de los padres de la Constitución, José Pedro Pérez-Llorca y, desde aquí, desde San Sebastián me gustaría trasladar a su familia y a sus seres queridos, todo nuestro respeto, toda nuestra solidaridad y, también, a la figura de José Pedro Pérez-Llorca. Reconocer en homenaje de la sociedad española a una persona que trabajó por la convivencia, la democracia y la libertad de todos y todas en nuestro país.

Sé que es poco habitual, pero me gustaría compartir con todos ustedes una carta que acabo de recibir en la sede de la Presidencia del Gobierno. La envía un grupo de niños y de niñas del Colegio La Navata, de Galapagar, en la Comunidad de Madrid. Y dice textualmente lo siguiente: "Estimado presidente, le escribimos porque estamos preocupados por la basura que hay en el mar y en el campo. Le pedimos que diga a los habitantes de su país que no tiren la basura al suelo, porque llega al mar. Que reciclen y reutilicen, que no hagan botellas de plástico, sino de metal o de cristal, y que los cubiertos sean de metal o de madera. Así -continúa la carta de los niños y niñas- no contaminaremos el planeta y los animales no se extinguirán. Esperamos -concluye la carta- que nos haga caso. Nos despedimos con un beso y abrazo".

Quería compartir con todos ustedes dos reflexiones tras leer esta carta, que quiero responder públicamente en el día de hoy. La primera es de orgullo, de alegría, que niños y niñas de cinco años, que es la edad que tienen, abracen estos valores significa que hay motivos para la esperanza, porque son conscientes de lo que está en juego, y lo que quieren es un país y una sociedad en verde.

Y la segunda reflexión es de máxima responsabilidad. Nos estamos jugando mucho, y nos están pidiendo, en definitiva, los niños de cinco años que actuemos, y que actuemos ahora. Saben que el futuro, su futuro descansa en nuestras manos, en quienes hoy y aquí tenemos los medios, los instrumentos, las herramientas para cambiar el cambio.

No podemos ignorar el mandato de quienes que heredarán el mañana, de nuestros hijos y de nuestros nietos y de nuestras nietas: cambiar el cambio. Como nos piden ellos, y como invita el mensaje de esta importante Conferencia Internacional.

No solo hay que cambiar el cambio, sino que hay que cambiar también la percepción que nosotros mismos tenemos sobre el cambio climático, como nos ha dejado dicho en multitud de ocasiones Nicholas Stern, al cual agradezco también su presencia en esta importante Conferencia.

Es preciso cambiar nuestra mirada, acentuar la conciencia del precio que podemos pagar si no actuamos como la ciencia nos pide que actuemos. Recordar a la ciudadanía que ésta no es una batalla ideológica, que no lo es en absoluto. Esta es una batalla a favor de la ciencia, consistente con la ciencia. E insistir en que la lucha contra el cambio climático y su adaptación, no sólo es imprescindible, sino que es inaplazable, que es una fuente de oportunidades para la economía.

Porque cambiar el cambio y cambiarnos a nosotros mismos, significa cambiar nuestras políticas, cambiar nuestra mentalidad y cambiar, en consecuencia, nuestras prioridades.

El Gobierno de España lo hizo desde el primer instante. En primer lugar, creamos un Ministerio específico sobre la transición ecológica de nuestra economía, sobre la transición del paradigma energético en nuestro país. Un Ministerio que dejaba claro, desde su mismo nombre, cuál es el propósito y la política que quería desarrollar el Gobierno.

Y, en segundo lugar, diseñando toda una serie de medidas que culminaron la semana pasada, con la presentación de un marco estratégico de energía y clima, que expresa cuál es nuestra voluntad y cuál es el horizonte de trabajo del conjunto de las Administraciones Públicas.

El Gobierno, todo el Gobierno tiene cinco grandes ejes sobre los que pivota su política. Y uno de esos grandes ejes es el de la transformación energética, el de la transición ecológica de nuestra economía. No es, por lo tanto, una simple prioridad. Es una de nuestras prioridades más inamovibles, si pudiéramos decirlo de alguna manera.

Nuestro país, España, está a la vanguardia del reto que supone luchar contra el cambio climático. Primero, porque el calentamiento global del planeta nos afecta más que a otras muchas regiones del planeta.

Yo siempre digo que los informes del Panel Internacional de Cambio Climático dicen que nuestro país corre el riesgo de desertificación en un 40% de su territorio. Un 40% de su territorio.

Por tanto, primero, porque el calentamiento global del planeta nos afecta más que a otras regiones del mundo. Y, en segundo lugar, porque estamos a la cabeza en compromiso ecológico.

Tenemos un rumbo y unos objetivos claros de descarbonización de nuestra economía, a través de un proceso de transición ecológica que tiene que ser justo e inclusivo: alcanzar una economía de cero emisiones en el año 2050 está en el núcleo de la agenda desarrollo inclusivo de nuestro país y de nuestro tiempo. Y hay grandes beneficios sociales que tenemos que poner encima de la mesa: beneficios sociales, beneficios económicos y beneficios medioambientales para la ciudadanía y para las empresas en este camino que tenemos transitar.

La transición ecológica no debe ser vista como una amenaza, porque no lo es. Es una gran oportunidad en todos los sentidos, para mejorar nuestra economía, para mejorar nuestro ecosistema, y para mejorar también la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

Una oportunidad sin precedentes para transformar y modernizar nuestro modelo económico. Para crear empleo de calidad en nuevos nichos de mercado. Para ganar en seguridad energética, para ganar en salud, en calidad del aire, en innovación, y situar a nuestro país, y a nuestras empresas en el liderazgo de las tecnologías que van a dominar la próxima década.

Este marco estratégico cuenta con tres instrumentos fundamentales. El primero de ellos, como saben ustedes es el anteproyecto de ley del Cambio Climático, que trata de ser un marco normativo que facilite la progresiva adecuación de nuestra realidad a las exigencias de la acción climática.

El segundo tiene que ver con el Plan Integrado de Energía y Clima 2021-2030, que define los objetivos de reducción emisiones de gases de efecto invernadero. De penetración de las energías renovables y de eficiencia energética, que siempre se nos olvida, pero es tan importante como la penetración de las energías renovables.

Se trata de un documento programático, que España ha presentado a la Comisión Europea para su evaluación, y que será debatido con los distintos agentes en nuestro país a lo largo de este año, del año 2019.

Y, finalmente, la estrategia de transición justa, que reúne los instrumentos necesarios para que nadie se quede atrás en este proceso de transición, y, en consecuencia, de transformación.

Queremos optimizar las oportunidades de empleo, que van a surgir, que son muchas, mediante marcos de Formación Profesional y aquí, en Euskadi hay muchísimas y muy buenas experiencias que seguro que podemos exportar a otras partes del territorio español.

También, políticas activas de empleo, que es una de las principales y tareas pendientes que tiene el Gobierno de España, con especial atención a los sectores estratégicos, y planes de reactivación de los territorios que puedan verse afectados.

En definitiva, y repito, no hay una amenaza en esta transición ecológica de nuestra economía. Todos ganamos, si actuamos y nos anticipamos.

Este marco estratégico, señoras y señores, parte de la convicción que les expresaba al principio de mi intervención. Y es que el cambio no es sólo es posible, sino que va a resultar enormemente positivo para nuestra sociedad.

Quisiera destacar algunos de estos ejes que dirigirán nuestro camino a la descarbonización. Primero, alejarnos de nuestra dependencia de los combustibles fósiles y reemplazarlos con energía limpia de agua, viento y sol. Apostar por la eficiencia energética: gastando menos, gastando mejor, y más eficazmente, lo que va a traer beneficios a sectores como la edificación o los grandes consumidores electrointensivos, que sé que son importantes también en el País Vasco.

Apostar por nuestras ciudades, por una movilidad sin emisiones de CO2 , a través de la electrificación de transporte y la innovación asociada a las tecnologías limpias. Tenemos que aspirar a la línea que marca la estrategia a largo plazo la Comisión Europea, y es un parque automovilístico, que se renueve paulatinamente, con modelos de menores emisiones.

No olvidemos, además, una cuestión, señoras y señores, y es que esta apuesta es una oportunidad para la innovación de nuestra industria de la automoción que, sin duda alguna, va a traer mejoras en la calidad de vida, y también en la salud de los ciudadanos.

En el escenario del cambio climático algunos han optado por la huida hacia adelante, el negacionismo, y hemos tenido a lo largo de esta pasada semana algunos ejemplos bastante elocuentes de ilustres mandatarios de otros países del mundo.

Algunos han optado, como decía antes, por ese negacionismo, por esa huida hacia adelante. En definitiva, son ignorantes. No lo digamos con otras palabras. Negar el cambio climático es negar la propia ley de la gravedad o defender que la tierra es plana -por darle la vuelta al argumento del consejero-; no es, en consecuencia, la ideología la que tiene que hablar. La que tiene que hablar es la ciencia.

Otros, por su parte, apuestan por la vuelta a viejas arcadias felices que nunca existieron. A mundos cerrados, pretecnológicos e idílicos, o supuestamente idílicos. Ninguna de las dos respuestas es tolerable, pero incluso si el cambio climático no fuera una amenaza tan grave como es --es evidente que lo es--, estaría bien que hiciéramos todo lo que vamos a hacer. ¿Por qué? Porque crearemos riqueza, porque tendremos mejor salud pública, y porque preservaremos la belleza del planeta en que vivimos.

Los beneficios de la transición ecológica niegan cualquier discurso catastrofista, serán un motor para la generación de empleo. Se van a crear en España, esa es la previsión que tenemos, 300.000 nuevos empleos de calidad entre el año 2021 y el año 2030, ligados a sectores donde nuestro país es muy competitivo: servicios, industria, el sector de la construcción, sobre todo, de  la rehabilitación y la renovación urbana. Se van a movilizar más de 200.000 millones de euros; 200.000 millones de euros en inversión pública y privada a lo largo de próxima década.

Se dará un importante impulso al crecimiento económico; las inversiones previstas, unidas al ahorro en la factura de la energía de nuestro país van a permitir un incremento de nuestro Producto Interior Bruto en el año 2030 del 1,8%. Y este marco, además, va a permitir un ahorro acumulado en la balanza comercial, que es uno de los principales talones de Aquiles de la economía española.

A lo largo de la década, ese ahorro acumulado va a ser de 75.000 millones de euros, respecto al escenario de inacción, como consecuencia del ahorro y de la eficiencia energética. Las menores importaciones de combustibles fósiles y el cambio hacia un mix energético en el que predominen las energías renovables.

En definitiva, señoras y señores.

El marco estratégico orienta al tejido empresarial español y a toda la sociedad, la vasca y al conjunto de la sociedad española, hacia el lugar donde van a estar las ventajas competitivas del futuro: en la innovación, en la capacidad de producir con mayor eficacia. En una huella ambiental baja o nula, reforzando la competitividad nacional e internacional de nuestras empresas.

Señoras y señores.

Ese es el futuro al que aspiramos. Año tras año, el informe sobre riesgos globales, que presenta la Cumbre de Davos, confirma que los mayores riesgos para el crecimiento de la economía mundial están relacionados o bien con los desastres naturales o bien con la falta de políticas ambiciosas de lucha contra el cambio climático y su adaptación, tanto por la fuerza de sus impactos, como también por el aumento de la probabilidad, y durante estos últimos meses y años los estamos viendo también aquí en España.

El cambio climático nos desafía como sociedad, como modelo económico, y también como civilización. Y nos obliga a cambiar, a cooperar y a actuar juntos con ambición y con eficacia para construir una solución global.

No hay una solución para el cambio climático solo desde Euskadi; no hay una solución para el cambio climático sólo desde España. No hay una solución para el cambio climático sólo desde la Unión Europea. Sólo hay una única solución para el cambio climático, y es una solución global. Todos estamos en esa tarea.

Y aquí, el lehendakari lo ha dicho: tanto los Ayuntamientos como el Gobierno Vasco, como también el Gobierno de España y la Unión Europea. Todos estamos en esta tarea. Y los poderes públicos concertados tienen que actuar al dictado de la ciencia. Los prejuicios y las supercherías siempre han sido moralmente rechazables pero, en este asunto, son, además, muy peligrosos e irresponsables, y tenemos que criticarlo duramente.

La lucha contra el cambio climático nos exige tener también un ejercicio de franqueza, de franqueza con la ciudadanía. Y, también, de franqueza con nosotros mismos. Nos obliga a una profunda reflexión sobre cuál va a ser nuestro modelo de sociedad. Sobre qué modelo productivo queremos tener en nuestro país. Sobre cuáles son los límites que podemos y debemos asumir. Y tenemos que hacer mucha pedagogía. Una pedagogía incansable, inexcusable. Explicar lo que supone el consumo irresponsable. El uso de energías tradicionales y el mantenimiento de un modelo productivo que se ha demostrado, depredador.

Tenemos que redefinir, tal vez, y, permítanme que lo diga así, con estas palabras, hasta incluso la idea de felicidad, que nuestras sociedades están muy asociadas a la posesión, y no tanto a los valores. A la compra, y no tanto al disfrute.

España está en Europa y quiere actuar en coordinación con Europa. Hace unas semanas hablaba en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, del legado inmaterial más valioso que tiene la Unión Europea. Y es su capacidad para inspirar. Lo ha hecho en el pasado, con los Derechos Humanos, con los valores democráticos, con el Estado de bienestar y, en consecuencia, con el modelo de redistribución de la riqueza. Y ahora nos toca hacerlo con la transición ecológica. No marchemos nunca a remolque. Lideremos. No esperemos a pactar, a establecer límites, vayamos más allá. Seamos, una vez más, fuente de inspiración a la humanidad.

Entre las muchas buenas noticias que se pueden producir por esta lucha en la que estamos, hay una noticia excelente que no quiero pasar por alto, y es la de los jóvenes que han tomado el mando y han comenzado a levantar la voz. Los 'Fridays for Future' originados en el llamamiento de la joven sueca, Greta Thunberg, convocan a los jóvenes de todo el mundo a rebelarse, a no resignarse. Es su planeta el que estamos poniendo en riesgo, y no quieren desentenderse de ese problema.

Nada por lo que los jóvenes hayan luchado colectivamente ha sido derrotado, y su fuerza, en consecuencia, es imparable. Por eso, 'Los viernes para el futuro' son una buena noticia para quienes estamos convencidos de esta causa.

Señoras y señores, concluyo evocando unas palabras de Bernardo Atxaga, el gran escritor guipuzcoano, que al hablar de la ciudad vasca dijo que debemos saber mirar con otra mirada, y cito textualmente, "capaz de crear, de inventar una utopía". No una utopía heroica, decía el escritor, ya hemos tenido demasiadas, hemos tenido bastantes a lo largo de estos últimos años, sino una utopía que tenga por objeto, por sueño la mejor convivencia de todos cuantos vivimos aquí.

Yo quiero hacer mías estas palabras aquí, en su tierra. Esa es la utopía a la que aspiramos. La utopía que vamos a lograr: seguir viviendo donde vivimos, con una naturaleza que nos acoja, en un mundo solidario. Una utopía nada heroica y, precisamente por ello, más valiosa.

Gracias. Eskerrik asko.

          
 (Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)

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