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Intervención del presidente del Gobierno en funciones en la Jornada de clausura del Foro La Toja-Vínculo Atlántico

La Toja, sábado 5 de octubre de 2019

Buenos días, bos días.

Presidente de la Xunta de Galicia, Alberto; presidente del Foro, Josep; presidente de Hotusa, Amancio; delegado del Gobierno, alcalde de O´Grove, por cierto, felicidades por el 61º aniversario de la Feria del Marisco que me parece que empieza o ha empezado ya este fin de semana. Señoras y señores, autoridades, buenos días.

En estas jornadas se ha debatido sobre el futuro de las democracias liberales, como nos ha dicho el presidente Josep, sobre los desafíos que tiene el mundo de nuestro tiempo y, también, sobre lo importante que es contar con marcos estables para poder desarrollar el proyecto de país y, también, el proyecto común europeo.

Para mí supone una oportunidad especial poder explicar en la clausura de este Foro nuestra idea de España, la idea que tenemos de lo que es España y de las transformaciones que necesitamos abordar para ganar durante la próxima década nuestro futuro.

Que España es uno de los mejores países para vivir es más que evidente; como bien ha dicho Josep, este es un marco incomparable, como decía el clásico, para poder justificarlo y atestiguarlo. Es uno de los más seguros del mundo, uno, también, de los países con mayor patrimonio cultural, rico y diverso como pocos países del mundo pueden tener. Esto son cosas que no digo yo, que no decimos nosotros, lo dicen índices internacionales, estudios comparativos de centros de pensamiento prestigiosos a nivel mundial.

¿Los demás como nos ven? Los demás nos perciben como un país solidario, como un país abierto, como un país tolerante y como un país capaz de avanzar y de hacer frente a cualquiera de los desafíos que hemos tenido por delante durante estas últimas décadas. Y tenemos una democracia situada entre las 10 más sólidas del mundo.

La historia reciente de España es una historia de éxito. La gran transformación que hemos vivido en los últimos 40 años prueba que es posible afrontar y superar con éxito cualquier tipo de reto que nos propongamos y algunos datos pueden certificar esta afirmación, que, estoy convencido, todos y todas nosotras podemos compartir.

En primer lugar, que en 1975 los españoles tenían una esperanza de vida de 73 años y hoy la tenemos de 83 años. ¡Qué decir aquí, en Galicia, sobre todo y especialmente! Gracias, entre otras cosas, no solamente a nuestra dieta sino, también, a la Sanidad Pública y a sus profesionales.

En 1975 un 5% de los españoles, mayoritariamente hombres, tenían estudios superiores. Hoy los tienen el 23,8% y las universidades, sobre todo, se llenan de mujeres.

En 1975 la renta per cápita era de en torno a 11.474 euros y en la actualidad, en precios constantes, es de 23.742 euros; es decir, supone un aumento de más del 100%, el 107% concretamente. Y todo ello ha sido posible gracias a la estabilidad que nos ha dado en estas cuatro décadas, algo que comentaba el presidente del Foro: en primer lugar, la Constitución; en segundo lugar, el Estado autonómico; en tercer lugar, nuestra pertenencia a la Unión Europea; y, finalmente, el Pacto Social con el que hemos vivido los españoles durante estos últimos 40 años.

Esa estabilidad es la que nos ha hecho avanzar habilitando, precisamente, un marco que nos ha permitido abordar las reformas necesarias en el ámbito económico, institucional, político y de bienestar social. Hoy, en los medios de comunicación, querido presidente, querido Amancio, se leía alguno de los debates que han surgido a lo largo de estos últimos días. En particular, el de dos expresidentes del Gobierno ayer, precisamente, sobre el sistema político que tenemos en España; y voy a recoger yo el guante y voy a decir alguna cosa sobre esta cuestión que, a lo mejor, puedo compartir y puede ser de interés para el conjunto de los oyentes y de las personas que nos acompañáis en este acto.

En primer lugar, yo creo que el multipartidismo lo deciden los ciudadanos con su voto y, por tanto, bienvenido sea. Cualquier opción es bienvenida, la opción que no es bienvenida es el bloqueo. En segundo lugar, los partidos políticos deben asumir el resultado electoral.

¿Eso qué significa? Que quien gana no puede imponer su programa; lo que tenemos que hacer es acordar con otras fuerzas políticas un proyecto compartido, programático. En segundo lugar, que quien pierde las elecciones no puede ni bloquear ni tratar de imponer en los despachos lo que las urnas les han negado. En tercer lugar, que el multipartidismo contribuye en la medida que contribuye a la gobernabilidad de nuestro país, no a destruir la estabilidad que necesita nuestro país precisamente para abordar las grandes transformaciones económicas, sociales, institucionales y medioambientales.

En resumen, la única opción que no es aceptable es el bloqueo. En segundo lugar, los españoles deciden la orientación del Gobierno con su voto, progresista o conservador, y el pasado 28 de abril decidieron que fuera progresista. Y, finalmente, lo que necesita España es un Gobierno cohesionado y estable. Y esto, la estabilidad, es muy importante, sobre todo en un momento en el que tenemos un desafío secesionista que no puede hacer que el independentismo en Cataluña tenga más influencia de lo que tiene la gobernabilidad de nuestro país.

Las generaciones de los mayores a veces no terminan de creerse la fortaleza de nuestro país. Quizá porque han vivido otras épocas y, probablemente, sean conscientes de los riesgos y en muchas ocasiones de las involuciones que se puedan producir --y algunas de ellas están en el ambiente, no solamente en España sino en la política global. Pero los jóvenes yo creo que lo tienen mucho más interiorizado. Tienen más interiorizado que somos un país moderno, que somos un país europeísta, que somos un país con vocación internacionalista capaz de lograr cualquiera de las cuestiones y de los desafíos que nos propongamos.

Nuestra sociedad está llena de personas, de empresas con mucho talento y con una capacidad de mantener el esfuerzo hasta alcanzar sus metas, y hay muchísimos ejemplos.

Hay una empresa veterana, por ejemplo, como Talgo que ha alcanzado en los últimos años una posición internacional de liderazgo en el sector ferroviario, gracias al desarrollo de los trenes de Alta Velocidad y de Muy Alta Velocidad. El joven gallego, Xoel Vázquez, fundador de una Startup, Xoia, es uno de los cientos de emprendedores que están llamados a seguir esa misma estela.

En la mitad de los años 90, José Antonio Bayona, ese gran director, empezó su carrera cinematográfica de la nada. Una década después estrenó en Cannes su primera película, El Orfanato, y su última película hasta la fecha, hecha de la mano de Steven Spielberg, tuvo un presupuesto, nada más y nada menos, que de 260 millones de dólares.

La cantante Rosalía es una de las jóvenes que ya está asombrando al mundo y está siguiendo esa estela.

Y, en los años 80, la científica Margarita Salas, dio clase a la entonces bióloga, María Blasco, que ha llegado a ser directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y una de las científicas más prestigiosas en su campo internacional.

El joven investigador asturiano, Usama Bilal, que está desarrollando un apasionante proyecto sobre los patrones urbanos que influyen en la salud, es uno de esos cientos de científicos que están llamados a seguir la estela de Margarita Salas y, también, de María Blasco.

En definitiva, España nunca se para cuando tiene condiciones necesarias para avanzar. Incluso en un mundo agitado, con tantas complejidades como estoy convencido que han podido debatir ustedes a lo largo de estos tres días, lleno de incertidumbres como estamos viendo en todos los medios de comunicación, España puede alcanzar sus objetivos.

Y permítanme que reivindique con orgullo el modo en que España, a contracorriente de los tiempos, ha huido de movimientos que sí que estamos viendo de manera muy presente en otras geografías no muy distantes de la española. España ha huido, por ejemplo, de los movimientos reaccionarios, ha huido de la xenofobia, del repliegue sobre sus propias fronteras que estamos viendo -como decía antes-- en tantos sitios. Esta misma semana hemos conocido las condiciones inaceptables que una Administración, en este caso la Administración estadounidense, ha hecho o ha amenazado con implementar a los cuatro países que compartimos una vocación europeísta y que hemos plasmado en un proyecto compartido, que es Airbus. Bueno, Josep Piqué ha participado de ese proyecto desde sus inicios y que ahora mismo, además, es una empresa más privada que pública. Es algo que nos llena de inquietud.

Nosotros lo que sí que podemos trasladar es que somos un Gobierno que queremos mantener las mejores relaciones internacionales. Somos un Gobierno que a través de la Unión Europea pero, también, en nuestras relaciones bilaterales, lo que queremos hacer es trascender cualquier tipo de inquietud, de vicisitud y, sin duda alguna, también, tener las mejores relaciones trasatlánticas, en este caso, con el Gobierno estadounidense. Pero también tengo que decir que mi responsabilidad, la responsabilidad de todo Gobierno es defender, en este caso, al sector agroalimentario ante cualquier tipo de atropello arancelario que se pueda perpetrar en las próximas semanas.

A partir del próximo 31 de octubre, esa es la fecha, además de estas cuestiones que antes les he comentado de la batalla comercial; como decía antes, el 31 de octubre si no hay prorroga, si no hay una extensión, el Reino Unido abandonará la Unión Europea, lo que va a suponer una gran reordenación del comercio en el continente además de una redefinición de lo que representa el proyecto europeo. Yo lo he dicho en muchas ocasiones, yo lamento mucho que el Reino Unido haya decidido marcharse de la Unión Europea. Creo que la Unión Europea no será lo mismo, no tendrá una fortaleza ni tampoco una riqueza en su proyecto político sin el Reino Unido; pero, en todo caso, esperamos tener las mejores relaciones desde el punto de vista de España y desde el punto de vista de la Unión Europea con el Reino Unido. Son muchas cosas las que tenemos compartidas con ellos en el ámbito comercial, en el ámbito educativo y, también, en el ámbito de la Seguridad y la lucha contra el terrorismo.

Y hay otros países en Europa y en la comunidad iberoamericana en los que hemos visto el auge de movimientos que van en el sentido contrario de la historia. En fin, no nos gusta o, digamos, no compartimos muchas de las cosas que estamos viendo y que están pasando en el mundo, pero la crisis siempre es una oportunidad de mejora, un acicate para emprender reformas pendientes y, también, para abordar ambiciones que tengamos nuevas.

Y quiero hacer a este respecto una reflexión. Yo creo que estamos gastando como país demasiado talento, demasiada energía y afectos en corregir problemas que no deberían haber existido. Y en este particular me permitirán que hable, lógicamente, de la crisis de convivencia que se vive en Cataluña desde hace ya más de 10 años.

En fin, yo creo que este ha sido también el grave error del independentismo en Cataluña: no saber entender el mundo en el que vivimos, quebrar la convivencia para retroceder, dilapidar el esfuerzo y el talento que deberían haberse empleado en resolver los verdaderos desafíos que tiene la sociedad catalana.

Como este es un foro económico o eminentemente económico, habrá que recordar que la economía catalana no ha recuperado todavía el pulso que tenía antes de octubre de 2017. Una Comunidad Autónoma que siempre había estado a la cabeza del crecimiento económico ha pasado a crecer menos de la mitad de la media nacional y aún no ha recuperado las tasas de inversión extranjera, ni tampoco los depósitos bancarios, ni el tejido empresarial destruido por la crisis soberanista. Cuando una falsa idea, una falsa y excluyente idea de la identidad y de la democracia pone en riesgo la mejora del empleo, la seguridad jurídica, la financiación de la sanidad o de la educación, la emancipación de los jóvenes o la argamasa de todo eso que es la convivencia de una sociedad, hay, evidentemente, un fracaso, que es lo que representa hoy el proyecto soberanista en Cataluña.

Romper la ley, pedir a los ciudadanos y ciudadanas que desobedezcan esa ley es repetir los errores de ese proyecto político ya naufragado. Cataluña no va a recobrar toda su potencialidad de bienestar, ni estará a disposición de encarar el futuro hasta que los independentistas no acepten la realidad, y la realidad es que su proyecto político ha fracasado, sobre todo y ante todo porque ha estado fundamentado en grandes falacias, en grandes mentiras.

¿Qué grandes falacias y grandes mentiras me gustaría compartir con ustedes? La primera de ellas es que una minoría siempre será una minoría y, por tanto, no se puede imponer a una mayoría. Y, en todos los procesos electorales, con una alta participación del censo catalán, siempre que los catalanes han sido llamados a las urnas han votado de manera mayoritaria en contra del independentismo y han abrazado la idea de una España unida en su diversidad.

En segundo lugar, que la mejor forma de desarrollar el ser catalán es en la España autonómica, en la España constitucional y en la Europa Federal que todos queremos. Y que, por tanto, lo que no se puede hacer es arrancar identidades que han sido complementarias a lo largo de la historia. El español con el catalán y el catalán con el español.

En definitiva, nosotros vamos siempre a trabajar por la convivencia, porque, como me habrán escuchado en muchas ocasiones, el reto en Cataluña no es: independencia sí o no; el reto en Cataluña es: convivencia sí o sí.

Si miramos otros procesos que se están viviendo en otras latitudes del planeta, el repliegue nacionalista, económico, que estamos viendo, incluso el negacionismo climático que vimos hace muy pocos días en la Asamblea General de Naciones Unidas, o el independentismo catalán, solo encontramos miedo a muchos de los problemas y los desafíos que tienen las sociedades por delante. Y no encontramos ninguna respuesta, ya no voy a decir eficaz o ineficaz, ninguna respuesta a muchas de las cuestiones que aquí se habrán planteado a lo largo de los 3 días de debate: la respuesta a la disrupción tecnológica, a esos derechos digitales a los cuales ha hecho referencia antes Josep, a la desigualdad todavía persistente entre hombres y mujeres y que se banaliza en su forma más cruda con la violencia que sufre la mitad de la población en nuestro país y, también, en las sociedades por el mero hecho de ser mujer. A la injusticia social que todavía sigue azotando a buena parte de la ciudadanía. A la precariedad en el empleo, a la protección de las pensiones, a la educación y, también, a la emergencia climática que sé que es algo muy sentido, también, por la población gallega y por el conjunto de la población española.

Estos son, a mi juicio, los verdaderos retos a los cuales tendríamos que estar dedicando todos nuestros esfuerzos y todas nuestras energías. Esas son, a mi juicio, las grandes transformaciones que necesita España, las transformaciones que no pueden esperar.

En primer lugar, una economía que encare la digitalización. En segundo lugar, el empoderamiento de la mujer, la afirmación del feminismo como un valor esencial que une a las sociedades, que no las separa, que no las divide, que no las fractura, al contrario; en ese objetivo que debemos compartir todos, que está por encima de la orientación de género que es el de la consecución de la igualdad completa, también desde el punto de vista económico este es un reto. En tercer lugar, la cohesión social y el reparto justo de la riqueza, sobre todo en un modelo económico que transita hacia parámetros muy distintos, como es el de la digitalización, la búsqueda de un empleo digno, del emprendimiento. También la capacidad de sostener nuestro sistema público de pensiones y nuestro Estado de bienestar. La inevitable reforma educativa o, más que reforma educativa, yo diría modernización de nuestro sistema educativo en todos sus aspectos: la formación profesional, la educación básica, la universitaria. Y el impulso a la ciencia y la investigación como pilares fundamentales del progreso y la transición ecológica justa de nuestra economía.

Y en Galicia y, sobre todo, pensando en algunos territorios de Galicia, sobre todo me gustaría subrayar lo de justicia. Creo que la transición ecológica para que sea entendida y abrazada por los distintos sectores tiene que ser justa; es decir, tenemos que trasladar un mensaje de que ninguna comarca, ningún colectivo, ningún trabajador o trabajadora se va a ver damnificado como consecuencia de esa inevitable transición hacia el uso de energías limpias más sostenibles que nos permitan mitigar y adaptar el cambio climático.

Estas son las seis grandes transformaciones, que es donde -como les he dicho antes- debemos centrar todos nuestros esfuerzos. Seis transformaciones en las que me voy a detener a continuación, si me permiten, unos instantes.

La primera de ellas, como bien ha dicho antes el presidente del Foro, es la digitalización de la economía. España llegó tarde a las tres revoluciones industriales anteriores, pero a esta Cuarta Revolución Industrial va a llegar a tiempo. Y no solo va a llegar a tiempo sino que tenemos que ser hasta incluso más ambiciosos, queremos que esté en el grupo de países que la lideren. Tenemos, como saben ustedes, las infraestructuras necesarias para ello, con una penetración de la fibra óptica en los hogares del 63%, es decir, la mayor de la Unión Europea y la tercera de la OCDE.

Ayer mismo, en el Consejo de Ministros, aprobamos nuevos proyectos piloto para seguir extendiendo la tecnología 5G en nuestro país. Somos pioneros en lo que representa la extensión de esta nueva tecnología en el conjunto de la Unión Europea. Tenemos también el talento, pero no el talento teórico o retórico sino el talento real, el que importa. En estos dieciséis meses que llevo como presidente del Gobierno, he tenido la oportunidad de conocer como conocen ustedes a primeros científicos, investigadores, emprendedores y emprendedoras volcados en la puesta en marcha de proyectos tecnológicos con transferencia a la sociedad.

En España ya hay centenares de empresas y de startups que han alcanzado posiciones sobresalientes en ámbitos muy distintos de la economía, como PharmaMar, una compañía biofarmacéutica que desarrolla medicamentos de origen marino para el tratamiento de procesos oncológicos; como el Grupo Cosentino, que trabaja en el campo de los materiales y produce superficies innovadoras de piedra natural para la arquitectura y el diseño; está en prueba el proyecto Pharmadron, que aspira a establecer un servicio de abastecimiento de medicamentos en entornos rurales y de difícil acceso. Y hace pocos días, los médicos del Gregorio Marañón -no sé si lo vieron ustedes en los medios de comunicación-- salvaron también la vida de un paciente fabricando con una impresora 3D una pieza de la aorta personalizada.

En definitiva, nuestros investigadores fabrican muchas cosas, hasta incluso sensores de los robots que exploran planetas como Marte. Tenemos emprendedores jóvenes, por supuesto, pero también tenemos ya cada vez más emprendedores seniors, a los cuales también hay que referencias en las intervenciones; porque pensamos en muchas ocasiones en los jóvenes pero hay gente de 45 años que está haciendo muchas cosas en nuestro país muy interesantes en el ámbito del emprendimiento. Y tenemos formidables emprendedoras como, por ejemplo, Rocío Arroyo, que ha desarrollado un premiado proyecto de diagnosis para medicina de precisión aplicada al cáncer.

La segunda gran transformación que España tiene pendiente es la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres. La desaparición, en consecuencia, de todas las barreras invisibles y de todos los techos de cristal que sufre la mitad de la población por el hecho de ser mujer.

Tenemos un Gobierno donde dos terceras partes de su composición son mujeres, el mayor de la OCDE, tenemos grandes emprendedoras, tenemos grandes investigadoras. Nuestras deportistas triunfan en todo el mundo y casi el 80% de los directivos de nuestras principales empresas, como es Inditex, son mujeres.

Todos estos datos indiscutibles demuestran que estamos avanzando. Pero no demuestran, como algunos aseguran, que hayamos alcanzado la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres. En las dos últimas celebraciones del 8 de marzo, las calles y plazas de España se volvieron a llenar de mujeres -y también de hombres que apoyábamos la causa de la igualdad--, que reclamaban la necesidad de seguir avanzando. Porque las mujeres tienen mejores expedientes universitarios que los hombres, reconozcámoslo, pero obtienen puestos de trabajo menos estables y cobran de media un 9'5% menos que los hombres.

Porque a los cuidados no profesionales se dedican en un 89% las mujeres y no los hombres, y porque cuando hablamos de todo lo vinculado con las STEM son los hombres y nos las mujeres quienes están precisamente incorporándose a toda esa revolución digital y, también, formativa de la cual las mujeres no pueden quedar descolgadas. Y porque hay muchas mujeres, muchas mujeres --va a parecer incluso mentira, yo cuando he conocido este dato, primero, me he indignado pero, en segundo lugar, me ha llamado mucho la atención-- hay muchas mujeres, hasta 8.000, quédense con este dato, 8.000 desde el año 2010 que siguen sufriendo acoso de grupos ultras en las clínicas de interrupción voluntaria del embarazo.

Y porque en 2019 han muerto asesinadas 46 mujeres a manos de sus parejas o exparejas sentimentales. ¿Cuánto tiempo vamos a tardar en hacer que desaparezcan completamente todo este tipo de lacras y desigualdades? Nadie lo sabe, porque las dinámicas sociales son complejas y los hombres hemos sufrido durante muchos años en nuestras sociedades el patriarcado. Pero lo que sí sabemos con certeza es que no podemos permanecer pasivos, esperando.

Hay que poner en marcha políticas concretas, leyes que corrijan la desigualdad de origen: por ejemplo, incorporando la coeducación en nuestro sistema educativo; por ejemplo, luchando contra la laboral. Hay de dotar, sin duda alguna, de recursos a la lucha contra la violencia de género y combatir con firmeza y hasta con indignación cualquier intento de dar marcha atrás en el camino emprendido.

No vamos a ser una sociedad completamente digna hasta que entre hombres y mujeres no haya igualdad absoluta. Como tampoco vamos a ser una sociedad completamente digna mientras sigan existiendo los niveles de exclusión social y de falta de oportunidades que vive nuestro país. Esa es la tercera transformación que necesita nuestro país. Yo creo y estoy convencido de que muchos de los que están aquí presentes, porque les he leído, compartirán conmigo que una de las grandes lecciones que tenemos que sacar de esta crisis del año 2008 es que no puede haber desarrollo económico sostenible si no va acompañado de una cohesión social y territorial más que evidente.

Resulta -a mi juicio-evidente que en el origen de muchos de los terremotos de los que hablamos, en el ámbito de los movimientos reaccionarios, del independentismo catalán o, incluso, también de líderes empeñados en caminar contra la historia, está la falta de cohesión social, la falta de oportunidades.

Les voy a dar un dato que quizá pasa desapercibido en el debate público pero que puede explicar de alguna manera lo que hemos vivido durante estos últimos años en España.

El ascensor social se averió con la crisis del año 2008 y es evidente que tenemos la necesidad de repararlo. Somos el país de la Unión Europea donde más ha aumentado la desigualdad desde el año 2008. El 13% de las personas que trabajan se encuentran bajo el umbral de la pobreza, lo que demuestra que ni siquiera ya disponer de empleo es garantía de integración social. 4 de cada 10 hogares están en riesgo de exclusión.

Y, por tanto, este desafío tampoco puede esperar. Es preciso crear las condiciones para una sociedad cohesionada, tanto en el ámbito social como, también, aquí hablando desde Galicia, desde el punto de vista territorial. El gasto social, que está en nuestro país en torno al 24% del PIB, cinco puntos inferior a la media de la Unión Europea, es evidente que tenemos que fortalecerlo. La fiscalidad debe adaptarse al siglo XXI y ahí alguna de las cuestiones que ha sugerido el presidente en su intervención en la clausura, como pueda ser, por ejemplo, el tema de los datos, es algo que tendremos que ir estudiando desde el punto de vista de los Estados miembros y en la articulación de nuevos sistemas fiscales.

En el Foro internacional de Davos en el que estuve hace unos meses hablé con alguna de estas grandes Corporaciones tecnológicas y me decían: si nosotros estamos haciendo mucho negocio en España, no nos pongan ustedes un impuesto digital. Digo: bien, pero ¿ustedes donde pagan impuestos? Y me decían algunos países, ya se pueden imaginar, de la Unión Europea que, evidentemente, lo que están haciendo es combatir a la baja en impuestos.

Yo creo que esto es algo que tenemos, lógicamente, que resolver. Creo que tenemos que reformar nuestro sistema fiscal, adaptarlo al siglo XXI, que se deben estudiar con rigor las bases de un nuevo contrato social. Nosotros somos un Gobierno, al menos un proyecto político que hemos intentado desde el primer momento poner en la hoja de ruta un horizonte vinculado con la agenda 2030, que es una agenda multilateral. Y tenemos, lógicamente, también, que hablar de este mundo digital del ingreso mínimo vital, de la renta básica universal, que puede ser también un elemento nuevo de redistribución para garantizar esa cohesión social. Pero al igual que es necesaria la cohesión social, es igual de importante la cohesión territorial.

Tenemos que dar una respuesta a la España urbana, sin duda alguna. Pero tenemos también que dar una respuesta a la España rural, al medio rural. Y eso significa hablar de financiación autonómica y yo tengo que decirles que soy empático y estoy comprometido con aquellos territorios que están sufriendo esa despoblación. Soy consciente de la dispersión y el coste de garantizar servicios públicos esenciales para muchos vecinos y vecinas, en este caso de Galicia, en donde cuesta más esos recursos como consecuencia de esa dispersión, del envejecimiento de esa población y, evidentemente, cuando tengamos que abordar el sistema de financiación autonómica que se tiene que volver a actualizar, esta será una de las reglas, uno de los parámetros que, lógicamente, si tengo el honor de seguir siendo presidente del Gobierno, tendré muy en cuenta a la hora de definir ese sistema de financiación autonómica; entre otras cosas, porque ese sistema de financiación autonómica va muy ligado también a una estrategia de repoblación, de cohesión territorial, que necesita nuestro país.

Desde luego, el que pueda llegar, por ejemplo, el AVE en tiempo y forma como va a llegar a Galicia creo que también va a ser un multiplicador de oportunidades para esta tierra.

La quinta transformación consiste en reformular nuestro modelo laboral, en afianzar nuestro sistema público de pensiones y tenemos que hacerlo también para que buena parte de la sociedad, sobre todo de las gentes mayores, sobre todo de aquellos que tienen pensiones mínimas, salgan del riesgo de pobreza. Esta terrible paradoja, a mi juicio, debe desaparecer. El valor del trabajo no puede seguir siendo devaluado. Tienen que crearse las condiciones necesarias para que haya un empleo estable, un empleo de calidad, y para que las leyes protejan a los trabajadores por cuenta ajena y ofrezcan oportunidades al trabajo autónomo.

Queremos gobernar la digitalización y que no esté a su merced, como bien ha dicho ante Josep. Hacer que sirva para mejorar la competitividad, también la productividad. Y también hacer un especial énfasis a través de la Formación Profesional en los puestos de media y alta cualificación, que van a estar bien remunerados y que, por cierto, van a ser en buena medida fuente de nueva oferta de puestos de trabajo.

Y ese será, sin duda, el sostén de nuestro Sistema Público de Pensiones, que ha sido cuestionado por la precariedad, precisamente, del empleo.

La quinta transformación es, lógicamente, la de la Educación y, además, hoy es el día del docente con lo cual con mayor motivo el poder detenerme aunque sea durante unos segundos en esta importante cuestión.

La Educación, voy a empezar por algo obvio, es una de las piezas clave en el buen funcionamiento de nuestro mercado de trabajo. En España --esto es importante para que veamos el trabajo que tenemos que hacer y que nos queda por delante-- solo un 12% de los estudiantes optó por la Formación Profesional. Solamente un 12%. Pero las ofertas laborales que requieren un título de Formación Profesional han vuelto a superar a los que requieren un título universitario. Por otro lado, y este es otro de los males endémicos de nuestro mercado laboral, el 37% de los graduados superiores desempeñan puestos para los que no necesitan esa cualificación. Esto también es origen de cierto malestar social que sufren los jóvenes y desafección. Y, por último, el 23% de los universitarios españoles elige una ingeniería con una tendencia, además, negativa a pesar de que las mayores oportunidades laborales van en esa dirección.

Las respuestas a todas estas cuestiones y a otras muchas descansan en alcanzar definitivamente un gran pacto de Estado por la Educación. Yo, sobre todo y ante todo, creo que el gran pacto de Estado tendría que ser sobre la financiación mínima, el suelo mínimo que tendríamos que darle a nuestro sistema educativo público, que contemple una nueva ley educativa, una nueva ley de universidades y un nuevo replanteamiento como estamos haciendo, pero tenemos que hacerlo de manera mucho más intensa, completa, de la Formación Profesional, añadiendo titulaciones de futuro, incorporando competencias digitales en todas ellas y dando un impulso sin tibiezas a la investigación, sobre todo la que sostiene los pilares de nuestro progreso como sociedad. Y, sin duda alguna, algo que estoy convencido de que aquí, además, ante empresarios tan importantes, compartirán conmigo, y es la necesidad de revisar y reformar las políticas activas de empleo. Esto yo creo que es algo, en un país en el que tenemos un desempleo de larga duración tan acusado en términos relativos respecto a otras economías, que es fundamental.

He dejado para el final, pero no por eso quiero decir que es la menos importante, una de las principales transformaciones que necesita el mundo y que necesita nuestro país, que es la transición ecológica de nuestra economía. Yo creo que esta es la transformación más urgente. Nada de lo que hagamos para ganar la carrera tecnológica, para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, para cohesionar la sociedad, para desterrar la precariedad en el empleo o para mejorar la educación servirá́ si no conseguimos revertir el cambio climático.

Sin planeta, el resto de las realidades simplemente desaparecen, no son posibles. Hace mucho que lo sabemos, pero por desgracia hasta hace muy poco tiempo no hemos empezado a tener una conciencia cierta de que esto es ahora o nunca. Y debemos, además, dar en buena parte de gracias porque haya sido asumido por parte de los gobiernos a la gente joven, de este país y del conjunto del planeta, que han empezado a clamar de manera muy intensa y, además, hasta incluso descalificando como gran irresponsabilidad a los gobiernos que no toman medidas urgentes para hacer frente a esta emergencia climática.

El cambio climático, de todas formas, es bastante paradójico, como todas las grandes crisis o los grandes desafíos que tenemos por delante. Por un lado, se trata de un desafío que puede amenazar. Es evidente que puede haber colectivos que se sientan amenazados, que sientan amenazado su presente y su futuro más inmediato. Pero, por otro lado, si desde la política somos capaces de anticipar, de prevenir y de ser conscientes de que si sentamos las bases lo que venga en el futuro puede convertirse en una oportunidad y no en una amenaza, estaremos haciendo que esta transformación que ya está descontada por el sector privado y que tenemos que incorporar al ámbito de lo público, sea positiva. Y esto es, al menos, mi intención y la intención del Gobierno de España: una transformación positiva de nuestra economía, de nuestra salud. Hablamos mucho de economía y se nos olvida que hay mucha gente que muere en nuestro país como consecuencia de la mala calidad del aire. Por tanto, de nuestra salud, de nuestros hábitos de consumo y, hasta incluso, de nuestro paisaje.

La transición ecológica generará 350.000 nuevos empleos de calidad entre 2021 y el año 2030, ligados fundamentalmente a la industria, a la mejora de la eficiencia - especialmente en la rehabilitación de casas y edificios-, a la innovación, y a las energías renovables o al sector servicios.

Y estimamos que nuestro PIB aumentaría entre 19.300 y 25.100 millones de euros en ese mismo periodo. Ese es el horizonte que hemos planteado en el Plan Integral Nacional de Energía y Clima que aprobamos y que ha sido reconocido como uno de los más cualificados y más ambiciosos por parte de la Unión Europea.

En definitiva, un 1,8% más de lo que aumentaría el PIB sin ese Plan Nacional al cual antes he hecho referencia y que fue presentado ante la Comisión Europea el pasado mes de enero y que ha sido, como les he dicho antes, valorado muy positivamente.

Queremos que España lidere. El Gobierno ha demostrado que, entre otras prioridades, la de la transición ecológica es apremiante. Pero se trata de una tarea de todos: de la Administración General del Estado, de las Comunidades Autónomas, de las Diputaciones Provinciales y, también, de las administraciones locales, pues las ciudades son uno de los espacios más contaminantes que existen.

Señoras y señores, quiero terminar con una afirmación taxativa: la suerte de España y de muchas de estas transformaciones que antes he hecho referencia está ligada a la suerte de Europa. Queremos una España cohesionada dentro de una Europa con un proyecto común, fuerte, capaz de defender los valores que la han convertido en un modelo de convivencia, de paz social y de progreso. España es Europa, y todas esas transformaciones que queremos para España las queremos, también, para Europa, porque los desafíos son los mismos. Si hablamos de una transición ecológica justa, es evidente que necesitamos también del aporte y de la solidaridad y del compromiso del conjunto de la Unión Europea.

No tengo ninguna duda de que España saldrá́ fortalecida. Pensemos en el país que queremos tener en el año 2030, en el año 2050, y empecémoslo a construirlo sin más dilaciones. Con un Gobierno sólido, con una mayoría parlamentaria estable. En definitiva, empujando y arrimando todos el hombro.

El punto de partida, a mi juicio, es extraordinario. Tenemos una sociedad dinámica, un sector empresarial pujante, y tenemos uno de los mejores países para vivir del mundo.

Gracias.

(Transcripción revisada por la Secretaría de Estado de Comunicación)

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