Intervención del presidente del Gobierno en funciones en la inauguración de la Cumbre del Clima (COP25)

IFEMA, Madrid, lunes 2 de diciembre de 2019

Hace 162 años, en 1857, "American Journal of Science" publicó una curiosa reseña científica que sostenía una tesis original: «Una atmósfera de CO2 le daría a nuestra Tierra una temperatura alta; y si en el pasado el aire se mezcló con CO2 en una proporción mayor que en la actualidad, […] de ello debió de resultar una temperatura necesariamente mayor en el planeta».

El origen de esa investigación estaba en un ingenioso experimento: con termómetros, cilindros de cristal y una bomba de vacío, alguien teorizaba -por primera vez- sobre la existencia del efecto invernadero. Ese "alguien" tenía nombre, y era un nombre de mujer: Eunice Foote.

Sin embargo, quien expuso públicamente el descubrimiento no fue ella, sino su colega científico el profesor Joseph Henry. La razón es sencilla: las mujeres no tenían permiso para exponer trabajos científicos en aquella época. Y hubo que esperar un siglo y medio hasta que su aportación fuera reconocida.

He querido comenzar evocando la memoria de Eunice Foote por dos razones:

La primera, para rescatar su memoria, y la memoria de tantas otras mujeres científicas, de la injusticia del olvido. Y la segunda, para dejar constancia de todo el tiempo transcurrido desde que la ciencia nos advirtió.

Esta doble paradoja nos invita a la reflexión: Y es que, durante décadas y décadas, el progreso se ha concebido de espaldas a las mujeres, de espaldas, en consecuencia, al menos a la mitad de la Humanidad y además, el progreso se ha entendido sin tener en cuenta los límites físicos que hacen viable la vida humana sobre nuestro planeta.

Mujer y medio ambiente; medio ambiente y mujer, he aquí dos realidades ignoradas durante demasiado tiempo por la Humanidad y sin las que ya resulta inimaginable el presente y el futuro de la Humanidad.

Señoras y señores, delegados y delegadas,

Bienvenidos, bienvenidas a España, bienvenidos y bienvenidas a Madrid.

Este país abierto, esta ciudad cosmopolita, les reciben con hospitalidad y con afecto. Pero, sobre todo, con esperanza. La esperanza de que esta Cumbre marque un antes y un después.

Madrid será, por unos días, capital mundial de la lucha contra la emergencia climática; y lo será además de un multilateralismo que tiene que ser reforzado. Lo será de una renovada ambición climática; y de un compromiso real con la acción por el planeta.

Pero, por encima de todo, Madrid quiere ser la capital del diálogo y de la palabra.

Diálogo entre países -como estamos aquí reunidos- unidos ante un enemigo común a toda la Humanidad.

Y diálogo también con la sociedad: Más de 1.500 colectivos y organizaciones civiles; cientos de empresas comprometidas con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030; y millones de voces de una generación entera de jóvenes que se niega a callar ante la creciente degradación del planeta- Todos ellos y todas ellas piden la palabra. No como un mero apéndice de esta Cumbre. No como un foro de actividades paralelas, sino como actores cruciales que son frente al gigantesco reto que tenemos por delante. Su derecho, en consecuencia, es hacer uso de la palabra; y nuestro deber es escuchar su mensaje.

Estos días, Madrid estará aún más cerca, si cabe, ministra, con Chile, que en cualquier otra ocasión. Esta COP, y quiero, además, subrayarlo públicamente, es la COP de Chile. Es Chile quien ha organizado esta Cumbre con un gran despliegue de esfuerzo y liderazgo durante estos últimos años; y es Chile quien ha impulsado acciones tan importantes como es la Alianza para la Ambición Climática, con una acertada perspectiva transversal, que yo quiero también reconocer hoy.

Quiero reconocer públicamente el extraordinario trabajo realizado por Chile, por un país con el que España comparte tantos lazos. El éxito de este encuentro será sobre todo, y ante todo, el éxito de Chile.

Delegados y delegadas,

Hoy sabemos que el progreso, si no es sostenible, no merece ser llamado progreso.

Hoy tenemos la certeza científica de que la mano del hombre está detrás del daño causado al frágil equilibrio que permite la vida en nuestro planeta. Pero hoy sabemos también que depende del hombre reparar el daño causado y frenar el que aún está por venir. Y lo ha dicho antes el secretario General, tenemos los medios, tenemos la técnica para poder hacerlo posible.

Durante años, circularon las versiones más variadas e irracionales del negacionismo climático. Hubo quienes veían conspiraciones e incluso dictaduras de supuesta corrección política. Hoy, por fortuna, solo un puñado de fanáticos niega la evidencia.

El tiempo ha probado que frente a los "hechos alternativos" que algunos invocan para negar la emergencia climática, no hay más alternativa que actuar con hechos, con actuaciones.

La batalla contra la emergencia climática requiere de muchas cosas, requiere de coraje y determinación, sin duda alguna. Requiere solidaridad y liderazgo, también. Y requiere, sobre todo, de hechos: pasar de las palabras a la acción.

El año 2018 ha vuelto a marcar los niveles máximos de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ( lo ha dicho antes el presidente de Panel Internacional Científico, y también el Secretario General de Naciones Unidas). Y hace apenas unos días, el Informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió sobre el aumento de la brecha de emisiones.

Son datos muy preocupantes que ponen en riesgo el objetivo del Acuerdo de París, de limitar a 1,5 grados el aumento de las temperaturas con respecto a los niveles preindustriales.

Todos sabemos lo que eso implica: que hay que ir más lejos; y, sobre todo, que hay que ir más rápido (como ha dicho antes el Secretario General). O marcamos un punto de inflexión o dejaremos atrás el punto de no retorno.

Alcanzar la neutralidad climática en 2050 requiere audacia desde un nuevo multilateralismo. Nadie puede sustraerse por su cuenta a ese desafío. No hay muro lo suficientemente alto que proteja de esta amenaza a ningún país, por poderoso que sea, y el momento de la respuesta es ahora.

Debemos llegar a la Cumbre de Glasgow en 2020 con contribuciones nacionales mucho más ambiciosas y esas estrategias a largo plazo tienen que conducir a la descarbonización ordenada, justa y eficiente. España está lista para dar ese paso al frente. Vamos a honrar la palabra dada con más acción y más ambición climática.

Vamos a incrementar el ritmo de reducción de emisiones comprometido para el año 2030.

Y lo haremos con una premisa, que ha dicho antes el secretario general y que me parece importante compartir con todos ustedes y es: no dejar a nadie atrás. Un Pacto Verde coherente y que tiene que ser también un pacto alineado con los objetivos marcados por la Unión Europea.

Un gran acuerdo para asimilar con equidad el impacto de esta gran transformación, de esta gran transición que necesitan nuestras economías.

Un gran acuerdo verde para vincular innovación, digitalización y empleo digno. Justicia es precisamente, junto con Mujer y Medio Ambiente, la tercera idea poderosa que debe inspirar nuestra acción.

Esa es la hoja de ruta definida -en su discurso de la pasada semana- por la nueva presidenta de la Comisión Europea, a quien agradezco, como también al resto de instituciones europeas que acaban de ser recientemente nombradas oficialmente para sus cargos, su presencia hoy en Madrid.

En un tiempo marcado, delegados y delegadas, por el silencio de algunos, Europa tiene mucho que decir en esta batalla.

En primer lugar, porque así lo demandan nuestras sociedades. Pero también por una cuestión, si me permiten, de elemental justicia histórica: si fue Europa quien lideró la revolución industrial y el capitalismo fósil, ha de ser Europa quien lidere la descarbonización.

Estamos en puertas de una transición. Y esa transición que estamos llamados a emprender, además de urgente, debe ser justa.

Si algo hemos aprendido de la globalización es que no puede haber perdedores en esta transformación. Porque la derrota de unos, es la derrota de todos.

La transición ecológica debe ser una palanca de cambio contra la desigualdad.

Debe implicar justicia y equidad. Y España ha asumido ese mandato con determinación. Y está resuelta a continuar actuando.

Creemos en el valor del multilateralismo, creemos también en que todas las políticas que tenemos que poner en marcha todos los países deben estar alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marca la agenda 2030, que es en definitiva un nuevo contrato social global para un mundo en cambio.

Y hacemos nuestro el mensaje de la reciente cumbre en Nueva York: debe reforzarse la coalición de impulsores sociales y políticos, un encargo del secretario general de Naciones Unidas, de nuestro querido Antonio Guterres, a quien agradezco profundamente y de verdad, de corazón, su liderazgo y su compromiso con esta causa.

Señores y señores

La ambición siempre fue uno de los motores del espíritu humano.

Tuvimos ambición para explorar los confines del espacio.

Tuvimos ambición para desafiar los límites del conocimiento científico.

Tengamos también la ambición para preservar el frágil equilibrio que permite la vida en el único hogar que tenemos, que es nuestro planeta.

Les invito a hacer de este encuentro un hito en la lucha contra la emergencia climática.

A hacer de la política lo que realmente debe ser, un multiplicador ético para sumar voluntades, para vencer convenciendo.

Lideremos con el ejemplo.

Actuemos con resolución y guiados por las grandes ideas que inspiran las respuestas a los desafíos que contempla la Humanidad: la igualdad de género, la justicia social y la sostenibilidad.

La Humanidad ha llegado a un punto, delegados y delegadas, en que apostar por su supervivencia equivale a luchar por un mundo más justo. Ese es nuestro desafío, para que las generaciones del mañana, al mirar atrás, puedan decir que, en esta hora crucial, la Humanidad estuvo a la altura.

Muchas gracias y buena COP.

(Transcripción editada por la Secretaría de estado de Comunicación)

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