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Intervención del presidente del Gobierno en funciones en el Círculo de Economía de Sitges

Sitges, Barcelona, España, sábado 1 de junio de 2019

Presidente.- Buenos días,  ministra de Economía, presidente del Círculo de Economía, Juan José, señoras y señores,

En primer lugar, quiero decirles que para mí es un honor, de verdad es un honor participar en el acto de clausura de este prestigioso foro internacional. Más aun, teniendo en cuenta -como le he comentado antes al presidente-, el perfil técnico y profesional de quienes han participado en las jornadas de debate y también de reflexión sobre asuntos que son cruciales para el conjunto de nuestras sociedades. Así que gracias, y enhorabuena.

El marco de debate alude a un mundo en desorden, de economía en transición, y de democracia en peligro. Y si me permiten, propongo darle la vuelta a este planteamiento de partida. Entonces, propongo hacer una aproximación en positivo a este desafío. Llevamos muchos años hablando de que el mundo está cambiando radicalmente, y es cierto. De que nuestro tiempo es un tiempo distinto, que no tiene precedentes en la historia de la humanidad, de la velocidad de las cosas que ocurren, y que nos ocurren. Y, en ese contexto, solemos hablar de la necesidad de adaptarse a ese nuevo mundo. Y creo que ha llegado el momento de adaptarse a ese nuevo mundo, porque lo que tenemos que hacer es crearlo. Hay que construirlo.

El mundo no es algo que hacen los demás y que nosotros simplemente asumimos lo mejor que sabemos. El mundo es algo de lo que somos responsables que será lo que nosotros hagamos que sea.

Imaginemos ese mundo en el que queremos vivir, no el mundo que nos presentan algunas películas distópicas, sino el mundo que realmente nos gustaría construir.

A mi juicio, será un mundo, sin duda, en el que trabajaremos menos, porque habrá robots que hagan todas las tareas desagradables que ahora mismo también tenemos que hacer nosotros. Será un mundo en el que dedicaremos mucho tiempo, mucho de nuestro tiempo a aquellas cosas que los filósofos llevan muchos siglos llamando la vida buena, el ocio, el arte, el conocimiento, el desarrollo humano, la solidaridad. Será un mundo en el que no existan emisiones de CO2, donde se conserve la diversidad hoy puesta en peligro, sin muertes prematuras, por la mala calidad del aire que respiramos.

Será un mundo en el que la biotecnología nos permitirá prevenir enfermedades, curar el cáncer con la misma facilidad en la que ahora mismo estamos curando la tuberculosis. Crear órganos a partir de una célula, y salvar vidas a distancia gracias a la medicina robotizada. Será un mundo en el que no habrá grandes migraciones porque habremos aprendido a abastecer alimentariamente el planeta, y porque la desigualdad no tendrá ya los niveles obscenos que hacen  que mucha gente tenga que cruzar continentes para desarrollar un proyecto de vida digno.  Habrá muchos viajeros, sí, pero pocos exiliados y migrantes. Será un mundo, en fin, en que la libertad de conciencia, la democracia, la igualdad de género, el respeto a la diversidad y también el respeto a las minorías se construirán desde el liderazgo colaborativo y estarán universalizadas.

¿Es ese un mundo distópico? Evidentemente, no lo es. Y es el mundo por el que estamos todos aquí. Ese es el mundo que hemos decidido construir todos y todas. Los hombres  y mujeres científicos e investigadores descubriendo respuestas y creando soluciones en todos los ámbitos de la sociedad. Los emprendedores, los empresarios, haciendo que esos descubrimientos tengan un desarrollo económico sostenible, real que mejoren de verdad la vida de las personas; los profesores, los académicos transmitiendo el conocimiento generacionalmente y también sirviendo de inspiración a las generaciones futuras y la política. La política, buscando el equilibrio de intereses, facilitando la convivencia y procurando el avance con justicia social.

Quiero hacer una reivindicación enfática del compromiso. No del compromiso con un partido político, sino con una idea, con una causa, y es la del avance social con justicia social. El avance social de las generaciones que estamos aquí presentes, pero también el avance social de  las generaciones que están por venir, que se merecen también tener un horizonte de justicia social y de sostenibilidad, como el que nosotros tenemos.

Los científicos, los empresarios, los políticos, los académicos tenemos nuestros propios espacios de compromiso, y es ahí donde creo que tenemos que volcarnos. Al final, se trata de una cosa muy simple y si me apuran, muy antigua, es hacer bien lo que uno hace. Tratar de cambiar las cosas para mejorarlas.

Greta Thunberg, la jovencísima activista sueca contra el cambio climático, acaba de publicar un pequeño libro con algunos de sus escritos, que se titula: "Cambiemos el mundo". Cambiemos el mundo, desde hace décadas, no es una expresión en el que en la conversación pública y no solamente los políticos, sino también los empresarios y los académicos, la utilicemos mucho por miedo a que nos acusen de ser ingenuos, de idealistas e incluso, de cosas peores.

Pero yo creo que ha llegado el tiempo de volver a utilizarla con orgullo, como hacen los jóvenes. Queremos cambiar el mundo, sí, lo queremos cambiar. Y además creemos que quien no quiere hacerlo, quien no quiere cambiar el mundo para mejorarlo, lo que tiene que hacer es apartarse, no molestar. Tiene que echarse a un lado y dejarnos trabajar a aquellos que queremos avanzar con justicia social.

Sin duda alguna, es el tiempo de transformar. No estamos aquí para que nos digan cómo va a ser el mundo. Y cuando hablo del mundo, no estoy hablando de mundos lejanos, estoy hablando de mundos muy próximos, Barcelona, Sitges, Cataluña, España, Europa.

Y, repito, no les estoy hablando de mundos lejanos, estoy hablando, precisamente de mundos muy cercanos, muy próximos.

Quiero compartir con ustedes una apreciación que yo estoy convencido que comparten, y es que España es un gran país. Un país que ha demostrado en los momentos más importantes, cuando se ha situado en una encrucijada, que siempre ha sido amigo del futuro. Según diferentes organismos internacionales, nos recordaba en un artículo en una columna en el diario El País un escritor muy afamado, España es el mejor país del mundo para nacer. Es el más sociable para vivir. Es el más seguro para viajar. Contamos con una de las mayores esperanzas de vida, como consecuencia, sin duda alguna, de nuestra dieta mediterránea, pero también y fundamentalmente, de nuestro sistema público de Salud. Somos la referencia en conquistas sociales, en libertades, en derechos civiles. Tenemos una sociedad civil que se manifiesta contra la privatización, por ejemplo, de un bien público, como es la sanidad pública. Grita contra la homofobia, y llena las plazas cada 8 de marzo para reivindicar una España de igualdad de género.

Estamos a la vanguardia del turismo, y en el uso de energías limpias. Tenemos infraestructuras vertebradoras, y, evidentemente, tenemos tareas pendientes que vamos a culminar en los próximos años, y me gustaría también afirmar ese compromiso con el Corredor del Mediterráneo, que es un desafío estratégico, no solamente para España sino para el conjunto de la Unión Europea porque va a representar conectar el Continente de Norte a Sur, 3.500 kilómetros, para unir al 54%, se dice pronto, al 54% de la población europea.

España, en definitiva, es una democracia consolidada, con un poderoso y ejemplar Estado Social y Democrático de Derecho que ha sabido descentralizarse, que ha sabido compartir soberanía, que ha comprendido que vivimos en un mundo en el cual lo que no podemos hacer es levantar falsos muros o fronteras en un mundo cada vez más globalizado, y que, precisamente, comparte esa soberanía hacia el Estado autonómico, hacia los municipios, pero también hacia arriba, hacia ese proyecto común compartido, que es la Unión Europea, es la única forma de garantizar el progreso y la prosperidad.

Y todo ello lo hemos logrado en 40 años de democracia. Es decir, en términos históricos, en un suspiro.

España, en definitiva, es un gran país. Un país de futuro en el que unidos en nuestra diversidad, y me gusta además reclamar este sello: unidos en nuestra diversidad, sin duda alguna, somos más fuertes.

En este nuevo tiempo al que Juan José hacía referencia, tenemos la obligación de conjugar verbos como el de anticipar, el de compartir, el de consensuar, el de ambicionar, el de avanzar, y por qué no, también el de soñar. Tenemos la obligación de aprovechar todas las oportunidades que tiene nuestro país que son inacabables. Lo he dicho hace un momento, es tarea de todos, de todas. No podemos, ni queremos hacerlo solos, y no podemos ni queremos hacerlo aislados. No podemos ni queremos hacerlo solos, desde el punto de vista sectorial, esto es una evidencia. Y estoy convencido de que durante los tres días que han tenido ustedes aquí de debate, seguro que ha surgido de alguna  u otra forma esta necesidad de salir del aislamiento sectorial. Pero tampoco podemos hacerlo ni  queremos hacerlo solos desde el punto de vista territorial.

Europa es nuestra casa. Yo diría que Europa es nuestra otra patria, con Europa compartimos nuestra visión del mundo, nuestros valores, nuestros principios, nuestra diversidad cultural y, también, nuestros intereses económicos. Y Europa no es, sin duda alguna, un actor secundario, es un actor protagonista, y tenemos que marcar el paso. No tenemos que imitar ni a Estados Unidos, ni a China, sino mostrar nuestro propio liderazgo, con nuestras propias señas de identidad: las libertades individuales, la democracia, el Estado de bienestar, la innovación, la igualdad de género, el liderazgo en la lucha contra el cambio climático, la mitigación y la adaptación a este fenómeno global, la defensa de un orden multilateral que está siendo puesto en cuestión por las grandes potencias, lo acabamos de ver ayer mismo, precisamente, las medidas que se está tomando por parte de la Administración americana contra México, precisamente, por el fenómeno de la migración. Es decir, la vuelta al repliegue nacionalista, al proteccionismo. La apuesta por la investigación y la ciencia. La solidez empresarial, industrial, la seguridad, y cómo no, la gestión ordenada de los flujos migratorios.

En este nuevo ciclo político, España, como bien comentaba antes el presidente del Círculo, está en disposición de dar un paso al frente. Partimos de una premisa fundamental, y es que si queremos una Europa que proteja, tenemos que proteger la idea de Europa. No vamos a ser, en consecuencia, actores pasivos del debate europeo, vamos a estar en la vanguardia. No sólo por compromiso europeísta, sin duda alguna, lo tenemos. Antes lo ha dicho el presidente, después de las elecciones europeas es evidente que los principales partidos tenemos ese compromiso europeísta, sino porque tenemos la capacidad para liderar una respuesta alternativa. Tenemos legitimidad democrática para poder lograrlo.

España es un gran país, y Europa es un gran proyecto compartido. Y es en España y en Europa -estoy convencido- donde se va a escribir la historia del futuro.

Señoras y señores,

Como bien comentaba el presidente del Círculo, el pasado 26 de mayo, España acabó uno de los ciclos electorales más intensos de nuestra historia democrática. Y lo hicimos con unos niveles de participación altos. Y yo creo que un mensaje doble, bien claro, lanzado por los españoles, de que España quiere avanzar y que ese avance tiene que ser con justicia social.

Desde la posición en la que nos han situado los ciudadanos, es hora de aunar esfuerzos, de convocar a los representantes políticos, a todas las instituciones públicas, a los empresarios, a los sindicatos, a la sociedad civil para impulsar una gran agenda del cambio durante los próximos cuatro años. Una agenda que nos permita lograr los siguientes tres objetivos: El primero: una economía competitiva y sostenible. El segundo: unas instituciones limpias y transparentes. Y el tercero: una sociedad plural y más justa.

La agenda del cambio que propondremos a la sociedad española y que fue dibujada ya, precisamente, por la ministra de Economía que nos está acompañando, hace escasos meses en el Consejo de Ministros, se centrará en siete grandes líneas de trabajo en las que se va a concretar esta auténtica hoja de ruta para la transformación de nuestro país.

La primera línea de trabajo es el crecimiento inclusivo y sostenible, es decir, productividad. La segunda es apostar por la formación del capital humano, es decir, productividad. La tercera es impulsar la transición ecológica, es decir, productividad. La cuarta es promover el avance científico y tecnológico, es decir, productividad. La quinta es crear empleo y avanzar hacia un mercado laboral eficiente y justo, es decir, productividad. La sexta es reducir la desigualdad y proteger el Estado de bienestar, es decir, productividad. Y la séptima es elevar la calidad institucional, luchar contra el nepotismo, erradicar la corrupción y no gastar más sino gastar mejor, es decir, productividad.

Necesitamos más productividad si queremos ser más competitivos en el mundo en el que estamos. Siete grandes objetivos que se agrupan alrededor de tres ejes esenciales de tres principios de acción que me gustaría compartir con ustedes.

El primero, la disciplina fiscal; sin ella todo lo demás se puede derrumbar. La segunda, la cohesión social y la cohesión territorial, sin ella no vamos a ser capaces de garantizar una sociedad digna y tampoco eficiente. Y la tercera, son las transformaciones estructurales que nos permitan seguir creciendo, y, en consecuencia, que nuestro país no envejezca en el ámbito de su sistema productivo.

Hay todo un catálogo de medidas legislativas, de medidas administrativas para declinar estas líneas de acción. De hecho, son públicas y pueden ustedes consultarlas en la página web del Gobierno de España.

Pero les pido un esfuerzo para ver en estas medidas algo más que una reacción ante horizonte de incertidumbre. No se trata, y no lo proponemos como una reacción ante los efectos adversos de la automatización, por ejemplo, en el mercado de trabajo, o en el ámbito empresarial, o el cambio climático. Se trata de mostrar iniciativa, no se trata de actuar a la contra ante el impacto de la economía colaborativa en el mercado de trabajo. Se trata de anticiparse. No se trata de parchear los agujeros negros de la inacción del pasado reciente. Se trata de mirar de frente al futuro. Se trata, en definitiva, de aprovechar todos estos desafíos que deben de ser concebidos no como un problema, sino como una oportunidad, como una enorme oportunidad para cobrar impulso y que nuestras sociedades ganen el futuro.

Por ejemplo, si la OCDE, como ha dicho, ha alertado, ha advertido de que más del 21% de los puestos de trabajo en España están amenazados por la automatización, seamos capaces de utilizar esa cifra, precisamente, para lo contrario, como estímulo para modernizar nuestros sectores productivos y ganar competitividad, de transformar las políticas activas de empleo, que es algo compartido no solamente por los empresarios, sino también por las instituciones públicas y por los agentes sociales, por los sindicatos.

De impulsar, de una vez por todas, la formación profesional dual, acomodándonos a las demandas de la economía real, pero no solamente de las grandes empresas, sino también de las pequeñas y medianas empresas que son, como saben ustedes, mejor que yo, actores fundamentales en nuestra economía.

La recuperación económica ha estado protagonizada, sin duda alguna, como bien comentaba antes el presidente, por una intensa creación de empleo, y aún, es evidente que queda mucho camino por recorrer, pero tenemos que conseguir que el crecimiento en los próximos años tenga que ver con las mejoras a las cuales he hecho referencia, la productividad. Y para ser más productivos tenemos que trabajar de manera mucho más inteligente.

La respuesta ante la incertidumbre no es el lamento que, sin duda alguna, es el miedo, es fomentar, por ejemplo, pues sistemas de inteligencia artificial, accesible, con tecnologías e infraestructuras digitales y mecanismos para el intercambio de datos y también de conocimientos. Es la capacitación de las persona, desde edad muy temprana, con competencias y apoyo a los trabajadores con miras a asegurar la transición equitativa hacia ese mundo digital. Es la apuesta por la industria 4.0, o por los nuevos modelos de economía digitales.

Y a nadie puede caberle duda de que estamos preparados para seguir liderando y para reforzar nuestra posición, como país, y como economía, a través de las empresas transnacionales a las cuales ha hecho antes referencia el presidente. A través de los autónomos, y de las pequeñas y medianas empresas que saben ocupar los huecos necesarios en el tejido productivo y de los emprendedores, que saben anticipar las oportunidades a través, que se dice muy poco, presidente, de ser el primer país de la Unión Europea y el tercero en el mundo en extensión de fibra óptica que permite desarrollar toda la revolución digital en la que estamos inmersos. Hay señales a las que merece la pena prestar atención y que a lo mejor, pasan desapercibidas del 'mainstream' de la conversación pública.

Esta semana, ayer mismo, en algunos medios de comunicación, se hacía eco de una auténtica revolución educativa, en la enseñanza de las matemáticas. Estamos hablando de tasas de empleabilidad, de cien por cien, del 100%, de chicas y chicos que antes de entregar el trabajo de fin de grado ya tienen oferta de empleo en el ámbito del 'big data` o de la inteligencia artificial en nuestro país, el 100%.

Es en la educación, es en la ciencia, en la inversión público-privada, en el conocimiento y en la innovación donde se levantan los cimientos de la España del futuro. Y quiero que sepan ustedes que ése es el compromiso que tiene el Gobierno de España. La España que no teme, ni tampoco se repliega, la España que se reinventa sin los complejos de antaño. La España de la educación y de la ciencia. Este país es, puede ser un vivero de talento. Será un vivero de talento, ese va a ser uno de los compromisos del Gobierno de España.

Y no les hablo sólo de recuperar el talento que hemos perdido durante esta última década, que ha sido mucho, desgraciadamente y lo hemos visto, y en particular, en el ámbito de la ciencia, les hablo de consolidar un ecosistema propio para la generación, la recuperación, y lo más importante para la atracción del talento, del nacional y del extranjero, con iniciativas de calado como la estrategia "start-up  nation", que también ha liderado la ministra y que, lógicamente, es algo que queremos incrementar y desarrollar durante esta legislatura.

España tiene que ser un país de oportunidades para gente joven. De pedirles a la gente joven abiertamente, como queremos hacerlo desde las instituciones públicas del Estado, que no es hora de cambiar de país por falta de alternativas, que es hora de cambiar tu país porque aquí sí hay futuro y hay alternativas.

Señoras y señores,

Donde algunos ven riesgos geopolíticos, que es evidente que existen, el 'brexit' está ahí. Yo creo que España, Cataluña, Barcelona tienen que saber aprovechar las oportunidades. Tenemos un entorno único que ofrecer; talento que atraer a raudales. Tenemos que romper inercias y jugar en la arena exterior con fe en  nuestras propias capacidades que son, como decía al principio de mi intervención, inacabables.

En primer lugar, porque nunca estuvo escrito que el destino de España estuviera ligado a los empleos de baja calidad y escaso valor añadido. Y, en segundo lugar, porque tenemos que combatir es la profecía, de alguna manera auto cumplida, desde el conformismo. El futuro pertenece a quienes no aceptan los hechos consumados, y aquí hay buena parte de un tejido empresarial que sabe perfectamente lo que significa luchar contra esa suerte de auto profecía cumplida, ¿no? A quienes no se conforman, a quienes se levantan después de caer. Y una vez más tenemos que apelar a la participación como alternativa. Por ejemplo, en el ámbito de las relaciones laborales. Siempre habrá quien prefiera acomodar  realidad a la norma, siempre lo habrá, incluso aunque la norma quede obsoleta y superada por la realidad. Pero es el momento, nuevamente, de invertir los términos, es el momento de acomodar las normas a la realidad cambiada, para influir, precisamente, en esa realidad cambiante y llevarla hacia los horizontes que antes imaginábamos cuando hablábamos del mundo que queremos construir entre todos.

Por tanto, es importante mostrar iniciativas, por ejemplo, a la hora de abordar la redacción de un nuevo Estatuto de los Trabajadores del siglo XXI, que es algo que está proponiendo el Gobierno de España.

Esta misma semana, esta misma semana, ha muerto atropellado en Barcelona un joven repartidor con empleo precario. Esta misma semana. Es a esas nuevas condiciones laborales a las que tenemos que dar respuesta, como a la desigualdad laboral entre géneros, también. A los derechos de propiedad intelectual en el centro de trabajo, por parte de los empleados, a la racionalización del horario laboral, a la legislación específicas para las 'start-ups' o también hacia la necesidad de ir aumentando la dimensión de las pequeñas empresas de nuestro país.

Y en parecido términos podemos apelar a la transición ecológica de la economía. El  compromiso del Gobierno en este terreno ha sido muy claro en estos meses. Así lo entiende, precisamente, la Comisión Europea donde esta semana y tampoco ha pasado, digamos, por ser una de las principales noticias, ha pasado desapercibido, pero me parece importante subrayarlo. La Comisión Europea ha dicho esta semana que el Plan Nacional de Energía y Clima elaborado por España, por el Gobierno de España estos últimos 10 meses, es el más completo de los presentados por los 28 Estados miembros. El más completo.

Nosotros no vamos a pedir perdón por ser ambiciosos en esta materia. Nos jugamos el futuro en todo el sentido de la palabra. Un dato, les voy a dar un dato porque me parece que es bastante ilustrativo el desafío que tenemos por delante: la erosión del suelo se está comiendo literalmente más -quédense con esta cifra- más de 500 millones de toneladas de terreno al año de nuestro país, 500 millones de toneladas de terreno al año de nuestro país.

Y la desertificación avanza a un ritmo imparable. Por tanto, es imprescindible actuar con decisión, pensando, lógicamente, en los costes de no hacerlo, también en las oportunidades que ofrece la transición justa. Y digo justa, porque es evidente que hay sectores que se van a ver damnificados con marcas, territorios que se van a ver damnificados, pero que lógicamente, tenemos que actuar con esa decisión a la cual les hacía referencia.

Hemos trazado, como les he dicho antes, a través de ese Plan Nacional de Energía y Clima, el rumbo a seguir durante estos últimos 10 meses, y ahora se trata, en estos cuatro años de avanzar en la dirección marcada. Les hablo de un camino en el que es fundamental, es imprescindible la complicidad de un sector empresarial dinámico como el que ustedes representan.

Así que, pido abiertamente su compromiso. Sé, porque me consta, con algunos de ustedes he hablado, que tenemos ese compromiso, precisamente, para impulsar la transición ecológica.

El compromiso de los emprendedores que han sabido abrir mercados, a los cuales hacía antes referencia el presidente, el de quienes generan riqueza y proyectan la imagen exterior de nuestro país, les pido, recordando las palabras de otro presidente ilustre del Círculo, Beator Costas, que la ética de la responsabilidad se abra paso frente a la ética de utilitarista. No es momento de duda entre avanzar o retroceder. No es momento de vacilar entre reformas de calado o parches de emergencia, España tiene que alinear esta forma de proceder con una decidida vocación europeísta que me propongo impulsar con todas mis fuerzas. Y lo han podido, también, comprobar durante estas semanas sin ir más lejos.

Hay, en relación con esta Agenda del Cambio, y en relación con los siete objetivos a los cuales he hecho referencia antes vinculados con la Agenda del Cambio, una sintonía clara con los cuatro objetivos, las cuatro grandes prioridades de la Unión Europea para los próximos cinco años, del año 2019 al año 2024.

Las prioridades marcadas por la Comisión Europea son cuatro: La primera: la protección de los ciudadanos y de sus libertades -lo que usted comentaba antes, presidente, de las democracias en peligro-. La segunda: el desarrollo de una base económica europea para tener un modelo europeo de cara al futuro. La tercera: la construcción de un futuro, y cito textualmente, más verde, más justo y más inclusivo. Y la cuarta: la promoción de los intereses y valores europeos en el mundo.

Alineamiento claro de la Agenda del Cambio del Gobierno de España con las prioridades de Europa, y, en último término, en último término con los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030: el gran contrato social global de nuestro tiempo.  Y, en este sentido, presidente, me va a permitir que agradezca personalmente en nombre de todo el Gobierno, y, en consecuencia, de toda la sociedad española el compromiso de muchas empresas con esos objetivos de desarrollo sostenible marcados por la Agenda 2030. Ese es el gran proyecto global de nuestro tiempo. Sabemos adónde tenemos que llegar y tenemos la voluntad de hacerlo.

Soy consciente de la existencia de amenazas, de una coyuntura económica compleja, por eso, es el momento de dar un paso al frente, precisamente ahora, cuando los vientos de cola que han impulsado la economía internacional empiezan a remitir. En un mundo interdependiente, no podemos repetir los errores del pasado, a los cuales hacía antes referencia, y estoy convencido también durante estos tres días ustedes han hecho referencia.

Por ejemplo ¿es  sensato afrontar los desencuentros en políticas migratorias con guerras arancelarias como se están planteando en algunos lugares del mundo? Los conflictos comerciales no son guerras invisibles, al final, hay damnificados, hay víctimas. Y esas víctimas no son precisamente los dirigentes que inician esas guerras comerciales sino precisamente las personas más vulnerables con menos recursos.

Si creemos en un sistema de reglas para regular el comercio internacional, nosotros estamos defendiendo, precisamente, la modificación y la actualización de la Organización Mundial del Comercio. Si creemos en un orden multilateral fuerte, obremos en consecuencia para frenar esas tentaciones proteccionistas que amenazan a nuestras empresas. Si creemos en el modelo social europeo como estoy convencido de que queremos todos, luchemos por extender los estándares europeos, sociales, medioambientales al conjunto de Europa.

Eso, a mi juicio, es Europa. Eso también es España. Eso también es, sin duda alguna, es Cataluña: fe en un mundo, con unas reglas que minimice la inestabilidad.

Hoy, la democracia está amenazada con la extensión del paradigma y una economía excluyente inestable. Una economía con empresas que no tengan libertad para competir en igualdad de oportunidades, una economía con salarios bajos, con trabajos precarios. Una economía con grupos sociales maltratados. Una economía contaminante. Y, en consecuencia, destructora del planeta. Una economía con brechas de género y con desequilibrios territoriales. Hay que hacer compatible la prosperidad y el crecimiento con la extensión de derechos, con la ecología, con la lucha por la igualdad de oportunidades, con la justicia social.

Termino ya. Estoy convencido que durante los tres días que han estado ustedes aquí habrán podido comprobar, de nuevo, esa certeza que tenemos todos; son, como decía antes, tan grandes los retos a los que nos enfrentamos como humanidad, y tan pequeños somos nosotros si actuamos solos y enfrentados que lo que necesita la sociedad española es pasar página.

En nuestro camino no puede haber vuelta atrás ni podemos seguir encerrados en una interminable rotonda en la que damos vueltas y vueltas y más vueltas una y otra vez a los viejos problemas del siglo XIX, con respuestas del siglo XX, o pasamos página y proponemos, como propongo afrontar los problemas del siglo XXI con respuestas de futuro.

Les propongo conjugar juntos los verbos anticipar, compartir, dialogar y consensuar. Y les propongo proclamar juntos los sustantivos progreso, desarrollo, convivencia, limpieza.

Lo que consiguieron nuestros mayores hace 40 años tuvo mucho mérito, tuvo mucho mérito. España salió de una de las peores dictaduras del mundo, de un régimen que oprimía las libertades, que aplastaba la diversidad cultural y la diversidad territorial y lo consiguió con acuerdos amplísimos, transversales, que transcendían las ideologías. Pero lo que lograron esas generaciones durante 40 años no es el límite, no es el techo, al contrario, es solo el precedente de lo que podemos lograr juntos todas las generaciones, todos los aquí presentes. Todos los colectivos de nuestra sociedad si nos ponemos a trabajar conjuntamente para que nuestros hijos tengan un país mejor que el que nosotros recibimos.

Este es el horizonte y es el horizonte hacia el que pretende caminar el Gobierno de España.

Gracias. 

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)