Encuentro del presidente del Gobierno en funciones con representantes de colectivos LGTBI con motivo de la semana del orgullo LGTBI

Palacio de la Moncloa, miércoles 3 de julio de 2019

PEDRO SÁNCHEZ, presidente del Gobierno en funciones

Buenos días, amigos  y amigas, bienvenidos a vuestra casa.

A los quince años, Antoni Ruiz empezó a sentir atracción por los chicos. A los diecisiete años, le dijo a su madre, con confianza, que era homosexual. Su madre no lo comprendió y pidió ayuda a una amiga monja, que estaba conectada con la Brigada regional de Investigación Criminal. Y ese mismo día, a las seis de la madrugada, detuvieron a Antoni. Le llevaron a los calabozos, donde, a instancias del agente que le interrogaba, fue violado por un delincuente común.

Intentaron, sin éxito, convertirle en delator de otros homosexuales. Le ingresaron en la cárcel de Valencia y abrieron contra él un expediente de peligrosidad. Poco después, le trasladaron a la cárcel de Carabanchel, al centro penitenciario de Badajoz, en consecuencia, lejos de su entorno, lejos de sus seres queridos.

Antoni vivió esos días un auténtico infierno. Sólo tres meses después de ser detenido, el día en el que cumplía dieciocho años, fue puesto en libertad.

Y todo esto que les estoy contando no ocurría en 1950, tampoco en  1960. Era el año 1976. Ya había muerto el dictador Franco, pero la Ley de vagos y maleantes seguía vigente todavía.
En 1976, la mayoría de los que estamos en esta sala, casi todos,  habíamos nacido ya. Y no  estamos, por tanto,  hablando,  de persecuciones remotas en sociedades ajenas y muy lejanas. En términos históricos estamos hablando, poco menos,  de ayer mismo.

Estamos hablando de personas que aún viven y que incluso son jóvenes.

La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social encarceló, hasta ese año, el año 1976,  a 698 hombres. Ninguno de ellos se benefició de la Ley de Amnistía de la Transición, porque técnicamente sólo se les privaba de libertad para rehabilitarles. Así que no había condena.

Es curiosa esa obsesión a la cual apuntaba antes en su intervención Jordi, también Boti, que tienen los intolerantes por rehabilitar, por reeducar, por reconvertir. Y siempre son los mismos intentos, a lo largo del tiempo: detenciones, terapias, tratamientos para enderezar a quien supuestamente se ha torcido.

Hoy quiero compartir con vosotros y con vosotras un convencimiento claro. Y es que vamos a seguir avanzando. Y lo vamos a hacer  por tres razones. Y creo que, además, en las intervenciones tanto de Boti como de Jordi han quedado bien claras.

La primera de ellas, porque las organizaciones LGTBI, de todo tipo, sois un entramado fuerte, sólido, muy activo, con capacidad reivindicativa, pero también movilizadora. Y con una memoria muy reciente.

En segundo lugar, porque el conjunto de la sociedad, como bien  comentaba antes Boti, ya no entiende de discriminaciones por orientación sexual. Somos un país LGTBI friendly; uno de los grandes destinos del turismo internacional gay. La sociedad ha interiorizado esa normalidad y no va a ponerse nunca más de lado de los que os agreden.

Y, en tercer lugar, porque el Gobierno se va a mantener firme. Porque no vamos a consentir ni las agresiones, ni  las amenazas, ni los intentos de intimidación que campen por sus fueros. Nunca más. Ni un paso atrás.

Estos días hemos visto en las redes sociales a un chico pacífico agredido en una hamburguesería por un homófobo bravucón. Y hemos visto también como la ultraderecha pedía en las Cortes Valencianas los datos personales de los activistas LGTBI que trabajan con menores, volviendo a la insidia como forma de hacer política.
Esas actitudes, amigos y amigas, no desaparecerán de la noche a la mañana, pero nunca van a volver a condicionar nuestra vida: la conversación pública, nuestros comportamientos.  Nunca van a volver a asustarnos.

La Marcha del Orgullo, que se celebra este fin de semana en Madrid, siempre ha sido una manifestación reivindicativa, aunque esté acompañada, lógicamente de fiesta. De fiesta. Este año se ha elegido como lema el que  "Somos Mayores".  "Mayores sin armarios. ¡Historia, lucha y memoria!" Así reza el lema del Orgullo en el año 2019.

Los que son hoy mayores son los que empezaron esta lucha, como bien han comentado antes Jordi y Boti.  Y son los que tienen memoria de todo. Los que recuerdan los agravios, las ofensas, el miedo, las humillaciones públicas y el dolor causado a tantas personas cuyo único delito fue y es el  ser diferentes.

O aún peor: amar de un modo diferente. Porque, tristemente, esta lucha era sólo una lucha de amores distintos, como bien nos ha dicho antes Boti.  Y en un mundo en el que todavía hay niveles intolerables de pobreza, de desigualdad, guerras, enfermedades incurables, personas abandonadas, prohibir algún amor porque sea diferente se convierte en un disparate colosal.

Hay, sin duda alguna, nombres ilustres a los cuales antes se ha reivindicado en vuestras intervenciones, como el de Armand de Fluvià, Empar Pineda o Jordi Petit, que abrieron el camino en los tiempos más duros. Hay otros nombres que siguieron su ejemplo, como Boti, como Jordi y, también, lógicamente Pedro Zerolo, al que tanto recordamos, querido Jesús, y al que  tanto echamos de menos siempre.

Pero, sin duda alguna, junto a ellos hay infinidad de personas anónimas, sin nombre, en las páginas de historia, que también estuvieron allí, en las calles, manifestándose cuando todavía era un riesgo el poder manifestarse, el poder visibilizarse, en el que un puñado de personas corrían el riesgo de ser, efectivamente,  insultados o incluso detenidos. En los puestos de trabajo, dando también  ejemplo de esa visibilidad. En los periódicos o en los libros, contando la realidad oculta. En los hospitales o en las casas, cuidando a los enfermos del sida que no tenían ni atención ni tampoco respeto.
Infinidad de personas que acabaron haciendo de este país lo que hoy es España: un país mucho más digno, mucho más tolerante y mucho más feliz, gracias también al movimiento LGTBI. Un país en el que sus ciudadanos y ciudadanas pueden vivir, simplemente, de acuerdo a su identidad.

Este año celebráis, celebramos, como sabéis -y aquí se ha dicho-, el 50 aniversario de la rebelión de Stonewall, que marca el inicio de la lucha por los derechos civiles de los gays, las lesbianas y los transexuales. Pero aquí, en España, también tuvimos nuestros Stonewalls en Maspalomas, en Torremolinos o también en Barcelona. Lugares que aglutinaron la lucha, la visibilidad y la necesidad de refugio de una generación de españoles y españolas que sabían que había que cambiar las cosas, que no podíamos ni queríamos resignarnos.

Los mayores, aquellos que lucharon o los que no lucharon, tienen derecho a vivir sin armarios. Los mayores, como los adolescentes, son uno de los grupos más vulnerables de las sociedades en las que vivimos, y, por lo tanto, necesitan más cuidados, más políticas, en el sentido más  amplio del término. Están expuestos o más expuestos a la soledad, al abandono, a la incertidumbre. Están más expuestos a la debilidad, en consecuencia. Sobre sus hombros hemos construido la sociedad tolerante en la que vivimos aquí, ahora, en España. Tenemos la obligación de devolverles el sacrificio con generosidad.

El Gobierno tiene el compromiso, ahora reiterado, -como bien ha dicho antes el ministro del Interior, con la declaración que aprobamos en el Consejo de Ministros-,  de contribuir a que la igualdad sea real.

Aunque parezca una paradoja, luchamos por la igualdad porque queremos tener el derecho a ser diferentes. Porque somos diferentes. Porque lo que nos gusta es el término  "normalidad".
En el último año, hemos adoptado una serie de medidas destinadas a luchar contra la discriminación por orientación sexual o por identidad de género.  Pusimos en marcha -y aquí se ha recordado por parte del ministro-, la Dirección General para la Igualdad de Trato y Diversidad. Aprobamos la declaración el pasado día 28 de junio como Día Nacional del Orgullo LGBTI.  Recuperamos el acceso a los tratamientos de reproducción asistida de mujeres lesbianas y sin pareja. Pusimos en marcha el pacto social contra la discriminación por el VIH o la eliminación de esta última enfermedad como causa de exclusión en el acceso al empleo público por parte de los hombres y mujeres en nuestro país.

Y vamos a seguir, como bien nos ha indicado antes Boti y recordado, hay algunas tramitaciones legislativas pendientes que quedaron precisamente de ser aprobadas por la anticipación electoral. Pero vamos a poner en marcha políticas públicas que atienden especialmente a las personas trans o a los jóvenes LGTBI, que, como decía antes, están en una situación de especial vulnerabilidad.
Y seremos también firmes, firmes, como se propone en este Orgullo, en recuperar la memoria de los que fueron detenidos, de los que fueron mortificados, de los que perdieron su libertad, sus bienes, de los que no pudieron amar a quienes amaban.

Antoni Ruiz, de quien les hablaba al comienzo de mi intervención, recuerda aquellos meses terribles que pasó en la cárcel, y abro comillas, nos cuenta Antoni Ruiz: "Nos destrozaron la vida y nos relegaron a lo más bajo de la sociedad, y algunos incluso se suicidaron en prisión al no poder aguantar aquella situación tan dura. Además de palizas, sufríamos el trato inhumano de los funcionarios de prisiones".

Eso nunca más va a volver a pasar. España ha decidido, una y otra vez, ser un país abierto, diverso, tolerante. España ha decidido que los fanáticos y los intransigentes no tengan voz suficiente para poner en cuestión derechos conquistados con tanto esfuerzo por generaciones y generaciones a las cuales queremos rendir un tributo en el día de hoy.
O, mejor dicho, España ha decidido nunca más  poner en cuestión uno de los principales derechos que tenemos todos los seres humanos: el derecho a ser feliz. 
Gracias y enhorabuena.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)