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Intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Palau de la Generalitat, con motivo del día de la Comunidad Valenciana

Valencia, martes 9 de octubre de 2018

​Bon día. Buenos días a todos y a todas.

Presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo; president de las Cortes Valencianas, consellers, conselleras, miembros del Consell de la Generalitat, miembros de la mesa del Parlament de Valencia, ministro de Fomento, delegado del Gobierno, autoridades, amigos y amigas, porque veo también aquí alcaldes, alcaldesas de todo el territorio, señoras y señores,

Contaba en su intervención el presidente Puig que es la primea vez que un presidente del Gobierno de España acude al Día Grande de la Comunidad Valenciana.

En este mi primer "nou d'octubre" como presidente del Gobierno, yo sí consideraba un deber, una obligación el estar hoy entre vosotros y entre vosotras. Un deber y un honor el que tengo para participar de un acto cargado, como se ha visto, además, en muchas de las palabras que me han precedido, de historia y de memoria, pero sobre todo, de presente y de futuro. Y creo que el discurso del presidente Puig, sobre todo, ha estado cargado de eso: de presente y de futuro. De un presente vital que encarnan las mujeres y los hombres que reciben hoy el reconocimiento de su tierra, que creo que es el día más preciado, el reconocimiento de su tierra por su labor en múltiples ámbitos, como es el de la cultura, como es el del deporte, la ciencia, la igualdad, en definitiva, la solidaridad que respira la sociedad valenciana.

Un presente vital y un futuro lleno de oportunidades con ese contrato social que propone el presidente Puig para el conjunto de su tierra. Una tierra dinámica, emprendedora y fraternal, como se ha visto, también, en algunos de los premios que se han otorgado hoy.

Una tierra que ha hecho del autogobierno un acelerador, un catalizador histórico, para reivindicar una identidad que no se define por aquello a lo que se opone, que, en muchas ocasiones, ocurre esto en la política española: vamos a definirnos por aquello a lo que nos oponemos; y no tanto por lo que somos, que es mucho y muy diverso, por lo que se puede construir, por lo que se puede aportar.

Hoy, Castelló, Valencia, Alacant, representan mucho más que la suma de tres provincias de España. Representan, desde su vocación mediterránea, el compromiso de una tierra que mira el porvenir orgullosas. Orgullosa de sus símbolos, de su lengua, de su cultura, como bien se ha indicado.

Y también, con una clara vocación europeísta. En algunas ocasiones se nos olvida en los discursos políticos reivindicar Europa, pero tenemos que hacerlo. Tenemos que reivindicar Europa. Tenemos que reivindicar nuestra clara vocación europeísta que late en el desarrollo de múltiples de las políticas que se han puesto en marcha, y desde luego, en el desarrollo de infraestructuras como es el Corredor del Mediterráneo que, sin duda, será imprescindible para conquistar el mañana de esta tierra, y del conjunto del país.

Infraestructuras en las que el Gobierno de España y la Generalitat Valenciana trabajan mano a mano para desarrollar un eje estratégico, no solamente en el Levante, que es fundamental para el desarrollo de esta tierra, sino también, para el conjunto del Estado.

Esa es la mejor España, por la que merece la pena luchar, por la que merece la pena dedicarse, la que se construye desde el diálogo y desde la suma de voluntades. La que prima la convivencia sobre el agravio territorial. La que se encuentra y se reconoce en las oportunidades para el consenso frente a quienes buscan excusas para la confrontación y para el enfrentamiento. La España consciente de una diversidad que nos hace únicos en el mundo. Lo somos, somos únicos. Y que, al mismo tiempo, abraza las grandes causas por las que merece la pena seguir luchando en este momento. Causas como el europeísmo. Causas como el feminismo -aquí se ha hecho referencia a ello--, querida Carmen. Causas como el ecologismo.

Me parece muy importante, sobre todo después de haber escuchado ayer el informe del panel de científicos de Naciones Unidas, reivindicar el claro compromiso de todas las instituciones, desde las pequeñas ciudades, los pequeños municipios, hasta el Gobierno de España, sin duda alguna, también, pasando por la Unión Europea en esa clara vocación por luchar contra el cambio climático y por dejar a las generaciones que vengan, que todavía ni han nacido, un plantea habitable. Un planeta que lo puedan disfrutar, como lo estamos disfrutando hoy nosotros en esta tierra.

Ecologismo, europeísmo, feminismo, fraternidad, que unen, a mi juicio, la inmensa mayoría de la sociedad valenciana, de la sociedad española y la sociedad europea. Y que hoy tienen, en relación con los galardonados, un ejemplo de lo que la Comunidad Valenciana quiere trasladar al mundo entero de sí misma.

En relación con la primera, con el europeísmo, yo creo que se puede contar con la Comunidad Valenciana y, también con toda España en la defensa de los fundamentos, de los principios y de los valores que constituyeron hace ya unas cuantas décadas la Unión Europea. Y lo ha dicho antes el presidente Puig, y yo quiero también reafirmarlo, porque me parece muy importante. No dejar de subrayarlo nunca: cuando en el debate público, no solamente en España, sino también en Europa, incluso, también en el mundo, --hoy no hay más que acercarse y asomarse a las páginas de algunos de los principales diarios internacionales para saber qué foto es la que denomina el debate público global, sobre todo, en Europa--,  cuando en el debate público está más que nunca presente el discurso del odio, de la exclusión, del egoísmo, creo que es muy importante reivindicar algo que se ha dicho aquí por parte de los intervinientes, y, también, en los distintos premios que se han dado: que es el valor de la democracia. La vigencia del proyecto europeo y de sus principios y de sus valores. Y por supuesto, la fuerza de la cohesión como catalizador del progreso y de la prosperidad general de la sociedad valenciana, pero también del conjunto de la sociedad española.

Ese momento de dificultad, amigos y amigas, y de dudas, cuando es más necesario que nunca, president, el compromiso con ese proyecto, con el proyecto europeo. Y el de España con Europa es un compromiso firme y sincero. Lo es. Es firme y sincero. Desde los valores, desde los principios, pero también hasta incluso desde los números. Creo que es importante, también, reivindicar el que el Gobierno de España va a presentar unas cuentas públicas cargadas de vocación europea. Cargadas de vocación europea en cuanto a lo que necesita este país, que es estabilidad. Estabilidad para poder cumplir con sus compromisos de consolidación fiscal, pero también cohesión, cohesión territorial con esas infraestructuras que necesitan territorios como la Comunidad Valenciana. O cohesión social, reconstruyendo el Estado del Bienestar.

Y, por supuesto, también, de creación de empleo, porque esa es la principal obligación, el principal objetivo que tenemos todas las instituciones públicas en relación con un desafío que todavía está muy presente en la realidad cotidiana de muchísimos valencianos y valencianas, y de muchísimos españoles y españolas.

La sociedad española, amigos y amigas, lo sabéis bien, sabe que frente a desafíos globales necesitamos la perspectiva común de la Unión Europea. Ahí está el cambio climático. Ahí está la migración. Ahí están tantas y tantas cosas que necesitan del concurso, del abrigo, del amparo de la Unión Europea.

Y porque somos conscientes de lo que el proyecto europeo ha representado para el fortalecimiento de nuestra democracia y de nuestras instituciones. Lo sabemos porque hemos hablado con nuestros abuelos, con nuestras abuelas, con nuestros padres y con nuestras madres, siempre la Unión Europea se vio por parte de la sociedad española y valenciana como ese anclaje hacia la democracia, hacia el progreso social, hacia la prosperidad de todos.

El galardón que hoy reciben lleva el nombre de un humanista nacido en esta tierra, Luis Vives, que encarnó lo mejor del espíritu europeo en tiempos muy duros, en tiempos muy complejos de intolerancia y de persecución.

De su obra, querido presidente, 'El Tratado de socorro de los pobres' podemos extraer lecciones tan valiosas hoy como hace cinco siglos, cuando fueron escritas. Decía Vives en aquella obra que era deber de los gobernantes, de todos y cada uno de los responsables públicos, y les cito textualmente: "poner todo el empeño en que los unos ayuden a los otros". (Incorporaremos la licencia de Carmen, e incorporaremos también a las otras, las unas y las otras, también). "Que nadie reciba -decía Vives-, injusticia contra él", --o contra ella--, que "el más poderoso ayude al más débil para que crezca la concordia entre los ciudadanos y permanezca eternamente".

Creo que en estos tiempos tan convulsos, amigos y amigas, me gustaría compartir con todos vosotros y vosotras la palabra "concordia". Creo que la concordia es una reivindicación muy de actualidad en el mundo en que vivimos. Es difícil definir con menos palabras el valor de la concordia o el valor de la cohesión social, como un activo por el que merece la pena luchar.

El eco de esa idea resuena -como bien se ha dicho antes por parte de la vicepresidenta, y por parte del president-, la labor de todos y cada uno de las personas, de los 2.230 hombres y mujeres que el pasado 17 de junio formaron parte del dispositivo de acogida de los buques Aquarius, Dattilo y Orione. Policía, Guardia Civil, Cruz Roja, traductores jurados y de acompañamiento, personal de la Consellería de Sanidad, y Sanidad exterior, entre otros muchos que participaron en un despliegue humanitario ejemplar que llenó de orgullo no solamente a la sociedad valenciana, sino al conjunto de la sociedad española.

Un operativo con el que la ciudad de Valencia, esta Comunitat, y toda España lanzaron un mensaje por la dignidad del ser humano. Y una llamada de atención de alcance global ante lo que está ocurriendo, --porque hay que hablar en presente continuo, desgraciadamente--, en las Costas del Mediterráneo. Ante un desafío que debemos afrontar con una perspectiva europea. Eso también fue uno de los mensajes que quisimos, desde el Gobierno de España, trasladar al conjunto de países miembros de la Unión, desterrando, en consecuencia, los mensajes del odio y de la intolerancia que, desgraciadamente, hoy pueblan buena parte del debate público europeo.

A quienes se reclaman a sí mismos como adalides de la incorrección política, por extender este mensaje, debemos recordarles, que la inmensa mayoría de la sociedad española, y también valenciana, no comparten ese discurso. No lo compartís. Y que no se dejarán arrastrar por quienes viven de la retórica del miedo y de la incertidumbre frente a la esperanza.

La tercera de las grandes causas a las que quiero hacer referencia, además, lógicamente de la fraternidad y de Europa, es la referencia al feminismo. Hoy, dos mujeres reciben la distinción de la Generalitat por su elección largamente esperada, como bien ha dicho antes Carmen, casi 600 años, --se dice pronto, 600 años--, como rectoras de las Universidades de Valencia y Jaume I. Ambas tomaron posesión de sus cargos este mismo año, con apenas (tengo aquí apuntado, dos meses de diferencia), y su nombramiento es una extraordinaria noticia.

Pero a todos y a todas nos incumbe construir un mundo en el que ni sea extraordinario, ni sea noticia, que sigan cayendo techos de cristal como este. Y en esto, creo que sois un ejemplo inspirador.

En la Universidad, pero también en la política, y en la empresa y en tantos y tantos ámbitos de la sociedad, como el deporte, también, --aquí se ha reivindicado--, se lleva a cabo una lucha en la que no partimos de cero. Me ha gustado lo que ha dicho el presidente Puig, cuando ha vinculado este día con el 8 de marzo. Porque es verdad que ese día cambiaron muchas cosas en España, y es justo reivindicarlo.

Cada frontera que cruzamos, cada muro de discriminación que superamos debe mucho a quienes dieron primero esa batalla. Hoy, honráis a una de esas pioneras, en la figura de Carmen Alborch.

Carmen ha cruzado antes que nadie muchos de esos límites, --se ha dicho aquí, y se ha reivindicado--. Ha abierto camino en tierra hostil, esa que se definía como "territorio de hombres". Lo hizo, lo hace, con una sonrisa perenne, por bandera, querida Carmen, y una actitud desafiante para luchar contra la injusticia y la desigualdad hasta el último suspiro.

Gracias Carmen por haber levantado durante tantos años el estandarte de la igualdad entre hombres y mujeres. Y, efectivamente, reivindicar la lucha de las mujeres, a la cual, humildemente, también, estamos acompañando muchísimos hombres. Tu ejemplo representa todo lo mejor que le ha pasado a una España que era mucho más gris antes de que muchas mujeres como tú dierais el paso para reivindicar la llegada de vuestro tiempo, que es el nuestro, para decir que este será el tiempo, el siglo de las mujeres.

President, tenemos la obligación de seguir avanzando en el marco de todo lo bueno que alcanzamos gracias a nuestro Estado de las Autonomías. Con el diálogo y con la búsqueda del consenso como divisas, para atender aquello que más demanda la ciudadanía de la política, que no es ni más ni menos que soluciones reales a sus problemas cotidianos.

Es así como tenemos que abordar el déficit en infraestructuras, que padece y sufre esta Comunidad. Es así como tenemos que abordar también la justa reivindicación de una mejor financiación autonómica para este territorio, y en el año en el que conmemoramos el 40 aniversario de nuestra Constitución, a mí me parece que esta afirmación es más necesaria que nunca. Y creo además, que en el discurso que has pronunciado -y permíteme que te tutee en público-, creo que reivindicar la vigencia en el 40 aniversario de nuestra Constitución, me parece más oportuno que nunca, porque si algo demostró la Constitución Española hace 40 años es haber aprendido una gran lección histórica. Y es que no puede haber democracia en nuestro país si no se reconoce esa diversidad territorial en forma de un Estado autonómico. Y no puede haber tampoco esa diversidad reconocida territorialmente sin una democracia en nuestro país.

Por eso, avanzar es, precisamente, seguir fortaleciendo esos lazos autonómicos y retroceder es precisamente, volver a épocas pretéritas, a esas épocas en las que se reivindicaba, de manera desafortunada, la recentralización como motor de progreso en nuestro país.

Hemos superado, amigos y amigas, grandes dificultades unidos ante la adversidad, sin anteponer los intereses partidistas a los intereses de Estado, así que hagamos posible que ese mismo espíritu presida el futuro de la Comunidad Valenciana y de toda España. Siempre de la mano de una sociedad que ha ido muy por delante de la política, reconozcámoslo, en tiempos recientes. Y que, hoy, en esta Comunitat tiene un ejemplo a seguir en todos y cada uno de los premiados y premiadas que reciben el homenaje justo de su tierra. Una sociedad con la que construir una década por ganar, después de haber padecido una década perdida. No desde el enfrentamiento estéril y el bloqueo, sino desde espacios de la concordia, de la convivencia, en los que se encuentran la inmensa mayoría de la sociedad valenciana y de la sociedad española.

Muchísimas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)