Discurso del presidente del Gobierno en la clausura de la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria

Casa de América, Madrid, jueves 4 de abril de 2013

Señor secretario general de Naciones Unidas, señores ministros y ministras, directores generales, directores ejecutivos, delegados, señoras y señores,

Quiero, en primer lugar, agradecer el excelente trabajo del equipo que ha organizado estas Consultas Globales y, en particular, a los miembros de la FAO, del PMA y de nuestro socio y amigo el Gobierno de Colombia.

Secretario General, señoras y señores,

En el año 2000, con la firma de la Declaración del Milenio, España y el resto de países miembros de las Naciones Unidas nos fijamos una meta común a la que dirigir sus esfuerzos: ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio que debemos alcanzar en 2015.

España ha sido desde esa fecha uno de los principales impulsores de los Objetivos. Prueba de ello es el Fondo España-PNUD para la Consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Este Fondo financia 130 programas en cincuenta países, que benefician a más de veinte millones de personas. Estas cifras dan fe del compromiso de España con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Soy consciente de que hay otra cifra en la que todos están pensando y no voy a evitar hablar de ella. Es el 0,7 por 100 de la Renta Nacional Bruta. Como ustedes saben bien, España se marcó el objetivo de destinar el 0,7 por 100 de su renta a ayuda al desarrollo en 2015; pero ese objetivo, como también saben ustedes, no está en estos momentos a nuestro alcance.

En 2009 llegamos al 0,46 por 100 y, desde entonces, esa cifra ha sufrido importantes bajadas en 2010, 2011 y 2012. A nadie se le oculta la razón: España atraviesa tiempos difíciles que obligan a reducir el gasto público, incluido el de cooperación, al tiempo que nos imponen una mayor eficiencia y una correcta priorización en la asignación de nuestros recursos.

Y, sin embargo, hoy afirmo que el compromiso de mi país con los Objetivos de Desarrollo del Milenio sigue siendo tan firme como lo era cuando éstos se acordaron. No existe contradicción entre ambas cosas y quiero explicarles por qué.

Creo firmemente que lo importante, lo que no debemos perder de vista, son las personas. Nuestro objetivo debe ser construir un mundo en el que todas las personas dispongan de las oportunidades para vivir una vida plena, en condiciones de seguridad y de dignidad.

Para alcanzar esa meta es importante el "cuánto", cuánta ayuda damos, y sobre esto hablaré en unos momentos; pero antes quiero hablar de dos cuestiones igual de importantes: el "porqué" y el "cómo".

¿Por qué creo que la cooperación al desarrollo debe ser una de las políticas de Estado fundamentales?

Con frecuencia oímos hablar de la ayuda como una obligación moral que los países desarrollados tenemos con los que no lo son tanto; Pero la ayuda al desarrollo no es sólo un acto de generosidad, sino también una inversión solidaria y de futuro, porque lo que está en juego es el bienestar global y sólo aseguraremos nuestro futuro si podemos asegurar también el de todos aquellos que comparten con nosotros el planeta y sus recursos limitados.

Es por ello necesario entender la ayuda al desarrollo como una política de Estado, compartida por todo el espectro político y concebida como una inversión en nuestro futuro común. Sólo así podrá salir bien parada durante los inevitables períodos de restricciones presupuestarias.

Hablemos ahora de cuántos recursos destinaremos a la Ayuda al Desarrollo, que es lo que todos quieren saber. Voy a ser tan claro como breve: mi deseo es aumentar la dotación presupuestaria de la Ayuda al Desarrollo y lo haré en cuanto la situación lo permita. Entretanto, no perderemos el tiempo. Debemos construir un proyecto renovado de cooperación orientado a lograr el mayor impacto posible en las vidas de aquellos que más lo necesitan, de forma que los españoles sepan exactamente en qué se gasta su dinero, con completa transparencia y rendición de cuentas de los resultados obtenidos.

¿Cómo vamos a maximizar nuestro impacto? Más de cien países, entre ellos España, hemos suscrito los principios de eficacia de la ayuda acordados en París, Accra y Busán, que nos marcan con nitidez el camino a seguir. No debemos olvidar que nuestro objetivo real no es sólo gastar una determinada cifra, sino hacerlo eficazmente, de modo que sirva para asegurar un futuro compartido mejor para todos.

Para ello, debemos empezar por reconocer que la Ayuda al Desarrollo no es el único flujo de recursos que va de los países más ricos a los que lo son menos. Hay otros flujos de mayor volumen, como las remesas de emigrantes, el comercio o la inversión. Tampoco los Gobiernos somos ya los únicos actores. La sociedad civil, el sector privado y los propios individuos juegan un papel protagonista.

La Ayuda al Desarrollo debe actuar como catalizador de todos esos recursos y actores, canalizando todo el esfuerzo de la sociedad mediante herramientas como las asociaciones público-privadas, los mecanismos innovadores de financiación, la cooperación delegada o la movilización de los propios recursos domésticos del país socio.

Éste es el camino que se marca la Cooperación Española en el cuarto Plan Director que acabamos de aprobar para el período 2013-2016. Como nos recomienda el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, la Cooperación Española debe concentrarse en un número reducido de países y sectores en los que tengamos una ventaja comparativa y una particular competencia para poder así desplegar toda su eficacia.

Quiero subrayar sólo un área en la que nuestra Cooperación puede jugar un papel destacado. El 70 por 100 de los pobres viven en países de renta media. Muchos donantes están abandonando estos países justo cuando más necesario es apoyar la consolidación de sus avances. España seguirá comprometida con los países de renta media, explorando formas de cooperación adecuadas a sus necesidades, como la cooperación científica y tecnológica, la asistencia técnica y la cooperación triangular.

Secretario General, señoras y señores,

Nuestro papel no debe ser el de prescriptores y financiadores de soluciones de talla única. Creo que la Cooperación debe centrarse en la creación de oportunidades. Nuestros esfuerzos deben dirigirse a fomentar un entorno en el que los menos favorecidos tengan la oportunidad y la capacidad de dejar de serlo, en la forma que ellos elijan para sí mismos.

Eso requiere, en primer lugar, instituciones inclusivas, que permitan la participación de todos los ciudadanos en el propio proceso de desarrollo. No hay verdadero desarrollo sin derechos humanos, gobernanza democrática e inclusión social de los más desfavorecidos.

En segundo lugar, para dar una oportunidad a los que hoy no la tienen. Para hacerlo el Estado debe proporcionarles seguridad, y no sólo seguridad física, sino seguridad frente a las adversidades, mediante la provisión pública de unos mínimos servicios de sanidad y educación que les permitan desarrollar su proyecto vital.

Y, aunque la cito en último lugar, la primera de las premisas es la nutrición, que es el objeto de estas Consultas Globales que hoy clausuramos. No existen oportunidades de salir de la pobreza si todas las fuerzas se destinan a asegurar la próxima comida.

En 1990 acordamos reducir a la mitad, para 2015, la proporción de personas que sufren hambre en el mundo. Pues bien, en 1990 casi el 20 por 100 de la población global sufría la malnutrición; en 2012, según la FAO, esa proporción es del 12,5 por 100. Es un importante avance, pero es imposible darnos por satisfechos cuando todavía hay más de 850 millones de personas que siguen padeciendo hambre y desnutrición, la gran mayoría de ellos en África subsahariana y Asia meridional. La desnutrición infantil sigue siendo especialmente grave, terrible: 165 millones de niños no reciben la alimentación necesaria para un desarrollo normal.

España no acepta ser un mero espectador de este drama. Los españoles queremos ser protagonistas en la lucha contra el hambre y lo venimos siendo desde hace años. La seguridad alimentaria es una prioridad para la Cooperación Española y, aunque hay muchos ejemplos del compromiso de España en la lucha contra el hambre, sólo quiero citar aquí una iniciativa que me parece particularmente relevante.

En julio de 2012 España y el Programa Mundial de Alimentos firmaron un acuerdo para establecer una base logística en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria que permite preposicionar y distribuir ayuda humanitaria a las poblaciones en situación de riesgo en África occidental. Esto generará no sólo un importante ahorro, sino una mejora en la eficiencia de la gestión y la rapidez de la respuesta.

Es sólo una muestra de los trabajos de la Cooperación Española. Podría traer a colación muchos otros, porque, no en vano, en España la cooperación ha logrado ser un escenario privilegiado para que las Administraciones y la sociedad civil canalicen conjuntamente sus esfuerzos en beneficio de las personas más vulnerables.

Por eso, en un acto como el de hoy resulta de justicia rendir homenaje a la figura del cooperante y reconocer el trabajo de tantas mujeres y hombres de España que día a día están dando lo mejor de sí mismos para que el mundo sea un lugar más habitable para todos.

Secretario General, señoras y señores,

Quiero concluir recordando, como decía en su intervención el señor Ban Ki Moon, que nos encontramos en la recta final para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio: efectivamente, mañana quedarán mil días antes de la fecha establecida para su cumplimiento a finales de 2015. Hemos logrado importantes avances, pero queda mucho camino por recorrer y sólo mil días para hacerlo.

Y tenemos otra tarea pendiente, que aquí también se ha recordado: definir la Agenda Post-2015. Nuestro compromiso con el desarrollo no caduca el 31 de diciembre de 2015 y, aunque lográramos el pleno cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aún quedaría mucho por hacer.

España va a seguir implicada en la definición de la Agenda Post-2015 para que incluya las dimensiones de las que he hablado y que han quedado ausentes en los actuales Objetivos de Desarrollo del Milenio, como la gobernanza democrática o los derechos humanos.

Debemos incorporar, igualmente, los principios de desarrollo socialmente inclusivo y medioambientalmente sostenible que acordamos en la Conferencia de Río +20 en una Agenda de Desarrollo Global centrada en un desarrollo humano concebido de forma integral.

No basta con sacar a hombres y mujeres de la pobreza. Debemos aspirar a darles oportunidades para desarrollar en libertad y en seguridad un proyecto vital para ellos y sus familias, de forma sostenible para el medio ambiente y en sociedades que no dejan atrás a sus miembros más desfavorecidos. No basta con darles un presente, debemos aspirar a darles un futuro. Ése es el reto de todos los presentes y creo que el de muchísimos seres humanos en el mundo que habitamos.

Muchas gracias.