Discurso del presidente del Gobierno en funciones en el debate de investidura a la Presidencia del Gobierno en el Congreso de los Diputados. (Parte 2)

30.8.2016

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Congreso de los Diputados, Madrid

No está en mi ánimo recrearme en el gran cambio que se ha producido en nuestro país en los últimos años, sino sentar el punto de partida de un futuro lleno de posibilidades que no podemos malograr.

Señorías,

Hemos pasado de la recesión al crecimiento y, como señalé antes, el pasado trimestre crecimos casi el triple que la media de la Eurozona. Hemos pasado de la destrucción masiva de empleo a crear medio millón de empleos cada año; del cierre absoluto del crédito, a un crecimiento actual de hasta el 33 por 100 anual para la compra de viviendas y les recuerdo, además, que el crédito para Pymes aumentó el año pasado un 13 por 100; de una prima de riesgo --a buen seguro, ustedes lo recuerdan-- desbocada, a tipos de interés mínimos, e incluso en algunos tramos nos pagan por nuestra deuda pública, y de que los precios subieran por encima del 3 por 100 a que tengamos ahora una inflación negativa, que preserva el poder adquisitivo de la gente y mejora nuestra competitividad.

En definitiva, hemos pasado de la paralización de la actividad económica a instaurar un nuevo patrón de desarrollo más sólido y sostenible. Por primera vez, salimos de una crisis sin devaluar moneda y, por primera vez, España crece y crea empleo sin tener que recurrir al endeudamiento exterior. Desde hace cuatro años, tenemos superávit en nuestra balanza de pagos, un hecho que pone de manifiesto la transformación que se ha producido en la economía española.

Pues bien, el balance de lo obtenido nos permite reafirmarnos en nuestro compromiso con este país y en nuestra convicción con la forma de gobernarlo, y afirmar también que, si no permitimos que la inestabilidad política deteriore la confianza y recuperamos la normalidad democrática de un Gobierno en plenas funciones, España puede mantener el ritmo de creación de empleo que nos conduzca a esos veinte millones de personas trabajando en el año 2020. Ahora sabemos que podemos hacerlo y nadie puede dudar qué sabemos cómo hacerlo. Lo hemos demostrado con nuestras políticas y lo han constatado los hechos.

Señorías,

De la misma manera que les digo esto, siempre he defendido que queda mucho por hacer, que restan problemas a los que atender y que lo haríamos de forma más eficaz si contamos con un mayor respaldo, si somos capaces de compartir prioridades y preocupaciones.

Creo que el acuerdo de investidura que hemos alcanzado con Ciudadanos y Coalición Canaria responde a este objetivo y permite aprovechar todo nuestro potencial como nación para asentarnos como potencia económica de primer orden. Para ello hemos de seguir reformando aquellos factores sobre los que se asienta la competitividad en la economía global. Me refiero a cuestiones como la eficiencia, la sostenibilidad, el emprendimiento o la innovación; eficiencia en el funcionamiento de los mercados de bienes y servicios para asegurar la competitividad de la economía y la unidad de nuestro mercado interior, y eficiencia también en el uso de nuestros recursos, para asentar un crecimiento sostenible.

En este ámbito es preciso que la política energética no sólo contribuya a la competitividad, sino también a la lucha contra el cambio climático. Este debe ser el objetivo del Pacto por la Energía que forma parte del acuerdo que hemos suscrito con Ciudadanos y que está abierto al resto de formaciones de esta Cámara. Este Pacto tendrá que contemplar las especiales necesidades de Canarias, en la línea del trabajo que hemos venido realizando con Coalición Canaria y con el Gobierno canario durante el último año y que es un elemento importante de la Agenda Canaria, Agenda que, como ustedes saben, tiene como núcleo básico el Régimen Económico y Fiscal de Canarias, y busca atender sus especiales necesidades como región ultraperiférica, para fortalecer su crecimiento y su desarrollo social.

Señorías,

Apostar por un crecimiento de calidad requiere apoyarse y apoyar a sectores punteros y prioritarios, como son el agroalimentario, la industria o el turismo, y también respaldar la iniciativa emprendedora, como verdadero catalizador de la actividad económica y la creación de empleo. Creemos que es posible y es positivo incrementar los estímulos al emprendimiento, para que cueste menos comenzar una actividad y, también, para que sea más fácil mantenerla y ampliarla, porque autónomos, emprendedores y pequeños empresarios han sufrido lo más duro de la crisis y han de ser protagonistas de la recuperación.

Su esfuerzo merece nuestro reconocimiento y demanda nuestra atención. Por eso, queremos promover nuevas medidas de apoyo a los autónomos y a tal efecto hemos acordado lo siguiente: abordar en el Congreso una reforma del régimen de cotización de los autónomos con el objetivo de hacerlo más flexible y adecuado a las especialidades de cada actividad; también que puedan computar su pensión en las mejores condiciones o compatibilizar plenamente empleo y pensión, y que se amplíe la tarifa plana de cincuenta euros de los seis meses actuales a un año.

Pero queremos ir más allá; no limitarnos al apoyo a los que empiezan, también a los que quieren crecer, porque con ellos crece también la economía. Por eso, es preciso plantear nuevas medidas que contribuyan al desarrollo empresarial, eliminar escalones regulatorios y evitar cargas normativas que desincentivan el crecimiento de las Pymes. Asimismo, pretendemos rebajar la carga fiscal a aquellas que inviertan en su desarrollo, así como asegurar su financiación y su liquidez con un especial control sobre la morosidad empresarial.

Señorías,

La economía transcurre hoy en términos digitales y es preciso adaptarnos a sus condiciones y aprovechar sus oportunidades. Yo les propongo avanzar en la Agenda Digital de nuestro país para que abarque, tanto el desarrollo de nuestras infraestructuras de comunicación, que ya están entre las mejores de Europa, como la mejora de la formación en competencias digitales. Es preciso impulsar la presencia de las Pymes en el comercio electrónico o la transformación digital de nuestra industria; pero también hay que pensar en la economía digital como un sector en sí mismo y facilitar la iniciativa de los emprendedores en este ámbito. Debemos fomentar todas las industrias y servicios de contenidos digitales, que serán claves en el futuro.

Tenemos que adaptarnos a los cambios tecnológicos, pero también ser capaces de liderarlos, porque la innovación y la investigación son las claves, en definitiva, para un crecimiento sólido y solvente. Por eso, señorías, proponemos un Pacto Nacional por la I+D+i, para alcanzar en 2020 el objetivo de inversión pública del 2 por 100 del PIB en el conjunto de todas las actividades de este sector. Este "Acuerdo Nacional por la Ciencia y la Innovación" debe ir acompañado del estímulo a la financiación privada, con la mejora del actual sistema de deducciones fiscales y con el reconocimiento de la labor de los investigadores.

Señorías,

Es bueno, pues, aumentar el capital físico de nuestra economía mediante la inversión en tecnología, en bienes de equipo, en infraestructuras o en innovación; pero de nada sirve esto si descuidamos la educación de los jóvenes y la formación de los trabajadores. La formación es la clave para que el crecimiento económico se traduzca verdaderamente en empleo y empleo de calidad. Por eso, hemos convenido un Plan de Choque contra el Desempleo, que pretende dotar de mayor eficacia a las políticas activas de empleo y que impulsará un amplio programa de formación para desempleados, utilizando para ello la modalidad del "cheque formación", que permite escoger a cada usuario los cursos más adecuados a sus necesidades.

Además, luchar contra el desempleo -que, insisto, ha de ser nuestra prioridad principal para los próximos años-- nos obliga a seguir avanzando en la eficiencia y competitividad de nuestro mercado de trabajo; apostar por la flexiseguridad; fomentar la creación de empleo estable y de calidad, y facilitar su adaptación al nuevo marco tecnológico y a las nuevas realidades laborales.

Sin renunciar a las reformas que nos han permitido cambiar la tendencia en la creación de empleo, planteamos lo siguiente: reducir a tres las modalidades del contrato de trabajo; introducir mecanismos para reducir la dualidad y fomentar el empleo indefinido, como la ampliación de la exención de cotización a los primeros quinientos euros de salario durante cuatro años; y crear un fondo de capitalización para los trabajadores, en un esquema similar al que rige en países como Austria.

Señorías,

Les he explicado mis propuestas para la mejora del funcionamiento de los mercados, incluido el de trabajo, el apoyo a los emprendedores y el impulso a la formación y la innovación; pero existen más elementos que determinan la competitividad de un país y un crecimiento de calidad. Me refiero, por ejemplo, al sector público.

La gestión del gasto y de los ingresos públicos debe aspirar a la mayor eficiencia posible para repartir los beneficios y cargas de la política fiscal de forma justa y para que apoye al crecimiento. Ésta ha sido siempre mi postura y mi política.

Señorías,

Cuando hablamos de gasto público, tenemos que tener siempre muy presente nuestro compromiso de reducir el déficit público por debajo del 3 por 100, de acuerdo con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea. Es una obligación europea y también constitucional, una condición indispensable para permanecer en el euro; pero es, sobre todo, una convicción porque no se puede gastar lo que no se tiene. Ya hemos conocido, desgraciadamente, en España las consecuencias de ignorar este principio.

Y así como uno no puede gastar lo que no tiene, no debe malgastar los recursos de los que dispone. Por eso durante la pasada Legislatura se puso en marcha la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas, que ha abordado ya importantes modificaciones en su funcionamiento. La intención de mi Gobierno es continuar esta labor, con una revisión integral del gasto que ayude a identificar posibles duplicidades y reducir gastos superfluos.

Por lo que se refiere a los ingresos públicos, mantengo mi compromiso de seguir rebajando impuestos a los españoles y, particularmente, el Impuesto sobre la Renta, a medida que el crecimiento económico se fortalezca y cumplamos nuestra senda de consolidación fiscal. Tan pronto como alcancemos nuestro objetivo de reducir el déficit público por debajo del 3 por 100, aprobaremos una rebaja de dos puntos del tipo del IRPF, para que quede fijado entre el 18 por 100 en su tramo más bajo y el 43,5 por 100 en su tramo superior.

También impulsaremos la revisión de otras figuras impositivas para favorecer la inversión y evitar el fraude y la elusión fiscal. Además, en el marco de la reforma de la financiación autonómica tendremos que analizar los ingresos tributarios de su competencia.

Señorías,

Sin duda, esta cuestión, la financiación autonómica, es de vital importancia cuando nos estamos refiriendo a la eficacia del sector público y se justifica ampliamente si tenemos presente el peso de los servicios que prestan las Comunidades Autónomas: educación, sanidad, dependencia y otros servicios sociales que ustedes conocen tan bien o mejor que yo.

Es necesario contar con un consenso de primer orden para lograr dos cosas que todos los ciudadanos nos demandan: la primera, acceder en condiciones de igualdad al mismo nivel de calidad de los servicios públicos básicos; y la segunda, garantizar una financiación estable y suficiente de los mismos, que los preserve de contingencias como los ciclos electorales, las épocas de abundancia o de recesión económica.

Por ello ofrezco a todos los partidos de esta Cámara, y singularmente al Partido Socialista, que, al igual que el Partido Popular, gobierna en buena parte de las Comunidades Autónomas, que abramos una negociación para diseñar juntos un modelo estable que preserve la igualdad y la solidaridad de todos los españoles, también a la hora de recibir servicios públicos.

Señorías,

Para evitar algunos equívocos, conviene recordar cómo se gasta el dinero público en España: de cada 100 euros que gasta el Estado, 63 se dedican a gasto social, 63: 26 euros de cada 100, a pensiones; 14 euros de cada 100, a sanidad; 9, a educación; 8, a otros gastos sociales y 6, a prestaciones por desempleo. Ésta es la realidad de nuestras cuentas públicas y la realidad del sistema de bienestar español, que es uno de los mejores del mundo, y los aquí presentes, señorías, tenemos la obligación de preservarlo y mejorarlo.

Pensemos, especialmente, en el sistema de pensiones. Hemos hecho ya esfuerzos en las anteriores Legislaturas, y a través de distintos Gobiernos, por mejorar su sostenibilidad y hemos tenido que afrontar, muy en particular en los últimos años, las consecuencias de la pérdida de más de tres millones y medio de empleos, con sus correspondientes cotizaciones sociales, en los peores momentos de la crisis. Mientras, el número de pensionistas ha alcanzado máximos históricos, cerca de nueve millones y medio, y la cuantía de las pensiones, también. Hemos garantizado su actualización y las hemos mejorado, con un complemento adicional a la maternidad. Nunca en la historia de España el presupuesto en pensiones había superado los 130.000 millones de euros.

Señorías,

Les propongo abrir el diálogo sobre el tema más importante que tenemos entre manos, el diálogo para fortalecer el sistema público de pensiones con el objetivo de dar tranquilidad a los pensionistas presentes y futuros. Y les anuncio que, si recibo su confianza como presidente del Gobierno, propondré la convocatoria inmediata del Pacto de Toledo para acometer esa tarea.

Señorías,

Hay asuntos fundamentales para los españoles que van más allá de un período de sesiones o de una legislatura. Las pensiones es uno de ellos, es uno de los grandes asuntos de Estado y, en consecuencia, debemos abordarlo como exige, con responsabilidad y altura de miras.

Lo mismo podemos decir de la educación. Mi voluntad como presidente del Gobierno será abrir un diálogo con todas las fuerzas políticas para lograr un Pacto Nacional por la Educación, un acuerdo que puede y debe extenderse a todos los niveles, desde la educación primaria hasta la propia Universidad. Les estoy planteando un pacto que dote al sistema educativo de la estabilidad necesaria y que se centre en la adquisición de competencias y la mejora de resultados, para centrarse en la generación de oportunidades y en que todos puedan acceder a ellas en igualdad de condiciones; nada más.

Estoy convencido de que esa voluntad es compartida por muchos de quienes hoy estamos aquí. Creo que todos defendemos el derecho a la educación y todos defendemos el derecho de los padres a elegir cómo quieren educar a sus hijos. Nuestro deber, desde los poderes públicos, es garantizar esos derechos y trabajar por un sistema educativo basado en la libertad, la igualdad y la calidad. Ello nos exige garantizar el acceso al sistema educativo, reforzando la política de becas; asegurar la atención a las necesidades específicas de los alumnos; luchar contra el abandono y el fracaso escolares; y favorecer la convivencia en las aulas.

Señorías,

Soy muy consciente de que no es posible plantear una mejora de nuestro sistema educativo sin contar con una pieza fundamental del mismo como son los profesores. Pensando en ellos, queremos aprobar el Estatuto del Personal Docente que mejore el acceso y el desarrollo de su carrera profesional. En esta tarea no empezamos de cero, ya que en la última etapa de gobierno hemos elaborado el Libro Blanco de la Función Docente, que servirá de base para mejorar la regulación de los derechos de los profesores.

Del mismo modo, también hemos hecho una apuesta decidida por la mejora y dignificación de la formación profesional, mediante la implantación en España de la Formación Profesional Dual, que permite a los jóvenes compatibilizar el aprendizaje con un empleo. Nuestro objetivo en los próximos años ha de ser la creación de cien mil plazas en este sistema.

También debemos acordar a nivel nacional las medidas precisas para fortalecer la Universidad española, mejorar su gobernanza, su financiación y su dinamismo. El objetivo es una Universidad moderna, con calidad y de excelencia, que atienda, tanto a la equidad, como al esfuerzo de los estudiantes, y ofrezca un marco adecuado para el desarrollo de la carrera docente y la investigación.

Podría hablar, señoras y señores diputados, de muchas otras cuestiones, todas importantes, cuando hablamos del bienestar de los españoles y nuestro sistema de protección social; pero quiero destacar entre ellas la lucha contra la peor forma de desigualdad, que es la violencia de género. Les propongo alcanzar un gran pacto contra esta violencia que se ejerce sobre las mujeres; un acuerdo que involucre a todos los partidos, a todas las Administraciones y a todas las entidades concernidas, y que implique a toda la sociedad, para que juntos ofrezcamos una salida y una oportunidad a las víctimas.

La sensibilidad y el compromiso de todos los Gobiernos y de todas las instituciones en la lucha contra esta lacra es algo que nos ennoblece como país; pero siempre estaremos obligados a ir más allá mientras una sola mujer sea víctima de esta situación. Hoy, por ejemplo, cuentan con asistencia jurídica gratuita durante todo el proceso que se abre desde el momento en que piden ayuda por primera vez, y también tienen la tranquilidad de que ni un solo maltratador ha obtenido un indulto de mi Gobierno; pero aún quedan muchas por hacer.

Señorías,

Otro de los grandes pilares del programa de gobierno que hoy someto a esta Cámara es el fortalecimiento de nuestras instituciones. Estamos aquí gracias a los votos de los españoles y nuestra obligación es reforzar el vínculo que une a los ciudadanos con sus representantes.

Permítanme que antes de abordar este asunto haga una primera observación: la mejor manera, la mejor, de preservar la confianza de los ciudadanos en nuestro sistema democrático --la mejor, insisto-- es cumplir su voluntad, la de los españoles. Y no me refiero solamente a respetar la opción más votada en las urnas; estoy hablando, sobre todo, de un principio previo: cuando los españoles votan, lo hacen para contar con un Gobierno y corresponde a los elegidos, que somos nosotros, la obligación y la responsabilidad de dar cumplimiento a ese mandato y no volver a defraudarles.

Señorías,

Difícilmente se me ocurre un mayor daño a la democracia española que decir a los ciudadanos que su voto ha sido inútil en dos ocasiones y tener que repetir las elecciones generales por tercera vez.

Respetar la democracia es la primera medida para fortalecerla. A partir de ahí, todas las iniciativas que se puedan adoptar para aumentar realmente la confianza de los españoles en las instituciones contarán con nuestro respaldo.

La corrupción se persigue hoy más que nunca y los castigos son los más elevados que se han conocido. Nuestro país es más transparente, disponemos de controles más férreos sobre la financiación de los partidos políticos, nuevos requisitos para los altos cargos y hemos puesto en marcha mecanismos para recuperar hasta el último euro robado por los corruptos.

Todo esto se ha hecho ya; pero en este campo la tarea nunca se puede dar por concluida. Por eso, hemos incorporado en el acuerdo de investidura con Ciudadanos un conjunto de medidas que vienen a reforzar aún más la exigencia y la ejemplaridad en la vida pública.

La lucha por la regeneración debe ser un objetivo que nos vincule a todos y contenga compromisos concretos, como la negativa a conceder indultos a los condenados por corrupción, de la misma manera que no se conceden tampoco a los delitos de violencia doméstica o terrorismo. Propongo también una regulación de los lobbies que salvaguarde la defensa del interés público en todo momento, por encima de cualquier otra consideración; reforzar la prevención frente a la corrupción en la contratación pública y en la concesión de subvenciones, y un mayor control y obligaciones de transparencia en los partidos políticos. Aunque, señorías, a nadie se nos escapa que estas propuestas sólo serán verdaderamente útiles y efectivas si obtienen el compromiso de todas las fuerzas políticas.

En otro orden de cosas, el Partido Popular y Ciudadanos hemos pactado también una ambiciosa agenda de reformas institucionales. Somos conscientes de que, para salir adelante, la mayoría de ellas precisan de unos apoyos muy superiores en número a los que ambos partidos representamos; pero, aunque nuestros escaños fueran suficientes para aprobarlas, tengo que permanecer fiel a mi convicción de que los asuntos de Estado que afectan a las bases mínimas de nuestra convivencia democrática superan con mucho los acuerdos de investidura y precisan de grandes acuerdos de Estado.

Señorías,

Vivimos en un mundo cada vez más exigente, un mundo que no espera a aquellos que deciden contemplar el futuro en lugar de afrontarlo con determinación.