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El presidente del Gobierno anuncia nuevas medidas frente al COVID-19

Intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

Sábado 28 de marzo de 2020

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno

Comparezco para dar cuenta de la marcha de la batalla que toda España, al igual que el mundo entero, está librando contra la pandemia del COVID-19. Y también para comunicar las últimas decisiones y acciones que está tomando el Gobierno de España.

En primer lugar, estos días cualquier intervención debe comenzar con un emocionado recuerdo para los familiares de las víctimas del COVID-19. El conjunto de la sociedad española comparte el dolor de la pérdida y también la impotencia del duelo abrupto que sufren hoy miles de personas en nuestro país.

Asimismo, quiero lanzar un mensaje de ánimo, de esperanza, a los ingresados en los hospitales y a quienes soportáis la enfermedad desde el aislamiento de vuestros hogares. A todos les envío fuerzas y les deseo una muy pronta recuperación.

En medio de los abrumadores partes de fallecimientos, hoy hemos recibido la noticia del alta de más de 12.285 compatriotas que se han curado. Muchos de esos pacientes sanados son también personas mayores y pertenecen a grupos de riesgo, lo que constituye un rayo de esperanza.

Como saben, la pandemia se ha propagado ya por todos los continentes. Es la mayor amenaza para la salud pública mundial desde la gripe de 1918 y está afectando de modo muy contundente, particularmente contundente, a nuestro continente, a Europa. Europa es ahora mismo el epicentro de la pandemia del COVID-19.

Y la Unión Europea, como es sabido y hay que recordarlo, tiene su origen en el propósito entonces de seis naciones de evitar la repetición de las dos guerras mundiales que durante la primera mitad del siglo XX habían estallado en el seno del continente, y que habían extendido la destrucción a todo el orbe. El propósito de evitar una tercera guerra mundial es el germen histórico de la Unión Europea. Y ha tenido éxito en ese empeño en sus casi 70 años de existencia.

Ahora Europa se enfrenta a un desafío distinto, que es librar unida una guerra contra un enemigo común que está diezmando la salud de sus ciudadanos, vivan donde vivan y amenazando no solamente el bienestar social sino también nuestro progreso económico.

La fatalidad ha dibujado un trayecto en el viaje mortal del virus que arranca en Oriente y ahora mismo está situado a Europa. Y más precisamente en países como el nuestro, como una de las primeras estaciones de tránsito, antes de hacer nuevas escalas, como estamos viendo ya, y esparcirse por todo el mundo.

Europa no ha alumbrado este virus; Europa no ha convocado ni ha atraído al virus. Tampoco lo ha hecho ningún país de Europa, como es España, tampoco ningún otro país europeo hermano. El virus ha penetrado en Europa siguiendo un viaje aleatorio. Y del mismo modo que esta catástrofe está sometiendo a examen al mundo entero, está poniendo a prueba de modo muy especial al proyecto europeo.

Es el momento de mayor dificultad desde su creación y la Unión Europea debe estar a la altura de la coyuntura de las circunstancias y no puede defraudar a sus ciudadanos. Nuestra generación tiene muy presente el recuerdo de la crisis económica del 2008, la demora y las limitaciones que tuvo la respuesta europea a esa catástrofe económica.

Esta vez Europa no puede fallar, no debe fallar, porque hasta los países y los Gobiernos más europeístas, como es el caso de España, necesitamos pruebas de compromiso real por parte de la Unión Europea. Necesitamos comprobar que Europa escucha y que Europa actúa. Necesitamos contundencia y necesitamos solidaridad.

Estas son las dos ideas que transmití a los líderes europeos en el Consejo que mantuvimos el pasado jueves. Europa, se ha dicho, es cierto, es lenta, pero es segura. Tiene mecanismos demasiado pesados de decisión porque somos muchos países miembros de la Unión, 27, después de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Pero posee también la fortaleza de ser un sistema político transnacional, el más robusto y poderoso del mundo. Así que si Europa quiere, Europa puede.

España está reclamando de la Unión decisiones valientes, contundentes.

En concreto estamos demandando en primer lugar, medidas para combatir la emergencia sanitaria, como por ejemplo garantizar la disponibilidad de recursos sanitarios de primera necesidad cuando un mercado global está siendo tan agresivo como lo estamos viendo y hace, en consecuencia, difícil acceder a ciertos suministros críticos, sobre todo estoy pensando en los pacientes de la UCIS, o también en nuestro personal sanitario, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el personal de las residencias de mayores.

Sin duda alguna, también coordinación para asegurar la repatriación de todos los ciudadanos europeos que quieren volver del extranjero; de igual modo, una ciberseguridad común que blinde al conjunto de estados miembros frente a la desestabilización que generan bulos y ciberataques en estos tiempos de zozobra, de incertidumbre y de mucha angustia social.

Algunas de estas medidas ya han sido acordadas. Y lo celebramos. Pero además Europa debe dar una respuesta económica y social unida porque esta es una catástrofe que nos afecta a todos, que no obedece a fronteras, y que por tanto, necesita de una respuesta económica social unida.

En segundo lugar, Europa debe poner en pie, si me permiten la expresión, una suerte de economía de guerra y promover la resistencia, y luego la reconstrucción y la recuperación europea. Y tiene que hacerlo cuanto antes con medidas que respalden el endeudamiento público que estamos asumiendo muchos estados miembros para poder resolver y hacer frente a esta pandemia.

Y tendrá que hacerlo después, una vez superada la emergencia sanitaria, para reconstruir las economías del continente movilizando una gran cantidad de recursos a través de un Plan que hemos llamado algunos estados miembros "un nuevo Plan Marshall", que habrá de contar con el respaldo de todas las instituciones comunitarias.

Desde luego, los españoles hemos protegido a Europa, lo hemos hecho cada vez que hemos ido a votar, cada vez que nos hemos manifestado a favor o del fortalecimiento o del debilitamiento de Europa, siempre hemos apostado por el fortalecimiento de nuestro proyecto común, y ahora le toca a Europa, a la Unión Europea, proteger al conjunto de ciudadanos europeos, a los más débiles, y singularmente también aquellos países que desgraciadamente ahora están sufriendo las mayores consecuencias de la pandemia del COVID-19 como es el caso de España.

Esto es lo que trasladé el jueves al resto de presidentes de los Estados de la Unión y lo repito públicamente ante el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas españoles: es la hora de la Unión Europea.

Europa se la juega. Así que hagamos que la bandera azul de las 12 estrellas puede arraigue para siempre en los corazones de los europeos. Europa debe elevarse para siempre y no fortalecer discursos de aquellos que quieren lo contrario, quieren debilitarla, quieren debilitar nuestro proyecto común.

El Consejo Europeo no ha sido el único acontecimiento importante que hemos tenido esta semana. Y en todas las reuniones en las que España ha participado, sea por ejemplo los consejos europeos o también el G20 que también celebramos el pasado jueves y que agrupa a las mayores economías del mundo, todos hemos podido comprobar la dimensión mundial, global de la pandemia.

El virus, lo hemos dicho en muchas ocasiones, lo sabemos nosotros en primera persona, ni respeta fronteras ni distingue entre gobiernos de uno u otro color político. Conservadores y progresistas de todo el mundo y también en nuestro país, de distintos territorios, nos vemos, antes o después, frente a las mismas realidades y frente a las mismas carencias.

Todos tratamos de aprovisionarnos de los mismos recursos: mascarillas, guantes, respiradores, batas. Y si todos lo estamos haciendo, todos los gobiernos del mundo lo estamos haciendo, es porque ninguno teníamos en mente la magnitud del desafío que teníamos enfrente y sin duda alguna, la magnitud de la cantidad de recursos que necesitábamos para hacerle frente.

Esta pandemia ha vuelto a recordarnos cosas muy elementales. La fragilidad no solo de nuestra civilización, sino de la vida humana. Es la humanidad entera la que está siendo puesta a prueba. Lo hemos visto estos últimos días a través de los medios de comunicación. La pandemia actúa ciegamente, el virus ha conseguido dejar en tierra nuestros aviones, ha cerrado las escuelas, ha parado nuestro sistema productivo, ha colapsado nuestros hospitales, ha suspendido la normalidad de nuestras vidas.

Más de un tercio de los seres humanos, y quiero subrayar esta cifra, más de un tercio de los seres humanos, estamos en estos momentos confinados en nuestras casas para luchar contra el virus, contra el enemigo común. A fuerza de repetirlo todos habíamos olvidado algo que hoy resulta particularmente evidente y es que el mundo se enfrenta ya a amenazas globales y no tenemos mecanismos de respuesta globales a la altura de los desafíos que tenemos por delante.

Entre tanto, en España vivimos las horas más duras, lo dijimos el pasado fin de semana, esta semana iba va a ser muy dura, estamos afrontando las horas más tristes, más duras, más amargas. A medida que nos estamos acercando a la cresta de la ola, el virus nos está golpeando con una violencia despiadada.

Y cuando la batalla se hace más intensa, como es el momento actual que estamos sufriendo en nuestro país, cuando mayores son los estragos, cuando nos aproximamos a la cresta de la ola que nos golpea, no es el momento de bajar la guardia. Al contrario, es el momento de intensificar la lucha.

Yo estoy convencido, y así además lo atestiguan todos los científicos y expertos que asesoran y aconsejan al gobierno a los que estaré siempre agradecido, estoy convencido que las medidas que estamos implementando están teniendo una reducción de movilidad sobresaliente, siendo el pico más alto de reducción el fin de semana. Son los fines de semana cuando esa reducción de la movilidad es muchísimo acusada. No es que no lo sea durante los días laborables, pero durante los fines de semana esa reducción de la movilidad es muchísimo más acusada. Y gracias a las medidas ya implementadas estamos en la dirección adecuada.

Ahora bien, si somos capaces de extender esa movilidad del fin de semana durante las próximas dos semanas, precisamente ahora que estamos a la puerta de la Semana Santa, venceremos antes al virus.

Por eso quiero comunicarles que siguiendo las recomendaciones de los expertos, que nos hecho los expertos del Comité Técnico que asesora al Gobierno y tras haberlo comunicado a los agentes sociales, es decir, a los empresarios y sindicatos, hemos tomado desde el gobierno, la siguiente decisión:

Les anuncio que el Gobierno de España aprobará mañana, en un Consejo de Ministros extraordinario, una medida excepcional: todos los trabajadores de actividades no esenciales, repito todos los trabajadores de actividades no esenciales, deberán quedarse en casa en las próximas dos semanas, como hacen durante el fin de semana.

Para ello, aprobaremos un permiso retribuido recuperable, vamos a aprobar un permiso retribuido recuperable, mañana en el Consejo de Ministros extraordinario, que se aplicará a los trabajadores de todas las actividades no esenciales, de modo que no tendrán que desplazarse a sus centros del trabajo desde el lunes 30 de marzo, es decir pasado mañana, hasta el jueves 9 de abril, ambos inclusive. Del 30 de marzo al 9 de abril.

Durante los días de este permiso retribuido, los trabajadores y trabajadoras continuarán recibiendo su salario con normalidad. Y una vez que termine la actual situación de emergencia sanitaria, los trabajadores recuperarán las horas de trabajo no prestadas de manera paulatina y espaciada en el tiempo.

Esta medida reducirá, aún más, la movilidad de personas, disminuirá el riesgo de contagio y nos permitirá descongestionar, algo muy importante, que son las UCIS de nuestros hospitales.

Los agentes sociales son conscientes del enorme esfuerzo de país que todos debemos hacer ahora para combatir el virus y para reconstruirlo después económica y socialmente. Estamos todos unidos frente al virus. En el mayor ejercicio de solidaridad de nuestra historia.

Yo estoy convencido de que el diálogo social es y seguirá siendo fundamental en España. Esta medida puede ser muy efectiva en nuestra Estrategia colectiva frente al virus y la implementamos, como siempre, cuando los expertos nos lo recomiendan y cuando España está como sociedad preparada para hacerla cumplir de inmediato. Exactamente en el momento adecuado.

Espero que pronto, en los próximos días, notemos el efecto de este poderoso esfuerzo colectivo que estamos realizando como es el confinamiento desde que decretamos el estado alarma y desde que estamos en nuestros hogares. Y que eso signifique que menos personas lleguen infectadas y que lleguen a nuestros hospitales, de modo que nuestros sanitarios, con más tiempo y más recursos puedan ejercer con mayores facilidades su labor. Pero entre tanto todo lo que puedo ofrecer es sacrificio y resistencia. Sacrificio, resistencia y moral de victoria.

Cuando sobreviene una catástrofe de grandes magnitudes como las que estamos viviendo son posibles dos actitudes. Hay quienes aprovechan para vocear la gravedad de la situación que todos ya conocemos y extender el miedo y otros trabajan con abnegación. Hay quienes buscan culpables; otros trabajan por las soluciones. Hay quienes fomentan el rencor y la división y; otros trabajan por la unión y la lealtad. Hay quienes se esfuerzan por sacar algún provecho o ventaja; otros se desviven por ayudar.

Para mi uno descubrimientos maravillosos que nos depara esta catástrofe es que la inmensa mayoría de los españoles y españolas han optado por el trabajo, por las soluciones, por la unión, por la ayuda y por la solidaridad. Que la inmensa mayoría de nuestros compatriotas de todas las latitudes, edades y profesiones están cumpliendo con su misión. Y además de la manera ejemplar en que lo hace me parece que dice mucho, mucho de la grandeza de nuestro país

Cumplen con su misión los niños pequeños, que soportan un encierro que es tan necesario como forzado. Lo están haciendo nuestros escolares, que deben asumir la responsabilidad de estudiar y hacer sus deberes en sus casas.

Lo están haciendo nuestros maestros, que se esfuerzan para que sus alumnos continúen formándose en estas circunstancias tan complejas como estamos viviendo. Lo están haciendo nuestros jóvenes, que se aíslan para protegerse, pero sobre todo para proteger a sus seres queridos los mayores. Están cumpliendo con su misión, ¡y de qué manera! nuestros sanitarios, y están dando la talla en profesionalidad, pero también en humanidad y muchísimos servidores públicos, lo están haciendo los militares, los policías, rindo un tributo a los guardias civiles fallecidos en las últimas horas Lo están haciendo nuestros agricultores, nuestros limpiadores.

En definitiva, los responsables públicos debemos tomar humildemente ejemplo de todos ellos y cumplir nuestra misión. Dejarnos guiar por los expertos y solo por ellos, dar la cara ante los ciudadanos y trabajar hasta lo humanamente posible, como estamos haciendo, para combatir el único enemigo que nos amenaza en esta guerra: el virus y sus estragos sanitarios, económicos y sociales.

En estos días cada uno, en Europa y en España, en el trabajo o en el hogar, ha de elegir entre el cinismo y el compromiso, entre el egoísmo y la generosidad, entre el derrotismo y la moral de victoria.

Un día más es un día menos. Un día más para ayudar a vencer una guerra contra un enemigo criminal que arrebata vidas, como estamos viendo, que siembra devastación económica y también desolación humana. Un día menos para volver a abrazarnos y para disfrutar del gran país que somos.

Son días muy duros, días muy tristes, muy amargos. Pero son los días decisivos. Porque serán los días que tendremos para medirnos. Y luego ya, toda una vida para recordar que, en tiempos difíciles, resistiendo, unidos, España dio la talla.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)