Intervención del presidente del gobierno en el acto "España, vanguardia de la industria verde"

8.9.2025

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Sede del ICEX, Madrid (España)

DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ

Muchas gracias y buenos días, aquí en la casa del ICEX, a todas las autoridades. Por supuesto, al presidente de World Economic Forum y también a los empresarios y empresarias que nos acompañáis en esta importante cita.

Yo creo que aquí se ha dicho por parte de la vicepresidenta, hoy España ha dado un paso más en un compromiso consistente que hemos desarrollado a lo largo de estos últimos siete años en la acción climática y la innovación sostenible. Y además lo hacemos como país con una determinación y una voluntad de seguir estando a la vanguardia en la transición ecológica.


Es verdad que damos ese paso de la mano de empresas españolas punteras, que ya forman parte de esta iniciativa lanzada en la COP26 por el Foro Económico Mundial, y quiero darle la enhorabuena también al presidente del Foro Económico Mundial por liderar este tipo de debates que son tan apreciados por parte del Gobierno de España.

Como decía, empresas como Egui, Iberdrola y Moeve, a las que pronto se va a sumar también Acciona y que apuestan por la movilidad sostenible como motor de crecimiento, de empleo, de competitividad, de todo aquello que efectivamente es presente y futuro, de la prosperidad de las naciones. Empresas, quiero decirlo, valientes, que han querido liderar, dar ejemplo, abrir camino por el que estoy convencido van a transitar otras muchas en el futuro más inmediato.

Hace justo una semana, le comentaba al presidente del Foro Económico Mundial, hicimos un llamamiento oficial desde el Gobierno de España por un pacto de Estado frente a la emergencia climática. Un gran acuerdo abierto a todas las instituciones, a todas las empresas, también los representantes de los trabajadores y trabajadoras, a los partidos políticos, a la ciencia, al mundo académico, al conjunto de la sociedad, incluyendo, como decía antes, a las empresas.

El jueves pasado, quiero contarles esta anécdota, visité unas instalaciones de la Brigada de Refuerzos de Incendios Forestales en León y allí hablé con muchos brigadistas que habían estado combatiendo directamente, atacando el fuego en estos incendios tan dramáticos que hemos vivido este verano. Uno de ellos, en la conversación que mantuve, me dijo, repleto de sensatez, que debíamos actuar tanto empresas como también los gobiernos a escala forestal, no a escala personal, individual, humana o incluso política. Y que lo hagamos desde el acuerdo, porque efectivamente necesitamos actuar pensando en legislaturas, en décadas, porque los bosques se tratan, se regeneran, se reconstruyen o crecen precisamente tras décadas, no cada cuatro años.

Por eso hablaba de la escala forestal y no de la escala humana, ni de la escala política.

Por eso es tan imprescindible impulsar este Pacto de Estado, una política forestal de largo alcance, de larga visión, para afrontar los desafíos que ya tenemos en el presente y que irán, además, por desgracia, a más como consecuencia del aumento de las temperaturas.

Podemos y debemos discrepar sobre muchas cuestiones. Estoy convencido, eso forma parte de la esencia de la democracia, es legítimo, es necesario, hasta incluso saludable. Pero creo que tenemos que pedir, vamos a decirlo de otra manera, que pedirnos a todos y a todas, políticos e instituciones, empresas y trabajadores, que no ideologicemos esta materia. Porque lo que me trasladaba precisamente ese brigadista que estaba luchando directamente contra el fuego durante los incendios de este verano, no era una simple opinión. Es puro sentido común, puro conocimiento, basado en la ciencia y en la razón.

Y creo que este acto, señoras y señores, comparte esta idéntica filosofía porque expresa una mirada larga, una visión de largo alcance frente al mayor reto que tiene la humanidad y por tanto, nuestro país. Un reto que es existencial.

Por eso quiero agradecer de nuevo el compromiso de las empresas que forman parte de esta alianza. Hoy quiero pedirles que sean aún más valientes, que empujen para hacer realidad ese gran consenso de país que necesitamos, porque, en fin, no quiero ponerme trascendente, pero nos va la vida en ello.

Y este acto de adhesión no es un mero gesto simbólico, por tanto, para ustedes, ni tampoco para el Gobierno de España, es la primera de otras muchas decisiones que van a vincular a la administración pública, a la Administración General del Estado. Y es un poderoso estímulo de innovación en sectores donde es más difícil avanzar en la descarbonización, como ustedes saben muy bien.

Por eso pueden contar con el compromiso absoluto, determinado, del Gobierno de España. Les vamos a ayudar a movilizar demanda. Les vamos a ayudar a aumentar la oferta de los productos descarbonizados que ustedes puedan crear y accionar todas las palancas públicas que estén a nuestro alcance.

Vamos a estar a su lado, porque su vocación emprendedora lo merece, pero sobre todo por todo lo que persigue esta iniciativa, que no es más que reducir el volumen de emisiones de carbono en sectores donde es más difícil hacerlo.

La ciencia no deja de recordarnos el devastador impacto de las emisiones de CO2 en la alteración del clima. Antes lo ha dicho la vicepresidenta en sus palabras, especialmente en la Península Ibérica, singularmente en nuestro país, uno de los más expuestos ante la amenaza climática. Este verano el mar ha alcanzado casi los 30 grados en la costa valenciana. Repito 30 grados en la costa valenciana. Eso va a tener un impacto evidente en las danas que vamos de nuevo a sufrir en la Península Ibérica.

Muchos árboles empiezan a perder sus hojas en pleno agosto y la vendimia, un sector tan importante, ya comienza un mes antes que el curso escolar. Ciudades como Oviedo -me comentaba el presidente del Principado de Asturias este verano, cuando visité uno de los lugares del incendio- superan los 41 grados por primera vez en la historia y otras como Sevilla, como Badajoz, soportaron más de 40 grados durante más de 30 días y la reciente ola de incendios ha devorado más de 330.000 hectáreas de nuestro territorio. Para que nos hagamos una idea, y se lo quiero también trasladar al presidente del Foro Económico Mundial, estamos hablando de que esa superficie quemada este verano representa la superficie combinada de dos Estados de la Unión Europea: de Malta y de Luxemburgo. Eso es lo que hemos perdido este verano y hemos visto a nuestros bomberos forestales, a militares de la UME, a voluntarios luchando contra auténticos monstruos de fuego que superan cualquier capacidad de extinción.

Y no, ni los incendios de este verano, ni la dana que arrasó Valencia y otras partes de nuestro país, o la Filomena que colapsó Madrid y otras partes de España hace ya unos años, son fruto de la casualidad, ni de oscuras tramas, como algunos pretenden hacernos ver. Nuestros montes se han convertido en un polvorín, el mar en una olla de presión y las ciudades en un horno en determinados momentos del año.

Esa es la crónica de lo que está pasando, por más que algunos nieguen la evidencia y otros incomprensiblemente callen. El cambio climático -lo dije en el incendio de la Sierra de la Culebra en el año 2022- mata. Así de simple y con toda crudeza. Solo en los últimos cinco años las temperaturas extremas han causado la muerte de más de 20.000 personas en nuestro país en cinco años. En cinco años, 20.000 personas. En su mayor parte, son muertes silenciosas que no aparecen en los medios de comunicación. Una anciana que jamás se despierta de la siesta bajo un precario ventilador. Un obrero que entra en parada cardíaca tras una jornada laboral a pleno sol. Una persona diabética que sufre una descompensación por deshidratación y cae en coma. Algunos pueden decir, y lo dicen de hecho, que estas personas habrían muerto de todas formas, por su avanzada edad o por los factores de riesgo que puedan tener cada una de ellas y sus enfermedades. Esto ya lo hemos oído en otras muchas ocasiones, pero lo único cierto es que esas muertes no se habrían producido con las temperaturas que hasta hace no tanto eran habituales.

Por tanto, el cambio climático mata. Y también es muy importante recordarlo -y aquí se ha dicho por parte del resto de intervinientes- el cambio climático también empobrece nuestras sociedades: cultivos y cosechas arrasadas; infraestructuras destrozadas por la fuerza de la naturaleza que hemos tenido que -con nuestros impuestos, los impuestos de los contribuyentes- volver a sufragar su reconstrucción; potencial afectación a sectores tan importantes como el sector turístico; empresas que tienen que empezar de cero, como las más de 40.000 pequeñas y medianas empresas y economía social afectadas por la dana del pasado año.

Y esta realidad a la que nos enfrentamos es la que tenemos que asimilar y actuar. Por eso el mensaje que hoy lanzamos creo que es muy poderoso: somos pioneros, actuamos y lo hacemos juntos y juntas. Ojalá, en definitiva, toda la sociedad y sus representantes escuchen este mensaje de atención, porque no solo es lo sensato, sino que también es lo que nos pide la gente de la calle, como ese brigadista cuando me reuní con él la semana pasada: actuemos a escala forestal, actuemos trascendiendo legislaturas, porque la emergencia climática y sus efectos, evidentemente nos afectan a todos, independientemente de lo que votemos cada vez que somos convocados a las urnas.

Creo que esta coalición de First Movers no solo comparte los objetivos con el Gobierno de España, sino también dos valores que inspiran nuestra visión de la economía y del mundo que me gustaría compartir con todos ustedes: primero, la cooperación público-privada y segundo, la defensa del multilateralismo ante desafíos que no entienden de fronteras, como ha dicho el presidente del Foro Económico Mundial, como es el caso del cambio climático.

Y en un contexto de cuestionamiento del Pacto Verde Europeo, desgraciadamente esto está ocurriendo desde las últimas elecciones europeas, España defiende a capa y espada el mantener, el sostener y acentuar ese pacto verde. Y lo diré sin rodeos. Nuestras razones a favor de la transición ecológica son mejores que las de los negacionistas para oponerse a ella.

Y quiero resumirlas en tres motivaciones que nos impulsan. La primera, porque, como hemos demostrado en el vídeo, y ahí están los datos también económicos de España, esta transición ecológica está demostrando ser un factor de aceleración de la modernización de nuestra economía para bien. Por primera vez en nuestra historia estamos en condiciones de liderar la revolución tecnológica vinculada con la emergencia climática, no de llegar con retraso, como en otras muchas ocasiones. Las cifras están ahí, nos avalan. La industria representa hoy el 15% de nuestro Producto Interior Bruto, por encima de algunas de las economías europeas más prósperas, como es, por ejemplo, Bélgica, los Países Bajos o Francia, y a diferencia de otras potencias industriales del continente, como es el caso de Alemania o también Italia, la actividad manufacturera en nuestro país sigue expandiéndose, como indican los últimos datos del índice PMI.

Nunca antes habíamos crecido sin aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero. Creo que este es el gran cambio de paradigma que está viviendo España. Somos la cuarta gran economía más sostenible del planeta. En los últimos seis años hemos reducido nuestras emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas al sector eléctrico, nada más y nada menos que en un 60%. Repito, un 60% en seis años. Lideramos el despliegue de energías renovables, hemos convertido a España en la primera potencia europea en superficie dedicada a la agricultura ecológica. Nuestra apuesta por la descarbonización y la industria verde se materializa en ejemplos como, por ejemplo, la dotación de 50 millones de euros que hoy les anuncio para el desarrollo de una nueva gigafactoría de baterías en Valladolid, construida por Inobat Iberia, que va a crear 260 empleos directos y 500 indirectos, con una inversión total de 700 millones de euros.

Y también, por supuesto, les anuncio que vamos a fomentar la compra pública verde a través de obligaciones y de incentivos, así como la contratación pública, que va a incluir requisitos de compra de productos cuya huella de carbono es nula o reducida. ¿Con qué objetivo? Con el objetivo de que el sector público sea también un tractor, un motor que lidere la creación de demanda verde por parte de la industria nacional.

Nuestra segunda motivación es reforzar eso que se ha dicho antes en el en el vídeo. Y a mí me ha gustado mucho ministra o vicepresidenta que recordemos las lecciones de la guerra de Ucrania, porque efectivamente el ser más autónomos energéticamente nos hace más soberanos y también más fuertes frente a la amenaza, por ejemplo, del neo imperialismo ruso. Por eso tenemos que reforzar la autonomía estratégica abierta en Europa y en España. Europa depende de 34 materias primas fundamentales y 17 estratégicas. Muchas de ellas son clave para afrontar la doble transición ecológica y digital. Por tanto, reducir esa dependencia en el actual contexto geopolítico tan incierto es clave. Aquí se ha dicho por parte de algunas de las intervinientes. Y solo podemos hacerlo avanzando en innovación, con el liderazgo de nuestras empresas, sin duda, pero también con el empuje y la complicidad del sector público.

Hoy, gracias al despliegue de las renovables, la electricidad -lo ha dicho antes la vicepresidenta- en nuestro país es un 30% más barata que la media europea. Bueno, pues ese es el beneficio también que tiene nuestros usuarios, nuestros consumidores y las empresas, como consecuencia de la apuesta que estamos haciendo por la autonomía estratégica abierta.

Y esta realidad está vinculada con la tercera de las motivaciones, que me parece tan importante como las otras. Y es que apostar por la transición ecológica contribuye decisivamente al extraordinario desempeño de la economía española. Estamos creciendo por encima del conjunto de las economías avanzadas. Lo hicimos en 2023. Lo hicimos en 2024. Lo vamos a volver a hacer en 2025. Y las previsiones sitúan también a España en 2026 como una de las principales locomotoras de crecimiento de las economías desarrolladas, también de la zona euro, como acaba de reconocer mismamente el Banco Central Europeo.

Y a pesar de toda la incertidumbre global, yo creo que todos los organismos internacionales han revisado al alza sus previsiones cuando miran a España. Hemos superado por primera vez en la historia los 22 millones de ocupados. En definitiva, yo creo que España crece, inspira confianza y lo hace a la vanguardia de industrias tan importantes como, por ejemplo, la verde, siendo un "first mover".

Por tanto, concluyo. Algunos de ustedes probablemente recuerden que este acto debería haberse celebrado el 31 de octubre del año pasado. Entonces, la tragedia que tuvo lugar en Valencia obligó a suspenderlo para atender, evidentemente lo importante la urgencia, la emergencia que estaban sufriendo nuestros conciudadanos en Valencia y en otros puntos de España. Hoy, con el recuerdo de las llamas aún presente, aquellos hechos desgraciados de la Dana nos ayudan a entender la emergencia climática que ya sufrimos y la que hace que sea más urgente, más necesario que nunca actuar. Lo hicimos en el pasado ante cuestiones vitales para nuestro país, como fue, por ejemplo, la lucha contra el terrorismo, la violencia de género o también la sostenibilidad de nuestro sistema público de pensiones.

Yo creo que la emergencia climática es exactamente esto, una cuestión vital, una cuestión de Estado. Por tanto, no perdamos ni un minuto más sin actuar ni un segundo más discutiendo sobre lo obvio. Llegó el momento, creo, de impulsar conjuntamente esta acción y hoy, en este acto, las empresas aquí presentes señalan el camino a seguir con esta valiosa iniciativa liderada por el Foro Económico Mundial, al cual quiero de nuevo agradecer su liderazgo.

Nada más y muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)