Intervención del presidente del Gobierno en la clausura del acto "Por un pacto de Estado frente a la emergencia climática"

1.9.2025

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Madrid

Buenos días, vicepresidentas, ministros, ministras, representantes de la sociedad civil -aquí tenemos la oportunidad de contar con la presencia de los dos secretarios generales de los sindicatos, de Comisiones Obreras, de la Unión General de Trabajadores; representantes también de la patronal, de las Cámaras de Comercio…-. En definitiva, gracias a todos y a todas por estar presentes en este importante acto para el Gobierno de España. Lo es. Es muy importante este acto porque lo es también para el conjunto de la sociedad española si echamos la vista atrás en estas últimas horas, en estos últimos días, en estas últimas semanas en nuestro país.

Quiero hacer, como el resto de mis colegas, de ministros y ministras que han intervenido, hacerme eco de sus palabras de solidaridad y de recuerdo y de afecto para las familias de los de las cuatro personas que han perdido su vida luchando contra los incendios. También para los heridos y las heridas en las tareas de extinción y, por supuesto, para los cientos y cientos de vecinos y de vecinas que han perdido todo, han perdido sus casas, han perdido sus fincas, sus propiedades en este mes terrible mes de agosto.

Su dolor, quiero decirles, es el legado más amargo de este agosto trágico en el que muchas de nuestras comunidades autónomas, de nuestras provincias se han enfrentado probablemente, estoy convencido, a la peor ola de incendios forestales de nuestra historia reciente. Solo en el último mes nuestro país se ha enfrentado y ha registrado 130 incendios. 130 incendios en el mes de agosto, que han arrasado 330.000 hectáreas de terreno. Para que nos hagamos una idea, estamos hablando de una superficie equivalente a casi seis veces la isla de Ibiza y que, como he dicho antes, han obligado a muchas personas a evacuar sus casas sin saber siquiera si podrían volver a ellas y, por tanto, dañado sus municipios.

Y ante esta situación tan terrible, tan dramática, evidentemente se han movilizado numerosos voluntarios y voluntarias, como aquí se ha dicho; miles de servidores y servidores públicos de todas las administraciones, desde la más pequeña hasta la Administración General del Estado, que se han dejado literalmente la piel, que se han jugado la vida, que han tenido jornadas extenuantes y cuyo objetivo único era sofocar las llamas, proteger la vida de sus conciudadanos. Y por eso quiero reconocer y agradecer el extraordinario trabajo de todos ellas y de todas ellas, porque su dedicación, en definitiva, es la viva imagen de la solidaridad que une a todos los españoles y españolas. Y es también la mejor respuesta para aquellos que cuestionan el valor de lo público, de las políticas públicas.

Desde el Gobierno de España, como saben, hemos movilizado desde el primer instante todos los recursos disponibles para apoyar a las instituciones y también a los ayuntamientos, que son los competentes: las comunidades autónomas y los municipios. En concreto, más de 3.400 miembros de la Unidad Militar de Emergencias, 26.000 efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, 650 brigadistas forestales de refuerzo, 300 efectivos europeos -gracias a la solidaridad también de ese Mecanismo de Prevención y de Protección Civil Europea- y, por supuesto, también activados todos los mecanismos de respuesta de solidaridad nacional gracias al Sistema Nacional de Protección Civil, al cual antes ha hecho referencia el ministro Grande-Marlaska.

Hablamos, en definitiva, del mayor despliegue humano y técnico que se ha hecho en España nunca para combatir los incendios. Y ahora, desde el Gobierno seguimos trabajando en tres prioridades claras. Primero, extinguir los incendios que todavía permanecen activos. Segundo, transferir las ayudas económicas y los recursos extraordinarios que aprobamos en el último Consejo de Ministros para acelerar la reconstrucción y la recuperación de los municipios afectados y hacer lo que haga falta; insisto, lo que haga falta, para que esta tragedia no vuelva a repetirse en la dimensión que se ha repetido en este último año en muchas de los municipios. de los territorios, de nuestro país.

Me gustaría, por eso, centrarme en este último punto, porque la mayor oportunidad que nos brinda ahora es precisamente evitar esta tragedia y hacer nuestro aquello que dijo un presidente estadounidense de que el momento de reparar el tejado es cuando brilla el sol y no cuando cae la lluvia. Y creo que tenía razón precisamente en esa afirmación, porque los incendios de sexta generación, que es como se les llama ahora mismo a los incendios que han arrasado más de 300.000 hectáreas en nuestro país, no se apagan en verano, no se apagan en verano. Se apagan en invierno y en otoño, es decir, trabajando todos los días del año para que cuando lleguen estas altas temperaturas no nos veamos abocados a las situaciones que hemos tenido que sufrir durante este verano.

Por eso creo que debemos aprovechar estos meses que tenemos por delante para entender qué ha pasado y, en consecuencia, actuar. Aunque, evidentemente cada incendio tiene su origen, su dinámica propia -no quiero extenderme sobre ello-, es evidente que desde el Gobierno de España estamos decididos y también convencidos de que la terrible ola que hemos sufrido este año no es fruto de la casualidad, ni tampoco de una trama pirómana, como insinúa algunas veces la bulosfera en las redes sociales. Seamos serios, seamos rigurosos. Ha sido el resultado de tres factores fundamentales que me gustaría compartir con todos ustedes y también con el conjunto de la sociedad española.

El primero es que hemos tenido una política de prevención de incendios claramente insuficiente, que se refleja, por ejemplo, en la falta de planes ejecutados, en la ausencia de instrumentos de análisis de predicción avanzados y también en plantillas de bomberos y de brigadas forestales que en determinados territorios no estaban lo suficientemente dotadas. Por tanto, tenemos mucha tarea que hacer en la prevención.

El segundo factor ha sido la gestión del territorio, que también es inadecuada y que se ha traducido, por ejemplo, en montes cargados de biomasa, en caminos y en cortafuegos descuidados, en falta de especies autóctonas y resistentes al fuego, en municipios despoblados, en infraestructuras obsoletas. Sobre esto también tenemos que hacer una reflexión de cómo actuar para poder prevenir y redimensionar los efectos adversos de esta emergencia climática.

Y la tercera es que ha sido una emergencia climática la que ha hecho que los fuegos de ahora sean mucho más virulentos, mucho más impredecibles, mucho más letales de lo que lo han sido en el pasado.

Por lo tanto, una emergencia climática cuyo impacto resulta ya innegable. Según la ciencia - y ahí están los datos- los últimos cuatro agostos -lo ha dicho antes la vicepresidenta tercera- han sido los más cálidos de nuestra historia. De los 70 días que llevamos de verano, un tercio los hemos pasado bajo olas de calor, con temperaturas extremas, con humedades mínimas y con muchos puntos de nuestra geografía convertidos en auténticos hornos.

Este año, para que nos hagamos una idea, se han vuelto a batir 59 récord de temperatura, con máximas en algunas provincias -me decían, por ejemplo, en el norte, cuando tuve la ocasión de poder visitar algunos de estos incendios- de hasta 46 grados y medias 2,5 grados superiores a las que se registraban, por ejemplo, a principios de siglo. No en vano, en los últimos cinco años -quédense con esta cifra- las muertes por calor en España han crecido un 17%. Las sequías prolongadas se han extendido hasta afectar al 40% del territorio español. Y los incendios han arrasado una superficie el triple de grande. Estas son algunas de las cifras, algunos de los números de nuestra emergencia climática. La nuestra, la de España. Una emergencia que compartimos con Portugal, que hemos compartido con otros muchos países del Mediterráneo a lo largo de estos meses de agosto. Albania, Turquía, Grecia, Chipre y otros muchos países europeos de la cuenca mediterránea.

Una emergencia, en definitiva, que además no se limita, por desgracia, como sabemos, ni al fuego ni al verano, porque en los últimos 15 o cinco años, mejor dicho, los españoles hemos sufrido, recordémoslo, veíamos las imágenes del vídeo, la Filomena, lluvias torrenciales, un 15% más de danas o inundaciones devastadoras como las que golpearon a la Comunitat Valenciana o a otras zonas del país en el año. Para que nos hagamos una idea de lo que nos cuesta del bolsillo de los ciudadanos el no prevenir y anticipar para poder mitigar los efectos de esta emergencia climática, estos eventos climáticos extremos han provocado en estos últimos cinco años que el Estado desembolse 32.000 millones de euros. Repito, 32.000 millones de euros en pérdidas materiales en nuestro país. Claro, 32.000 millones de euros puede parecer una cifra abstracta, pero podemos decir que es el enorme coste de oportunidad, porque representa el mismo presupuesto que durante estos últimos cinco años hemos gastado, o mejor dicho, hemos invertido en la educación de nuestros hijos y de nuestras hijas, de nuestros jóvenes, de nuestros niños y de nuestras niñas. 32.000 millones de euros en cinco años y, por cierto, que han provocado la muerte de más de 20.000 personas, de más de 20.000 personas. Para que nos hagamos una idea, esto es el doble de las víctimas por accidentes de tráfico. Algunos ya peinamos canas y recuerdo cuando encendíamos la radio durante las mañanas y escuchábamos a un periodista decir que había que movilizarse frente a los accidentes de tráfico en nuestro país. Bueno, pues si hoy tenemos más personas muertas por la emergencia climática, por las olas de calor, por los efectos adversos de esta climatología exacerbada por esta emergencia climática, cómo no nos vamos a movilizar de la misma manera que lo hicimos frente a los accidentes de tráfico.

Este es el propósito, el objetivo de este acto movilizarnos como sociedad frente a un enemigo común que trasciende las ideologías y que es la emergencia climática. Como dije en una de las ocasiones, está por aquí la directora general de la de Protección Civil que tuve ocasión de estar con ella y con el ministro del Interior en el año 2022, en el incendio de la Sierra de la Culebra, el cambio climático mata, mata y por tanto, tenemos que ser conscientes de todo lo que representa en términos de inseguridad y también de peligro para la vida de nuestros conciudadanos.

Por eso, me van a permitir que diga que, en fin, el negacionismo climático que profesa una parte importante, cada vez más creciente como consecuencia de los bulos que se expanden en las redes sociales de alguna de nuestra clase política, resulta tan incomprensible como preocupante, tan incomprensible como preocupante, porque ya es evidente para toda la ciudadanía que hablar de la emergencia climática no es una forma de escurrir el bulto o de sembrar una disputa ideológica. Es un paso esencial para hacer un diagnóstico, para afrontar y para poder resolver un problema que nos afecta a todos. Da igual lo que votemos cuando sean las elecciones. Un paso importante como el de actualizar nuestra política de prevención o, por ejemplo, también nuestra mejor gestión del territorio.

Aquí se ha dicho por parte de la vicepresidenta, yo no quiero entrar en ello. Quiero recordar, en todo caso, que en el año 2020 la primera decisión que tomamos en el Consejo de Ministros y Ministras del gobierno de coalición progresista, fue declarar la emergencia climática y a partir de ahí hemos empezado no solamente de legislación, sino también con recursos económicos, una política consistente en lo que representa la mitigación y adaptación al cambio climático, además de una apuesta clara por un robustecimiento de nuestro Sistema Nacional de Protección Civil.

No quiero entrar en ello, pero sí quiero decir que es evidente que tenemos que hacer mucho más porque como aquí se ha dicho y lo vemos, los efectos de la emergencia climática cada vez son más graves y se están acelerando. Y todas las previsiones científicas que se hicieron hace años han quedado absolutamente superadas por una realidad que nos está atropellando no solamente al conjunto de la sociedad española, sino al conjunto del planeta, particularmente Europa, que es uno de los continentes, según nos dice la ciencia, más afectados precisamente por esta emergencia climática. Si queremos que los próximos veranos no nos traigan nuevas desgracias y que los próximos otoños no nos golpeen de la manera que nos están golpeando con inundaciones, tenemos que actuar ya y tenemos que hacerlo juntos, unidos, unidas y tenemos que hacerlo de forma colectiva, coordinada, cooperando, y tenemos que hacerlo de forma sostenida en el tiempo. Por tanto, como una política de Estado involucrando no solamente a las instituciones. Nos equivocaríamos si pensáramos que esta es solamente una respuesta que tenemos que dar las instituciones. Tenemos que liderarla desde las instituciones, pero tienen también que ser los agentes sociales los que estén aquí presentes, los que se involucren en esa acción concertada, con políticas, con consensos, en definitiva, con un pacto de Estado frente a la emergencia climática.

Puede parecer, en fin, que en el momento actual, donde no solamente la política española, pero particularmente la política española, está marcada por la polarización y por el negacionismo rampante, puede parecer hasta yo incluso ingenuo, pedir un pacto de Estado, pero yo voy a defender siempre el posibilismo y el optimismo como dos únicas actitudes que son posibles para hacer avanzar a España, como lo llevamos haciendo durante estos últimos siete años. Y voy a defender siempre que España, cada vez que ha necesitado hacer frente a desafíos que trascienden lo ideológico, siempre el conjunto de la sociedad española ha estado a la altura. Recordemos, por ejemplo, para la sostenibilidad del sistema público de pensiones, el Pacto de Toledo, o el Pacto de Estado contra la violencia de Género que en esta legislatura hemos renovado de acuerdo con una amplísima mayoría de grupos parlamentarios o, como he dicho antes, las medidas para hacer reducir los accidentes de tráfico o los esfuerzos que hubo que hacer para doblegar a la COVID-19 en los momentos más difíciles de la pandemia.

En definitiva, cuando hemos querido, hemos podido hacerlo. Lo hemos dicho antes, creo que podemos volver a hacerlo. Creo que debemos estar a la altura de lo que nos exige el país, nuestras gentes y por tanto lo que tenemos que hacer es apagar el ruido, sentarnos a escucharnos, negociar, acordar entre todas las administraciones con el apoyo transversal del conjunto de la sociedad para lograr este Pacto de Estado. Desde el Gobierno de España lo vamos a hacer. De hecho, ya hemos trabajado durante este mes de agosto en articular una propuesta abierta de Pacto de Estado frente a la emergencia climática, con diez compromisos concretos que me gustaría plantear al conjunto de la sociedad española y que daremos traslado, por supuesto, al conjunto de los agentes, tanto políticos, parlamentarios, institucionales como sociales aquí presentes.

La primera propuesta de este Pacto de Estado frente a la emergencia climática debe ser el de crear fondos con recursos permanentes, tanto a nivel estatal como también a nivel autonómico, que sirvan para acelerar la reconstrucción y la recuperación de los municipios y de los paisajes golpeados por estos eventos climáticos y, por tanto, para prevenir esta clase de tragedias mediante la financiación de trabajos de limpieza, de acondicionamiento, de construcción a nivel municipal. Nuestros pueblos están en primera línea de esa batalla y, por tanto, si queremos que resistan debemos darles más apoyo aún.

En segundo lugar, proponemos que las administraciones nos comprometamos todas, todas, todas y cada una de las administraciones a aumentar y a mantener a lo largo de los 365 días del año, todos los medios técnicos y humanos necesarios para prevenir y para combatir los eventos climáticos extremos. ¿Esto qué significa? Bueno, pues significa contar con cuerpos de bomberos, de brigadistas, de agentes forestales estables, formados, dotados de los vehículos y de las tecnologías adecuadas. Significa apostar, en definitiva, por políticas públicas. Y significa, y esto me parece también muy importante, entender que de nada sirve ahorrarse un euro en prevención si luego hay que gastarse 100 € en respuesta y 1.000 en recuperación. Recordemos lo que llevamos gastado en estos últimos cinco años, 32.000 millones de euros, es decir, lo mismo que nos hemos gastado durante estos últimos cinco años en la educación de nuestros hijos y de nuestras hijas. Ese es el enorme coste de oportunidad que estamos pagando como consecuencia de la falta de prevención y de anticipación ante una emergencia climática que nos está afectando en verano, en otoño, en invierno, en definitiva, en todos los meses del año.

De la misma manera, yo creo que las administraciones debemos comprometernos a seguir mejorando la coordinación y también la decisión compartida en situaciones de crisis. Y nuestra propuesta para reforzar esa coordinación y esa cooperación es la creación de una Agencia Estatal de Protección Civil y de Emergencias que potencie y que garantice el buen funcionamiento del sistema.

Mucho se ha discutido sobre si hay que recentralizar, descentralizar competencias, pero al final la experiencia de todos y cada uno de los Estados, da igual que sean descentralizados o centralizados, pero particularmente los centralizados, como es el caso de Francia, es que la gestión de emergencias es más eficaz desde el punto de vista descentralizado que centralizado. Pero también se demuestra que estos funcionan mejor cuantos más instrumentos de coordinación y de intercambio tienen.

En cuarto lugar, tenemos que avanzar hacia un modelo de gestión forestal adaptado a las realidades sociales, económicas y climáticas del siglo XXI. Esto lo ha dicho tanto la vicepresidenta como también el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación. Creo que en todas y cada una de las conversaciones que hemos tenido con muchísimas de las personas del sector primario, de los pueblos que hemos tenido ocasión de visitar, todos hemos sacado la misma conclusión: Debemos promover la reforestación con bosques mixtos, con especies resilientes al fuego, con tratamientos silvícolas preventivos, con el aprovechamiento sostenible de los recursos forestales.

Si queremos que no mueran, al final nuestros montes tienen que ser espacios vivos, vivos, en los que la conservación coexista con la explotación productiva y práctica, como es, por ejemplo, el pastoreo. Por eso yo creo que, en este pacto de Estado frente a la emergencia climática, es tan importante escuchar no solamente la voz de los ecologistas, por supuesto , sino también la voz del sector primario, de los ganaderos y los agricultores y agricultoras de nuestro país.

Quinto, tenemos que desplegar una respuesta nacional de resiliencia hídrica, una estrategia nacional de resiliencia hídrica destinada a aumentar la capacidad de nuestros pueblos, de nuestras ciudades, para lidiar contra las inundaciones y contra las sequías. ¿Y eso qué implica? Bueno, pues implica que tendremos que seguir actualizando nuestros planes hidrológicos, que tendremos que actualizar nuestra normativa de ordenación del territorio, y para eso pido también a los gobiernos autonómicos que no sean víctimas del negacionismo climático que permite quitar las limitaciones a la construcción más cercana a las costas de nuestro país. Por tanto, tenemos que limitar esa edificación en zonas inundables o en riesgo de incendio y adaptar nuestras infraestructuras al nuevo ecosistema climático.

Asimismo, tenemos que adaptar nuestra legislación y nuestro territorio a unas temperaturas y a unas olas de calor que cada año van a ser, por desgracia, mucho más severas y mucho más prolongadas. Y esta es la sexta propuesta. Antes lo ha dicho la vicepresidenta tercera, Madrid según todos los científicos y las previsiones en el año 2050 tendrá un clima similar al que actualmente tiene Marrakech, y Barcelona tendrá un clima muy parecido al que tiene hoy un país como Túnez. Esta es la realidad que viene. Y por eso, ¿qué es lo que proponemos? Proponemos desde lo público crear una amplia red, en coordinación con las comunidades autónomas y con los ayuntamientos, de refugios climáticos en todo el país, en grandes ciudades, pero también en pequeños medios rurales. Asimismo, planteamos extender, por ejemplo, corredores de sombra, infraestructuras verdes en nuestros núcleos urbanos; crear un sistema de asistencia a las personas vulnerables o establecer nuevos estándares laborales -y miró a los representantes de la patronal y de los sindicatos- para proteger a los trabajadores del estrés térmico. Hemos visto cómo este verano han fallecido trabajadores y trabajadoras como consecuencia de la ola de calor; a esto también tendremos que actualizar y adaptar nuestra normativa laboral.

En fin, nuestra séptima propuesta es reconocer y potenciar el papel esencial que el mundo rural desempeña, claramente, en la protección medioambiental y en la lucha contra los eventos climáticos extremos. El Gobierno de España lleva años desplegando, lo ha dicho antes la vicepresidenta, una estrategia global de reto demográfico, con recursos y con medios. Y debemos seguir haciéndolo, pero debemos redoblar aún más los esfuerzos porque el campo español no es solo ocupación y producción, es también preservación y prevención. Y por tanto, las administraciones públicas lo que debemos hacer todas es apoyar esa contribución desplegando ayudas económicas, incentivos fiscales, una red de servicios reforzados para para estimular, por ejemplo, la repoblación, programas para el fomento del empleo verde, especialmente todo aquello vinculado con la restauración, con la reconstrucción o con la bioeconomía.

Y del mismo modo, debemos fortalecer la contribución de los sectores silvícolas a la lucha contra el fuego, lo ha dicho antes el ministro Planas, las sequías o las lluvias torrenciales.

Y por eso creo que esa propuesta que ha hecho el ministro Planas y de la que yo también me hago eco y la planteo como la octava propuesta que planteo a la ciudadanía, es fomentar la agroforestería, la ganadería extensiva, la agricultura regenerativa, el pastoreo dirigido, el riego eficiente, entre otras muchas prácticas que evidentemente durante todo este tiempo hemos puesto en marcha, pero que tenemos aún que invertir más recursos, inteligencia política en ello.

El noveno compromiso ¿Cuál es? El noveno compromiso ya hemos empezado a hacerlo y probablemente veamos en las próximas semanas en algunos de nuestros centros educativos algunas de estas señales, de estas nuevas cosas que estamos haciendo la comunidad educativa y los profesionales: Es promover, instaurar una cultura cívica de prevención y de protección y de reacción ante los efectos adversos de estas emergencias de Protección Civil.

Construyendo sobre iniciativas que ya han conseguido acordarse con todas las comunidades autónomas, como es, por ejemplo, un programa de formación ante emergencias de Protección Civil que va a arrancar este curso en todos los centros educativos no universitarios de nuestro país.

Esto también tenemos que incorporarlo a nuestro día a día y por eso pensamos que es necesario que todas las administraciones y también el conjunto de la sociedad civil, nos comprometamos a acelerar la transición ecológica y, también, a exigir a la Unión Europea una mayor ambición cuando hablamos de esa transición ecológica.

Porque el tiempo de arrastrar los pies ha pasado, al menos para España, claramente ha pasado. Ya no puede haber más excusas ni tampoco más pausas. Ha llegado el momento de acelerar nuestra transición ecológica, de cumplir con los Acuerdos de París, de alcanzar la neutralidad climática antes del año 2050. Y esto no es un capricho ideológico, tampoco es una estrategia política. Es lo único que va a permitir evitar un desastre medioambiental y legar a nuestros hijos y a nuestras hijas, a nuestros nietos y a nuestras nietas una España próspera y segura. Esta es la cuestión. Mirar a largo plazo con respuestas inmediatas.

Estas son las líneas, señoras y señores del Pacto de Estado que propone el Gobierno al conjunto de la sociedad para hacer frente a la emergencia climática. Mañana en el Consejo de Ministros y Ministras vamos a aprobar esa hoja de ruta para materializar el Pacto de Estado, los pasos que vamos a dar y los contenidos hoy expuestos de manera mucho más concreta.

Pero sí quiero decir algo. Lo que queremos es que este sea de verdad un Pacto de Estado. Que cuente con todas las aportaciones posibles a través de un proceso democrático abierto y absolutamente participativo. Aquellos que quieran participar van a tener la ocasión de participar y de poder ser escuchados.

Para ello vamos a poner en marcha distintas iniciativas, como son consultas a los grupos parlamentarios; también a los gobiernos de los distintos niveles de la Administración del Estado; por supuesto, a los agentes sociales fundamentales; a la comunidad científica; las organizaciones del campo; por supuesto, los grupos ecologistas; en definitiva, todos los cuerpos, ONGs, voluntariado, todo el conjunto de la sociedad española que quieran dar una respuesta ante una realidad que nos atropella de manera muy sangrante, muy dolorosa, desde el punto de vista material, pero también desde el punto de vista emocional.

Sí quisiera decir algo que me parece importante: el Gobierno de España no solamente se va a detener en nuestras fronteras a la hora de dibujar este Pacto de Estado frente a la emergencia climática, porque los incendios que nosotros hemos sufrido este año también los ha sufrido Portugal y por tanto vamos a proponer al Gobierno portugués y al Gobierno francés el que podamos trabajar conjuntamente en ese Pacto de Estado frente a la emergencia climática.

Y por supuesto, vamos a decirle a la Comisión Europea, que es el Gobierno de Europa, que tenemos que hacer de todo, menos dar marcha atrás en lo que representa la transición ecológica.

También los representantes y las representantes de los grupos parlamentarios que apoyan al gobierno de Coalición Progresista del Partido Socialista Obrero Español y de Sumar, van a pedir a las Cortes Generales el que se cree una subcomisión parlamentaria para trabajar desde el punto de vista legislativo en este importante Pacto de Estado frente a la emergencia climática.

Porque, como les recordaba al principio, nuestro país se ha expuesto a lo largo de sus más de 40 años de historia democrática a momentos muy difíciles, en cuestiones muy complejas que parecían imposibles de poder resolver o incluso de poder llegar a un acuerdo y que era necesaria la colaboración y la cooperación leal de todas las administraciones para superar esos desafíos.

Y no, no hablo solo de pactos remotos como los Pactos de la Moncloa, que siempre se ponen en valor para hacer referencia y reivindicar la transición democrática. Hablo de pactos mucho más recientes, como el Pacto de Estado contra la violencia de Género, como el Pacto Antiterrorista para acabar con el terrorismo de ETA o también el Pacto frente al yihadismo. Todo eso nos dio fuerza y nos dio esperanza en momentos muy difíciles del conjunto de la sociedad española, en momentos aterradores de nuestra historia reciente.

Por eso creo que cuando España quiere, sabe alcanzar esos consensos, aunar esfuerzos, superar retos que parecían imposibles.

Ahora necesitamos hacer lo mismo. Necesitamos un pacto de Estado, convertir las políticas vinculadas con la emergencia climática en políticas de Estado que trasciendan las legislaturas, los mandatos de uno u otro gobierno, que nos permita prevenir, anticipar, gestionar, superar las olas de calor, los incendios, las danas, que por desgracia están volviendo a ser más recurrentes y destructivas, a formar parte, en definitiva, del día a día de los ciudadanos a los que servimos.

Y por eso, a todos los políticos y políticas del país yo les pido que no polaricemos con esto, que dejemos este asunto al margen de las disputas competenciales, territoriales y partidistas. Que estemos a la altura de lo que las circunstancias exigen y nuestra ciudadanía necesita y merece.

Porque si no queremos para nuestros hijos y para nuestras hijas esa España en gris que deja el fuego, las llamas, o esa España marrón que deja las danas, necesitamos una España más verde. Es así de sencillo.

Y por eso les garantizo que el Ejecutivo pone en marcha este proceso con vocación de acuerdo, con actitud de escucha y también con humildad. Y creo que tenemos un objetivo que es muy noble y que nos interpela a todos y es hacerlo por los conciudadanos que han sufrido las consecuencias de estas emergencias climáticas de las danas o de los incendios este verano, por los españoles de hoy. Pero también creo que tenemos que hacerlo por los españoles del mañana.

Nada más y muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)