Comparecencia del presidente en el acto de destrucción simbólica de las armas incautadas a organizaciones terroristas

4.3.2021

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Colegio jóvenes guardias civiles, Valdemoro

Querido director de la Fundación Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Queridos Ministros, Ministras. Queridos representantes de las asociaciones de Víctimas del Terrorismo. Querido Alcalde, Autoridades, señoras y señores.

El 1 de octubre de 2018, Francia entregó a España efectos y documentos de la banda ETA que habían sido obtenidos gracias a la lucha conjunta de los dos países durante muchísimos años. Esos documentos correspondían a las operaciones más importantes llevadas a cabo por la policía francesa en colaboración con los servicios de información de nuestro país, de España.

Que el llamado archivo de ETA llegase a España simbolizó el éxito de la estrecha colaboración hispano francesa en aquella gran tarea democrática. Y así quisimos representarlo ambos países con un acto conjunto. Aquella entrega de documentos fue justamente bautizada como "Memoire Vivante", Una Memoria Viva. Era una operación inédita en el ámbito europeo de seguridad y de justicia y un avance en los mecanismos de cooperación policial y judicial.

Francia, quiero reconocerlo hoy también aquí, ha sido uno de los mejores aliados que han tenido las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la democracia española para luchar de manera decidida y contundente contra ETA.

Hoy acabamos de presenciar un acto de un gran simbolismo, de un gran simbolismo en esa larga lucha contra el terrorismo que tan dolorosa fue para nuestro país. Hemos visto, como bien se comentaba, la destrucción de 1.377 armas: pistolas, revólveres, subfusiles, fusiles de asalto, rifles de precisión, escopetas. La mayoría de estas armas fueron incautadas a la banda ETA, pero un 10% de ellas corresponde también a los GRAPO.

Su destrucción tiene un grandísimo significado para la sociedad española, para la democracia española. La escritora Edurne Portela, que ha estudiado en profundidad al terrorismo y la violencia en el País Vasco, tituló uno de sus libros sobre este asunto de un modo, a mi juicio, muy elocuente, muy significativo, "El eco de los disparos". Ese terrible eco de los disparos es el que paralizó durante décadas a nuestra sociedad, que quería debatir sus diferencias legítimas con palabras, no con detonaciones, no con asesinatos. Y ese terrible eco de los disparos es el que aún nos llega en la voz de las víctimas, que, por desgracia, seguirán siempre siendo víctimas de aquella sinrazón.

Muchas de esas víctimas y de sus familiares, y quisiera también subrayar que son también víctimas, recuerdan aún el ruido de las balas. La importancia de este acto tiene que ver también con un simbolismo clásico, yo diría. Y es que quien entrega las armas acepta la derrota.

Se levanta acta aquí, una vez más, por lo tanto, de la derrota de ETA frente a la democracia española. La derrota de las balas frente a los votos, como dijo uno de los principales artífices de esta victoria que fue Alfredo Pérez Rubalcaba. En definitiva, la derrota de la violencia frente a la razón, como dijimos durante muchísimos años.

Otros grupos terroristas europeos acabaron, como bien se ha referido, de forma difusa, desaparecieron por agotamiento o por la eficacia de las acciones policiales en su desmantelamiento. Pero nunca se escenificó con rotundidad la destrucción de sus arsenales. Y por eso este acto tiene tanto valor para nosotros y para nosotras.

En primer lugar, porque la destrucción de armas incautadas a ETA refuerza, como digo, la idea de la derrota de la banda terrorista que reclaman las organizaciones de víctimas.

No se puede cambiar el pasado, pero sí tenemos la capacidad y la obligación de repararlo, de reparar el dolor y de restaurar el compromiso con la libertad y la esperanza de la democracia española. A ETA la derrotaron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y siempre los reivindicaremos, lo recordaremos, los jueces, los partidos políticos, la colaboración internacional y sobre todo, la concienciación ciudadana.

Pero la derrotó sobre todo la firmeza, por tanto, de una sociedad que quería vivir en paz y en libertad.

Los terroristas creyeron imposible doblegar a una sociedad mediante el miedo, mediante el terror, pero no contaron precisamente con la fuerza de la resistencia ciudadana, con la libertad, con el ansia de libertad que tenía el conjunto de la sociedad española, que siempre es capaz de imponerse sobre las peores expresiones del terror, como desgraciadamente hemos visto durante estos últimos 40 años.

Este acto tiene tanto valor para nosotros, en segundo lugar, porque contribuye a dignificar la memoria de las víctimas, que es algo que ha dicho antes el director. Porque después de la desaparición de ETA necesitamos memoria democrática de lo que ocurrió. Recordar es mucho más que un acto de respeto, sin duda alguna, necesario. Siempre es necesario. Recordar es un ejercicio de dignidad, de humanidad, de justicia. Es, además, una exigencia, un deber moral por los valores democráticos que representa a las víctimas del terrorismo. Y es cierto que hay algunos estudios que hemos visto durante estos últimos días en los medios de comunicación en los que se ha detectado que hay muchos jóvenes, en el País Vasco y fuera del País Vasco, que conocen solamente de manera superficial la historia criminal de ETA y lo que supuso para el conjunto de la sociedad española.

Este hecho se explica en buena medida por la tendencia humana a orillar los recuerdos dolorosos y concentrarse en consecuencia en el futuro y en la esperanza. Pero no podemos olvidar. No debemos olvidar. No podemos consentir que se difuminan los nombres de aquellas personas que perdieron su vida o que tuvieron que abandonar su casa para huir de la extorsión y de la violencia.

Las armas acaban de ser destruidas, pero el eco de sus disparos debe llegar hasta nosotros, convertirlos ahora no en representación de la muerte, sino en representación de algo mucho más elevado que es la memoria democrática. La memoria no pertenece a los terroristas ni a los fanáticos, nos pertenece a nosotros, al conjunto de la sociedad española, al conjunto de la sociedad vasca, a la sociedad que defendió en todo momento, en todo momento, la libertad y sus ansias de paz.

El pasado mes de noviembre tuve la ocasión de reunir en el Palacio de la Moncloa el Patronato de la Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo. Y quiero reiterar una vez más, que el Centro Memorial es y va a seguir siendo una de las principales prioridades en el ámbito de la memoria para el Gobierno de España.

Cómo seguirá siendo prioridad para el Gobierno de España la lucha contra el terrorismo de cualquier tipo y el impulso, en consecuencia a la cooperación y la colaboración judicial y policial en el marco europeo. Porque aún queda, como bien ha dicho antes el director, aún queda por arrojar luz sobre crímenes de la banda terrorista que nunca se esclarecieron judicialmente y por lo tanto queda una tarea amplia por hacer aún.

ETA, es evidente, está acabada. Pero hay una tarea de esclarecimiento, de reparación, que aún queda pendiente y quiero proclamar bien alto y no solo en nombre del Ejecutivo, sino el nombre, me atrevería a decir que la sociedad española entera, que vamos a seguir defendiendo la memoria de quienes fueron asesinados, heridos, secuestrados o amenazados por las diferentes organizaciones terroristas que han actuado en nuestro país desde ETA, al Daesh, pasando por los GAL, los GRAPO o los grupos organizados de la ultraderecha.

Y lo vamos a hacer mediante el esfuerzo y el refuerzo al Estado social y democrático de Derecho, defendiendo la vida, la pluralidad política, la libertad que los terroristas nos quisieron arrebatar y no lograron.

Y lo vamos a hacer también recordando, como decía Cristina Cuesta, directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco y fundadora, es consecuencia del Gesto por la Paz, cuyo padre fue asesinado por ETA en 1980, cuando dijo que las políticas de memoria fijarán y cito textualmente: la verdad de lo sucedido, nosotros desapareceremos y las nuevas generaciones, mientras siguen con sus vidas, tendrán la oportunidad de encontrarse con lo que pasó.

Ese es nuestro objetivo y quiero terminar dando las gracias a todos aquellos que hicieron posible el fin de ETA, pero muy especialmente a las víctimas del terrorismo y a sus familiares, por su sacrificio, por su coraje y por su ejemplo, que siempre nos inspira a todos.

En el acto que celebramos en 2018, recordé unas palabras que a mí me llenaron de muchísima emoción, las palabras de Marta Huesa, hija de Fernando Huesa asesinado por ETA y que dijo textualmente lo siguiente y con esto concluyo esta intervención.

Decía ella: "cuando vi la noticia de que ETA había anunciado el cese de la actividad armada, rompí a llorar con amargura. En mi mente se me dibujaba la imagen de que podía alargar mi brazo y llegar hasta el 22 de febrero de 2000 y decirle a mi padre "Coge mi mano que yo te traigo aquí. Aquí ya no te va a pasar nada. Aquí estás a salvo".

No podemos recuperar las vidas que perdimos. No podemos recuperarlas. Tampoco podemos destruir el pasado negro como hoy hemos destruido estas armas. Pero sí está en nuestra mano luchar contra la desmemoria para reparar el dolor y también el honor. Está en nuestra mano acabar con el miedo y seguir construyendo, porque somos y sabemos que nunca se acaba de construir del todo el camino de la paz y de la libertad.

Muchísimas gracias, ministros. Muchísimas gracias, director. Muchísimas gracias a todos ustedes.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)