DHub Barcelona
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Muchas gracias, querido Salva, querido president de la Generalitat de Catalunya; por supuesto al ministro, al delegado del Gobierno, al alcalde Collboni, a los consellers y conselleras, a la presidenta de la Diputación de Barcelona. Y al resto de autoridades, señoras y señores.
En primer lugar, muchísimas gracias a los panelistas. Dar las gracias también a la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia, que junto con la Oficina de Asesoramiento Científico de la Presidencia del Gobierno fueron dos de las innovaciones institucionales que hemos hecho durante todos estos años desde la pandemia, sobre todo para reconocer la necesidad de que por parte de los poderes públicos la ciencia y la investigación nos asesoren en la mejor conformación de las políticas públicas para el presente y para el futuro.
Recuerdo que, cuando pusimos en marcha España 2050 hubo algunos que dijeron, "¡bueno, ya están pensando en 2050; tienen que pensar en 2021, o 2022..!", cuando efectivamente pusimos en marcha toda esta arquitectura. Pero, realmente, para construir esa España de 2050 o esa Cataluña de 2050 necesitamos trabajar desde hoy, que es precisamente lo que se ha dicho por parte de los panelistas y también tanto por parte del president como por parte del alcalde.
Hay palabras que efectivamente una sociedad deja de utilizar porque ya no puede pronunciarlas sin avergonzarse. Y algunas se han deslizado en las intervenciones de los panelistas. Palabras que un día parecieron normales, pero que hoy revelan hasta qué punto fuimos capaces de convertir un prejuicio en una norma. Una de esas palabras que me gustaría hoy traer a colación es "ilegítimo". Durante años en España un niño o una niña podrían llegar al mundo y encontrarse con que antes incluso de haber tomado una sola decisión en su vida, la ley ya había decidido cómo llamarlo: un hijo legítimo, una hija legítima o un hijo o una hija ilegítima. Por tanto, la distinción, como antes se ha dicho, tenía unas enormes consecuencias jurídicas, determinaba derechos y, en último término, lo que hacía era marcar de por vida a esa persona. Hoy, afortunadamente, esa distinción es inconcebible. En 2024, prácticamente la mitad de los niños y niñas que nacieron en nuestro país lo hicieron de madres no casadas. Una realidad completamente cotidiana que no hace tanto tiempo nuestras propias leyes habrían discriminado.
Bueno, evidentemente con esto quiero decir algo que antes se ha referido, y es que las sociedades cambian, evolucionan; cambian y evolucionan nuestras familias, nuestras relaciones, nuestra forma de trabajar, de cuidarnos, de vivir juntos y juntas.
Y las instituciones lo que tenemos que hacer es ser capaces de cambiar con ellas y, a ser posible, anticipar esos cambios para poder responderlos desde el primer momento.
De eso va este informe de Vidas futuras, que hoy presentamos. No es una profecía, como aquí se ha dicho. No pretende afirmar que el futuro ya está escrito; eso es imposible. Es un ejercicio para ayudarnos a mirar más lejos y para hacernos una pregunta muy sencilla que me gustaría trasladar en este foro: si sabemos que algunas cosas están cambiando, ¿qué podemos hacer hoy para llegar a estar mejor preparados a ese mañana? Yo creo que un gobierno responsable -ya sea un Ayuntamiento, una Diputación, por supuesto la Generalitat de Catalunya o el Gobierno de España o también Europa, que también está haciendo sus ejercicios de prospectiva- no se limita a gestionar el presente, bien importante, sin duda alguna. Tiene la obligación de levantar la mirada, de anticiparse. La obligación de acomodar la legislación a esas transformaciones sociales y, por tanto, evitar que ocurra lo contrario. Es decir, que algunas leyes sean una foto fija de un mundo que ya no reconocemos, ni tampoco nos reconocemos en él.
Este ejercicio, evidentemente, no solamente interpela a las instituciones, a las administraciones. Quiero recordar -aquellos que hayáis tenido la ocasión de poder leerlo y, si no, os animo- que en el informe España 2050, pues hablábamos de que las políticas públicas que se impulsan desde los gobiernos afectan, sin duda alguna, pero también las decisiones que tomen las empresas; también las decisiones que tomen las universidades. Por supuesto, las organizaciones de la sociedad civil y también cada uno de nosotros y nosotras.
Vidas futuras, coordinado por esta Oficina, identifica las grandes transformaciones que van a cambiar nuestro día a día y van a dar forma a nuestras trayectorias vitales futuras. Durante décadas -aquí se ha dicho, cuando se hablaba sobre la linealidad de nuestras relaciones familiares, se seguía el mismo itinerario: estudiar, trabajar, formar una familia, ver crecer a tus hijos y a tus hijas-, en fin, es un camino que sigue siendo un proyecto vital muy sugerente para mucha gente, por supuesto que sí; hay que respetarlo y sin duda alguna también protegerlo en la medida de nuestras posibilidades. Pero no es el único, porque hay otros proyectos que son igualmente legítimos.
Hay personas que tienen hijos más tarde o que deciden no tenerlos, como aquí se ha dicho. Parejas que no comparten vivienda. Hogares monoparentales o monoparentales, fundamentalmente parejas del mismo sexo. Personas que viven solas. Personas que vuelven a estudiar a mitad de su vida. Cada vez tenemos más personas mayores volviendo a la universidad, a la universidad pública o también a la Formación Profesional -hace escasos días tuve ocasión de poder hablar con estudiantes de la Formación Profesional y nos encontrábamos con la ocasión de hablar con profesionales que llevaban muchos años y que han vuelto también a la Formación Profesional para recualificarse-. En fin, otros que cambian varias veces de profesión, de ciudad, de proyecto vital. En los años 80, más del 80% de quienes tenían entre 30 y 34 años vivía en pareja. Hoy esa cifra apenas supera el 50%. En 1991, apenas el 16% de los jóvenes tenía estudios superiores; hoy son más de la mitad. Hace unas décadas, casi siete de cada diez españoles llevaban al menos diez años viviendo en la misma casa; hoy apenas son cuatro de cada diez. Y lo mismo ocurre con nuestra forma de relacionarnos. Aquí se ha hablado antes de la tecnología que nos permite, por supuesto, mantener una amistad a kilómetros de distancia, encontrar comunidades que antes no habríamos conocido, acompañar a quienes viven lejos. Habrá relaciones de convivencia más diversas, se abrirán paso nuevas formas de cuidarnos y de relacionarnos. En definitiva, de aquí se deriva una de las principales lecciones de este informe que me gustaría compartir con todos vosotros y vosotras. Y es que tendremos que diseñar políticas públicas de hoy pensando en una sociedad formada por individuos y por hogares en los que los vínculos de convivencia son evidentemente mucho más diversos y mucho más heterogéneos.
El futuro no es un destino inevitable. Efectivamente, será afectado por las decisiones que hoy se tomen. Vamos a presenciar cómo transformaciones estructurales -como por ejemplo el aumento de la longevidad, la digitalización, la inteligencia artificial o la emergencia climática- van a dar un giro de 180 grados a nuestra a nuestra vida cotidiana. Así que la pregunta hoy no es si esos cambios llegarán, porque es evidente que ya han llegado. La pregunta es si nos beneficiarán a todos o solo a unos pocos y, por tanto, si se ensanchará o no el principal reto que tiene toda sociedad, también la sociedad europea y particularmente la española, la catalana, como es la desigualdad. Si nos harán un país más cohesionado, con más oportunidades, más dividido, más desigual y por tanto más polarizado.
Y por eso creo que es tan importante gobernar para la gente de a pie. Gobernar haciendo, por ejemplo, que la digitalización no ensanche las brechas entre trabajadores y empresarios, o en este caso los tecno-oligarcas, sino que contribuye a cerrarlas. Es interesante resaltar que, según los datos de todas las series históricas, jamás ha habido una concentración de poder económico como la que ahora mismo hay y jamás ha habido en la historia de la humanidad una desigualdad como la que hoy actualmente existe entre esos tecno-oligarcas y el resto de la ciudadanía. Que en Estados Unidos una sola, una sola persona, concentre el 20% de la riqueza de toda la sociedad estadounidense, ya te dice exactamente cuál es la desigualdad que ahora mismo se está produciendo y cuál es el rechazo social que se está generando también en esa sociedad estadounidense frente a esta tecno-oligarquía.
Por tanto, gobernar, haciendo posible que una sociedad cada vez más envejecida, los cuidados que vamos a necesitar lleguen a todos, no escaseen y alcancen a unos pocos y encima sean de proximidad, también lógicamente será un reto al cual entre todas las administraciones ya estamos empezando a poner o a sentar las bases.
Gobernar el mercado de la vivienda -como antes decía el alcalde de Barcelona, que las tendencias demográficas no impidan el desarrollo de los proyectos de vida de todos, particularmente de los jóvenes-, sin duda alguna, es también uno de los retos presentes y futuros.
Tenemos que actuar en el ámbito de la vivienda, sin duda alguna, y hay que poner el foco de una vez por todas en la accesibilidad, en privilegiar el uso residencial de la vivienda frente al turístico, que es una de las palancas que habilita la Ley de Vivienda y que pido a todas las comunidades autónomas, como se está haciendo aquí, querido president, a que se utilice; en aumentar la oferta asequible, adaptada a las nuevas realidades sociales, pero también, lógicamente, a las que este informe señala como las realidades del mañana.
En definitiva, este es el verdadero reto o los retos a los que nos enfrentamos. No solo identificar y responder a los cambios que ya vemos en nuestra sociedad, sino también anticipar los que vienen.
Y yo creo que para aquellos que amamos el servicio público y que amamos también la política, este es un momento de un extraordinario interés. Creo que no hay un momento de transformación más sugerente para el político y política y también, lógicamente, para quienes creemos en el servicio público, que el actual. El sentar las bases del futuro respondiendo a las necesidades del presente y por tanto, conciliar la urgencia con la trascendencia de los cambios que necesitamos para garantizar la prosperidad de nuestras sociedades.
En definitiva, cada derecho que hoy nos parece evidente tuvo antes a alguien diciendo que era demasiado pronto, y ya hemos tenido bastantes ejemplos a lo largo de estos años de democracia, o que estábamos yendo demasiado lejos.
Algunos son siempre los mismos, por cierto, que siempre llegan tarde al progreso. Lo bueno es que luego pueden, a regañadientes, asimilarlos como pueda ser, por ejemplo, una ley como fue la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, donde hubo manifestaciones muy contrarias diciendo que era esto de llamar matrimonio al matrimonio, efectivamente, entre personas del mismo sexo. Hoy nadie lo discute, como, por ejemplo, tampoco espero se discuta la ley de muerte digna que se aprobó a lo largo de estos años que llevamos al frente del Gobierno de España.
Al final acaba beneficiándose todo el mundo, porque estamos hablando de derechos y lo que un día fue una batalla, termina siendo la vida cotidiana de nuestros hijos y nuestras hijas.
Y, por tanto, ese es, yo creo que el maravilloso significado de la palabra progreso, que abre puertas incluso para quienes intentaron mantenerlas cerradas; que ensancha la libertad de todos y de todas; y que cuando de verdad avanza o no, de verdad avanza, ya nadie quiere volver atrás.
En definitiva, de eso trata también Vidas Futuras, de abrir posibilidades, de anticiparlos, de anticiparnos y, por supuesto, también de creer en el progreso.
Una de las cosas que yo siempre he hablado con los integrantes de la Oficina de Prospectiva, al hilo también de los informes que se lanzan por parte de paneles científicos, es que evidentemente tenemos que decir las cosas tal y como son, pero sí podemos darle una dosis de optimismo, de esperanza, para que se sumen voluntades y, efectivamente, no se cree un colapso en esas voluntades, mucho mejor para las sociedades a nivel territorial, a nivel estatal y por supuesto también a nivel europeo y global.
Porque al final eso es progresar: que haya cada vez más maneras de construir una vida digna. Y ese es el país, en definitiva, que queremos dejar a quienes vienen detrás. Un país en el que futuro no cierre opciones de vivir, sino que haga todo lo contrario, las amplíe.
Y yo creo que este informe, junto con otros muchos que han hecho desde la Oficina Nacional de Prospectiva y de Estrategia, contribuyen a arrojar esa luz.
Nada más. Muchas gracias a quienes han elaborado este informe. Y muchas gracias a ustedes por participar en este importante evento.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)