La Línea de la Concepción (Cádiz)
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Buenos días. Me vais a permitir, en primer lugar, que empiece por hacer una referencia a las autoridades que están aquí presentes. Por supuesto, al ministro de Asuntos Exteriores, a José Manuel; al embajador de un gobierno amigo, el embajador del Reino Unido; al delegado del Gobierno; a los alcaldes, especialmente al alcalde de La Línea, el lugar en el que estamos; al ministro principal, querido Fabián; al resto de autoridades, alcaldes y alcaldesas; quiero, por supuesto, acordarme también de María Jesús Montero, que fue vicepresidenta del Gobierno del Gobierno y ministra de Hacienda en un momento en el que también teníamos que culminar algunas cuestiones vinculadas con la Hacienda Pública del Gobierno de España.
Me vais a permitir que mis primeras palabras sean nuevamente de duelo y de reconocimiento a las víctimas del incendio de Los Gallardos, que ha conmocionado estos últimos días a Andalucía y al conjunto de nuestro país. Nuestro pensamiento está con todas ellas y con todos ellos, con sus familiares, así como con los magníficos profesionales que un verano tras otro combaten el fuego en nuestro país. Creo que representan lo mejor del servicio público y tienen, por supuesto, nuestro apoyo y todo nuestro cariño. Y al conjunto de la ciudadanía me gustaría siempre recordarle la importancia de la prevención, de la responsabilidad y de la cautela, porque la batalla contra los incendios depende lógicamente de todos y cada uno de nosotros, principalmente de las instituciones. Y por eso también me gustaría abogar nuevamente por ese necesario e imprescindible acuerdo frente a la emergencia climática que está sufriendo la Península Ibérica y por tanto, también nuestro país.
Y, ahora sí, me gustaría compartir con todos vosotros y vosotras y con el conjunto de la ciudadanía unas palabras sobre sobre este momento, esta visita que acabamos de realizar. Antes el ministro principal decía que hoy estamos haciendo historia, historia de la buena. Y efectivamente es así, porque hoy cae el último muro de la Europa continental, tal y como nos recordaba el presidente de la empresa pública Tragsa. Hoy abrimos una nueva era para el Campo de Gibraltar, de prosperidad compartida, como en muchas ocasiones los alcaldes y alcaldesas y, por supuesto, también el conjunto de la ciudadanía, nos ha recordado. Una etapa de convivencia, de futuro compartido entre poblaciones que jamás vivieron de espaldas, esta es la realidad, pero que ahora, sin duda alguna, van a mirar por fin al frente y van a avanzar de la mano.
Se dice pronto. Pero hace 2.000 años los antiguos situaron aquí las columnas de Hércules y fijaron en este rincón de nuestro continente nada más y nada menos que la frontera del mundo conocido. La gran paradoja es que fue precisamente aquí, en este lugar donde se abrieron los caminos que ampliaron los horizontes de la humanidad a través del Océano Atlántico. Ese ha sido siempre el destino del Campo de Gibraltar: ser puerta de encuentro, entre mares, entre culturas y entre continentes. Y ese es el verdadero sentido, o al menos el que me gustaría reivindicar en el acto de hoy: que estamos abriendo un nuevo tiempo, sin duda alguna lleno de oportunidades, para los más de 300.000 andaluces y andaluzas que viven en el Campo de Gibraltar.
Todo en un contexto, creo, de beneficio mutuo, ejemplificado en los más de 15.000 trabajadores y trabajadoras que cada día cruzan a diario la verja -el 70% de nacionalidad española- y que representan la mitad de la fuerza laboral gibraltareña.
Alguien dijo una vez que las fronteras son las cicatrices de la historia. Y probablemente tenga razón, porque una cicatriz habla de una herida que existió, pero que terminó por cerrar. Un muro, en cambio, es la decisión consciente de mantener esa herida abierta. Y creo que esto es importante también recordarlo, porque durante décadas la verja ha sido exactamente eso: una herida abierta para los miles de trabajadores que cruzaban cada día sin saber cuánto tardarían en llegar a su puesto de trabajo. Por supuesto, también para las familias separadas por unos metros de metal. Y para generaciones y generaciones que crecieron pensando que no había una solución posible. Precisamente el alcalde de la Línea me recordaba la historia de su abuela con mucha emoción.
Yo creo que claro que, por supuesto, había una solución. Solo era necesario querer encontrarla y también tener esa vocación y esa voluntad política de materializarla.
Y eso es lo que hemos hecho. Lo hemos hecho superando por fin una forma de entender la política que confunde la prudencia con la inacción, que hipoteca el futuro mirando siempre al pasado y que piensa que los conflictos enquistados están destinados a eso, a permanecer abiertos. Nosotros nunca hemos creído eso.
Creemos que la política alcanza su mayor dignidad cuando deja de administrar los problemas heredados y encuentra el coraje suficiente para resolverlos. Y eso es lo que hemos hecho: gobernar con determinación, exigir con perseverancia que las negociaciones -aun siendo difíciles- avancen hasta encontrar el acuerdo y exigir dialogar, sin renunciar, por supuesto, a los principios que cada uno legítimamente tiene. Como los que, por cierto, definen la posición de España en la cuestión de Gibraltar, siempre alineada con el interés nacional y, por supuesto, con el pleno respeto al derecho internacional.
Creo, amigos y amigas, que el acuerdo entre la Comisión Europea y el Reino Unido, firmado ayer en Bruselas, querido embajador, con la participación decisiva -ministro- del Reino de España y que hoy entra en vigor, es un acuerdo justo que protege nuestros intereses y cumple además con creces los objetivos que nos habíamos marcado en la negociación. Primero, en lo relativo a la libre circulación de personas: España ejercerá las competencias Schengen en el puerto y en el aeropuerto de Gibraltar, garantizando la seguridad de la frontera exterior europea y el pleno control de visados. Segundo, en materia de libre circulación de mercancías: se establece una unión aduanera entre la Unión Europea y Gibraltar y se alcanza una convergencia fiscal de manera indirecta que pondrá fin a los desequilibrios históricos. En el ámbito de transporte, se abre el aeropuerto de Gibraltar al tráfico civil con un modelo de gestión compartida, precisamente para ofrecer nuevas oportunidades a la conectividad al turismo, a la inversión y al desarrollo de todo el Campo de Gibraltar.
Pero, me vais a permitir, que si hay un capítulo que resume el espíritu de este acuerdo es precisamente el dedicado a las personas, a nuestros conciudadanos, porque sin duda esta ha sido siempre la principal prioridad del Gobierno de España. Salvaguardar los derechos de los trabajadores transfronterizos que día a día cruzaban esta verja. Sus prestaciones por desempleo quedan garantizadas, sus pensiones estarán protegidas y podrán complementarse hasta los mínimos españoles. Y ya, por tanto, no habrá tampoco unos retrasos en los cobros de prestaciones a causa de la descoordinación administrativa. Y, además, cualquier ciudadano o ciudadana de la Unión Europea con residencia legal en España podrá ejercer una actividad por cuenta ajena en Gibraltar, sin discriminación y en igualdad de condiciones. Y, finalmente, el acuerdo crea un fondo social para promover la cohesión y la solidaridad entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar. Va a estar financiado por la Unión Europea, por el Reino Unido y también va a contribuir decisivamente a paliar las desigualdades a uno y otro lado de este lugar, con acciones concretas en formación, en empleo, para ofrecer oportunidades a los jóvenes de esta tierra.
En fin, yo creo que mucha gente ha contribuido a hacer realidad este día histórico. Me gustaría, por supuesto, reconocer la labor de la Comisión Europea -en particular del comisario Maroš Šefčovič- que ha hecho un trabajo encomiable y que me gustaría reconocer también desde aquí. A los distintos gobiernos, querido embajador del Reino Unido, pero me gustaría singularizarlo en el actual primer ministro, Starmer, porque gracias a su liderazgo también ha sido posible, especialmente, ese acuerdo. Por supuesto, al Gobierno de España y singularmente al ministro Albares. Y también querría reconocer la labor del ministro principal, Fabián Picardo, en la consecución de este importante acuerdo para para todos. Quiero también destacar, por supuesto, me lo han recordado algunos alcaldes, la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que han estado día sí y día también y que tienen además todo nuestro reconocimiento, apoyo y aprecio en su labor, día sí y día también, garantizando los derechos de nuestros conciudadanos. Y, por supuesto, quiero reconocer la labor de los alcaldes y alcaldesas de La Línea de la Concepción, de San Roque, de Algeciras, de Castellar de la Frontera, de Tarifa, de Jimena de la Frontera, de Los Barrios y San Martín del Tesorillo y, por supuesto, también de la presidenta de la Mancomunidad. A todas ellas y a todos ellos, así como también a los agentes sociales, a los sindicatos, a las organizaciones empresariales aquí presentes, quiero daros las gracias por contribuir con vuestras aportaciones, con vuestras iniciativas y con ese espíritu de diálogo que sin duda alguna ha contribuido positivamente a fraguar este importante acuerdo, este acuerdo histórico.
Culmino mi intervención diciendo, como decía al principio de la misma, que hoy miramos a las columnas de Hércules no como el límite de lo conocido, sino como una puerta que abrimos a nuevos horizontes. Esa es la vocación de la España de hoy: un país que mira al mundo consciente de que los límites existen solo para ser superados, de que los conflictos no están para ser administrados indefinidamente, sino para ser resueltos. Creo que esa es la mejor reivindicación que podemos hacer a la buena política, la que hoy estamos reivindicando y materializando. Y ese es también el sentido de este acuerdo: atreverse a transformar un espacio de separación en un espacio de prosperidad compartida. Y a iniciar un camino para cerrar una herida de nada más y nada menos tres siglos que sufrió más que nadie la gente de esta comarca. Hoy el Campo de Gibraltar se reconcilia con su auténtico destino, que es ser puente, no barrera, ser horizonte, no frontera, ser dueño y nunca más víctima de la historia. En fin, hoy el fin de la verja es el principio de una nueva etapa cargada de oportunidades e ilusión para esta región.
Y ahora me van a permitir que meta la cuña sobre la ilusión que ayer despertó la selección española de fútbol. Porque no solo en esta región, sino en todo el país, la ilusión de ser nuevamente campeones del mundo este domingo está al alcance de la mano. Así que gracias a nuestra selección también por hacernos vibrar, también por hacernos soñar y esperemos, ojalá, que la segunda estrella esté al caer. No me cabe duda de que lo vamos a lograr este domingo. Así que enhorabuena a todos y a todas. Y adelante.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)