Teatro Real (Madrid)
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Muchas gracias vicepresidente primero, ministros, consejera delegada de ICEX, querido Gregorio, presidente del Teatro Real, autoridades, señoras y señores.
Bienvenidos a Madrid, bienvenidos a España.
Muchas gracias, muchísimas gracias al ICEX por organizar este evento tan importante para los inversores internacionales en nuestro país y, si me lo permiten, me gustaría comenzar con unas breves palabras en español.
Porque siempre que me reúno con inversores extranjeros, me hago siempre la misma pregunta. No me cuestiono por qué invierten en España, lo que me pregunto es por qué no invierten aquí quienes no lo hacen todavía.
De las cinco grandes economías europeas, ninguna otra es capaz de combinar nuestra receta con tanto éxito y como bien ha dicho antes el vicepresidente primero: de crecimiento récord, de dinamismo laboral, de agenda verde, que es muy importante, de infraestructuras de primera, de servicios públicos de primera, y una apuesta irrenunciable por la apertura y por el talento.
No hay que ir a buscar a ningún otro lado. Esa economía se llama España, y por eso agradezco mucho la presencia de inversores que están o que quieren estar en nuestro país.
Algunos aseguran, en fin, que vamos mal. Es verdad que nos quedan muchos retos por delante, sin duda alguna uno de los principales es el seguir reduciendo la tasa de paro y principalmente el acceso a la vivienda.
Pero creo que la situación en España, la verdad de la situación en España es que creamos más de la mitad del empleo de la Unión Europea con tan solo una décima parte de su población, y yo creo que eso es también muy importante ponerlo en perspectiva.
Fuimos la economía que más ha crecido de las cinco grandes de Europa. Esa es la realidad económica de nuestro país y, por tanto, lo demás, en fin, puede formar parte del debate público, político, pero desde luego no se compadece con la realidad.
Nos encontramos en el salón de baile, una de las salas más distinguidas de nuestro Teatro Real. Antiguamente se celebraban aquí bailes de máscaras, donde se podía ocultar la verdadera identidad.
Hoy en día, vivimos una época de confusión que podría parecerse a uno de esos bailes de máscaras, pero ya no estamos en el siglo XIX. Las máscaras han caído y el emperador está desnudo.
Porque durante mucho tiempo, muchos creyeron que la economía podía mantenerse al margen de la política, que los mercados eran inmunes a las interferencias, que el progreso era lineal, que el comercio internacional era imparable y que las grandes guerras eran cosa del pasado.
Hay quien sigue afirmando eso hoy en día, pero yo creo -y estoy seguro de que ustedes estarán de acuerdo conmigo- que se equivocan. La realidad es que vivimos en un mundo turbulento e incierto. La geopolítica se ha convertido en un factor desestabilizador, no solo para la economía, sino también para la paz y la prosperidad de la gente.
El bloqueo del estrecho de Ormuz es el ejemplo más reciente y, por desgracia, no será el último. Ese es el mundo al que nos enfrentamos. Los precios de las materias primas se han disparado. Los principales índices globales de renta variable se han convertido en una montaña rusa.
E incluso los activos tradicionales considerados refugio ya no se comportan como antes: el oro ha bajado casi un 10% desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, y el dólar sigue depreciándose desde el verano pasado.
En este contexto, los inversores se plantean una pregunta: ¿quién puede ofrecerme estabilidad y rentabilidad a largo plazo para mi dinero?
La respuesta no es sencilla, pero si hoy están aquí, es por algo. Es porque parte de esa respuesta se llama España. En medio del actual caos mundial, España es un auténtico refugio seguro.
Imaginen, por un momento, que España fuera una empresa que cotiza en bolsa. Si hubieran invertido en ella un dólar allá por 1960 -solo un dólar-, hoy tendrían 160 a cambio.
Ninguna otra economía, salvo Irlanda, ha logrado unos resultados semejantes. Ninguna otra, y ninguna otra lo ha hecho con los sólidos fundamentales de España. Y creo que hay una razón muy sencilla para ello: veníamos rezagados, así que tuvimos que acelerar el paso, pero, sobre todo, sabemos hacia dónde nos dirigimos.
No se equivoquen: en estos tiempos turbulentos, España es su mejor compañera de viaje, y lo creo firmemente porque hay tres razones que me gustaría compartir con ustedes.
La primera es que seguimos generando riqueza y empleo en un contexto muy volátil e incierto.
Mientras que los tradicionales refugios seguros de Europa para la inversión extranjera luchan por mantenerse en la carrera, España se está situando a la cabeza, con un crecimiento más sólido, más empleo, una renta per cápita más elevada y avances sociales para nuestra población.
Según el Fondo Monetario Internacional, nuestra economía se situará durante cinco años consecutivos a la cabeza del crecimiento en Europa. Con una cifra récord de 22 millones de personas con empleo, entre las que se cuenta un número sin precedentes de mujeres, trabajadores extranjeros y personas mayores de 55 años, y con más derechos laborales, mejores salarios, menores emisiones y más fondos para la educación y la formación que nunca.
En segundo lugar, estamos mejor preparados que cualquier otra gran economía europea para hacer frente a la peor crisis energética de la historia.
No se trata solo de una declaración del presidente del Gobierno de España, sino de algo que todas las organizaciones internacionales han reconocido.
Esto es posible gracias a nuestras siete plantas de regasificación y a nuestras ocho refinerías, competitivas y flexibles, que convierten a España en el tercer país de Europa por capacidad de refinado. Una capacidad que nos permite diversificar nuestro suministro de gas y petróleo.
Pero es algo que depende, sobre todo, de nuestra decidida apuesta por la transición ecológica, ya que hemos pasado de ser una colonia de los combustibles fósiles a convertirnos en una metrópolis de las energías renovables: eólica, solar e hidráulica. Nuestro país cuenta con este potencial de forma natural y lo estamos aprovechando al máximo.
Como resultado, contamos con uno de los niveles más altos de resiliencia energética y seguridad de suministro de Europa. Durante décadas, los precios de la energía han supuesto un lastre para la competitividad de nuestras empresas y de aquellas que se instalan aquí. Hoy en día, constituyen una ventaja que atrae la inversión en la industria y en los centros de datos.
Permítanme darles solo una cifra: los futuros de la electricidad para 2027 son un 50% más baratos que en los Países Bajos, un 57% más baratos que en Alemania y un 73% más baratos que en Italia.
Además, estamos protegiendo a los hogares y a las empresas mediante la mayor rebaja fiscal en materia energética de nuestra historia, de 2.500 millones de euros, y mediante el mayor paquete de medidas del continente, de 5.000 millones de euros.
En tercer y último lugar, estamos logrando todo esto gracias a una política fiscal responsable.
Mientras que la deuda pública mundial se encamina hacia el 100% para finales de la década, nuestra deuda nacional está a punto de situarse por debajo de ese umbral por primera vez desde el inicio de la pandemia.
Por primera vez en 16 años, España tendrá una deuda inferior a la media mundial y registrará el primer superávit primario en una generación.
Así pues, esa es su trilogía: crecimiento equilibrado y dinamismo económico; resiliencia ante las crisis actuales; y unas finanzas públicas cada vez más saneadas. Una trilogía que convierte a España en una apuesta segura. Pero también en una economía en alza que los inversores internacionales reconocen cada vez más.
Según diversas empresas internacionales, somos el cuarto destino de inversión extranjera directa y el «país con mejor rendimiento» de nuestro continente. Mientras que las principales economías reciben cada vez menos proyectos, España registró un aumento del 15% el año pasado.
El volumen de Inversión Extranjera Directa (IED) productiva lleva ya una década completa creciendo. Como resultado, las empresas internacionales ya crean dos millones de puestos de trabajo en todo nuestro país.
En la España actual, la inversión extranjera directa es responsable de alrededor del 10% del empleo total, una cifra similar a la de toda la industria manufacturera y el doble que la de todo el sector de la construcción en España.
Y la inversión global se ha convertido en un motor clave de nuestra economía: contribuyó a casi la mitad del crecimiento en el último trimestre de 2025. Sin duda, una de las mayores transformaciones de nuestro modelo productivo.
¿Por qué es esto posible? En mi opinión, porque, más allá de nuestra privilegiada posición geográfica y de nuestra postura geopolítica coherente y equilibrada, mi país, España, ofrece seguridad jurídica, un entorno competitivo y un marco institucional estable. Un marco que seguimos mejorando.
Por ejemplo, acabamos de poner en marcha un nuevo Comité de Inversiones Estratégicas, que identificará los mejores y más grandes proyectos de inversión en nuestro territorio, con el fin de facilitar y acelerar su ejecución.
Además, hace un par de meses lanzamos nuestro propio fondo soberano: «España Crece», cuyo objetivo es movilizar hasta 120.000 millones de euros procedentes de fuentes públicas y privadas para financiar la transformación sin precedentes de la economía española.
Un fondo que se centra en áreas prioritarias clave:
La primera es, por supuesto, la transición ecológica.
Somos el segundo mayor receptor mundial de proyectos de nueva creación en energía limpia y movilidad eléctrica. Estamos reforzando la red eléctrica para permitir nuevos desarrollos industriales, con un aumento previsto del 62% de las inversiones respecto al plan de red anterior. Un aumento del 62%. Acogemos uno de cada cuatro proyectos de hidrógeno verde de la UE.
Y hemos presentado siete grandes proyectos estratégicos en la primera convocatoria europea sobre materias primas fundamentales.
Así que, si tienen intención de extraer combustibles fósiles, llamen a otra puerta. Una negra. En España, la puerta es verde. Y llamar a ella vale la pena.
Nuestro compromiso con la transición verde y con la descarbonización al 100 % de nuestra economía es firme y total. Hoy hemos concedido más de 500 millones de euros a 18 proyectos en la segunda convocatoria de Proyectos Estratégicos para la Descarbonización Industrial, en una resolución provisional cuya convocatoria se anunció en el Congreso Nacional de la Industria el pasado mes de febrero, hace solo un par de meses.
En segundo lugar, junto con la transición ecológica, la transformación digital.
España reúne todas las condiciones para convertirse en el centro digital de la UE: energía asequible, talento cualificado, infraestructura de conectividad y apoyo institucional.
De hecho, ya estamos aprovechando estas ventajas.
El uso de la IA se acerca al 42%, catorce puntos más que en Italia y trece puntos más que en Alemania. Acogeremos el mayor evento de tecnologías cuánticas de Europa en 2026. Y somos un referente mundial en biociencias a través de Neurotech, el centro de tecnologías neuronales.
La soberanía digital europea no es un eslogan. Creo firmemente que es una necesidad estratégica. Y el camino hacia ella pasa por nuestro país.
Tercero: la vivienda.
España, al igual que toda Europa, no puede crecer si los trabajadores no pueden permitirse vivir allí donde se produce el crecimiento.
El déficit de vivienda no es solo una carga para nuestros jóvenes. Es un freno económico. Un freno a la movilidad, al talento y a la productividad. Y tenemos la intención de eliminarlo.
España Crece, el fondo que mencioné anteriormente, movilizará hasta 23 000 millones de euros para ampliar la oferta de viviendas de alquiler y construir 15 000 nuevas viviendas cada año. La semana pasada aprobamos nuestro Plan Nacional de Vivienda 2026-2030: 7 000 millones de euros destinados a la construcción, la rehabilitación y la conservación.
Por último, ofrecemos grandes oportunidades en el sector farmacéutico.
A finales de esta década, España será el sexto mercado farmacéutico más grande del mundo. Invertimos un 56% más del PIB nacional que la media europea en nuevos medicamentos innovadores, y hemos desarrollado la primera vacuna contra la COVID-19 del continente.
En resumen: algunos países son estables, pero ofrecen pocas oportunidades. Otros están llenos de oportunidades, pero carecen de estabilidad.
España combina ambas cosas: es estable como pocos lugares lo son, y está llena de oportunidades.
Además, no queremos que este modelo se quede en nuestras fronteras: queremos extenderlo al resto de la Unión Europea. Porque la unión hace la fuerza. Queremos que la Europa del mañana sea un reflejo de la España de hoy, para que España también pueda ser mejor mañana. Queremos una Europa de oportunidades de inversión para todos vosotros.
Concluyo.
Algunas naciones utilizan muchas máscaras para ocultar su verdadera identidad. En cambio, España se muestra al mundo tal y como es.
Si te pones enfermo, el sistema sanitario público te atenderá. No importa de dónde vengas ni cuánto dinero tengas.
Si te pasa algo, aquí la gente te ayudará, aunque no te haya visto nunca antes.
Si quieres invertir, encontrarás estabilidad. Y si quieres quedarte, disfrutarás de los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro ciudadano.
Porque aquí no se excluye a nadie. Aquí se acoge el talento. Aquí prosperan los verdaderos valores de la humanidad y la sociedad.
Ese es el éxito de mi país, de España: una nación trabajadora, acogedora y creativa. El mejor lugar del mundo para vivir. El mejor lugar para invertir.
Sin máscaras. Sin filtros. Solo con oportunidades.
Muchas gracias.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en inglés y en español)