Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (Madrid)
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Buenos días.
Ministro, querido José Manuel, secretarios de Estado, secretarias de Estado, embajadoras, embajadores, personal del ministerio, buenos días. Lo primero de todo, feliz 2026.
Confío en que hayáis descansado y que hayáis recargado pilas, porque este año yo creo que se nos va a exigir a todos lo mejor de nosotros mismos. De hecho, ya lo está haciendo.
También, por supuesto, quisiera saludar a la delegación de mujeres afganas que nos acompañan en este acto, sobre todo para darles visibilidad y recordar que el mundo todavía tiene una deuda pendiente con las mujeres de Afganistán en esa política feminista que también lidera el gobierno de España desde hace ya unos años.
Queremos, como he dicho antes, que el año 2026, como ha dicho el ministro, sea el año de la paz. Ojalá sea el año de la paz también en Ucrania. Parece difícil, pero creo que desde España vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para poder contribuir a que se logre esa paz.
Es verdad que hemos comenzado el año con una intervención en Venezuela que viola claramente el derecho internacional, que abre un horizonte de incertidumbre en el conjunto de América Latina y el Caribe, que es una región como saben muy importante para España. Antes de ayer tuve ocasión de estar en París discutiendo en el marco de la Coalición de Voluntarios sobre la paz en Ucrania, que está amenazada por la falta de voluntad del actual presidente de Rusia, Vladimir Putin. El sufrimiento del pueblo palestino continúa, igual que las crisis en Sudán, Yemen, Myanmar y en otros muchos lugares del planeta.
Pero lo peor no está en lo inmediato, que sin duda alguna es muy grave, creo que lo más relevante son los cambios estructurales que se están produciendo desde hace ya unos años, y que se han acelerado durante estos últimos meses en el orden mundial. Son cambios estructurales, cambios profundos que afectan a valores, a principios que son muy esenciales, que amenazan la paz, la seguridad global, y que afectan de manera directa a países medianos como es el caso de España. Cambios que nos recuerdan a otras épocas, que pensábamos pasadas, superadas, y que nos obligan a observar el mundo desde una perspectiva con algún matiz diferente. Desde una óptica, por tanto, nueva.
Porque es evidente que vivimos en un mundo nuevo. Un mundo más multipolar si cabe, más hostil, más desordenado, un mundo en el que las normas, las reglas que han sostenido la convivencia global durante décadas ya casi no cuentan, o al menos da la sensación de que casi ya no cuentan después de lo que estamos viendo durante estas últimas horas y estos últimos días. Certezas que parecían inmutables han dejado de serlo. Amenazas que creíamos relegadas al baúl de la historia han vuelto a resurgir.
Asistimos al avance de una política de bloques, de esferas de influencia que fragmenta la cooperación internacional en el momento en que necesitamos ahondar fuerzas para hacer frente a los desafíos globales y por tanto convierte la interdependencia en una suerte de competencia reduciendo el multilateralismo, la política internacional a una mera cuestión transaccional vinculada con lo comercial o con el negocio. Se debilita en consecuencia el multilateralismo, en estas últimas horas hemos vuelto a ver un golpe al multilateralismo, poniendo a prueba nuestra capacidad de respuesta colectiva. La disuasión recupera terreno frente a la diplomacia. El paradigma de la suma cero constituye, o mejor dicho, sustituye al del progreso colectivo.
Realidades científicas como el cambio climático pierden centralidad en la toma de decisiones y por tanto en la preocupación de los responsables políticos, al tiempo que la desinformación erosiona la confianza pública en las instituciones como también, sin duda alguna, sabrán ustedes cuando hablamos de la Agenda 2030 que se cuestiona frontalmente, sin ningún tipo de pudor convirtiéndola en una cuestión absolutamente ideologizada y politizada cuando estamos hablando de derechos humanos. Se persigue a jueces internacionales que condenan genocidios, que investigan crímenes contra la humanidad, y eso, evidentemente, abre la puerta a la impunidad que es uno de los principales retrocesos que estamos viviendo de manera más aguda durante estos últimos años.
En definitiva, la fuerza se antepone a la colaboración, el poder duro sustituye al poder blando y, por tanto, de lo que se trata es de vencer y no de convencer. Esas son las recetas del pasado a las que algunos hoy se aferran. Y yo creo que lo hacen de manera equivocada. Porque retroceder al siglo XIX no nos hará avanzar en el siglo XXI.
Por eso, embajadoras, embajadores, ante esta nueva realidad yo creo que sólo cabe una triple actitud que yo resumiría en el coraje, en la anticipación y en la creatividad, o en la innovación si me permiten a la hora de realizar nuestra acción exterior.
Coraje para mantenernos firmes en nuestros principios, en nuestros valores, en la confianza, en el compromiso, también, por qué no decirlo, en el optimismo.
Anticipación para ir por delante de la historia, y no a remolque.
Y también creatividad, o mejor dicho, audacia para ser dueños de nuestro propio destino, para construir el futuro en el que creemos, y no por tanto que nos impongan ese futuro, sino que seamos actores y actrices principales de ese futuro que nos afecta y que afecta principalmente a nuestros hijos y a nuestras hijas.
La respuesta de España, por tanto, debe ser inequívoca, debe ser tajante. Debemos redoblar nuestro compromiso en el multilateralismo, debemos defender el orden internacional basado en reglas, debemos reafirmar los valores y los principios recogidos en la Carta de Naciones Unidas.
Porque en un mundo dividido y cada vez más multipolar, en muchos aspectos, no solamente el económico o el comercial, España lo que debe hacer es apostar, en su propio interés, en el interés de Europa y en el interés del mundo, por un internacionalismo sensato. Por una acción exterior que, sin renunciar a lo que somos, aspire a construir nuevas alianzas, a estrechar sus vínculos con otras regiones y con otros países. En definitiva, a ser un actor constructivo, componedor de nuevos acuerdos en el escenario internacional. Es evidente que nosotros somos europeos, somos transatlánticos, lo he dicho en muchas ocasiones. España y está administración es una administración proatlantista, pero el atlantismo no significa vasallaje, significa el tener una cooperación leal, de igual a igual, donde se defina por objetivos comunes tanto por parte de Norteamérica, como por parte de Europa.
En un mundo en el que los valores se tambalean, pues España aboga por estar en el centro de un rearme que acertadamente el ministro de Asuntos Exteriores hace escasos días en una entrevista hablaba de rearme moral. Tenemos que plantear ese rearme moral, y debemos hacerlo por principio. Por interés, pero también por dignidad. Y porque, en el fondo si lo pensamos, no hay mejor manera de defender nuestro interés nacional que construir un mundo mejor basado en reglas. Siendo un ejemplo, por tanto, de ciudadanía global, un referente para la comunidad internacional en muchos ámbitos que hoy por desgracia se ven oscurecidos, cuando no rechazados por importantes potencias.
Por eso creo que es relevante que se escuche la voz clara de España a la hora de denunciar la amenaza a la integridad territorial de un Estado europeo, de un Estado que es aliado de la Alianza Atlántica, de la OTAN, como es el caso de Dinamarca.
Porque no se puede aceptar, sencillamente, y no podemos aceptarlo ni como país ni tampoco como gobierno. Y, por tanto, no debemos callarnos ante amenazas tan explicitas o implícitas, aunque yo creo que es más lo primero que lo segundo, al derecho internacional. Porque las palabras importan. Tienen consecuencias. Quiebran la confianza. Allanan el camino hacia lo impensable.
Y, por tanto, creo que es importante que hablemos claro, que no nos callemos. Como tampoco nos hemos callado en muchos ámbitos cuando esas violaciones al derecho internacional se han producido. Antes hacía mención a Venezuela, por eso hemos condenado con contundencia la reciente intervención militar en ese país con el que tantos lazos nos unen. No caben tibiezas, ni medias tintas, al igual que no nos cupieron esas tibiezas, ni esas medias tintas cuando tuvimos que rechazar la supuesta legitimidad de la victoria, que por supuesto no fue tal, de Maduro en las últimas elecciones presidenciales en Venezuela.
La violación del derecho internacional siempre es una derrota, y es una derrota fundamentalmente para las democracias, incluso allí donde no hay esa democracia. Y es un peligroso precedente para la paz y para la seguridad global. Y, por tanto, la respuesta a la ilegitimidad no puede ser cometer una ilegalidad.
España seguirá haciendo todo lo necesario en defensa del pueblo venezolano, de su soberanía y de su derecho a elegir un futuro democrático, sin injerencias externas. El futuro de Venezuela quien tiene que decidirlo son los venezolanos y las venezolanas, y eso es lo que defenderá España cuando efectivamente esta transición se ponga en marcha.
Que nadie lo dude, vamos a ayudar, vamos a ayudar positivamente a la transición a la democracia en Venezuela. Lo vamos a hacer de forma activa. Lo haremos también desde el valor que nos otorga la experiencia histórica de nuestro país, para que el futuro de Venezuela sea el que decidan los venezolanos, no un país extranjero, no intereses ajenos a los de los venezolanos y las venezolanas.
Lo haremos además con la misma convicción y también diría con la misma determinación con la que hemos estado estos cuatro años al lado de un país hermano como es Ucrania.
España, como saben, ha sido el cuarto país receptor de refugiados y refugiadas ucranianas. También el cuarto en formación de tropas ucranianas. Y en 2025 volvimos a destinar 1.000 millones de euros en apoyo fundamentalmente militar, pero también en ayuda financiera y, por supuesto, también en ayuda humanitaria.
Como manifesté este pasado martes en la capital francesa de París, en este momento tan crítico, pero también diría decisivo para alcanzar la paz, vamos a seguir apoyando a Ucrania todo el tiempo que sea necesario. Y creo que es relevante subrayar que en esta nueva definición que se está haciendo de la arquitectura de la seguridad europea, por fin, España por primera vez en su historia está participando de manera activa, no solamente en su diseño, sino también en su implementación. Eso es lo que propondré al Congreso, como también propondré al Congreso cuando esa oportunidad se produzca, el que podamos desplegar tropas de paz en Palestina. Cuando podamos de una vez por todas ver como se avanza en esa tarea de pacificación y, por qué no, en un futuro de medio plazo, ojalá más inmediato, del reconocimiento de dos Estados entre Israel y Palestina. Porque la pregunta es clara. Si España ha mandado tropas de paz a otras muchas latitudes geográficas lejanas de nuestro país ¿Cómo no vamos a mandar tropas de paz a Ucrania, a un país europeo? Tenemos que participar activamente en el diseño y en la implementación de es arquitectura de seguridad europea, y tenemos que participar como gran país europeo que somos también de la seguridad colectiva europea.
En el plano material y en el plano político vamos a estar, por tanto, desde el principio con los ucranianos, garantizando que sus necesidades, que su seguridad sean plenamente satisfechas. Apoyando su acceso a la Unión Europea. Participando, como he dicho antes, con tropas de paz cuando llegue el momento, para contribuir a la seguridad, a la paz y también a la estabilidad, no solamente europea, sino también internacional. Como saben, tenemos ya desplegados más de 3.000 militares en operaciones en el exterior, en más de una decena de países. También queremos estar, como he dicho antes, en Ucrania.
Y tampoco olvidamos, lógicamente, a Palestina y a la franja de Gaza. España debe participar activamente en la reconstrucción de esa esperanza en Palestina, pero la paz, evidentemente, no puede ser un paréntesis en una tierra martirizada por la guerra. Allí, la situación sigue siendo intolerable. Es verdad que hoy no forma parte del debate publicado, al menos no aparece en los medios de comunicación como lo hacía hace escasos meses. La paz exige aplicar, por tanto, de una vez por todas, esa solución de los dos Estados, el acceso a la ayuda humanitaria y, por tanto, el cumplimiento también de los Acuerdos de Sharm El Sheikh cuando hablamos de la violación del alto el fuego por parte en este caso del gobierno de Israel. Sin duda, un Estado de Palestina independiente, viable y seguro será la solución para la estabilización y para el desarrollo y el progreso de una importante región también desde el punto de vista geopolítico y geoestratégico para nuestro continente y para nuestro país.
En definitiva, embajadores y embajadoras, estamos en un contexto muy difícil. Nosotros desde luego, vamos a trabajar para que el año 2026 sea un año de la paz, pero la esperanza no consiste en esperar, consiste, por tanto, en construir cada día el camino hacia esa paz. Y, por tanto, yo quiero decirles y quiero también pedirles que nos dejemos la piel en ello. Que trabajemos, que sudemos la camiseta para que desde España se vea a nuestro país, pues como a ese país constructivo que apuesta siempre por la paz y por el orden internacional basado en reglas.
Y en este camino, en esta respuesta quiero que tengan muy presentes cuatro grandes principios que deben guiar el ejercicio de nuestra actividad a lo largo de este año 2026, porque le hablan directamente a ese momento histórico tan extraordinario en el que vivimos y en el que yo creo que somos muy conscientes del momento en el que vivimos.
El primero yo creo que es el de la coherencia. Y la coherencia significa que no hay dobles estándares, que no puede haber dobles varas de medir. Coherencia en Venezuela, coherencia en Gaza, coherencia en Ucrania y en cualquier otro escenario. Siempre idéntica respuesta cuando se vulnera el derecho internacional. La coherencia, por tanto, es nuestra brújula y la fuente de credibilidad de nuestro país.
El segundo principio es el compromiso. Si otros dan pasos atrás o son, digamos, templados a la hora de dar una respuesta firme a algunas de las grandes cuestiones que se están debatiendo en el mundo y creo que nosotros tenemos que responder con más determinación si cabe, con más pasos al frente. Uno, dos, tres, los que hagan falta en defensa de la apertura, del diálogo y de la paz.
Quizás no podamos llenar los grandes huecos que evidentemente dejan otras grandes superpotencias, pero yo sí que creo que podemos atenuar los golpes, humildemente, desde nuestra posición de potencia media. Frenar las vías de agua, ser la barrera de contención hasta que vengan tiempos mejores. Por tanto, compromiso.
Y el tercero de esos principios, de esos objetivos, es la cooperación. La cooperación, forjando nuevas coaliciones en los temas que lo requieran, con nuevos socios. Ampliando también el temario de la política exterior y, sobre todo, de su debate con nuevos socios. Apuntalando, por supuesto, la unidad de la Unión Europea en la que siempre hemos estado trabajando activamente desde el gobierno y me consta también todos los embajadores desplegados en las instituciones comunitarias y también en los Estados miembros. Una unidad a la que no podemos renunciar por principio, por valores, por interés. Debemos, lógicamente si hacemos esto en Europa, debemos fortalecer el multilateralismo y nuestra acción en definitiva es más fuerte cuando trabajamos de la mano de otros. España, por tanto, lo que tiene que hacer es sumar y sumar más cuando lidera en Europa y a nivel global.
Y el cuarto de los aspectos es la creatividad. Puede resultar algo extraño este término, el de la creatividad en términos diplomáticos, pero creo que en un momento como el actual, en el que se está redefiniendo el orden internacional, toca ser creativos. La ventana de oportunidad yo creo que se abre para todos, para todas las naciones, también para España. No solo para los que atacan instituciones, para los que exhiben la ley del más fuerte, los que vulneran ese derecho internacional, ese orden internacional basado en reglas. Pero también hay una ventana de oportunidad para aquellos como nosotros, como España, que lo que piden son cambios, reformas que hasta hace poco parecían absolutamente imposibles y que hoy no lo son.
De hecho, creo que uno de los de las razones, de los argumentos, de los por qué muchas de estas grandes potencias ahora mismo están rompiendo el derecho internacional y cuentan con una cierta simpatía por parte de su población es porque nuestro sistema multilateral exige de reformas que no se han hecho, y que efectivamente han impedido que gane en eficacia y gane también en inclusividad. Por eso, en lugar de anhelar con nostalgia el mundo de ayer, lo que tenemos que hacer es avanzar, construir soluciones innovadoras para el hoy y para el mañana. Y yo creo que ahí es donde radica nuestra esperanza y, por tanto, es lo que os pido, lo que les pido, creatividad.
Estos principios, estas cuatro ces, deben traducirse en una hoja de ruta con tres prioridades claras, que me gustaría también compartir con todos ustedes.
Lo primero es Europa, necesitamos más Europa y vamos a tener debates importantes en este año. Necesitamos por tanto más y mejor multilateralismo y por supuesto necesitamos reforzar nuestro sistema de valores, nuestro sistema democrático y permítanme por tanto que me detenga en cada una de ellas.
Primero, evidentemente Europa. Más Europa. Hace 40 años España entró en las comunidades europeas. Hoy España, la España que conocemos, de la que tan orgullosos nos sentimos, no puede entenderse sin Europa, de la misma manera que, evidentemente Europa no se puede entender sin la aportación, sin el papel central que tiene nuestro país. Somos un socio, por tanto, clave en la toma de decisiones. Lideramos la respuesta en algunos aspectos muy importantes que han caracterizado y protagonizado la política internacional y nacional durante estos últimos años.
Sin duda alguna, el programa de vacunas, el mecanismo SURE de protección al empleo, por supuesto también la deuda mancomunada que permitió financiar los fondos Next Generation y que nos está permitiendo una transformación sin precedentes de nuestro sistema productivo. Ahí están los datos económicos. Y también impulsamos reformas y respuestas valientes en la crisis inflacionaria, con la solución ibérica, con la reforma del mercado eléctrico. En definitiva, creo que en aquellos aspectos que han afectado al día a día de nuestros conciudadanos, España ha tenido una actitud siempre constructiva y propositiva a la hora desde Europa de dar respuesta a ello.
Por ejemplo, ahora, por primera vez en la historia del Colegio de Comisarios y Comisarias, contamos con un comisario que se dedica, por ejemplo, a todos aquellos aspectos vinculados con las políticas de vivienda.
España, por tanto, va a ser esa voz de la razón, de la solidaridad, también diría de la dignidad humana. Queremos, toca estar a la vanguardia de muchos de estos temas con más intensidad, con más determinación, en un momento en el que Europa evidentemente está siendo amenazada con una mayor presencia de fuerzas políticas de gobiernos, y esto es lo paradójico de Europa, en el que en un momento en el que necesitamos una mayor federalización de Europa, por lo que se está abogando por parte de estos gobiernos es sin duda alguna por un regreso a una supuesta soberanía nacional que no es tal como consecuencia de que efectivamente o nos unimos o muchos de estos desafíos globales no vamos a poder hacerles frente de manera equitativa y eficaz.
Hay que reforzar nuestra autonomía estratégica abierta. Saben que fue uno de los objetivos de la presidencia española de la Unión Europea, de la Cumbre de Granada. Ello implica muchas cosas. Desarrollar el mercado único, pero también tejer alianzas comerciales y políticas. Creo que estamos, cruzo los dedos, a las puertas de la firma del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, por el cual también ha trabajado mucho España. Queremos también que haya acuerdos comerciales con India, con Indonesia, con México. El acuerdo digital con Corea del Sur, las recientes cumbres de la Unión Africana y también con la CELAC, han demostrado, en definitiva, que ganar peso geopolítico en este escenario internacional también significa tener una Europa abierta al mundo y por tanto hay que seguir empujando en esa dirección.
También cuando hablamos de Asia, este 2026 yo creo que nos ofrece grandes oportunidades. Por ejemplo, en el ámbito de España, porque celebramos el año dual con India en el marco del 70 aniversario del establecimiento de nuestras relaciones diplomáticas entre ambos países. Yo creo que esta es una gran oportunidad para reforzar nuestros lazos estratégicos, económicos, culturales, tecnológicos, en definitiva, aliarnos de manera mucho más estrecha con este gran gigante y este poder global.
Con el mismo espíritu de colaboración debemos abordar nuestra relación con China, que es un actor clave para afrontar los grandes retos globales a los que se enfrenta la humanidad y por tanto también España. Debemos trabajar y esta es mi convicción desde España y desde Europa en una relación basada en el diálogo, en la reciprocidad y, por supuesto, también en el respeto.
Y, además, a mi juicio, es urgente que en un momento en el que España se va a comprometer aún más de lo que estamos en el frente oriental de la Unión Europea, es urgente que la Unión Europea refuerce, actualice y muestre también al mundo que podemos tener una vecindad pacífica, segura, estable, de una prosperidad compartida con vecinos tan importantes para nuestro país como son Marruecos, como es Senegal y como es también Mauritania. Por eso proponemos que la Comisión Europea desarrolle en los próximos meses partenariados estratégicos reforzados con estos tres países. Esta también será una de las prioridades para este año 2026 de la política exterior europea y de la política exterior de vecindad que tenemos en nuestro sur. Al igual que apoyamos a Ucrania, también creo que podemos demostrar que esa relación de vecindad puede estar constituida en bases de entendimiento, de diálogo, de respeto y de prosperidad compartida con nuestros vecinos del sur. Creo que esto cobra aún más relevancia que nunca en este contexto geopolítico tan complejo como el que estamos viviendo.
En este sentid embajadores y embajadoras, quiero también hacer especial hincapié en la necesidad de reforzar la relación entre la Unión Europea y de América Latina y el Caribe. Yo creo que si logramos el acuerdo con el Mercosur estaremos dando un paso de gigante. Muchos de los que estamos aquí presentes, me atrevería a decir casi todos, por no decir todos, llevábamos pantalones cortos cuando se empezó a hablar de ese acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. Bueno, pues si lo logramos veintitantos años después, creo que habremos dado un paso de gigante, no solamente para Europa, sino también para España.
España siempre, aunque suene a tópico, pero es así, ha sido el puente entre ambos continentes y Latinoamérica no puede seguir siendo la gran olvidada de Europa. Europa necesita aliados, necesita amigos y creo que, si hay un continente con el que compartimos muchas cosas, no solamente desde el punto de vista español sino europeo, es precisamente el continente iberoamericano.
El papel de Europa en el mundo empieza también por profundizar el propio proyecto europeo y ahí hay muchos aspectos que tenemos que apostar y que defender desde España, en un momento en el que efectivamente se están produciendo muchos retrocesos que generan también incertidumbre a la hora de invertir y, por supuesto, también de hacer las transformaciones que nos permitan ganar en competitividad, que es lo mismo que decir que tenemos que ganar en sostenibilidad.
Eso significa reforzar nuestra unión, eso significa no dar pasos atrás en la descarbonización de nuestra economía, eso significa hacer nuestra Europa mucho más social, mucho más segura, mucho más soberana, particularmente cuando estamos hablando del ámbito tecnológico. Debemos como he dicho antes, eliminar muchas de estas trabas burocráticas. Yo lo he dicho en muchas ocasiones en el Consejo Europeo, a mí no me gusta la palabra desregular, porque desregular nos retrotrae a momentos como los previos a la crisis financiera que nos llevó a una crisis financiera que nos ha costado más de una década el restañar muchas de las heridas provocadas por esa crisis financiera. Mejor que desregular es simplificar, mejor que desregular, es armonizar. Yo prefiero hablar de simplificar y de armonizar, porque precisamente lo que necesitamos es profundizar nuestro mercado interior. Esa es la propuesta. Ese es el planteamiento que hacemos desde el Gobierno de España cuando hablamos de todo lo que tiene que ver con la transformación y la competitividad de nuestra economía.
Tenemos que hacer realidad, por tanto, ese mercado único. Nuestras empresas solo van a contar a nivel global no si son españolas, si son francesas, si son alemanas, si son holandesas, sino si son verdaderamente europeas. Y ahí está el proyecto FCAS, que ojalá de una vez por todas cuaje, se materialice por parte de las tres grandes potencias que estamos involucradas en este gran proyecto de la industria de la defensa europea. No es por responsabilidad de España por lo que se está produciendo este parón. En definitiva, yo creo que esta es una tarea urgente. De las más de 50 mayores empresas tecnológicas del mundo, solo cuatro son de nuestro continente. Y esto tiene que cambiar, tiene que cambiar porque efectivamente estamos hablando de una soberanía fundamental que afecta al día a día de nuestros conciudadanos.
Para afrontar estos desafíos debemos contar con un marco financiero plurianual 2028 - 2034 ambicioso, en el que ya estamos trabajando desde el Consejo Europeo y lo saben ustedes. Nuestra posición es clara, hay muchos que hablan de porcentajes de gasto para otras políticas. Nosotros queremos que ese 2% sea precisamente la cantidad que represente el presupuesto europeo, porque desafíos como los que tenemos enfrente nuestra sociedad la española y la europea, solamente pueden ser respondidos con eficacia y con equidad desde un punto de vista de la ambición presupuestaria a nivel comunitario, para desarrollar eso que hemos llamado bienes públicos paneuropeos. La seguridad lo es, sin duda alguna ¿El clima lo es? Creo que sí ¿La soberanía tecnológica debe serlo? Creo que hay poco debate al respecto y podríamos incorporar otros muchos bienes públicos europeos que necesitan ser financiados con recursos mancomunados. Esa es la posición del Gobierno de España también a la hora de impulsar la innovación, las transformaciones verde y digital, y también seguir defendiendo, lógicamente, nuestro sector primario y la cohesión territorial.
Para reforzar el alma de nuestro proyecto que tanto detestan los adversarios, los enemigos de Europa que existen, la cohesión social creo que es lo que nos hace distintivos, mucho más especiales en este mundo. Queremos, por tanto, como decía el lema de nuestra presidencia del Consejo del año 2023 una Unión que sea mucho más próxima, mucho más cercana a los ciudadanos y ciudadanas. Por eso, el pilar social del que tan poco se habla, por desgracia, en este en estos últimos meses en Europa, en Bruselas, sea de nuevo central en la acción de la política europea. Y España, desde luego, va a estar en primera línea para su promoción, su consolidación y su defensa.
En lo que respecta a la Europa de los trabajadores, en lo que respecta a nuestros jóvenes, y también una Europa de los inquilinos cuando el problema de la vivienda evidentemente afecta de manera tan profunda y generalizada a nuestras poblaciones, siendo la principal fuente de desigualdad, particularmente cuando hablamos de nuestros jóvenes. Y, por cierto, cuando hablamos de competitividad, esta crisis de la vivienda es también una merma de la competitividad de nuestro de nuestras economías.
Una Europa más cercana a la realidad de la gente, que hable también, por qué no, en sus lenguas maternas. Y por eso vamos a seguir defendiendo nuestras lenguas en las instituciones europeas, las lenguas que están reconocidas en nuestra Constitución. Porque fortalecer la legitimidad democrática, reconocer también la riqueza de nuestras sociedades, la identidad de nuestra nación. Y pocos países recogen tanta riqueza cultural como el nuestro.
Una Europa que no deje a nadie atrás, tampoco a los que vienen de fuera a construir su futuro en nuestro continente, combatiendo, por supuesto, todo lo que tenga que ver con la migración irregular. Y creo que los datos invitan al optimismo en cuanto a las políticas que se están poniendo en marcha por parte del Gobierno de España. Pero nosotros somos un país que defiende firmemente un modelo migratorio legal, seguro, ordenado, pero también abierto y humano frente a los que abogan por cerrar nuestras fronteras y negar a los migrantes el mínimo de dignidad que merecen. España, desde luego, siempre va a estar en contra de externalizar las políticas migratorias y, por supuesto, de crear esos hotspots fuera del continente europeo, que, por cierto, son trampantojos que no sirven, que no resuelven de manera eficaz el reto de la migración irregular.
Lo que tenemos que hacer es cooperar con los países de tránsito, cooperar con los países de origen y eso es lo que está haciendo España. Y ahí están los datos. Nuestro modelo funciona. No hay lo que se llama un efecto llamada. Nuestro país ha recibido en 2025 un 42% de migrantes irregulares que en el año 2024. Y quiero recordar que la migración irregular representa tan solo el 6% del total, insisto, el 6% del total. El único efecto que hay es el de una migración sin la que no se puede entender el dinamismo de nuestra economía, la sostenibilidad presente y futura de nuestro modelo del bienestar.
Aquellos que ofrecen una España ensimismada, cerrada, es una España que no va a ser próspera, que va a ser pobre y que sin duda alguna no va a tener los suficientes recursos como para poder sostener su estado y principalmente el Estado del bienestar que define a Europa y a nuestro país. Esa migración aporta el 80% del crecimiento registrado en España en estos últimos seis años. El 10% de los ingresos de la Seguridad Social frente solo el 1% del gasto. El 10% de ingresos de la Seguridad Social frente al 1% de gasto.
Así que, por tanto, España va a defender un modelo migratorio que funciona, que funciona para España, que funciona para España y que también puede hacerlo para despertar de su letargo a una Europa envejecida. Porque si tenemos, efectivamente, un reto al que responder para nuestras generaciones futuras, es precisamente el reto demográfico, el invierno demográfico que está afrontando Europa, las sociedades occidentales y a las cuales, por supuesto tenemos que combinar políticas de natalidad que estamos y políticas de familias, que estamos impulsando desde el Gobierno de España. En muchas ocasiones, cuando se pregunta a los ciudadanos cuales son cuatro o cinco de las principales políticas que se han puesto en marcha por parte de este gobierno, siempre se menciona de manera espontánea los permisos de paternidad y maternidad y su extensión y su equiparación.
Pero también junto con ello, lo que necesitamos es un aporte de la migración, que desde luego tiene que ser una migración regular, legal, ordenada y segura. Y en ello está España. Por cierto, una migración que también está empezando a cubrir puestos de trabajo de alto valor añadido y yo creo que esto también es muy importante. Es una migración regular también de alto valor añadido y eso nada tiene que ver con la reducción o no de la tasa de desempleo, que, por cierto, durante estos últimos años, pese a que hemos aumentado esa migración regular en nuestro país, ha caído también esa tasa de desempleo en nuestro país.
Por lo tanto, hay oportunidades para todos y por tanto no es un juego de suma cero, sino el aporte de un crecimiento económico que está siendo hoy la envidia de otros muchos países europeos y también, lógicamente, de otros muchos países fuera de Europa. Ayer leía en el Financial Times precisamente que la financiación de la deuda española está con una prima de riesgo que es inferior a alguna de las grandes economías europeas. Esto también tiene mucho que ver con la confianza que tienen los mercados financieros y los inversores extranjeros en el presente y en el futuro del crecimiento económico de nuestro país.
Por último, no quisiera dejar de mencionar que una Europa más próspera y más social solo es posible si hacemos de nuestro continente un lugar más seguro.
Por tanto creo que la dependencia es evidente que nos hace más vulnerables en un mundo lleno de depredadores y por eso debemos reforzar la seguridad como un bien público europeo que lo es, pero no mediante un aumento arbitrario y descoordinado del gasto en defensa que implicaría además una estrategia absolutamente inflacionista en cuanto a la compra de armamento, una mayor dependencia de industrias de terceros países, sino que hasta incluso mermaría el multiplicador del crecimiento económico en nuestro país.
Lo que tenemos que hacer es desarrollar de forma integrada capacidades necesarias para fortalecer nuestra independencia, nuestra autonomía como Europa y lo debemos hacer invirtiendo mejor, apoyando a nuestra industria, pero no solamente a los grandes conglomerados, a las grandes empresas de la industria y la defensa en Europa y en España, sino también a las pequeñas industrias, en nuevas tecnologías, en material de doble uso, en ciberseguridad, donde precisamente España durante estos últimos años ha dado un salto de gigante duplicando su ecosistema de startups y, por tanto, otorgando una oportunidad a esas nuevas empresas a poder contribuir, por qué no, a la seguridad de nuestro país y de nuestro continente. Yo creo que es muy relevante este aspecto, como lo es también esa visión de 360 grados de nuestra seguridad a escala europea.
Ese camino es perfectamente compatible con el refuerzo del vínculo transatlántico, aunque suene paradójico en estos momentos tan convulsos, creo que la mejor manera de reforzar ese vínculo transatlántico es reforzar el pilar europeo de la seguridad, y eso significa más autonomía estratégica abierta por parte de Europa. Un mayor peso de nuestra autonomía en esa relación de igual a igual y no de vasallaje que se tiene que producir entre Norteamérica y Europa.
El compromiso de España con la OTAN es firme. Lo he dicho antes, pero creo que es importante ante ustedes volver a repetirlo. Nosotros contribuimos a la seguridad del flanco este con más de 2000 militares desplegados. Lo hacemos en países como Eslovaquia, en los países bálticos, en Rumanía, también lo hacemos con presencia en el Mediterráneo en oriental, en el Mar Báltico y también en los cielos de todo el flanco este.
En definitiva, sabemos que la mejor contribución que podemos hacer desde nuestro país con las capacidades que tenemos a la comunidad internacional en este tiempo tan convulso es siendo una voz y una fuerza de razón, de sentido común, de acción en el seno de la Unión Europea. Y eso es lo que vamos a ser y lo que vamos a hacer.
Nuestra segunda prioridad junto con Europa, lógicamente es apostar por el multilateralismo. Más y mejor multilateralismo. Y creo que es importante. No es un juego de palabras hablar de más multilateralismo, pero también de mejor multilateralismo, porque la ineficacia del sistema multilateral es lo que están utilizando aquellos que quieren imponer la ley de la selva, la ley del más fuerte para debilitar ese marco multilateral.
Las instituciones multilaterales evidentemente nacieron de una guerra. Recordamos que la cooperación, evidentemente, a partir de ella ha sido mucho menos costosa, más justa, más humana que el conflicto. Su mayor legado creo que es o ha sido evitar al menos la mayor parte de las guerras. No todas, y especialmente crear espacios para resolver desacuerdos sin violencia.
Pero es evidente que no podemos ser ajenos a su deterioro, a su incapacidad para dar respuesta a muchos de estos retos presentes. Al contrario, creo que reformar, mejorar el multilateralismo es un deber al que España debe contribuir no solamente con palabras, sino también con hechos.
Y creo que el año pasado tuvimos un buen ejemplo de ello cuando celebramos en la ciudad de Sevilla la Conferencia Internacional para el Desarrollo, donde demostramos la vitalidad del sistema multilateral. La capacidad también de España para contribuir a revigorizarlo, ese famoso compromiso de Sevilla está marcando ya el rumbo en materia de financiación internacional para el desarrollo en los próximos años, que, como saben ustedes, es prioritario para muchos de estos países que evidentemente están carentes de esa financiación.
Desde entonces, bueno, estamos implementando como saben el Plan Sevilla de apoyo al multilateralismo con el objetivo de atraer organismos a nuestro país, de reforzar nuestra presencia de españoles en organismos internacionales, también de impulsar y por qué no, de hacer más efectiva nuestra cooperación al desarrollo en un contexto en el que faltan recursos, en el que toca asumir nuevas responsabilidades.
En definitiva, creo que tenemos que tejer alianzas para mejorar el sistema de salud, por ejemplo, global. La eficacia y la eficiencia del sistema multilateral. Durante este año vamos a trabajar también en aportar propuestas, en hacer realidad algunos de estos planteamientos sobre todo en el ámbito de la salud global.
El multilateralismo hoy se construye también en la gobernanza de la revolución tecnológica y creo que en la última Asamblea General de Naciones Unidas se dio un paso importante que hoy a lo mejor ha pasado desapercibido. Incluso también cuando se celebró esta sesión a la que tuve yo el honor de asistir junto con el secretario general Guterres, pero junto a Costa Rica, mejor dicho, España, pues el año pasado facilitamos la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que establece ese diálogo global sobre gobernanza de la inteligencia artificial.
Frente a algunos países que incluso esta misma madrugada se han retirado del Panel Científico para el Cambio Climático, España lo que hace es defender no solamente este panel, sino también ampliar este panel a otro de los grandes desafíos que tenemos en el presente y en el futuro, y es la gobernanza desde un punto de vista humanista de la inteligencia artificial. Con un panel de expertos y, por tanto, el compromiso va mucho más allá y nos hemos ofrecido a acoger en el año 2026 la primera reunión de este panel de expertos.
Más multilateralismo, más acción climática también. Lo hemos dicho en muchas ocasiones, hemos participado activamente de la COP de Brasil. Allí la Unión Europea presentó, en gran medida gracias al impulso de España, un nuevo objetivo de reducción de emisiones que está alineado con la descarbonización de la economía en el año 2050.
También necesitamos eso que llamamos la justicia climática o la transición climática justa, que es en lo que ha estado España siempre desde el principio que tengo el honor de ser presidente del Gobierno. Recordemos cómo cerramos mucha de la de la minería en nuestro país de acuerdo con el territorio, con los actores locales y también, lógicamente, con los representantes sindicales y la patronal de esta industria minera en nuestro en nuestro país del carbón.
Por tanto, esa transición justa, esa justicia climática y durante este año pondremos especial celo en la defensa del Tratado de No Proliferación Nuclear. Colaboraremos con las principales organizaciones internacionales en esta materia, porque evidentemente no podemos volver a una nueva Guerra Fría por la amenaza nuclear.
El 2026 vamos a impulsar también nuestra candidatura al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el año 2031 y el año 2032. Una voz que creo que puede ser positiva, constructiva, en la defensa de Naciones Unidas y de su legado. Va a ser un año importante el año 2026. Lo saben aquellos más familiarizados con el sistema multilateral de Naciones Unidas porque se está iniciando ya ese proceso para la elección del nuevo responsable, del nuevo líder de Naciones Unidas y lo que queremos es que por primera vez en la historia sea una mujer y sea latinoamericana quien lidere esa Secretaría General de Naciones Unidas.
Y en tercer y último lugar, España apuesta por más democracia, por más democracia y también por más derecho internacional, porque al final van de la mano ambos conceptos, ambas categorías. El año pasado, como saben, vimos yo creo que un nuevo retroceso en la calidad democrática de nuestro planeta, a pesar de que en los últimos dos años más de la mitad de la población mundial estuvo llamada a las urnas, los ataques a la libertad de prensa, a la independencia judicial, al espacio cívico, continúan agravándose. Por tanto, creo que es fundamental seguir incidiendo en estas cuestiones de manera activa si no queremos perder las conquistas en derechos, en libertades, alcanzadas durante estas últimas décadas.
Por ello, una de nuestras prioridades es seguir impulsando esto que se llama a nivel europeo la defensa de la democracia, este escudo europeo de la democracia que creo que nos ofrece a España y a todos los países europeos un marco para reforzar, por ejemplo, la transparencia frente a las plataformas tecnológicas, la independencia, el pluralismo de los medios de comunicación y por supuesto también el compromiso cívico.
Debemos hacer un esfuerzo didáctico desde la objetividad, desde la veracidad. Debemos cerrar el paso a la desinformación y una desinformación que efectivamente busca dividir a Europa y nuestro país creo que debe estar en primera línea en la defensa de nuestra soberanía regulatoria también digital, a la tecno-oligarquía que pretende acabar con nuestras democracias por la puerta trasera de la manipulación algorítmica y el control de las redes.
Ayer no sé si vieron un tuit de uno de los tecno-oligarcas estadounidenses donde decía que la principal aplicación propiedad suya de inteligencia artificial era la que más se utilizaba en nuestro país. Yo no lo veo como una buena noticia, sino lo veo como una noticia preocupante. Y esto es algo que tenemos que tener en cuenta si queremos ganar en esa autonomía frente a los tecno-oligarcas, que lo que están es en influir, en dividir a Europa, en hacernos más fragmentados y no más unidos y, por tanto, en debilitar nuestra posición cuando hablamos precisamente de este tipo de desafíos.
En 2026 también creo que la defensa de los derechos humanos va a tener un papel muy relevante, al menos dada la presencia de nuestro país en el Consejo de Derechos Humanos. Y tenemos tres prioridades claras. Por tanto, más democracia, más multilateralismo, y más Europa, aunque toque evidentemente defenderlas en un momento muy complejo contra viento y marea, deben guiar nuestra labor allí donde estén ustedes, de norte a sur, de este a oeste, marcando el ritmo y la hoja de ruta de nuestras 138 Embajadas, también Representaciones, 86 Consulados Generales, 53 Oficinas de cooperación y 78 sedes del Instituto Cervantes.
Y me van a permitir una mención especial adicional a América Latina y el Caribe en un año también muy relevante para nuestras relaciones con la región, porque, como saben, el próximo 4 y 5 de noviembre vamos a acoger en Madrid la Cumbre Iberoamericana, culminando todo un año de trabajos y de reuniones sectoriales. Las tres prioridades que nos hemos fijado en esta materia son, por un lado, digitalización, movilidad educativa en segundo lugar, y la cooperación frente a desastres naturales, que son estos tres objetivos, una oportunidad para obtener resultados tangibles que tengan un verdadero impacto en nuestra ciudadanía.
Hagámoslo, por tanto, en un contexto tan especial, en un momento tan delicado como el que están viviendo nuestros países hermanos iberoamericanos, donde yo creo que estas tres cooperaciones cobran especial relevancia.
Concluyo, embajadoras y embajadores, con una reflexión.
Dentro de unas semanas, nuestra Constitución, la Constitución de 1978 alcanzará el honor, el alto privilegio de ser la más longeva de nuestra historia. De nuestra historia. Y yo creo que esto es un hito extraordinario que explica muchas cosas, pero que creo que explica en gran medida el proceso de transformación y de modernización sin precedentes que han hecho de España lo que es hoy: un país abierto al mundo, comprometido con su proyecto europeo, comprometido con los principios de la Carta de las Naciones Unidas, con el derecho internacional y con el multilateralismo.
Yo creo que resulta inspirador releer, por ejemplo, las últimas líneas del preámbulo de nuestra Constitución. Y dice así: "España reafirma su voluntad de establecer una sociedad democrática avanzada y colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra".
Por tanto, democracia, paz y cooperación. Aspiraciones, por tanto, que definen nuestra forma de ser, de estar en el mundo. Con más fuerza, si cabe, en estos tiempos de incertidumbre y de extraordinarias encrucijadas.
Hace 50 años eran otros los que nos inspiraban y guiaban nuestros pasos. Hoy nos toca a nosotros guiar e inspirar. Para ese cometido contamos con todos ustedes, con nuestros embajadores, con nuestras embajadoras. Nunca me cansaré de decirlo, cada vez que estoy con todos ustedes en los países en los que trabajan y operan, defendiendo los intereses de España, que son unos extraordinarios servidores públicos, servidoras públicas de nuestro país.
Por tanto, nos toca guiar esa inspiración. Y para ese cometido, como he dicho antes, cuento con ustedes. Creo que esa es la principal encomienda que hoy me permito hacerles como embajadoras y como embajadores de nuestro país. Ser la voz de esa España, de esa España que somos hoy en el mundo, en donde no podemos permitir que se navegue sin rumbo.
Una España que, pese al ruido, que pese a la complejidad del momento, es un modelo de dinamismo y también de convivencia y de cohesión social, que crece más del doble que el conjunto de la Unión Europea, que roza los 22 millones de afiliados y afiliadas a la Seguridad Social, que aumenta continuamente el salario mínimo - ayer hicimos la propuesta a los agentes sociales - al tiempo que reducimos, por ejemplo, las emisiones de gases de efecto invernadero; que en lugar de cerrarse, en lugar de mirarse el ombligo, lo que hace es abrazar al que viene de fuera; ser consciente de que solamente uniendo fuerzas con otros muchos actores podremos responder a los desafíos globales que afectan a nuestros conciudadanos.
Un país con uno de los gobiernos más estables, más longevos del continente y con una paz social y una convivencia territorial que nada se parece a la situación que teníamos en el año 2018.
Por eso quiero terminar con un llamamiento a la confianza y a la esperanza. Confianza y esperanza en nuestras convicciones, en nuestras instituciones, en nuestros servidores y servidoras públicos. Confianza en nuestro país. Un gran país que quiere seguir prosperando en un mundo que necesariamente tiene que ir a mejor y no a peor.
Y también quiero concluir, por tanto, con esas palabras de esperanza, porque yo creo que nuestro país, aunque impere ahora mismo en el debate publicado otro tipo de parámetros, de coordenadas, de discursos, yo creo que nuestro país no está solo, España no está sola. En cada foro hay socios que creen en las reglas. En cada región hay actores que apuestan por el diálogo. En cada crisis hay un espacio de oportunidad para la acción diplomática. Por eso creo que es importante que busquemos, que busquen ustedes también esos espacios, que creen esas oportunidades, que las aprovechemos, que abramos puertas, que tendamos puentes.
Evidentemente no va a ser fácil, porque abrir camino siempre tiene costes. A veces, es evidente que nos podemos sentir solos. El reconocimiento al Estado de Palestina pudo, en un momento dado, para algunos, ser un paso demasiado audaz en un contexto muy difícil en una región siempre compleja como es el Oriente Medio. Pero lo hicimos y no estábamos solos. Fuimos los primeros y luego vinieron otros muchos que defendieron lo mismo que nosotros.
Por tanto, no estamos solos. Fuimos los primeros y el tiempo, evidentemente nos da la razón. Como nos la va a dar en otras muchas cuestiones que hoy puede parecer que no son tan evidentes.
Este año, por tanto, creo que va a ser muy importante para la política exterior española, también para la cooperación con la vista en lo urgente, pero también el corazón en lo importante. Porque lo urgente evidentemente salva vidas hoy, pero lo importante cambia destinos para mañana y para muchas décadas.
Creo que hoy, cuando nos acercamos a los medios de comunicación, cuando vemos las informaciones en las televisiones, en los telediarios, sobre todo en quien pensamos es en nuestros hijos y en nuestras hijas, en nuestros nietos y en nuestras nietas. Y creo que ese trabajo diario que ustedes hacen como embajadores y embajadoras, convirtiendo estas nobles intenciones que tenemos en hechos son las que marcan el destino de las sociedades.
Por eso creo que es muy importante el trabajo que hacen y por eso cuenten con algo muy poderoso y es la convicción de que no hay mejor arma para definir el destino de nuestras sociedades que la diplomacia que ustedes lideran y que ustedes practican en nuestras embajadas y en nuestras representaciones.
Nada más.
Muchas gracias y feliz 2026.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en español)