Johannesburgo (Sudáfrica)
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Gracias por cederme la palabra, presidente Ramaphosa, mi querido amigo, y permítame felicitarle por la adopción de la Declaración.
Nos reunimos en un momento de profunda incertidumbre para la economía mundial, el desarrollo sostenible y el multilateralismo. A principios de esta semana, un grupo de expertos español informó de que más de 22 millones de personas podrían morir en todo el mundo antes de 2030 debido a los recortes en la ayuda oficial al desarrollo. Esas cifras son realmente aterradoras y solo un ejemplo de las trágicas consecuencias en el mundo real de las tendencias que estamos presenciando.
Sin embargo, como también hemos visto este año, cuando elegimos la cooperación en lugar de la fragmentación, es posible avanzar. La IV Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en España, fue un poderoso recordatorio de ello.
Allí, los países respaldaron el Compromiso de Sevilla y pusieron en marcha la Plataforma de Acción de Sevilla, con más de cien iniciativas concretas para cumplir con nuestros compromisos conjuntos. No se trata solo de palabras y deseos, sino de acciones tangibles que marcarán una diferencia real sobre el terreno.
Entre ellas, hay tres iniciativas lideradas por España que responden a uno de los grandes retos de nuestro tiempo: la sostenibilidad de la deuda.
Se trata del Global Hub for Debt Swaps (Centro Global para el Canje de Deuda), la Debt Pause Clause Alliance (Alianza por las Cláusulas de Suspensión de Deuda) y el Sevilla Forum on Debt (Foro de Sevilla sobre la Deuda). Son tres herramientas muy pragmáticas, surgidas de las limitaciones del mundo real, que pueden ayudar realmente a restablecer la confianza en la cooperación internacional y a resolver la carga de la deuda en los países en desarrollo.
Pero la financiación por sí sola no es suficiente. Las disfunciones comerciales, la fragmentación de las cadenas de suministro y el aumento del proteccionismo están erosionando los cimientos del crecimiento mundial, y es necesario abordarlos con urgencia.
Permítanme ser claro: los aranceles no son un arma, son una barrera. Sí, el exceso de capacidad industrial y la competencia desleal son retos reales, tanto para los países avanzados como para los países en desarrollo. Pero responder a ellos con aranceles solo conduce a una derrota colectiva.
Por eso es más urgente que nunca fortalecer el sistema multilateral del comercio, restablecer el papel central de la Organización Mundial del Comercio y adaptarla al mundo en que vivimos.
La desigualdad también debe ocupar un lugar central en nuestra agenda. El informe Stiglitz, encargado bajo la presidencia sudafricana del G20, ha lanzado una cruda advertencia: nos enfrentamos a una emergencia de desigualdad tan grave y sistémica como la emergencia climática. La concentración extrema de la riqueza socava el crecimiento, corroe las instituciones democráticas y alimenta la polarización.
Para abordar esta cuestión es necesaria una fiscalidad internacional justa. No se puede permitir que se malogre el progreso que ha logrado el G20 en materia de reforma fiscal mundial. Necesitamos normas fiscales adecuadas para el siglo XXI.
Colegas, permítanme terminar con un recordatorio: el desarrollo inclusivo y sostenible es imposible sin paz. Debemos defender los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Todos, en todas partes, en todo momento. Ya sea en Ucrania o en Palestina. Esto significa defender la soberanía, la independencia y la integridad territorial, y garantizar el estricto cumplimiento del derecho internacional humanitario.
Sin paz, sin respeto por las normas multilaterales, nuestros esfuerzos en materia de comercio, desarrollo y desigualdad no tendrán éxito.
España mantiene su compromiso de trabajar con todos ustedes para garantizar que el G20 refuerce la cooperación, proteja a los más vulnerables y no deje a nadie atrás.
Les doy las gracias.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en inglés)