New York (EEUU)
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Buenas tardes ya. En primer lugar, quería dar las gracias a Alan por sus amables palabras que siempre me dedica cuando tenemos ocasión de encontrarnos aquí en la ciudad de Nueva York.
Es un placer estar aquí en el Instituto Cervantes, en este auditorio tan especial -que, por cierto, ya es un clásico-, durante las semanas de Naciones Unidas, organizado por la Cámara de Comercio de España y Estados Unidos.
Y me gustaría, además, destacar precisamente ese hecho: el contexto en el que se enmarca este foro, en la semana del multilateralismo, cuando estamos celebrando el 80º aniversario de la constitución, de la creación de las Naciones Unidas.
Este marco no solo nos permite reflexionar sobre la situación económica mundial, sobre el papel que humildemente puede jugar España como nexo de unión entre Estados Unidos y nuestro país, entre América y España, sino sobre todo aquello que nos ha dado un sistema multilateral que, por ejemplo, en el ámbito del comercio, se basa en la colaboración entre países y el intercambio de bienes y servicios desde una perspectiva no de suma cero, sino al contrario, de una situación en la que todos los países pueden ganar.
Porque, con todas sus imperfecciones, este sistema abierto del que nos hemos dotado, basado en reglas, ha ofrecido al mundo una prolongada era de prosperidad si echamos la vista atrás.
Por ejemplo, España es uno de los casos de éxito. Uno de cada cuatro empleos, nada más y nada menos, y un 30% de nuestro crecimiento en los últimos tres años derivan precisamente de nuestra apertura económica.
Por eso creo que es tan importante impulsar el diálogo multilateral en este ámbito e insisto no solo para negar las carencias del sistema, que las tiene y que tenemos que reformarlo y, en consecuencia, adaptarnos a esta nueva coyuntura.
Muchas cosas han cambiado desde que me dirigí a todas y a todos ustedes -o si me permiten el tuteo, a todos vosotros y vosotras- en este foro hace un año. El comercio internacional, por ejemplo, se había recuperado finalmente del shock de la pandemia y la crisis inflacionista inducida por la guerra de Ucrania ya la estábamos dejando atrás. Y justo en esos días, precisamente lo que se publicaba era el informe Draghi, también el informe Letta, dos ex primeros ministros italianos que apuntaban a una hoja de ruta de reformas en la Unión Europea para ganar competitividad y peso específico en el contexto global.
Esos dos documentos eran toda una apelación a la Europa valiente, a la Europa que sabe precisamente lo que tiene que hacer y lo que necesita es coraje político para afrontarlo.
Recordemos algunos puntos del informe de Draghi, por centrarnos en el que está siendo más vocal y más presente en los medios de comunicación europeos e internacionales durante las últimas semanas.
Draghi decía que había que invertir más desde el punto de vista privado, pero también la inversión pública para no quedarnos atrás, por ejemplo, en la carrera tecnológica. Hablaba de más reformas para canalizar el ahorro de los europeos hacia la competitividad de nuestra economía.
Si recordamos las cifras que daba Letta, el otro informe del ex primer ministro italiano Enrico Letta, Europa transfiere 300 mil millones de euros al año de ahorro para financiar el crecimiento económico estadounidense. 300 mil millones de euros. No digo que se quede todo aquí, pero si tuviéramos una unión de capitales, una unión bancaria, quizá podríamos aprovechar los beneficios de una economía ahorradora, como es Europa en relación con los Estados Unidos, para financiar toda esa necesidad, tanto desde el punto de vista de inversión pública como privada, para transformar nuestra economía y ganar competitividad.
Por tanto, más inversión pública, más inversión privada con esa unión de mercado de capitales y, finalmente, una apuesta decidida por lo que hemos llamado en Europa la autonomía estratégica, que no significa cerrarnos, al contrario, significa impulsar también una industria que es necesaria en nuestro continente, por ejemplo, estoy pensando en la industria de la defensa ahora que estamos ya consolidando el 2% en el caso de España de nuestro Producto Interior Bruto con la inversión en defensa y en seguridad.
Bueno, esa era la receta de la que creo que compartimos alguna reflexión el año pasado, y esa sigue siendo aún la receta, la única posible, para garantizar la prosperidad de nuestro continente y de nuestros ciudadanos.
¿Qué ha sucedido desde entonces hasta el día de hoy?
Bueno, pues sucede que no estamos yendo tan rápido como deberíamos, y esto es una de las percepciones y análisis que he compartido con muchos inversores extranjeros que miran hacia Europa y que, además, muchas de esas cosas han cambiado, porque durante estos 12 meses los cambios geopolíticos nos han hecho volcarnos en lo urgente y en lo inmediato.
Por tanto, es fundamental atenderlo, pero importa y mucho, que no dejemos de lado lo relevante, lo estructural, que es seguir esa hoja de ruta marcada por estos dos ex primeros ministros italianos.
Que despleguemos por tanto ese planteamiento estratégico, esa visión de futuro, porque los desafíos que tenemos por delante no admiten más demoras y además tenemos, desde el punto de vista del calendario político, muy poco tiempo. Las elecciones europeas son en 2028 y por tanto hay escaso tiempo para hacer todas estas transformaciones en poco más de un año y medio.
El momento, por tanto, es ahora. Tenemos que volver a ordenar nuestras prioridades. Toca recuperar el tiempo perdido. Y en eso es en lo que está España cuando planteamos estos debates a escala europea.
Yo soy consciente de que la gran preocupación de muchas compañías, de empresas aquí presentes, han sido los aranceles. El Gobierno de España no solo compartió esta preocupación, desde el primer momento por cierto. Actuamos en consecuencia, fuimos el primer gobierno de la Unión Europea en poner en marcha un plan de contingencia dotado de 14 mil millones de euros para proteger a nuestras empresas, a nuestros trabajadores, a nuestros consumidores, para facilitar que las empresas encontraran nuevos destinos comerciales en los que operar.
Sé que el temor a una guerra arancelaria persiste, y también que el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Estados Unidos evidentemente pudo ser mucho mejor.
Yo dije que, en fin, lo aprobábamos, lo apoyábamos, pero sin mucho entusiasmo, porque al menos nos aporta un horizonte de una cierta estabilidad, de una cierta predictibilidad, si podemos calificarlo de esa manera. También puede ser el preludio de un buen acuerdo mañana, por tanto, no perdamos de vista esta cuestión.
¿Qué es un buen acuerdo para el Gobierno de España? Bueno, pues aquel que expande el impacto positivo del comercio para ambas partes, no el que limita el impacto negativo de los aranceles que decide unilateralmente una de ellas. Porque, además, el comercio no es un juego, como he dicho antes, de suma cero de ganadores o perdedores. Al contrario, yo creo que la experiencia y la historia económica nos demuestra todo lo contrario, con unos intercambios basados en reglas justas que comprometan a todas las partes evidentemente ganamos todos.
Yo creo que esa es la brújula que debe guiarnos en las futuras negociaciones, no solamente con Estados Unidos, sino también con otros bloques comerciales.
Estados Unidos y, en todo caso, Europa constituyen el mejor ejemplo de esta afirmación. El vínculo entre nuestras dos regiones no ha parado de crecer al calor de las instituciones multilaterales surgidas de la Segunda Guerra Mundial, de unos vínculos comerciales que yo calificaría como vibrantes, también estrechos. Y en los últimos 60 años ahí están los datos, la renta per cápita se ha triplicado a ambos lados del Atlántico, cada día se generan, nada más y nada menos, que 4.400 millones de euros en intercambios.
Y, por tanto, estamos hablando del 30%, nada más y nada menos, que del comercio internacional en términos agregados.
Para que nos hagamos una idea, el valor del comercio entre Europa y Estados Unidos equivale, nada más y nada menos, que al PIB de España. De esto estamos hablando.
Y esto sin contar con la otra parte, que se obvia por parte de alguna administración. Y es que no se cuenta el gigantesco comercio de servicios o el valor de las inversiones entre ambas regiones, que efectivamente ha recordado de manera somera el embajador.
No solo somos socios comerciales, somos socios esenciales.
Y sé que esta historia de éxito compartido, avalada por los datos, pues evidentemente se empieza a cuestionar desde los mismos púlpitos que erigieron el edificio de la globalización, que es lo no deja de sorprender, incluso de preocupar.
Pero estoy seguro de que el sentido común se acabará imponiendo sobre la retórica arancelaria.
Lo he dicho repetidamente, China, por ejemplo, y Estados Unidos tienen que hablar, tienen que entenderse. Deben llegar a un acuerdo, no solamente en interés de estos dos grandes países, sino también en el interés de la estabilidad y la certidumbre del mundo.
El mundo se enfrenta a demasiados retos globales que requieren la cooperación y el acuerdo entre ambas potencias. Y creo que desde Europa, también humildemente desde España, debemos contribuir a propiciar estos acuerdos entre China y Estados Unidos.
Nosotros estamos satisfechos y orgullosos de que nuestro país se haya convertido, por ejemplo, en un punto de encuentro entre ambas naciones para negociar la semana pasada. El principio de acuerdo alcanzado en Madrid yo creo que es el camino a seguir y nos indica que podemos estar cerca de lograr o de que se logre por parte de ambos gobiernos un importante acuerdo comercial.
Esta es una visión que yo calificaría de coherente con la España que hemos conseguido forjar en estos años, un país abierto al comercio internacional, que refuerza esa vocación precisamente ahora, cuando otros se están encerrando sobre sí mismos.
Y, por eso, cada vez que nos cierren una puerta tendremos que abrir nuevas ventanas, tendremos que abrir nuevas puertas, porque el mundo, afortunadamente es muy grande, muy grande, con muchas oportunidades y desde luego nosotros no queremos desaprovecharlas.
Y en ese camino a seguir creo que el reto es, no solamente profundizar en el mercado único, como nos recordaba Draghi, sino también diversificar nuestras relaciones comerciales. Y creo que ahí nosotros tenemos una gran oportunidad cuando hablamos, por ejemplo, de un acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que esperemos más pronto que tarde.
Y cuando digo esto, lo digo, no solamente convicción, sino por información, yo creo que más pronto que tarde podremos lograr este acuerdo comercial que será muy positivo tanto para Europa como el Mercosur y, particularmente, para un país como España, que tiene unas relaciones desde el punto de vista económico, de inversión, comercial y, por supuesto, también cultural e histórico con esa zona del mundo.
Nuestro país ha sido decisivo en la consecución de un acuerdo comercial para ambas regiones, si al final lo logramos, y que va a crear un mercado birregional de más, nada más y nada menos que de 700 millones de consumidores y casi el 20% del PIB mundial.
Bueno, esa misma vocación que hemos demostrado a lo largo de los años por lograr este importante acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur es el que estamos impulsando también para la apertura de Europa a otros mercados emergentes, como por ejemplo el asiático.
Hay muchísimos países que ahora quieren asociarse comercialmente con la Unión Europea, estoy pensando en Malasia, en Filipinas, estoy pensando en India, estoy pensando también en otros países, como por ejemplo Australia.
En definitiva, además de México, con el que ya hemos alcanzado un acuerdo con Chile, con Nueva Zelanda, en definitiva, yo creo que tenemos que diversificar las relaciones comerciales de la Unión Europea con otros bloques comerciales o también con otros países, porque creo que así estaremos ganando peso específico en el mundo.
Mirando al futuro, por qué no pensar en la conformación de un triángulo transatlántico entre Europa, América Latina y el Caribe y Estados Unidos. Podemos lograrlo. Que garantice, por cierto, la prosperidad y la estabilidad compartida. Una visión común basada en la apertura comercial, en las cadenas resilientes, en los estándares comunes para cerrar brechas sociales y digitales, en impulsar la transición energética justa, en crear o generar, mejor dicho, crecimiento económico y empleo y luchar contra la desigualdad, que es lacerante en algunos, en algunas de estas sociedades, en todas, también en la española, pero particularmente en Sudamérica.
Yo creo que este gran espacio, este triángulo, debería articularse a través de los tres grandes motores que ya están impulsando la economía española.
Uno, la transformación, es decir, las reformas. Dos, la colaboración. Tres, la apertura.
Sobre las transformaciones vinculadas con las transiciones verde y digital, aquí se ha dicho, yo creo que nos hemos ganado a pulso la consideración de referente mundial en el ámbito de la transición ecológica.
Somos el país líder en la atracción de inversiones greenfield, en energías verdes, contamos con infraestructuras físicas, también tecnológicas, de primerísimo nivel y ya producimos casi el 60% de la electricidad proveniente de energías renovables.
Hemos convertido, por tanto, un lastre tradicional para nuestra economía, que era el coste energético, en una fortaleza estratégica y ahí están los datos.
Desde el año 2017 España ha reducido el precio de la electricidad gracias a las políticas que se han puesto en marcha, pero particularmente a esta transición energética hemos rebajado el precio de la electricidad de 2017 en un 50%, en un 50%.
Y eso es un factor de competitividad, porque hoy tenemos un precio de la electricidad que es un 30% más barato a la media europea.
No es casualidad, son decisiones políticas acompañadas de inversión y también, lógicamente, de una empresa, de una comunidad empresarial que ha apostado por esa transición ecológica y esa transformación digital.
Bueno, yo creo que la apuesta verde y digital está protagonizando la mayor transformación de nuestro tejido productivo en décadas.
España no produce igual, y por eso ya no exporta igual, y ahí están los datos. Los servicios no turísticos, en muchas ocasiones, cuando se habla con la prensa extranjera yo me canso de decir es que el turismo, efectivamente el turismo es importante pero miremos algunos datos más desagregados porque apuntan a una transformación del modelo de crecimiento económico en nuestro país.
Los servicios no turísticos representan el 16% de nuestras ventas al exterior y nada más y nada menos que el 7,1% de nuestro Producto Interior Bruto.
Y estoy convencido de que algunos de los representantes de la comunidad empresarial de Nueva York aquí sois un claro exponente de todo esto que estoy diciendo, sois los verdaderos protagonistas.
Y hay un incremento sin precedentes de la I+D+I, que generalmente se había atribuido siempre a la aportación pública, pero hay que recordar que hoy el 56% de la inversión en I+D+I proviene del sector privado.
Y eso también demuestra no solamente el aporte que están haciendo, sino la confianza que tienen sobre las expectativas presentes y futuras de la economía española. Ahora de lo que se trata es de seguir avanzando para alcanzar los 400 mil millones de euros en exportaciones de bienes en el año 2027.
Ese es el objetivo que nos hemos marcado y creo que estamos en condiciones de poder lograrlo.
Segundo, la apuesta por la colaboración público privada. Hay muchísima gente que no me la ha escuchado porque no hemos tenido ocasión de poder hablar directamente, pero algunos sí. Yo creo mucho en la colaboración público privada, sobre todo después de la experiencia que acumulamos en estas transformaciones, sobre todo la transición ecológica, también la transformación digital y la pandemia, donde claramente la colaboración público privada fue un hito en la recuperación, no solamente vinculada con la salud pública, sino también en la recuperación económica de nuestro país.
Yo creo que hay oportunidades nuevas en el acuerdo del Mercosur si finalmente se materializa en el ámbito de la automoción, de la maquinaria, del sector farmacéutico, que efectivamente vive un momento difícil ahora mismo por los anuncios de aranceles que ha planteado la Administración estadounidense, la agricultura, gracias a las salvaguardas que hemos introducido.
Pero debemos elevar aún más nuestra ambición y por tanto los escenarios en los que juega la economía del futuro como es por ejemplo la movilidad eléctrica, la inteligencia artificial, que requieren, como todos sabemos, ingentes inversiones de recursos económicos.
También la agenda de inversiones de la Unión Europea en América Latina y el Caribe, bajo la iniciativa de lo que hemos llamado el Global Gateway, es un muy buen ejemplo de esta colaboración público privada que va a movilizar 45 mil millones de euros hasta el año 2027 en inversiones que son estratégicas en la región gracias a esa colaboración público privada. Yo siempre rompo una lanza en favor de esta iniciativa de Global Gateway lanzada por la presidenta Von Der Leyen porque también traslada que son inversiones no extractivas, a diferencia de otros países que intervienen o invierten en otras partes del mundo, sino que es, al contrario, es una coinversión que trata de crear cadena de valor y economía y riqueza y prosperidad en aquellas zonas en las que intervenimos o en las que se invierte.
Vamos a tener una importante cumbre Unión Europea-CELAC en Colombia en el mes de noviembre y allí vamos también a poder materializar algunas de estas inversiones, que son panamericanas y que sin duda alguna pues van a continuar esa senda de cooperación, de colaboración, de acercamiento entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe.
Yo siempre lo cuento, en 2023 tuvimos la Presidencia española de la Unión Europea, celebramos una Cumbre Unión Europea-CELAC. Tradicionalmente todos los países pensaban que se iba a celebrar, como se hizo siempre, en España y yo pedí que se hiciera en Bruselas. Y pedí que se hiciera en Bruselas porque la relación entre la Unión Europea y la CELAC no es una cuestión de que los españoles o los portugueses estemos interesados. Es una cuestión estratégica para el conjunto de la Unión Europea.
Creo que eso se ha entendido. Creo que va a ser un éxito la cumbre que tengamos en Colombia en el mes de noviembre. Y España trabajará, evidentemente, para que se consolide esta dinámica de cooperación y de diálogo entre ambos continentes.
Y el tercer motor del que quería hablar es el del comercio internacional basado en reglas, al cual ha hecho antes una referencia del embajador. Yo creo que creer en la cooperación multilateral es creer en abordar los desequilibrios macroeconómicos que podemos sufrir, la deuda externa de los países latinoamericanos, las distorsiones comerciales, los subsidios injustos de manera cooperativa.
Y este es yo creo que la clave de lo que quiero trasladarles. No podemos alcanzar estos hitos, por ejemplo, el de la emergencia climática, derribando las instituciones que hemos construido entre todos. Otra cosa es reformarlas y transformarlas, sin duda alguna, pero destruirlos, no.
Lo que hay que hacer, como he dicho antes, es modernizarlas para que se adapten al nuevo contexto. Que ganen legitimidad con otras partes del mundo que, a lo mejor, no participaron de manera directa en la creación de todo este orden multilateral. Y, en definitiva, responder a este nuevo contexto geopolítico de manera mucho más eficaz y mucho más equitativa.
Creo que la estabilidad política, la seguridad jurídica, la política económica clara son palancas para proporcionar confianza a los inversores, oportunidades a las empresas, prosperidad a los ciudadanos.
Y, por eso, mi país, España, su país o vuestro país, es hoy un gran destino inversor y un socio fiable.
Y yo creo que los datos están ahí y lo avalan. Ayer mismo la OCDE revisaba 2/10 al alza, hasta el 2,6%, las previsiones de crecimiento económico para el año 2025. El INE, hace escasos diez días, dijo que la economía española había crecido en el año 2024 al 3,4%, creo recordar, que 3,5% perdón, en el año 2024.
Y, en fin, todos los organismos nacionales e internacionales están revisando al alza las previsiones de crecimiento económico de nuestro país.
La reciente actualización de la contabilidad nacional confirma, por tanto, esto que he dicho y, además, evidentemente esto pues nos anima a continuar porque tiene una traslación en las cuentas públicas tanto de déficit como de deuda pública, que evidentemente son inferiores como consecuencia de esa revisión al alza del crecimiento económico en el año 2024.
Por primera vez en nuestra historia hemos superado el shock inflacionario. En fin, recordemos porque todo pasa tan rápido. Pero es que en Europa y en España hemos sufrido durante los primeros años de la guerra de Putin en Ucrania, inflaciones de dos dígitos, de más del 10%.
Tuvimos que intervenir el mercado de la electricidad. Tuvimos que intervenir desde el punto de vista ibérico, con lo que llamamos la solución ibérica y ahí están los resultados. Aportamos pues un crecimiento del 30%, nada más y nada menos, de la zona euro. En total, eso representa a España. Y casi la mitad de los nuevos empleos creados.
Y, como he dicho antes, tenemos un precio de la electricidad, gracias a las políticas y a las reformas que hemos hecho a nivel nacional y a nivel europeo, un 30% inferior a la media europea.
Proyectamos eso, confianza, determinación, una hoja clara de reformas vinculadas con la transformación digital, con la transición ecológica y con la justicia social, que creo que es fundamental.
Si esos frutos del crecimiento económico no se trasladan a la clase media trabajadora o a los jóvenes, pues efectivamente, ahí tenemos el origen de muchos de los problemas que hoy sufren las democracias.
Y también proyectamos estabilidad, porque así lo reconocen las agencias que están elevando, por ejemplo, la calificación de la deuda española. Que eso no solamente es importante para el Estado, sino también para muchas empresas que acuden al mercado a financiarse y que lo hacen gracias también a unas condiciones favorables de financiación como consecuencia de lo que se está haciendo bien en España.
¿Cuál es la diferencia con el crecimiento económico que tenía España antes de la crisis financiera? Bueno, pues yo creo que no hay trampa ni hay burbuja, y esta, por tanto, es una diferencia muy, muy relevante.
Según el Banco de España, nuestro país va camino de alcanzar su primer superávit primario en el año 2027, y esto es una noticia sencillamente espectacular.
A ello, además contribuyen no solo los 22 millones de ocupados que tiene España, donde, por cierto, el otro día compartía con inversores extranjeros dos datos importantes. Nosotros en estos últimos siete años hemos recibido 2 millones de emigrantes, 2 millones, y al mismo tiempo hemos sido capaces de reducir un 40% de la tasa de desempleo.
Lo cual creo que demuestra que hay una relación muy positiva entre el aporte de la migración y la creación de oportunidades laborales también para los nacionales, para los españoles y españolas. Y, en definitiva, ahí están los datos macroeconómicos que ustedes conocen o que vosotros conocéis mejor que yo.
Para equilibrar las cuentas públicas, bueno, pues efectivamente tenemos una recaudación que está creciendo a un ritmo del 11%. No estamos haciendo recortes, no estamos imponiendo aranceles, lo que estamos haciendo es fortalecer el Estado del bienestar.
Y sí quisiera además hacer una particular referencia a la hucha de las pensiones. Cuando llegué a la Presidencia del Gobierno, allá por el año 2018, estaba prácticamente a cero. Hoy tenemos 14 mil millones de euros en la hucha de las pensiones y cuando termine esta legislatura en el año 2027, nuestra previsión es alcanzar los 25 mil millones de euros.
Bueno, yo creo que también, ya con esto voy concluyendo, una tarea súper importante que es ejecutar de manera eficaz y rápida los recursos económicos de los fondos Next Generation, que nos están ayudando a crecer, a transformar las bases de nuestra economía en todos los sentidos.
Porque muchas veces hablamos del ámbito empresarial, que es evidentemente el que ustedes, a vosotros les importa. Pero yo quisiera también poner en valor que estos fondos NEXT nos están permitiendo modernizar nuestro sistema educativo, apostar por el capital humano y por su mejor formación.
Siempre pongo un ejemplo: la formación profesional. No solamente la formación profesional ha aumentado en número de plazas en nuestro país ─tenemos más de un millón de estudiantes haciendo la formación profesional─, sino que eso implicará en el futuro que la tasa de paro estructural baje.
Porque la tasa de abandono escolar, a diferencia de lo que ocurrió durante los años buenos previos a la crisis financiera, donde hubo una tasa de abandono escolar pues de 30%, de los chavales que dejaban los estudios para trabajar fundamentalmente en el sector de la construcción, hoy se está creciendo y se está reduciendo la tasa de abandono escolar. Y eso, para el mañana, implicará una reducción de la tasa de paro estructural y, por tanto, dejar de ser hasta incluso en momentos de bonanza económica pues un país que tiene tasas de paro que nada tienen que ver, ni son homologables, con las tasas de paro que hay en la Unión Europea.
Y eso yo creo que es algo que se está abonando para el futuro de nuestro país y que a mí, desde luego, si me preguntan, de las cosas de las cuales me siento más orgulloso. Hacer una apuesta clara por el capital humano de nuestro país, por ver cómo se está reduciendo la tasa de abandono escolar, porque eso sin duda alguna significará que tengamos una tasa de paro estructural mucho más baja en el futuro de lo que desgraciadamente hemos tenido durante estos últimos 40 años de democracia.
Concluyo. Concluyo dando las gracias, por supuesto, a la Cámara de Comercio de Estados Unidos y de España por siempre su amable invitación.
Yo creo que nuestro país se ha convertido, en muchas cosas, en ejemplo de que crecer y repartir esos beneficios no son conceptos enfrentados. Un ejemplo de que la creación de empleo y la lucha contra la precariedad van de la mano. Un ejemplo de que se puede crecer y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero como está haciendo España.
Y, en definitiva, un ejemplo de que hacer una apuesta por la transformación digital y la transición ecológica justa es muy beneficioso para los ciudadanos de hoy y, sin duda alguna, también los del mañana.
Eso sí, yo creo que la principal lección que nos deja este año tan convulso desde que tuvimos la ocasión de poder encontrarnos el año anterior. Nada ni nadie nos debería desviar de nuestro camino. Porque nuestro modelo funciona. Porque nuestro país avanza. Y porque queremos contribuir a que Europa y el mundo también avancen sin autocomplacencia.
Hay muchísimo por hacer, pero sin duda alguna, yo creo que este es el rumbo adecuado. Y ahí están los datos.
Ese avance, lógicamente, exige, como decía al principio, visión de largo plazo, planteamiento estratégico.
El único riesgo moral que afrontamos los gobiernos europeos, por tanto, es no actuar, que es siempre la alerta que nos pone Mario Draghi cuando hablamos de lo que debemos hacer y no estamos haciendo a escala europea.
En todo caso, contamos con todos vosotros y vosotras para afrontar este reto, sin duda alguna difícil, también apasionante.
Y termino simplemente diciendo que es un orgullo ver a muchos españoles y españolas aquí en Nueva York trabajando y que lógicamente les interesa y les importa el futuro de su nación, de España.
Nada más y muchas gracias.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)
(Intervención original en español)