Intervención del presidente del Gobierno en la clausura del Acto "IA360: plan para un despliegue responsable de la IA"

21.9.2026

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La Moncloa

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ

Buenos días, primero a los compañeros y compañeras del Consejo de Ministros.

En segundo lugar, a los representantes empresariales y, por supuesto, también sindicales.

Gracias por hacer el esfuerzo de venir un lunes por la mañana aquí, a vuestra casa, al Palacio de la Moncloa, la sede de la Presidencia del Gobierno de España a hablar de un tema tan importante, tan trascendente para nuestras sociedades como es la inteligencia artificial y que, como bien antes comentaba el vicepresidente, y por supuesto también los panelistas de lujo que hemos tenido, es un desafío. Es un debate que cada vez está más presente en la conversación, no solamente pública, sino también la conversación pública, por cierto, de la cual España ha participado de manera directa o indirecta durante todo este tiempo.

Esta semana que empieza la Asamblea General de Naciones Unidas es importante recordar que el año anterior se lanzó, se aprobó en la Asamblea General de las Naciones Unidas la creación por primera vez del Panel de Expertos de la Inteligencia Artificial, emulando al Panel de Expertos de la Emergencia Climática, precisamente porque somos muy conscientes de la necesidad de crear unos mínimos estándares entre todas las naciones a la hora de desarrollar esta importante tecnología. España ha participado activamente en su génesis e incluso también albergó la primera reunión, en la Sala Constitucional de las Cortes Generales, porque queríamos precisamente trasladar ese mensaje de que no solamente la ciencia, los expertos, sino también el poder político expresado en una democracia, lógicamente en donde reside la soberanía nacional, que son las Cortes Generales y donde se legisla, pues es el lugar donde tenemos que hacer esa intersección, ese encuentro entre la ciencia, la tecnología y por supuesto, también la regulación a la que antes se hacía referencia.

Es evidente y creo que no hace falta escuchar a aquellos que están dentro de estas empresas que este desafío de la inteligencia artificial ya no es para dentro de cinco o diez o 50 años. Es de ahora mismo, de ya, y con lo que además da la sensación de que llegamos un poco tarde, cuando antes se ha dicho que tenemos que devolverlo a la escala humana, sobre todo para que podamos comprenderla, asimilarla y efectivamente poder utilizarla de mejor de la mejor manera posible.

Sí me gustaría comenzar con una anécdota que a lo mejor algunos de vosotros y vosotras conocéis, y es que a finales del siglo XIX Estados Unidos vivía eso que se llamó el comienzo de la Edad Dorada, un tiempo en el que se acumularon innumerables fortunas en manos de un puñado de magnates. Y uno de ellos era William Vanderbilt, quien -para aquellos que no lo conozcáis- era el gran patrón de los ferrocarriles. Y a él se le atribuyen estas palabras que voy a citar a continuación: "Al diablo con la gente. Yo solo trabajo para mis accionistas". Esto es lo que dijo a finales del siglo XIX. Aquella frase yo creo que simboliza muchas cosas, pero a lo que me quería referir es que ejemplificó como pocas el ethos de aquella época, la arrogancia de una clase que creía estar por encima de todo y de todos. La única regulación que aceptaba era la que podía emanar de sí mismo, nunca de los poderes públicos a los que, por cierto, con esta declaración dejó claro que despreciaba.

Pero si hay algo que la historia demuestra -y de nuevo estamos viéndolo en el desarrollo de la inteligencia artificial, pero no solo- es que la autorregulación no funciona. Que los incentivos de unos pocos que controlan las industrias punteras -hace poco leía en una entrevista a uno de estos principales tecno-oligarcas decir "confíen en nosotros"; bueno, pues va a ser que no; vamos a confiar entre todos nosotros y nosotras qué podemos hacer con esta tecnología-, lo que decía es que los incentivos de unos pocos que controlan estas industrias punteras nunca van a estar alineados con el interés general, por mucho que intenten convencernos de lo contrario, y que, por tanto, una transformación de la magnitud que representa la inteligencia artificial lo que necesita son reglas claras, decididas por todos, controladas por todos y alineadas con los valores y los principios que representa la humanidad.

Por tanto, si la inteligencia artificial queda concentrada en unas cuantas compañías y en un puñado de países, su impacto en la prosperidad compartida y, por tanto, en la idea de la democracia va a ser muy negativo, por no decir devastador. Por eso creo que tenemos que actuar con urgencia, porque la inteligencia artificial desregulada, opaca -en estampida, como he escuchado, me ha gustado mucho esa interpretación de lo que es no una carrera, sino una estampida- y en muy pocas manos es el cóctel perfecto para que ocurra una desgracia.

Una inteligencia artificial sin el control de la inteligencia humana colectiva no es inteligencia, es caos y probablemente también estupidez. Y actuar ahora, si lo hacemos bien, creo que tiene un reverso positivo. Y aquí se han hablado también de las bondades y de las oportunidades que representa la inteligencia artificial. Construir una inteligencia artificial responsable, como aquí se ha hablado, como también se expresa en el título de este plan que hoy presentamos, una inteligencia artificial con una perspectiva y una visión humanista orientada al bienestar y a la prosperidad colectiva que permita construir sociedades más justas, creo que debe ser del interés de todos, no solamente de los gobiernos democráticos, sino también lógicamente de la sociedad civil en su conjunto, expresada hoy aquí en la presencia de empresarios, trabajadores, en definitiva, de buena parte de la sociedad civil articulada de nuestro país.

Necesitamos, por tanto, una inteligencia artificial con supervisión y con trazabilidad, que ayude a tomar las mejores decisiones para que no sustituya al criterio humano allí donde este debe prevalecer. Y hay innumerables casos que no vienen al caso que yo ahora mismo explicite, pero que evidentemente están en la mente de todos.

Esta tecnología puede cerrar muchas brechas: brechas sociales, brechas económicas, brechas geográficas… O puede hacer lo contrario: ensancharlas aún más. Puede crear nuevos empleos. O puede destruir más de lo que sea capaz de crear. Puede sostener su crecimiento en un uso racional de los recursos naturales -aquí se ha hablado antes de la energía, pero pensemos también a la hora de hablar de los centros de datos en recursos tan importantes y tan escasos como es el agua-, o contribuir a esquilmarlos en un momento decisivo para mitigar y adaptarnos a la otra gran transformación que tenemos que hacer para hacer frente al desafío de la emergencia climática, que es la transformación energética y la transición ecológica. Puede dar nuevas herramientas a nuestros maestros, a nuestros profesores y ensanchar horizontes de nuestros alumnos y alumnas. O simplemente ofrecer a unos y otros atajos que dañan ese proceso de aprendizaje, que evidentemente es una de las alertas, de las alarmas, que los expertos siempre nos recuerdan.

Por tanto, lo que quiero decir es que este futuro no está escrito, ni está determinado por los agentes que ahora asustan a sus propios diseñadores. Ese futuro depende de nosotros y de nosotras. Lo escribiremos nosotros y nosotras. Y si lo hacemos bien, la inteligencia artificial puede democratizar ese acceso a las nuevas tecnologías, hacer las mejoras productivas para que lleguen más rápido a todos los sectores, a todos los trabajadores, a todos los hogares de nuestro país. Si lo hacemos bien, insisto, la IA puede hacer a los trabajadores más valiosos en sus empresas, no más prescindibles. Y si lo hacemos bien, la inteligencia artificial creará oportunidades en más sectores de los que pondrá en riesgo.

Pero, insisto, tenemos que hacerlo bien. Hay que hacerlo bien. Porque la inteligencia artificial ha recorrido cuatro años el camino de otras tecnologías de propósito general que tardaron décadas en completar. Y esto también es lo que de alguna manera preocupa, asusta. La velocidad tan exponencial a la que acelera esta tecnología. Y eso, por tanto, abre un debate crucial que sociedades democráticas como la nuestra tiene que abordar. Y es, no si esta tecnología debe desarrollarse, que por supuesto eso no está en discusión. No podemos poner puertas al campo. Lo que sí que está en discusión es en qué condiciones debe desarrollarse esta inteligencia artificial y esta tecnología.

Y ahí es donde engarzo con lo que hoy presentamos, con el Plan IA 360, para un despliegue responsable de la inteligencia artificial, que es lo que hoy presentamos. Una hoja de ruta con acciones concretas, con hitos concretos, también con fechas específicas, a desarrollar en los próximos 12 meses. Un plan para que nuestro país aproveche las oportunidades que la inteligencia artificial ofrece a nuestra economía, pero no solamente a nuestra economía. Y que también pone en el centro la seguridad ciudadana, la confianza, la protección de los más vulnerables, empezando por los menores.

Creo -y aquí antes se ha dicho por parte de la secretaria de Estado y también por parte del vicepresidente y en muchas ocasiones me lo dicen todos los ministros, también, lógicamente, el ministro del ramo, Óscar López- que partimos de una posición sólida. Casi la mitad de la población española en edad de trabajar ya usa la inteligencia artificial generativa, lo que, por tanto, nos sitúa en uno de los principales puestos. Venía en el vídeo, el 7º puesto. Aquí en las notas me han puesto el 6º puesto del país en el ranking de la Universidad de Stanford. Da igual el 6º o el 7º. Lo importante es que estamos en el top diez en relación con el uso de la inteligencia artificial generativa. Ocupamos la segunda posición, y esto también es bien importante, en graduados de Formación Profesional Superior en Tecnologías de la Comunicación en las TICs. Contamos con infraestructuras digitales muy competitivas, sólidas, capacidad de cómputo, una energía renovable competitiva también que tenemos que continuar desarrollando.

Pero, además, creo que lo relevante es que nuestro país, y no solamente las autoridades públicas, sino también buena parte del tejido social civil de nuestro país, ha entendido desde el principio que innovación y derechos no son caminos divergentes. Que podemos desarrollar una tecnología puntera, como es la inteligencia artificial, y al mismo tiempo exigir que esta sea segura, que sea transparente, que sea respetuosa con las personas. Y de ahí que seamos el segundo país del mundo en gobernanza de la inteligencia artificial, según uno de los principales rankings, como es el de la Universidad de Stanford. Fuimos -antes lo ha dicho la secretaria de Estado-, el primer país en crear la Agencia de Supervisión de Inteligencia Artificial. Por cierto, en esa política de desconcentración, hoy esa Agencia está situada en una ciudad gallega como es A Coruña. Impulsamos el Laboratorio de las Naciones Unidas en Valencia. Y, esto es lo relevante también, bajo la presidencia española de la Unión Europea se alcanzó el primer gran acuerdo sobre una Ley europea de Inteligencia artificial, la primera norma integral en todo el mundo de estas características, que generó debate, hubo controversia, pero que supuso el primer paso para una regulación a escala supranacional de esta tecnología.

Pocos países, por tanto, creo que han sido tan claros en la defensa de una inteligencia artificial de inspiración humanista como la que hoy está siendo España. Y creo, además, que el tiempo nos está dando la razón, porque el plan que hoy presentamos se construye sobre esos principios, sobre esa experiencia y además con una ambición de seguir expandiéndolo. Por ejemplo, dentro de pocos meses en la Cumbre Iberoamericana, también a escala iberoamericana, como antes adelantaba el vicepresidente Carlos Cuerpo.

Este plan se construye sobre grandes objetivos que voy a sintetizar en cuatro, por intentar ser lo más breve posible. Primero, tenemos que reforzar nuestro músculo tecnológico. Es evidente. Antes he hablado de datos, se ha hablado también de capacidad de computación. Tenemos proyectos estratégicos como la gigafactoría de la inteligencia artificial, el desarrollo junto al Barcelona Supercomputing Center de nuevos modelos de inteligencia artificial para el caso de uso en ámbitos claves, como es por ejemplo la lucha contra la emergencia climática, la salud, también la energía. Apostando por el desarrollo de centros de datos que cuenten con los mejores estándares energéticos y medioambientales. Porque tenemos también que desarrollar esta inteligencia, no de espaldas a la ciudadanía que va a haber presentes en sus territorios y en sus centros de datos, sino que ellos también lo perciban en los territorios como oportunidad y no como un instrumento para esquilmar sus recursos escasos. Por tanto, que garanticen nuestra autonomía sobre los datos que allí se almacenen y, por supuesto, respeten nuestros recursos naturales. Primero, por tanto, como he dicho antes, ese músculo tecnológico.

El segundo es convertir esta rápida adopción social de la tecnología en un motor económico y también, como antes se ha dicho, en un semillero de talento.

Hay iniciativas muy interesantes como es, por ejemplo, el Bono de Inteligencia Artificial para pymes y para autónomos, con un objetivo lleno de ambición. Y es que en el año 2030 más de la mitad de nuestras empresas hayan integrado la inteligencia artificial en sus procesos de producción, en su actividad, en definitiva. Para conseguirlo. Antes se ha apuntado aquí por parte de algunos de los panelistas. Tenemos que apostar a fondo por el talento y su formación.

Vamos a adaptar el currículum de secundaria y también de Formación Profesional para que nuestros jóvenes aprendan a usar, a convivir de una manera inteligente y responsable con la IA, pero también para que ese despliegue de la IA no dañe el proceso de aprendizaje, que evidentemente es uno de sus principales riesgos. Porque evidentemente la IA supone oportunidades, pero también retos, amenazas que tendremos que regular y controlar.

Tercero, construir una gobernanza de inteligencia artificial que nos permita afrontar estos retos. Yo creo que los riesgos de una IA sin control son cada vez más evidentes. Lo estamos viendo en muchas noticias sobre problemas de ciberseguridad que se están creando con unas aplicaciones o unos modelos frente a otros. Esto ha quedado también acreditado con las declaraciones recientes de algunos de los principales actores, donde uno no sabe al final cuán de cierto hay. Pero lo que hay también probablemente sea una estrategia en cuanto a la búsqueda y captación de financiadores de algunas de estas grandes compañías. En fin, sea lo que sea, lo que es evidente es que el flanco de la seguridad debe ser una prioridad absoluta también para este plan. Y vamos a abordarla en dos planos muy concretos. Primero, con el refuerzo de nuestro escudo de ciberseguridad. Y, en segundo lugar, aumentando la supervisión ante los modelos de frontera más ofensivos.

El cuarto y último objetivo del plan que presentamos hoy probablemente es el que da sentido al conjunto de las medidas que lo integran y es el que me gustaría que trascendiera de la formal presentación de este plan. Y es que tenemos que impulsar entre todos: el sector privado, trabajadores y también sector público, un nuevo Contrato Social para la Inteligencia Artificial. Un nuevo Contrato Social para la Inteligencia Artificial, en definitiva, un gran acuerdo de país entre empresarios, trabajadores, por tanto, sindicatos, patronal, partidos políticos, poderes públicos; un gran acuerdo para ofrecer seguridad a las personas ante los cambios en el trabajo en la vida que esta tecnología va a suponer. Y por eso el mes que viene -ya les anuncio- vamos a convocar a los agentes sociales para avanzar ya en este gran acuerdo de país, en este nuevo contrato social de país.

Amigos y amigas, señoras y señores, antes se ha dicho, yo creo que tenemos talento, tenemos un talento a raudales en nuestros jóvenes, en nuestros científicos y en nuestras científicas, en nuestros matemáticos. Hace escasos días estuve precisamente con la ministra de Ciencia, Investigación y Universidades con algunos de estos matemáticos en la Universidad Autónoma. Por tanto, contamos con el talento, contamos con empresas y creo que también contamos con un ecosistema de startups dinámico. Tenemos conectividad, tenemos energía renovable y estamos construyendo infraestructuras necesarias para impulsar esta inteligencia artificial de manera responsable. Pero, por encima de todo, creo que tenemos una cierta autoridad moral como país para impulsar una agenda valiente al respecto, no solo aquí, sino también a nivel global, para no estar a merced de prácticas monopolísticas, también abusivas, de estas grandes oligarquías.

Una agenda que responsabilice legal, financieramente, como ocurre en otros muchos sectores, algunos de los cuales están aquí presentes, a las empresas por los daños que causan en sus actividades; por tanto, por los daños que causan con sus algoritmos, ya sean las deepfakes, los problemas de salud mental de nuestros hijos y nuestras hijas y nuestros jóvenes, o el robo de propiedad intelectual e industrial.

Tenemos muchos mecanismos multilaterales para los que la IA de frontera esté al servicio de la humanidad y no al revés. Tenemos, por ejemplo, la Oficina Europea de Inteligencia Artificial, tenemos como he dicho antes el Panel Científico de las Naciones Unidas, tenemos también ese diálogo global entre gobiernos-empresas sobre inteligencia artificial y, en todos ellos, nuestro país es un actor de primer orden; no es un convidado de piedra, sino que es un actor activo, que participa, que propone que, en definitiva, quiere el desarrollo responsable a escala global de esta importante tecnología, por tanto, que tratamos de construir consensos y compromisos entre distintas sociedades.

Por tanto, lo que vamos a hacer es redoblar nuestros esfuerzos para que esos mecanismos avancen, trabajando con otros países que piensan como nosotros. Creo que hay múltiples ejemplos, ya sea en Canadá, ya sea en Japón, también dentro de la Unión Europea, con países que están claramente alineados con nuestra forma de ver el desarrollo responsable de la inteligencia artificial. En definitiva, esto lo hacemos porque ningún Estado puede supervisar por sí solo una tecnología que, como antes se ha dicho, no reconoce fronteras.

Concluyo de nuevo agradeciendo la presencia de tantas personalidades referenciales en múltiples sectores que ven la inteligencia artificial como una oportunidad, pero también como un instrumento que tenemos que regular Y, además del agradecimiento, concluyo con otra referencia histórica. Hoy, como hace 150 años, algunos magnates siguen defendiendo que la regulación es enemiga de la innovación -antes se ha hecho alguna reflexión al respecto-. Recelan, por tanto, del poder público porque creen que están por encima de él y piensan que debe haber una regulación, una regulación que son ellos quienes tienen que dictar. Y créanme que cuando yo he tenido ocasión de poder hablar con estos tecno-oligarcas, algunos de ellos, descubierta la inteligencia artificial, lo que quieren es crear barreras de entrada para consolidar precisamente ese monopolio o ese oligopolio.

En fin, no pueden estar más equivocados. Sería bueno que los oligarcas del presente no cayeran en el mismo error en el que incurrieron los magnates del pasado. Porque, a fin de cuentas, nadie está por encima del interés público. Y créanme, en este campo creo que hay mil razones para que ese interés prevalezca. Probablemente la más importante de todas es que en ningún lugar está escrito que el progreso tecnológico garantice el progreso social, como antes se preguntaba de manera retórica en su intervención el vicepresidente Carlos Cuerpo. Depende de nosotros y nosotras que esto ocurra y esa es, y no otra, la vocación de esta estrategia, del Plan que hoy presentamos: Impulsar una nueva agenda para el desarrollo de la inteligencia artificial, con un nuevo contrato social que ponga en nuestro país al frente a las personas que merecen estar en el centro de todas las prioridades de la acción pública, pero también de esa acción de país que necesariamente necesitamos también en el desarrollo de la inteligencia artificial. Contamos con todos vosotros y vosotras.

Nada más y muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)