Intervención del presidente del Gobierno en la inauguración del Foro la Toja-Vínculo Atlántico

1.10.2026

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Illa da Toxa (Pontevedra)

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ

Señor; expresidente de la República Portuguesa; presidente de la Xunta; ministro; presidente Rajoy; presidente González; delegado del Gobierno; presidente del Parlamento de Galicia; alcalde; presidente de la Fundación La Toja, estimado Amancio -enhorabuena por la consolidación de este importante foro para Galicia y para España-; autoridades; señoras y señores.

Para mí es un auténtico honor volver a este foro, consolidado como una cita de reflexión estratégica y también del papel internacional que debe jugar nuestro país. Esta octava edición, como bien comentaba la presentadora, nos interpela bajo un lema revelador que es "Un mundo en desorden", y por eso quisiera comenzar esta intervención con una pregunta y es: ¿a quién le interesa un mundo en desorden?

Porque el desorden no es neutral. Cuando el derecho internacional pierde fuerza, quien gana es quien tiene más armas. Cuando los mercados renuncian a las reglas y, por tanto, se abren las puertas a eso que se ha venido en llamar -y recordemos la crisis financiera-, la desregulación, quien gana es quien más poder tiene para imponer sus condiciones. Cuando se debilitan los derechos laborales, quien gana pues es aquel que tiene las mejores cartas para negociar. Y cuando la tecnología avanza sin límites -como por desgracia, antes apuntaba el presidente, es lo que está sucediendo con la inteligencia artificial-, quien gana es quien controla los algoritmos.

Por tanto, el desorden tiene sus beneficiarios y casi nunca son quienes más necesitan esa protección. Por eso, quiero apelar hoy al valor opuesto, al orden, una palabra asociada durante demasiado tiempo al pensamiento conservador, erróneamente, y que es necesario reivindicar también desde los valores del avance y del progreso.

Porque el orden no consiste en imponerle a la gente cómo tiene que vivir, ni tampoco en sacralizar las normas, tampoco en anclarse a un pasado idealizado desde la nostalgia. ¿Todo pasado fue mejor? Bueno, eso es muy relativo. Y mucho menos en preservar un statu quo que lo que hace es perpetuar la injusticia. El orden consiste en establecer reglas, que estas reglas sean justas, en evitar que otros decidan por nosotros simplemente porque tienen más poder y en actualizar esas reglas de acuerdo al espíritu de los tiempos.

Eso hacen, por ejemplo, los derechos laborales. Eso es lo que consigue el estado del bienestar. Para eso sirve la regulación de los mercados. Eso es, en definitiva, también esencia de la democracia. Esa es la idea desde la que debemos mirar al mundo que viene o el mundo en el que estamos y quiero concretarla además en cuatro ámbitos que creo que podemos estar o que van a estar muy presentes en los debates de este foro.

El primero y probablemente es el más obvio porque es el que, en fin, está inundando toda la conversación pública y publicada, es la quiebra interesada del orden internacional y del sistema multilateral. Antes la presentadora ha hablado del viejo orden mundial. Algunas veces lo de viejo tiene un significado, parece como si fuera peyorativo, pero es justo lo contrario, es un orden internacional que necesita ser actualizado, pero desde luego que nos ha traído décadas de paz. Lo vemos en Ucrania, en un conflicto que supera la duración de la Primera Guerra Mundial. Lo vemos en la devastación de Gaza, que solo tiene un nombre: genocidio. Lo vemos en la guerra de Irán, que ha puesto en jaque al comercio internacional y que está elevando los costes de la vida de una sociedad, no solamente la española, también la gallega y la del conjunto del planeta, que está ya fatigada de ver cómo se elevan los costes de la vida, primero con la guerra de Ucrania y el shock energético y ahora posteriormente con la guerra de Irán y sus consecuencias sobre los precios del gas y de la gasolina. Y lo vemos en decenas de conflictos que jalonan la actualidad.

Para darles un dato que me parece lo suficientemente ilustrativo de la gravedad que vive el mundo, solo el año pasado las guerras se cobraron más de 150.000 vidas en todo el mundo, más de 150.000 vidas. Son siete veces más que en el año 2002. Se contabilizaron 117 millones de personas desplazadas por la fuerza -117 millones de personas desplazadas por la fuerza-, el triple que a comienzos de este siglo. Muchas de estas evidentemente a causa de conflictos, otras huyendo simplemente de la miseria, de la desigualdad que no solamente está presente en nuestras sociedades, sino también entre nuestros países.

El drama de la inmigración irregular nos lo recuerda y lo ocurrido en Ceuta este verano lo demuestra. Porque ningún muro o barrera, por alta e infranqueable que sea, podrá contener la desesperación de la gente por tener una vida mejor.

Porque nadie debería olvidar que son el conflicto, la desigualdad y la falta de oportunidades fundamentalmente la que empuja a la gente a buscar una vida mejor. Y esa es una consecuencia más de socavar eso que hemos llamado el orden multilateral.

De convertir el derecho internacional en una suerte de menú a la carta, en el que cada uno elige qué cumplir y qué no. De debilitar conscientemente el sistema de Naciones Unidas, la mejor herramienta que hemos conocido y que probablemente tendremos jamás para resolver los desafíos globales y también evitar los conflictos presentes y futuros.

La semana pasada defendí precisamente ese sistema en la Asamblea General de Naciones Unidas, no porque sea perfecto, que sin duda alguna no lo es. De hecho, aquellos que quieren destruir el orden internacional, precisamente lo que hacen es beneficiarse de la falta de reformas de ese orden multilateral. Por tanto, no que sea perfecto, sino porque es absolutamente necesario. Evidentemente necesita una reforma profunda para reflejar el mundo de hoy y no ser la foto fija de 1945. Un Consejo de Seguridad que sea mucho más representativo del mundo de hoy. Unos organismos que tienen que ser mucho más ágiles, mucho más eficaces, de una justicia internacional capaz no solo de identificar un crimen, sino también de conseguir que tenga consecuencias y que por tanto no haya impunidad.

Porque una regla que sólo tiene que cumplir a el débil no es una regla, es otra forma de poder. Y eso también lo estamos viendo cuando hablamos y analizamos algunos de los conflictos que antes he mencionado.

Por eso, señoras y señores, es tan importante defender el multilateralismo porque es la única forma de gobernar un mundo globalizado e interdependiente. Un mundo en el que la ley de la fuerza lo que hace es intentar imponerse hoy a la fuerza de la ley. No es así en otros países como el nuestro y tampoco podemos dejar que sea así en esa comunidad internacional que todos compartimos.

Hoy, como decía antes, estamos pagando las consecuencias de guerras injustas, absolutamente injustificadas y también ilegales a las que España se ha opuesto con voz firme. Lo hemos hecho ante Putin en su invasión en Ucrania; también al primer ministro Netanyahu con el genocidio en Gaza y también la ocupación del resto del territorio palestino; o al inmenso error de la guerra en Irán. Por tanto, alzamos la voz porque guardar silencio nos hubiera convertido en cómplices.

El segundo ámbito en el que opera este desorden mundial tiene que ver con la economía y con el comercio. Mientras la economía mundial atraviesa años de incertidumbre y de sobresaltos, yo creo que es importante también reivindicar que nuestro país, en términos relativos, sigue creciendo y está demostrando una resiliencia, que se dice ahora, bastante encomiable. Este año con un crecimiento de en torno al 2,6%.

Será, para que nos hagamos una idea, casi el triple de lo previsto en la zona euro, donde estamos creando en esa zona euro nada más y nada menos que el 85% del total de empleo de todos estos importantes países, del empleo asalariado. Superamos, como saben, los 22,5 millones de personas afiliadas a la seguridad social y todo ello mientras reducimos, gracias a la reforma laboral que acordamos con los agentes sociales, la temporalidad, que era siempre el talón de Aquiles de nuestro mercado laboral hasta el 12,3%. Es decir, hay más empleo y hay un empleo de mejor calidad y eso también es gracias a los empresarios y empresarias de nuestro país.

Creo que estas cifras, si ilustran algo, es un modelo de éxito en condiciones muy adversas, pero que no nos hacen apartar la mirada de las graves dificultades que aún persisten y que antes han sido mencionadas por otros intervinientes en nuestra sociedad.

La prioridad mayor probablemente es garantizar el acceso a la vivienda y hacer frente, por tanto, a la emergencia habitacional. Ese es el objetivo del acuerdo que alcanzamos el martes, fruto del diálogo con los grupos parlamentarios y también dentro del gobierno de coalición progresista. Y, por tanto, lo que le pido al Congreso de los Diputados y también a los grupos parlamentarios es altura de miras para convalidar los decretos en la sesión de mañana. Pido, en definitiva, que dejemos a un lado la ideología, que dejemos a un lado las confrontaciones partidistas y que nos centremos en una cuestión que es de pura humanidad.

Hay, evidentemente, otros desafíos como el alza de los precios del combustible, su impacto en el coste de la vida. Esta semana conocimos el dato adelantado de la inflación, un 4,9%, debido, lógicamente, al impacto de los precios energéticos, especialmente de los carburantes y del gas. Esa también es la factura del desorden que estamos pagando ya todas las sociedades, también la sociedad española, y nos toca, en consecuencia, hacer lo que podamos desde el poder ejecutivo, también desde el resto de instituciones autonómicas y municipales. Por eso, acabamos de prolongar hasta finales de año la protección a familias, a empresas, a industrias frente a la subida de precios provocada por la guerra en Irán.

Lo hicimos durante la pandemia, lo hemos hecho también durante la invasión de Ucrania y lo vamos a volver a hacer en todas y cada una de las crisis. Para que nos hagamos una idea con este tercer real decreto-ley, estamos movilizando un total de más de 12.000 millones de euros. Más de 12.000 millones de euros: no hay ningún gobierno en Europa que haya movilizado esta cantidad de recursos para proteger a su economía y a los hogares y, particularmente, a las personas más necesitadas de nuestro país. Y esto nos está permitiendo, entre otras cuestiones, evitar la mitad del incremento de precios que se habría producido si no hubiera el Gobierno y el Parlamento aprobado un paquete de medidas de escudo económico y social.

Nosotros, por tanto, lo que estamos diciendo es no solamente no a la guerra, sino sí a los escudos sociales. Otros, bueno, pues hacen lo contrario.

Tampoco somos ajenos al creciente uso de los aranceles como herramienta de coacción. Ese es el mundo del desorden que también algún otro promueve, y conviene recordar que en una guerra comercial nunca hay ganadores, que todos somos perdedores. Pierden las empresas, pierden los trabajadores, pierden también los consumidores y, sin duda alguna, también pierden ambos continentes, el americano y el europeo. Y por eso España siempre ha defendido un sistema comercial multilateral basado en reglas, gestionado por la Organización Mundial del Comercio, que favorezca en especial a los países más necesitados y lo hacemos por convicción.

Y también lo hacemos sin ninguna ingenuidad. Por ejemplo, en el actual marco de negociación comercial entre la Unión Europea y China, y antes comentaba el presidente de la Xunta, gracias por la colaboración, yo creo que ha sido más que la colaboración, pero en todo caso eso lo podemos dejar para la discusión, el año pasado, sí que me parece importante subrayar este dato, el déficit comercial de Europa con China rozó los mil millones de euros al día. Este año ha vuelto a crecer casi un 10%. Estamos hablando de que el déficit comercial que tiene Europa respecto a China supera los 360.000 millones de euros.

Eso no se puede asumir, no es asimilable por ningún tipo de economía, incluso también por gobiernos como el de España que, sin duda alguna, quiere tener las mejores relaciones con el gigante chino.

Por eso creo que es importante dar la bienvenida al comercio, a las inversiones que traigan empleo y tecnología, pero es imperativo reequilibrar esa relación comercial entre Europa y China.

En definitiva, frente al proteccionismo de algunos, más acuerdos, más socios y más regiones también aliadas de Europa, con equilibrio, con sentido común, eso también es orden frente al desorden, reglas claras y predecibles.

El tercero de los ámbitos al que me gustaría referirme es el de la emergencia climática. Si en algún terreno es urgente revertir ese orden, o mejor dicho, desorden global, es en este, porque no es aceptable que algunos pretendan dar marcha atrás frente a esta amenaza y con toda la evidencia científica a favor de que aceleremos esa transformación y esa transición ecológica. El cambio climático, lo he dicho muchas ocasiones, mata, desgraciadamente lo sabemos muy bien en nuestro país, pero también empobrece y sobre todo empobrece a las clases medias y bajas de nuestras sociedades.

Europa, lo hemos visto durante este verano, no está preparada para la emergencia climática que estamos sufriendo, se calienta al doble de velocidad que la media del planeta y su dependencia de los combustibles fósiles, agravada por las guerras, hace doblemente vulnerable a nuestro continente. La factura lo demuestra. Para que nos hagamos una idea, desde el inicio de la guerra de Irán, que ha sido hace escasos meses, Europa ha pagado, quédense con esta cifra, 100.000 millones de euros más por los combustibles fósiles que importa. 100.000 millones de euros más por los combustibles fósiles que importamos. Es decir, más de 3.000 millones de euros adicionales cada semana. Esta cifra equivale a la cuarta parte de todas las ayudas directas que hemos recibido de los fondos Next Generation.

Es decir, lo que Europa construyó para salir de la pandemia, el desorden nos lo ha arrebatado en una sola guerra, en unos pocos meses. España, evidentemente, lo tiene claro: Hay que depender cada vez menos de las decisiones que otros toman por nosotros y esa es la base de nuestra apuesta por las energías limpias. Eso es soberanía, eso es autonomía estratégica y, por cierto, es una apuesta inteligente porque está ahorrando mucho dinero a los bolsillos de los hogares de nuestras industrias y de nuestras empresas.

Antes, el presidente de la Junta hacía referencia, efectivamente, al total de energía renovable producida en Galicia. Bueno, en España representa ya el 60% de nuestra producción eléctrica. Esta apuesta, bueno, nos ha hecho más resilientes, confirma que la transición ecológica no sólo es una palanca de prosperidad para España, sino también una ventaja competitiva para nuestras empresas y lo estamos viendo en el precio de la electricidad, mucho más bajo que la media europea, muchísimo más bajo que Alemania, cuando Alemania siempre había sido competitiva desde el punto de vista energético respecto a nosotros. En definitiva, si me permiten el juego de palabras, 'frente a Ormuz, sol, agua y viento'. Necesitamos seguir avanzando en ese camino porque la aceleración del cambio climático está demostrando ya sus consecuencias más devastadoras.

Quédense también con esta cifra, las temperaturas extremas que hemos vivido en Europa podrían restar más de un 1% del Producto Interior Bruto Europeo. Entre 2021 y 2024, las pérdidas acumuladas asociadas a catástrofes y eventos climáticos extremos se estima en más de 200.000 millones de euros para los países europeos. Más de 200.000 millones de euros para los países europeos.

Por eso defendemos que la política de adaptación y de resiliencia, que estamos impulsando desde España, también sea el segundo pilar de la política climática europea junto con la descarbonización. Y hemos pedido desde España que en los próximos presupuestos europeos haya un paquete importante de recursos para la adaptación, no solamente la mitigación, sino la adaptación a los efectos de la emergencia climática en nuestro continente.

En definitiva, necesitamos el orden de la razón y de la ciencia hoy discutidos frente al desorden que conduce al desastre de la emergencia climática. Y ese mismo orden, ya para concluir, es imprescindible para hacer frente al cuarto ámbito que quiero resaltar y es el despliegue responsable de la inteligencia artificial.

Hace unos días supimos que un agente de una de las principales compañías de inteligencia artificial logró sortear las barreras de seguridad del sistema sanitario público australiano y acceder a información sensible de sus ciudadanos. La empresa responsable tardó casi tres meses, casi tres meses, en comunicar el incidente. Por tanto, no podemos esperar a que cada nuevo límite sea traspasado para preguntarnos después cómo reaccionar.

Yo sé que es muy difícil el cómo legislar, cómo regular, tanto a nivel nacional como a nivel también europeo -que lo hicimos bajo la presidencia española de la Unión Europea- y por supuesto multilateral, ante una tecnología que está avanzando de una manera exponencial. Pero las reglas no solo tienen que avanzar al mismo tiempo que la tecnología, sino que tenemos que hacer un esfuerzo porque se anticipen.

La inteligencia artificial puede mejorar diagnósticos médicos, aumentar la productividad, acelerar la ciencia, ahorrar millones de horas de trabajo. Sería absurdo responder a esa revolución desde el miedo cuando ofrece tantas oportunidades, pero con responsabilidad y con capacidad de gobernarla por parte de las autoridades democráticas. Seamos claros, ayer vimos una foto que, a mí, personalmente, me pareció claramente insuficiente al otro lado del Atlántico: el presidente de Estados Unidos diciéndole a los grandes tecno oligarcas que se tienen que autorregular. Yo creo que es un error poner en manos del zorro el cuidado del gallinero. Eso no va de pactos voluntarios entre tecno oligarcas y de autorregulación, esto va de obligaciones legales, de escrutinio público, de control social, de supervisión gubernamental y también, por qué no decirlo, de asunción de responsabilidades, incluso penales, en caso de que estén jugando con el algoritmo precisamente para hacer algo que nada tiene que ver con la convivencia democrática -a la cual antes hacía referencia Amancio-

España lleva tiempo predicando con el ejemplo. Fuimos la primera potencia en contar con una agencia de supervisión de la inteligencia artificial -querido presidente de la Junta-, instalada aquí, en La Coruña. Fuimos también el país que impulsó, gracias a la presidencia del Consejo Europeo, la primera regulación en el mundo de inteligencia artificial a nivel europeo. Acabamos de presentar el Plan Inteligencia Artificial 360, que es una hoja de ruta centrada en un despliegue responsable -y subrayo, responsable- para aprovechar todas las oportunidades que ofrece y, bueno, eso creo que nos da una cierta autoridad para defender una inteligencia artificial con vocación humanista, porque actuamos mucho antes que los demás.

Ahora lo que necesitamos son, como he dicho antes, marcos regulatorios sólidos en el ámbito nacional. Creo que tenemos un proyecto de ley que ahora mismo está en tramitación parlamentaria, donde no solamente estamos hablando de prohibir las redes sociales -su uso- a los menores de 16 años, sino también estamos abriendo la puerta a muchas de estas medidas legales que antes he dicho de asunción de responsabilidades por parte de estas grandes plataformas. Tenemos que hacerlo también a nivel europeo y creo que hay que dar la bienvenida a esa propuesta que hizo la presidenta de la Comisión Europea, recogiendo no solamente las demandas del Gobierno de España, sino las que hicimos conjuntamente con la presidencia de la República Francesa y con su gobierno hace ya unos cuantos años.

Creo que el progreso nunca ha consistido en renunciar a las reglas, ha consistido en construir reglas a la altura del momento que vive cada sociedad y todo lo que he mencionado hasta ahora nos conduce al mismo lugar para concluir mi intervención, que es Europa.

Miren, los poderes que estamos intentando gobernar han adquirido una escala planetaria. Probablemente, cuando se habla con los expertos y académicos, si se miran los registros, jamás ha habido un nivel de desigualdad en la historia de la humanidad como el que hay ahora mismo. El que solamente una persona en Estados Unidos concentre una riqueza semejante al 20% de toda la población estadounidense da una muestra de cuál es la desigualdad y la asimetría de poder que ahora mismo existe entre unos tecno-oligarcas y las sociedades democráticas y, por tanto, también sus gobiernos. Por tanto, los poderes que estamos intentando gobernar han adquirido una escala planetaria y, por eso, pretender responder exclusivamente desde el ámbito estatal creo que es absolutamente insuficiente.

Frente a las fuerzas del desorden, España defiende una Europa con mayor capacidad de actuación. Pero no podemos pedir a Europa más seguridad, más autonomía, más competitividad, más adaptación a la emergencia climática, más capacidad tecnológica, mientras reducimos instrumentos para conseguirlas. Necesitamos, por tanto, un presupuesto europeo mucho más ambicioso de lo que se está planteando ahora mismo, a la altura de los desafíos que afrontamos, que nos permita abordar de manera conjunta la financiación de eso que hemos llamado bienes públicos europeos- la seguridad lo es, la defensa también, la emergencia climática debería serlo, la ciencia, como nos dice Draghi, también debería serlo- y otras muchas cosas. Y, por supuesto, la cohesión y la PAC y las políticas sociales. El pilar social siempre abandonado durante estos últimos años del debate europeo, desafortunadamente. Porque si Europa renuncia a su modelo y a sus valores, estaremos renunciando a su alma y a lo que representa en un mundo muy necesitado también de esa referencia moral por parte de Europa.

Y, en este punto, permítame una reflexión. ¿Qué interés nacional, de política exterior o idea de Europa se está defendiendo cuando se decide tumbar un Tratado de Amistad con Francia?

Concluyo, volviendo a la pregunta inicial. ¿A quién le interesa un mundo en desorden? La respuesta, a mi juicio, es clara. A quien sabe que cuando desaparecen esas reglas puede imponer las suyas. Y la sociedad necesita reglas justas.

En muchas ocasiones, cuando hablas con algunos de estos tecno-oligarcas, dicen: la tecnología es neutral. No, la tecnología no es neutral. Si algo nos ha demostrado la historia a lo largo de la humanidad es que la tecnología es poder y, por tanto, tenemos que gobernarla desde los valores democráticos que representamos.

La sociedad necesita, como he dicho antes, reglas justas porque la inmensa mayoría de la gente tiene un trabajo, un negocio, una familia, un proyecto de vida que quiere materializar y quiere certezas. Y, más importante aún, si me permiten, que cuando llega una crisis -y ya llevamos unas cuantas, por desgracia-, o cuando en el mundo hay algunos que intentan imponer un nuevo orden a la fuerza, pues demostrarles que no están solos. Y para eso sirven las reglas, para eso sirven las instituciones públicas, para eso sirve Europa y para eso sirve también el orden multilateral. Para que ningún ejército sea más fuerte que el derecho internacional, para que ningún monopolio sea más fuerte que el mercado, para que ningún algoritmo sea más fuerte que nuestras democracias, para que ninguna crisis deje sola a una familia frente a fuerzas contra las que jamás podría valerse por sí mismas. Ese es el orden que merece la pena construir.

Nada más y muchas gracias.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)