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Intervención del presidente del Gobierno en el Instituto Nacional de Ciberseguridad

León, martes 9 de abril de 2019

Buenos días, querido Paco, secretario de Estado para el Avance Digital, señor consejero de Empleo, Familia e Igualdad de Oportunidades de la Junta de Castilla y León, alcalde, director del INCIBE, Alberto, señoras y señores y, sobre todo, trabajadores y trabajadoras de este lugar.

Uno de los comentarios más asumidos de nuestro tiempo, es que vivimos en un cambio de era. Tanto se dice que se corre el riesgo de que se pierda realmente el significado de todo lo que ello implica. Pero si en algún ámbito esta realidad de los cambios es evidente y diaria, yo creo que es en el ámbito de la ciberseguridad.

Afrontamos transformaciones, como hemos podido ver en esta visita, que están suponiendo todo un test de estrés para los Estados para las ciudadanías y, también, para las empresas de las sociedades como la española, que son sociedades abiertas.

Convivimos con las grandes innovaciones que trae consigo la revolución digital, pero también con claras amenazas favorecidas por ese cambio tecnológico. Una de las más claras son las relacionadas con el mundo cibernético. Por ello, tomarse en serio las ciberamenazas es tomarse en serio la democracia y también las libertades en sociedades abiertas como la nuestra,

La ciberseguridad, en consecuencia, no es como bien comentaba antes el alcalde, una opción, es, lógicamente, una necesidad. Una política de Estado que debe trascender coyunturas y, sin duda alguna también siglas, y que debe ir más allá de nuestras fronteras e implicarse en el proyecto europeo y, también, como bien ha comentado antes Alberto, el director, con otros países del mundo. Porque es todo lo que representa la unión contra la que se dirigen en muchas ocasiones estas ciberamenazas.

Internet no empezó a usarse de manera generalizada hasta los primeros años de la década de 1990. Es decir, apenas hace 30 años. Hoy, en cambio, no podemos imaginar la vida sin Internet.

Hemos trasladado al mundo digital múltiples facetas de nuestra vida desde las transacciones comerciales hasta las financieras. Y, también se produce en Internet una parte nada desdeñable de nuestras relaciones sociales y de nuestras comunicaciones. Desde las más fácilmente identificables como son las positivas para familiares y amigos, como es Whatsapp, Facebook o Twitter, hasta las más negativas, como es el reclutamiento de terroristas o el ciberacoso. Y, también, está cambiando la relación de la ciudadanía con las Administraciones Públicas.

En resumen, hemos volcado una ingente cantidad de información, de datos a la red y también, una ingente cantidad de datos privados de los ciudadanos y ciudadanas. Y hemos trasladado también a lo digital tareas cotidianas, sin las que no concebimos nuestra vida, nuestra profesión y nuestra familia. Internet y la revolución digital han supuesto una revolución cultural.

En los primeros años de esta revolución cultural que supuso la eclosión de Internet predominó, en cierta medida, la euforia y el optimismo. Se hicieron grandes augurios respecto a los efectos positivos que la red iba a tener en distintos ámbitos de nuestra vida: la economía funcionaría mejor, , la conversación pública entre ciudadanos sería mucho más fluida, más permanente, la democracia sería mucho más horizontal y se extendería por el mundo gracias a la comunicación global. Pero dos hechos contribuyeron a mermar esta perfección positiva de los nuevos tiempos.

A mi juicio, por un lado, la crisis económica y financiera golpeó, con fuerza, la confianza general de la ciudadanía, que asumieron, con razón, que los excesos de las finanzas en la economía eran inseparables de la innovación digital y de las posibilidades que abría a la especulación.

Y, en segundo lugar, sufrimos los efectos del uso malicioso de las herramientas digitales, especialmente, con el terrorismo, que se ha valido de las redes para la captación y, también, para la financiación de sus actividades delictivas. Y, también, con la utilización del "big data" o las "fake news", en las redes, que se promueven desde muchos lugares del mundo, con más dificultad para poder identificar, pero con una clara intencionalidad política, y es la de "hackear" la democracia y hacer perder a la ciudadanía la confianza en sus sistemas democráticos.

Estos años, hemos visto un incremento de robos de datos, como bien me comentaba antes el director, ataques de denegación de servicios, "hackeo" de alto tan común como son los móviles, como son los emails, ciberataques ante infraestructuras que son esenciales para el día a día de una sociedad, y, también, elecciones. A veces, seguidos, de dinámicas de desinformación.

Ahora se habla de guerras híbridas, precisamente, por eso, por la mayor dificultad a la hora de identificar al que organiza, y promueve esas hostilidades. Y por el variado catálogo de interferencias que proporciona las innovaciones digitales y también la red.

Debemos tomarnos muy en serio estas amenazas por parte de actores estatales y no estatales. Esto es evidente, son reales, ni siquiera son ya amenazas. Hemos sufrido ataques e intentos de penetración en nuestras redes, y debemos acostumbrarnos a lidiar con ellas y hacerlo con éxito de la mano de profesionales de excelencia con los que trabaja, por ejemplo, el INCIBE, y que tengo el honor de poder dirigirme a todos vosotros y vosotras -si me permitís el tuteo- y en otros organismos estatales como es el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas o el Centro Criptológico Nacional, perteneciente al CNI. Todo ello, coordinado por el Consejo de Ciberseguridad Nacional impulsado, a su vez, por el Departamento de Seguridad Nacional que depende de La Moncloa.

Y, también, hemos de coordinarnos con las empresas y con la sociedad civil, como bien hacéis desde aquí, desde el INCIBE, que asumen y viven los riesgos en primera persona. Ciertamente creo que la colaboración y, sobre todo, la colaboración público privada es esencial para no quedarnos atrás en este desafío. Y para ello creo que va a ser fundamental el que redoblemos los esfuerzos a la hora de conciencia a la ciudadanía respecto a estos nuevos retos que afectan a la seguridad nacional. Que afecta a su seguridad personal.

Con esa convicción, en estos meses hemos convocado en varias ocasiones el Consejo de Seguridad Nacional para tratar estos asuntos de la ciberseguridad. Y nos hemos marcado, además, director, el objetivo de renovar en 2019, la Estrategia Nacional de Ciberseguridad. La anterior es del año 2013, más de cinco años que en un campo como este, me imagino que será prácticamente una vida.

La Nueva Estrategia estará alineada con la Estrategia Nacional de Seguridad que se aprobó en el año 2017, y que define a España como un país con vocación global, interconectado y, en consecuencia, interdependiente. Un país que debe adaptar y cito textualmente lo que decía esa Estrategia de Seguridad Nacional: "Adaptar a esta transformación y aprovechar sus oportunidades de progreso, a la vez que aborda los nuevos desafíos que comporta la hiperconectividad".

Sin duda alguna, nuestro país es un país que mira y que tiene una clara vocación europea. En el contexto europeo, España es uno de los países más avanzados en la materia, algo que puedo garantizaros, lo vivo en primera persona cuando tengo la oportunidad de poder reunirme con los colegas europeos, a nivel de Consejo. España es uno de los países más avanzado, como os decía en esta materia, lo sabéis bien. Algo que tiene que quedar reflejado y reforzado en la Nueva Estrategia de Ciberseguridad. Porque, insisto, la ciberseguridad debe ser una política de Estado, que trascienda lo que son las siglas y las coyunturas. Y cuyo ámbito de actuación alcanza a Gobiernos, a organismos multilaterales, a empresas y sociedad civil.

La hiperconectividad implica que vendrá de la mano con aquellos con quienes estamos conectados. Apagar y volver a tiempos pretecnológicos ya no es una opción, tampoco lo es soñar con muros y con nuevas fronteras. El pasado es pasado porque no era algo bueno, sino un lugar del que queríamos salir y salíamos gracias a progresos científicos y tecnológicos, y también social. No es momento, en consecuencia, de nostalgia sino de avanzar con seguridad.

Una labor que trasciende a los Estado-Nación. La ciberseguridad es, junto al cambio climático, y junto a la desigualdad uno de los retos que más evidencian la globalización en la que estamos, y en la que debemos saber desenvolvernos y adaptarnos.

Y las fortalezas de España yo creo que son muchas, entre ellas, lógicamente, pertenecer a la Unión Europea y estar en su centro de mando, debemos, también, proteger a Europa en el ámbito de la ciberseguridad para que así Europa pueda proteger a los ciudadanos.

Señoras y señores, la ciberseguridad nos tiene que ayudar a transformar la desconfianza hacia el cambio tecnológico que sufren muchos ciudadanos en nuestro país, en una nueva confianza en el futuro. Nos tiene que ayudar a convencernos de que tenemos más herramientas que nunca, porque es verdad que tenemos más herramientas que nunca, y no menos, para afrontar con éxito los grandes retos que tenemos como sociedades.

Por eso la ciberseguridad cumple un papel que va mucho más allá de lo económico, siendo esto importante, porque sin duda lo es, en el ámbito del desarrollo industrial, la creación de empleo, y, sobre todo, de empleo de calidad. Atañe, también, a la calidad de la democracia, porque influye en la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, en su sistema democrático.

La ciberseguridad no sólo protege activos sino también, esto es lo más importante, a mi juicio, protege valores, principios, convivencia, tolerancia, respeto. Por eso, a mi juicio, es tan importante.

De que afrontemos con éxito la ciberseguridad depende nada más y nada menos que la forma en la que nuestras sociedades mirarán el futuro. Si es con miedo o con esperanza. Viendo, como he podido ver, hoy la calidad de nuestros profesionales y, sobre todo, Alberto, la calidad de este proyecto emblemático que se está liderando desde lo público, a mí no me cabe duda de que será más la esperanza que el miedo.

Así que, ha sido un verdadero honor está en León, alcalde. Y, sin duda alguna, poder compartir estos minutos tanto con el director general, como con todos los trabajadores y trabajadoras del INCIBE.

Muchas gracias

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)