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Intervención del presidente del Gobierno en la Oficina de Atención al Deportista

Madrid, Comité Olimpico Español, lunes 8 de abril de 2019

Buenos días, presidente del Comité Olímpico Español, Secretaria de Estado del Deporte; presidente de la Universidad Católica de Murcia, José Luis, Eli Pinedo, Diego García. Rafael Lozano, Montserrat, Pilar,

Amigos y amigas deportistas, todos y todas,

Vivimos en una era en la que constantemente encontramos disyuntivas. Encontramos encrucijadas. Todos lo experimentamos a diario. Algunas de esas disyuntivas son reales, son ciertas, pero otras muchas no lo son.

Por ejemplo, cuando hablando del futuro del planeta, unos dicen que no podemos ser sostenibles y eficientes, y es justamente todo lo contrario. Hoy en día, la única manera de ser eficientes es siendo sostenibles.

Algunas de estas disyuntivas, de estas encrucijadas atañen al deporte. Os atañen a vosotros, a vosotras, los deportistas.

En vuestro ámbito, seguro que habéis escuchado con frecuencia que no se puede ser deportista de élite y, al mismo tiempo, formarse en otra cosa, emprender en otros ámbitos y preparar el futuro.

En esencia, os dicen que el deporte de élite es un todo o nada, del que sólo cabe esperar medallas durante unos pocos años, en el mejor de los casos. Y, después sufrir la inadaptación al mercado laboral o, sencillamente, tener dificultades para volver a una vida lejos del deporte de élite.

El deporte, como bien se ha dicho antes aquí, por parte de Alejandro, es una forma de estar en el mundo, de ser. Una comunidad de valores, de principios. Una manera de pensar, una manera de actuar. Y de eso, uno no se olvida nunca. Es un sentimiento que siempre te va a acompañar mucho más allá del deporte.

El deportista se sentirá deportista toda su vida. Y lo será siempre, pero no profesionalmente. Y es ahí, en ese salto, desde la Oficina de Atención al Deportista del COE, así como también con el programa de Atención al Deportista del Consejo Superior de Deportes, que antes comentaba la Secretaria de Estado, donde se debe jugar un papel clave.

Partimos de una convicción que compartimos todos los que estamos aquí. Y es que no es justo que nos deis medallas, alegrías, prestigio, orgullo de país, de nación, en cada cita en la que vosotros y vosotras competís, y que nos olvidemos de vosotros y de vosotras cuando dejéis el deporte o al retiraros.

Vuestro sacrificio, vuestra determinación, vuestra dedicación y vuestra pasión nos benefician y nos han emocionado a todos y a todas. Y España ha de saber reconocerlo y actuar en consecuencia.

Se trata de que, en definitiva, el aplauso y los vítores que, merecidamente, recibís en las villas olímpicas, se refleje también en el día a día de vuestras vidas, en vuestros proyectos personales, en vuestros proyectos profesionales.

Por eso, iniciativas como la que hoy se está presentando, se está reivindicando, muy acertada, por cierto, la Oficina de Atención al Deportista, tiene aspectos que, a mi juicio, son muy importantes, y que me gustaría compartir con vosotros y con vosotras.

Por un lado, porque esta Oficina ayuda al deportista a compaginar los entrenamientos con sus estudios o con su trabajo, como hemos visto. Y, por otro lado, para facilitarles, o facilitaros su incorporación al mercado laboral una vez terminada su carrera deportiva.

Es necesario rebelarse contra las falas disyuntivas a las cuales hacía referencia al principio de mi intervención. No hay que elegir entre competir o estudiar. No se tiene que elegir entre competir y trabajar. Se pueden hacer ambas cosas.

Las deportistas y los deportistas españoles se lo merecen; os lo merecéis. Os lo habéis ganado. Y vuestra labor y vuestro papel en la sociedad va más allá de los logros concretos que son muchísimos en el caso español, como hemos visto en los videos. El deporte y los deportistas aportáis, además, a mi juicio, dos aspectos básicos para la buena salud de nuestras sociedades.

En primer lugar, como comenté también en la Nucía, sois nuestros mejores embajadores. Transmitís una imagen positiva de nuestro país, de España, tanto en el exterior como en nuestro propio país. Generáis comunidad, que es importante, es fundamental. Y un sentimiento de pertenencia que nos acerca a todos y que nos cohesiona, en consecuencia. Y, además, siempre es fuente de trasmisión, de trasmisión de valores, de principios, de habilidades para la vida.

El mayor de los ejemplos lo encontramos en la competición deportiva por excelencia, que son los Juegos Olímpicos, y también los Juegos Paralímpicos.
Si hablamos de valores olímpicos, por algo será.

Por tanto, cuando fomentamos el deporte, cuando nos ocupamos del bienestar y el futuro de nuestros deportistas, también estamos cuidando nuestro país, cohesionando nuestras sociedades. Todos nos beneficiamos de esta cooperación y juntos debemos afrontar los desafíos de esta política de Estado, porque el deporte tiene que ser una política de Estado en nuestro país: deportistas, organizaciones, asociaciones, como bien se ha comentado antes; Gobiernos, instituciones, en definitiva, y, por supuesto, una sociedad civil que os admira y a la que no dejáis de sorprender y de darle alegrías.

Todos estos éxitos vienen y vendrán de la mano del trabajo de los deportistas. Pero también de las aportaciones que todos y todas hagamos, para que ese trabajo sea y se desempeñe de la manera más sencilla posible.

El trabajo en equipo es uno de los grandes valores de los deportistas. Nelson Mandela decía que el deporte tiene el poder de cambiar el mundo, y él lo vivió muy en primera persona, además. Yo creo que todos los que estamos aquí  creemos en lo mismo, que el deporte puede cambiar el mundo. Que el mundo puede cambiar con mayúsculas. Y que el pequeño mundo que tenemos a nuestro alrededor, y que tanto nos importa, también puede ser cambiado gracias al deporte.

Cambiáis el mundo cuando hacéis deporte, porque ofrecéis un horizonte, una inspiración, un ejemplo, un reto, un desafío, un objetivo, a millones de niños y niñas de todo el mundo, que os ven, que inspiráis desde los distintos barrios y países sin importar la riqueza o la pobreza, y se esfuerzan, además, en ser, como vosotros y como vosotras.

En definitiva, sois fuente de esperanza. Representáis la esperanza de muchos niños y niñas. Les enseñáis que hay un camino en el que lo principal serán las propias fuerzas y el trabajo duro. Y ese horizonte de justicia, a través del deporte, es, en muchos casos, el único que tienen. La capacidad inspiradora del deporte es asombrosa, es emocionante.

En un mundo dominado por miedos, también por angustias, por muchas incertidumbres, vuestro papel es más importante que nunca. Y debemos potenciarlo e incentivarlo entre todos. Esa capacidad inspiradora se evidencia, por ejemplo, en el compromiso de tantos deportistas, de tantas deportistas de élite, que aprovecháis el prestigio de vuestros nombres para implicaros en las causas más nobles de vuestro tiempo o de nuestro tiempo.

Por ejemplo, la lucha contra la pobreza infantil a través de uno de los marcos que hicimos desde el Gobierno de España con la Agenda 2030. En la lucha contra el hambre, en la colecta de ayudas tras un desastre natural, o en la concienciación contra la lacra social de la violencia de género.

Los deportistas, vosotras y vosotros, nos enseñáis a ganar, y, también, aquí se ha dicho, a perder.

A levantarnos cuando nos caemos. A superarnos cuando otros creen que hemos de conformarnos, que nos tenemos que resignar. Nos enseñáis una forma de entender la vida, en la que la competencia y el respeto son indisociables. En las que no vale ganar a cualquier precio, sino que hay que reivindicar el juego limpio, sin hacerlo, pues, con ventajismos, sino en pie de igualdad y reconociendo al otro.

El mundo tiene mucho que aprender de vosotros y vosotras. Es hora de que el deporte sea una prioridad. Es hora de que se reconozca su papel y su influencia positiva para España y para el conjunto de ciudadanos y de ciudadanas.

Es hora, en definitiva de que estemos todos a la altura de vuestro esfuerzo y de todo lo bueno que dais a nuestro país.

Todos los que os dedicáis al deporte de élite podéis hacer grandes cosas por el deporte español. Y, sin duda alguna, lo hacéis, pero también podéis hacer grandes cosas por vuestro país cuando dejéis la élite de vuestras relativas disciplinas deportivas. No son cosas incompatibles. No deberían serlo. No deben serlo.
Entre todos y todas, con iniciativas, como la Oficina y el Programa de Atención al Deportista, creo que vamos a hacer posible lograr este objetivo.

Deportistas, amigos y amigas, en el horizonte está la gran cita de Tokio 2020. Allí esperamos repetir los éxitos de Río 2016 donde brillaron con luz propia nuestros deportistas y, especialmente, me vais a permitir, las mujeres que obtuvieron más medallas, 9, que los hombres, 8. Serán los primeros Juegos bajo la influencia de lo que antes os comentaba, de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Una Agenda que recoge, como bien sabéis, 17 objetivos de desarrollo sostenible, en los que el deporte juega, a mi juicio, un papel fundamental, determinante.

La Agenda 2030 pretende hacer más atractiva la competición para un público joven. Equilibrar la participación masculina y femenina, y ayudar al mismo tiempo a crear conciencia de los problemas globales que nos afectan al conjunto de la humanidad.

Como antes os decía, el deporte trasciende los logros de las competiciones y seguro que serán unos juegos memorables. Estoy convencido de ello. Seguro que vais preparados, preparadas, porque trabajáis duro, muy duro, muy duro. Porque os esforzáis cada día en superaros un poco más, y así lo demostráis en cada competición.

Los deportistas españoles no pierden ninguna oportunidad de recordarnos el nivel en el que están. Y tengo que deciros que estamos orgullosos de ello. Estamos orgullosos de vosotras, de vosotros. Y vamos a trabajar, también, desde la parte de las Instituciones Públicas para estar todos a vuestra altura.

Vamos a estar a la altura de vuestro compromiso, de vuestro espíritu deportivo y, también, vital y profesional. A la altura de vuestro ejemplo, y de vuestro espíritu de sacrificio. Ese es, y será el mejor aplauso que podremos daros.

Muchas gracias. Y gracias Alejandro, por esta invitación.

(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)

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