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"Un Gobierno de concentración podría ayudar pero bastaría con estar juntos"

"Lo ideal sería no tomar decisiones drásticas pero para eso deben rectificar"

Entrevista a Mariano Rajoy en "El País", domingo 8 de octubre de 2017

Entrevista realizada por Antonio Caño, Jorge Rivera y Rafa de Miguel. Mariano Rajoy es consciente de que con el desafío independentista catalán se enfrenta a una de las situaciones más graves en la historia de la democracia española. Son muchas las voces que le reclaman una actuación más contundente ante la rapidez con que la Generalitat y el Parlament avanzan hacia una declaración de independencia mientras se mantiene la tensión en la calle. El presidente del Gobierno se muestra dispuesto a echar mano de todos los instrumentos que la ley pone en sus manos para evitar la ruptura de la unidad de España, pero reclama que se tenga confianza en su Gobierno y se respete su derecho a elegir el momento y la dosis necesaria de respuesta, con el fin de que el desenlace se produzca con los menores daños posibles.

​Pregunta.- La sociedad está asustada. Los ciudadanos tienen miedo. Dos o tres generaciones de españoles se enfrentan a una situación que jamás pensaron vivir. ¿Qué mensaje querría enviar a todas esas personas?

Presidente.- Entiendo muy bien su inquietud. Estamos hablando de algo que es muy importante y que nos afecta a todos como españoles. Estamos hablando de la unidad de nuestra nación. España ha avanzado mucho, sobre todo en los últimos 40 años, y hoy es una de las grandes economías del mundo y uno de los lugares con mayor nivel de derechos, de libertades, de bienestar, de progreso y de atención a las personas. Quiero decirles que vamos a salir adelante. Y también que tienen un Gobierno que va a defender, como es su obligación, la unidad nacional y la soberanía nacional. Y lo va a hacer tomando todas las decisiones que tenga que tomar y en el momento en que sea preciso hacerlo. E intentando que esto se salde con el menor daño posible.

Sería muy importante también en estos momentos -y por ahí debería ir el futuro- que ese catalanismo constitucional y pactista que contribuyó al crecimiento económico en nuestro país y a la mejora de nuestro bienestar y riqueza en los últimos 40 años volviese. Que terminara las alianzas con extremistas y radicales y que buscara esa alianza con los partidos que representan prácticamente a la mitad de Cataluña, a los que se ha discriminado y a los que ni siquiera se les dejó opinar sobre las importantes decisiones que se tomaron en las últimas fechas. Tengan la seguridad de que esta batalla se va a dar y de que se va a ganar, porque es una batalla justa, es una batalla legal y es lo que quiere la inmensa mayoría de los españoles y lo que sentimos todos.

P.- ¿Existe un riesgo de que España se divida?

Presidente.- En absoluto. España no se va a dividir y la unidad nacional se va a mantener. Emplearemos para ello todos los instrumentos que nos da la legislación. Corresponde al Gobierno tomar la decisión y hacerlo en el momento concreto. Hemos oído a mucha gente. Creo que sabemos lo que piensan los españoles. Y deben saber que el Gobierno también conoce lo que tiene que hacer.

P.- ¿Qué hará el Gobierno en el supuesto de que la próxima semana el Parlament de Cataluña haga un pronunciamiento a favor de la independencia?

Presidente.- Vamos a impedir que se produzca la independencia. Por eso puedo decirle con absoluta franqueza que no se va a producir. Es evidente que tomaremos cualquiera de las decisiones que nos permiten las leyes a la vista de cómo vayan evolucionando los acontecimientos. Quiero decir una cosa con absoluta claridad: mientras la amenaza de una declaración de independencia no desaparezca del panorama político va a ser muy difícil que el Gobierno no tome decisiones.

P.- ¿Incluido el artículo 155 de la Constitución?

Presidente.- Yo no descarto absolutamente nada de lo que dice la ley. Lo que tengo que hacerlo es a su tiempo, que es lo más importante en este momento. Lo ideal sería que no hubiese que tomar soluciones drásticas, pero para ello tendrían que producirse rectificaciones.

P.- Es usted consciente de que se ha debatido la idoneidad de aplicar el artículo 155 antes de que se llegara a la situación actual. ¿Por qué ha renunciado hasta ahora el Gobierno a su uso?

Presidente.- Hay muchas opiniones y las entiendo todas. Fíjese sin embargo en la posición de los partidos más importantes del Parlamento. El PSOE defiende una reforma constitucional y no es un entusiasta del 155. El señor Rivera quiere que se aplique ese artículo pero solo para que nosotros convoquemos elecciones autonómicas en Cataluña. Podemos pretende que haya una mediación por parte de alguien y que el Gobierno se siente a negociar bajo la amenaza de este chantaje. Hay opiniones diversas, y luego cada ciudadano tiene la suya. Yo soy el único español que no puede decir lo que hay que hacer, porque tendré que hacerlo en su momento.

A mí me gustaría que a la mayor celeridad posible se retire la amenaza de la declaración de la independencia, porque eso va a dificultar mucho las cosas en el futuro. Si la retiran, se evitarán males mayores. Cada vez se están produciendo cosas más negativas para todos. El simulacro de referéndum fue negativo para todos. Ahí vemos las consecuencias económicas en los sectores del turismo, en los sectores empresariales. Los mercados empiezan a ponerse nerviosos. Cuanto más tiempo pase sin que retiren la declaración de independencia, peor para todos. Y aún están a tiempo.

P.- Hay otros instrumentos en la Constitución además del 155: el estado de excepción o incluso el estado de sitio. ¿En qué medida o en qué orden cree usted que deberían ser aplicados?

Presidente.- Lo que el presidente del Gobierno vaya a plantear al Consejo de Ministros no puede ser publicado antes, como ustedes comprenderán. Y, lógicamente, antes tendré que hablar, según se vayan produciendo los acontecimientos, con otras fuerzas políticas.

P.- ¿Puede tolerar el Gobierno una declaración de independencia escalonada, que no sea efectiva inmediatamente, como podría intentarse en el Parlament?

Presidente.- Mire, no. No hay ningún Gobierno en el mundo que esté dispuesto a aceptar hablar sobre la unidad de su país ni sobre la amenaza a la unidad de su país. Bajo chantaje no se puede construir nada. Por tanto, es absolutamente irrelevante que pretendan que la declaración de independencia entre en vigor al día siguiente o que sea una declaración de independencia con condición suspensiva, resolutoria, en diferido o con cualquiera de las múltiples formas que andan circulando por ahí. Vamos a ver si somos serios y dejamos las cosas claras: no se puede construir nada si no desaparece la amenaza contra la unidad nacional. Ni en España ni en nigún mundo.

P.- ¿Hay alguna forma de impedir ese siguiente paso? Aunque sea nula desde su inicio, ¿puede el Estado evitar que se produzca el acto mismo de la declaración de independencia?

Presidente.- Depende fundamentalmente del presidente de la Generalitat. Lo que depende del Gobierno es proceder a su anulación y que no entre en vigor nunca. En este momento el presidente de la Generalitat ha convocado un pleno para hablar de la situación política en Cataluña, no para hablar de una declaración de independencia. No hay la seguridad de que esté ese asunto en el orden del pleno. No lo está en este momento.

P.- ¿Le ha sorprendido que las cosas hayan llegado al punto en que están hoy?

Presidente.- Nunca lo descarté, porque se me dijo muchas veces.

P.- Su estrategia antes del 1 de octubre era asegurar que no habría referéndum. No ha habido uno que pueda ser reconocido como tal, pero hemos visto más urnas y papeletas de las que esperábamos ver. No se le da valor público, pero fuera de España ha podido dársele cierta validez emocional. Da la impresión de que los hechos han desbordado los cálculos del Gobierno.

Presidente.- Teníamos una obligación que era impedir el referéndum, y todo el mundo sabe que no ha habido un referéndum. Nuestro segundo gran objetivo era que eso se hiciera con el menor daño posible. Lo que ocurrió fue debido al empecinamiento en mantener una apariencia de referéndum cuando sabían que era absolutamente ilegal. Esa es la gravísima irresponsabilidad de quienes han tomado esta decisión.

P.- ¿Podría el Gobierno haber hecho alguna otra cosa para evitar que llegáramos hasta este momento?

Presidente.- Era muy difícil porque ya desde el año 2010, cuando la Generalitat aprobó su Presupuesto, el partido mayoritario entonces, Convergència i Unió, tenía 62 escaños. Aprobó dos Presupuestos con el apoyo del Partido Popular de Cataluña. Se empeñaron en adelantar las elecciones y bajaron a 50 escaños. Luego organizaron otro simulacro de referéndum, volvieron a adelantar elecciones y acabaron con 30 escaños y con la necesidad de aliarse con la CUP.

A mí se me hicieron dos planteamientos que no podía entender y que sabían que no iban a salir adelante. El primero fue pedir un sistema fiscal como el Concierto vasco. Recuerdo que hablé al respecto con el secretario general del PSOE y estaba radicalmente en contra, como estábamos todos. Le ofrecimos al señor Artur Mas que fuera al Parlamento a defender su posición y no quiso hacerlo. Después pidieron el famoso referéndum. Sí o sí. En unas conversaciones no se puede plantear al interlocutor un contrato de adhesión para que firme o para que se oponga. Eso es exactamente lo que yo he vivido con el señor Puigdemont. O hay referéndum o no hay nada de qué hablar. A partir de ahí, pudimos haber cometido otros errores, pero el error fundamental ha sido pretender hacer un referéndum en el que se ponga en tela de juicio la soberanía nacional. Sabía positivamente que no se lo iba a autorizar.

P.- ¿Le ha faltado al Gobierno iniciativa política para presentar como pidieron muchos -incluido EL PAÍS- un proyecto para Cataluña dirigido a aquellos ciudadanos no independentistas que aun así no estaban cómodos en la actual situación?

Presidente.- Venimos de 40 años muy positivos para la historia de nuestro país, desde la aprobación de la Constitución. España es un país del que podemos presumir. Tenemos uno de los PIB más elevados del mundo y una renta per cápita muy importante. Es un país con democracia, con libertad, con derechos humanos y separación de poderes, y que está integrado en la Unión Europea. La Constitución de 1978 fue un gran pacto entre españoles en la que todos se vieron obligados a ceder en sus posiciones. Se estableció un sistema con el mayor nivel de autogobierno para las comunidades de toda nuestra historia. Desde entonces hicimos grandes cosas, como entrar en Europa. Ahora tenemos que seguir construyendo Europa, que afronta debates muy importantes en materia de Defensa, de inmigración, respecto a los refugiados o sobre cómo integrarnos mejor. Yo creo que ese es un proyecto mucho más ilusionante que un proyecto de división, de separación y de vuelta al pasado. Un proyecto que, como se está viendo ahora, está basado en engaños.

P.- Durante este último año puso en manos de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría la respuesta al desafío catalán. Se llegó a hablar de una Operación Diálogo. Sin embargo, parece que se centraron más en la respuesta jurídica a la ofensiva que en presentar una propuesta política atractiva.

Presidente.- Es muy difícil dialogar con quien no tiene más que un objetivo y es incapaz de moverse ni un centímetro. Nosotros planteamos una Conferencia de Presidentes de Comunidades Autónomas y el presidente de Cataluña no quiso venir. Allí hablamos de temas muy importantes para los catalanes, como por ejemplo el nuevo modelo de financiación autonómica, las pensiones, protección civil o el pacto de violencia de género. Fue una de las reuniones más constructivas a las que he asistido en los últimos tiempos. No quisieron participar en las reuniones de trabajo. Cuando uno es incapaz de moverse se lo pone imposible al otro. Es exactamente lo que está sucediendo ahora.

P.- La estrategia del independentismo intenta desalojar al Estado de Cataluña por la fuerza de los hechos. ¿Está el Estado presente en Cataluña y controla la situación?

Presidente.- Hemos tomado dos decisiones como el control de las cuentas públicas de Cataluña y el mantenimiento allí de las fuerzas de orden público. Estas dos decisiones demuestran que el Estado tiene resortes para velar por el cumplimiento de la legalidad. Pero es evidente que hemos construido un modelo de Estado, que es el que viene de la Constitución de 1978, que divide las responsabilidades entre las distintas instituciones. Cataluña tiene la gestión de la sanidad, la educación, los servicios sociales y el orden público. El Estado solo puede intervenir en circunstancias excepcionales como las que estamos viviendo ahora. El problema es que este modelo de Estado que hemos construido se basa en un principio capital en una democracia que es la lealtad entre instituciones, y aquí se ha quebrado. Pero la propia Constitución le da al Estado instrumentos suficientes para que las cosas vuelvan a su curso. Lo que pasa es que el que tiene que tomar la decisión debe hacerlo con prudencia y siendo consciente de las consecuencias de la decisión que toma.

P.- Esta semana ha habido un hito importante en esta crisis con el discurso del Rey a los españoles, en el que llamaba a restaurar el orden constitucional. ¿Lo ha visto como un respaldo a la acción del Gobierno o como un toque de atención?

Presidente.- A mí el mensaje del Rey me pareció magnífico. Ha dicho lo que piensan la inmensa mayoría de los españoles. El Rey piensa que se ha quebrado, como lo pensamos absolutamente todos, la legalidad en Cataluña y que es necesario que esa quiebra no se siga produciendo en el futuro. No me parece que fuera un mensaje dirigido al Gobierno. Era una posición fijada por el Rey sobre un acontecimiento que es el más importante que tenemos los españoles desde hace muchos años en nuestra patria.

P.- En el momento en que hablamos miles de personas se manifiestan por toda España con banderas españolas. ¿Le preocupa esta expresión en la calle?

Presidente.- Mi posición no puede ser la misma que la de los ciudadanos españoles a la hora de manifestarme. Esto es entendible. Este asunto afecta a los sentimientos más profundos de todos los ciudadanos. Hemos visto que se convocan manifestaciones sin nadie reconocible al frente, pero todas ellas son pacíficas y en ellas la gente defiende el sentido común, su país, su Constitución, sus derechos. Y todas lo han hecho por la vía pacífica. La gente tiene derecho a decir soy español, estoy orgulloso de serlo y estoy orgulloso de mi Constitución. Me parece bien, se lo digo con franqueza. El derecho de manifestación es un derecho reconocido en la Constitución y, por tanto, siempre que se haga como se está haciendo y cumpliendo con la legalidad, la gente tiene derecho a expresarse.

P.- ¿No teme que frente al nacionalismo independentista surja otro nacionalismo español?

Presidente.- Defender a tu país nunca puede suponer un riesgo. Los símbolos de tu país, tu bandera, tu himno, las normas que rigen la convivencia, son algo que todo el mundo tiene derecho a defender. Y España es un país que en los últimos tiempos ha dado bastantes muestras de moderación, sensatez, equilibrio y sentido común. Eso que no se reconoce, pero que también conviene decirlo porque podemos sentirnos orgullosos de ello. Y, si no, veamos lo que ha ocurrido en otros lugares de nuestro entorno.

P.- El PSOE ha anunciado su intención de pedir la reprobación en el Congreso de la vicepresidenta del Gobierno por las cargas policiales del 1 de octubre. ¿Cree que sigue existiendo hoy esa unidad con Pedro Sánchez y Albert Rivera que usted ha querido preservar?

Presidente.- En una situación como esta no es necesario sino imprescindible que el Gobierno vaya con el mayor respaldo posible. En lo esencial, que es donde hay que ir siempre, el Partido Popular, el Partido Socialista y Ciudadanos coincidimos. Lo esencial es la defensa de la unidad de España, la defensa de la soberanía nacional y la defensa de los principios y valores que están recogidos en nuestra Constitución. Es mi obligación mantener la unidad de los que creemos en ello.

P.- Pero ante la primera reacción fuerte del Estado, como fueron las cargas policiales del 1 de octubre, esa unidad pareció comenzar a resquebrajarse por parte de los socialistas. ¿Qué ocurrirá cuando se adopten otras medidas aún más drásticas?

Presidente.- Tengo que decir que hay un diálogo bastante fluido con el PSOE y también con Ciudadanos. Es mi obligación intentar que esa unidad no se resquebraje y se recomponga.

P.- ¿Y aceptarán ambos medidas más duras? ¿Les ha consultado ya?

Presidente.- Estamos hablando.

P.- ¿Se ha planteado en esas conversaciones en alguna ocasión la posibilidad de hacer un Gobierno de concentración?

Presidente.- No. Ya lo planteé después de las elecciones de 2015 y no fue posible. No es mi intención volver a plantearlo en estos momentos. Eso podría ayudar. Pero lo importante y lo que sería suficiente es que fuéramos juntos todos.

P.- En aras de ese objetivo, el de tener el mayor apoyo político y parlamentario posible, un Gobierno de concentración podría ser un instrumento que lo garantizara.

Presidente.- Lo acabo de decir, sí. Pero es suficiente que vayamos juntos en estos momentos tan difíciles. Es mi obligación y sería insensato no actuar de esta manera. No estamos hablando de la tarifa del IRPF, estamos hablando de la unidad de España.

P.- ¿Cómo le ha sentado ese comunicado de la fundación FAES, que tiene detrás la mano del expresidente Aznar, en el que se le pide que actúe o si no se eche a un lado? ¿Lo interpreta como un acto de deslealtad?

Presidente.- Francamente, desde hace algún tiempo ya no contesto a esas preguntas.

P.- Pero ese mensaje de Aznar es llamativo. ¿Se siente usted respaldado por su partido?

Presidente.- Absolutamente. En realidad me he sentido apoyado por mi partido siempre, después de las dificultades que todo el mundo conoce por las que atravesó este Gobierno. Si no hubiera tenido el apoyo de mi partido la historia se hubiera producido de otra manera.

P.- Tiene usted ahora sobre la mesa una lista notable de candidatos para mediar en esta situación.

Presidente.- La buena voluntad de la  gente es muy notoria y hay que agradecérselo. Me gustaría decir una cosa sobre esto de la mediación: no necesitamos mediadores. Lo que necesitamos es que quien está incumpliendo la ley y quien se ha situado por encima de la ley rectifique su posición. Se habla además de que hay que negociar. Pero es que la unidad de España no se negocia. Y además no se puede negociar con la amenaza de romper la unidad de España. En este momento hay una negociación que es la prioritaria, y es que el señor Puigdemont negocie y se ponga de acuerdo con los grupos de oposición en el Parlamento catalán, que representan a más de la mitad de los catalanes, y a quienes se ha impedido hasta poder debatir sobre la liquidación de la Constitución y del Estatuto, o la convocatoria de un referéndum ilegal. Y a la que ahora va a impedir debatir sobre... No lo sé, sobre lo que ya veremos.

P.- ¿Tiene en estos momentos el Gobierno algún canal de comunicación abierto con Puigdemont o con Junqueras?

Presidente.- El Gobierno lo único que tiene, y lo que él sabe, es la idea de que no se puede dialogar sobre la unidad de España, ni mediar, ni ser objeto de mediación, ni negociar con la amenaza de romper la unidad de España.

P.- ¿Y sobre qué se puede negociar?

Presidente.- Dentro de la ley se puede negociar todo. Otra cosa es que se llegue o no a acuerdos.

P.- ¿Y se puede negociar ya? Dice que dentro de la ley se puede negociar todo. ¿Cuándo?

Presidente.- Mientras no se vuelva a la legalidad, yo desde luego no voy a negociar. El presidente del Gobierno de un país avanzado y democrático no puede negociar con quien se salta la ley a la torera. En cuanto se produzca una rectificación estaremos en una situación diferente y normal. Como hemos estado durante 40 años en los que se han negociado muchas cosas.

P.- Entonces, si el señor Puigdemont renuncia expresa y públicamente a la declaración de independencia, ¿está usted dispuesto a hablar con él al día siguiente?

Presidente.- No. El señor Puigdemont tiene una primera prioridad que es hablar con el Parlamento de Cataluña. Lo que es evidente es que estaremos en una situación muy diferente. Eso no se ha producido, y por lo tanto no adelantemos acontecimientos. Yo quiero la vuelta a la normalidad y es evidente que la vuelta a la normalidad nos coloca en una situación diferente.

P.- ¿El Gobierno no impone entonces condiciones como señalar que Puigdemont o Junqueras están ya invalidados para una negociación?

Presidente.- Ahora estamos en la situación en la que estamos. Fijemos prioridades. Las prioridades son la vuelta a la ley y la normalidad.

P.- Pero esta es la situación en la que estamos, la de que ellos están considerando la posibilidad de una negociación.

Presidente.- No, ya le he dicho que no hay ninguna negociación. No tengo que negociar nada. Tengo la obligación de pedirles que vuelvan a la ley y a la normalidad.

P.- En un futuro no ya tan inmediato, ¿puede ser la reforma constitucional un instrumento a considerar por su Gobierno?

Presidente.- No es un momento de cambiar cromos o de anunciar lo que puede ocurrir dentro de diez meses o no. Lo que ha hecho el señor Puigdemont tiene consecuencias. En las empresas que se van, en la división creada en la sociedad catalana, en el turismo, en el bolsillo de la gente, en el crédito en Cataluña. En el futuro se puede hablar de muchas cosas. Lo que le puedo decir es que a algunas cosas no voy a renunciar, como son la soberanía nacional y la unidad nacional. Pero se puede hablar y dialogar. Hay ya una comisión en el Congreso. Pero todo eso es para el futuro y sin que tenga nada que ver con el desafío de estos días.

P.- ¿Cree que Podemos, y su líder, Pablo Iglesias, está utilizando la crisis en Cataluña con el objetivo de provocar una desestabilización de las instituciones?

Presidente.- Ya cuando me planteó el señor Iglesias una moción de censura no conseguí que me diera su opinión sobre la soberanía nacional, ni conseguí que me dijera qué pensaba del referéndum en Cataluña. En las últimas fechas hemos visto cómo piensa una cosa y la contraria en numerosas oportunidades. No es consciente de la importancia de algunas cosas ni tiene posición sobre lo más importante que pasa en España.

P.- Si los empresarios catalanes hubieran actuado antes con energía, como lo han hecho ahora, ¿se hubiera acabado antes con el problema?

Presidente.- Eso ya es historia pasada.

P.- ¿Ve usted el riesgo de un corralito en Cataluña?

Presidente.- No voy a amenazar a nadie con los males del infierno. Yo lo único que digo es que cuando uno miente tanto, al final la realidad acaba llegando. Después de contar a todos que aquí no iba a pasar nada, ahora están empezando los problemas. Aún están a tiempo de rectificar, porque si no lo hacen todo irá cada vez peor porque no puede ir de otra manera.

P.- ¿En algún momento se ha visto tentado a adelantar las elecciones en España?

Presidente.- No. Siempre he dicho que un país tiene que aspirar a una situación de estabilidad y normalidad. No tengo ninguna intención de adelantar las elecciones. Me parece un disparate. Creo que eso es malo para España y sería un mensaje pésimo para nuestros socios europeos. Las situaciones de inestabilidad hacen muchísmo daño. Eso es lo que está ocurriendo ahora en Cataluña.

"Esta es la batalla de Europa"

P.- El desafío independentista también preocupa a nuestros vecinos. En Europa se escuchan estos días palabras tremendas en medios de comunicación. Hablan de explosión en España. ¿Cuál es el mensaje para Europa?

Presidente.- Yo lo que les diría es que esta es su batalla. Esta es la batalla de Europa. En el año 2012, en España se jugaba la batalla del euro. Y la ganamos los europeos. Ahora se juega la causa de los valores europeos y también tenemos que ganarla. Europa nació con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y luego vino el Tratado de Roma. De lo que se trataba con este gran proyecto europeo era de superar una situación que había dado lugar a dos guerras mundiales en nuestro continente. Se trataba de que ya no hubiera más guerras, se trataba de crear un espacio con principios y valores como la democracia, la libertad, el Estado de derecho y el respeto a la ley. Un espacio de progreso económico y social. En los últimos tiempos, hemos visto cómo desde distintos lugares se va contra estos valores europeos que, para mí y creo que para la mayoría de los europeos, son los buenos.

Surgen los populismos por todas partes. Hemos visto lo que pasó con el Brexit, aparecen personajes como Le Pen, como el señor Farage, como la extrema derecha alemana, y en otros países ocurre algo similar. Aquí nos ha salido el nacionalpopulismo, que va contra los valores europeos, que va contra el Estado de derecho, que va contra la primacía de la ley, que va contra el respeto a los derechos de las personas. Todo ello fue gravemente lesionado en las sesiones del Parlamento catalán de los pasados 6 y 7 de septiembre. Por eso digo que esta es la batalla de Europa y que Europa tiene que ganar esta causa como también ganó la del euro. Por tanto, yo animo a Europa a que continúe con lo que está haciendo, defendiendo la unidad de las naciones, defendiendo el cumplimiento de la ley, defendiendo las Constituciones de los países. Hace unos días decía el ex primer ministro francés Valls, y con razón, que si dejamos que esto vaya adelante luego vendrán otras cosas en otros lugares del continente. Y eso no es aceptable. Por tanto esta es una causa en la que los valores de Europa están en juego. Estoy convencido de que todos los Gobiernos europeos seguirán apoyando la Constitución y el cumplimiento de la ley.

"La Guardia Civil y la Policía seguirán en Cataluña hasta que vuelva la normalidad"

P.- ¿Cree que los Mossos d'Esquadra actuaron de forma desleal con el Gobierno el pasado 1 de octubre?

Presidente.- Si me permiten, yo les diría lo siguiente. Creo que las autoridades políticas de la Generalitat de Cataluña han hecho un daño muy importante al prestigio de los Mossos d'Esquadra. Lo creo con absoluta franqueza. A partir de ahí, ¿confiamos o no confiamos? Todas las autoridades que ejercen la seguridad -Mossos d'Esquadra, Policía Nacional y Guardia Civil- estaban en Cataluña a las órdenes de los jueces. No estaban a las órdenes del Gobierno. Y, por lo tanto, serán los jueces los que tengan que decir si la actuación de los Mossos ha sido la correcta o no. Permítanme que no entre en el análisis de ese asunto, porque hoy no me corresponde.

P.- Pero póngase en el papel de un ciudadano español que vive en Cataluña y que los policías que le protegen son los Mossos d'Esquadra, que tienen todas las competencias sobre seguridad. ¿Cree que puede sentirse tranquilo en estos momentos y que su seguridad está en buenas manos?

Presidente.- Miren, yo lo que les digo es que la Guardia Civil y la Policía Nacional seguirán en Cataluña mientras las cosas no vuelvan a la normalidad.

"Tengo la obligación de mantener la calma y de acertar en la decisión final"

P.- Hasta hoy, o hasta hace unas pocas semanas, usted era el presidente del Gobierno que sacó a España de la crisis económica. ¿Le preocupa cómo va a pasar a la historia después de la crisis catalana? ¿Le preocupa que quizá en lugar de eso va a ser el presidente del Gobierno que gobernó durante el periodo de mayor convulsión, en un momento en el que España sufrió el mayor choque social en mucho tiempo?

Presidente.- Como he dicho antes, yo no soy el que ha quebrado la legalidad, violentado las leyes y pretendido liquidar en seis horas una Constitución, la española; un Estatuto de Autonomía, el catalán, y he hecho una legalidad paralela y de transitoriedad en cuatro horas. Esa no es mi responsabilidad, esa es la responsabilidad de los que hicieron todo lo que acabo de enumerar. A veces tenemos una cierta tendencia a compartir las responsabilidades, y esta no es mi responsabilidad. Pero a mí me preocupa mucho este tema. Es evidente que me preocupa mucho porque es un asunto capital para los españoles y, desde luego, para mí el más importante. En definitiva, no sé cómo pasaré a la historia, pero lo que sí aseguro es que la independencia no se va a producir y ello, probablemente, me ayude a pasar a los libros al menos de una manera razonable.

P.- En algún momento, suponemos que revisa los periódicos. Y alguna vez nos leerá, y habrá visto las cosas que se dicen de usted, de cómo los periodistas le estamos retratando. Frecuentemente, su imagen es la de un presidente a la defensiva, bastante solo y en un momento político muy difícil. ¿Se siente usted así?

Presidente.- No. No sé si por suerte o por desgracia, llevo algunos años en política, y en ellos he vivido algunas situaciones difíciles. Esta, sin duda, es muy difícil. Pero yo, a estas alturas de mi vida, tengo que hacer lo que yo crea, porque al final tengo que tomar la decisión de lo que es mejor para España. Y tengo que intentar ser justo, tengo que intentar ser ecuánime, tengo la obligación de escuchar a la gente y sé lo que piensan muchos. Pero sobre todo tengo la obligación de mantener la calma. Es mi máxima obligación, aunque sea un momento difícil, porque si no mantengo la calma puede que me equivoque en la decisión que tengo que tomar. Cualquier otra persona puede opinar en caliente. Pero, estando en mi situación, lo que no puedo hacer es decidir en caliente. Además, tengo una última obligación, que es acertar, y que probablemente sea lo más difícil de todo.

NOTA: Entrevista publicada con la autorización de "El País".