Antonio Yélamo.- Continuamos el ciclo de entrevistas con motivo del referéndum andaluz. Hoy nuestro protagonista es José Luís Rodríguez Zapatero, el Presidente del Gobierno, con el que vamos a dialogar aquí, en La Moncloa, en Madrid, donde hemos instalado los micrófonos de la Cadena SER en Andalucía.
Señor Presidente, muy buenas tardes y gracias por atender la invitación de la SER.
Presidente.- Muchísimas gracias y bienvenidos.
A. Yélamo.- Señor Presidente, comenzamos precisamente haciendo mención a algo que dijo usted ayer, en ese gigantesco mitin de Dos Hermanas, con más de 30.000 personas. Hablaba usted de Andalucía y de su proceso estatutario en términos muy elogiosos, hasta el punto de considerarlo como un referente: Andalucía como punto de equilibrio en el proceso autonómico. ¿Quiere decir con ello que hay otras Comunidades que no han cumplido como deberían o que quizás, finalmente, en Andalucía se han hecho bien las cosas?
Presidente.- Andalucía lo primero que hizo bien fue querer la autonomía que no le daban; recordemos el proceso histórico. Por eso tiene tanto valor lo que ha representado el ejemplo de una autonomía, en aquel entonces llamada del 151, es decir, de un profundo autogobierno, con el cambio económico, social, cívico y cultural que ha tenido Andalucía.
Andalucía históricamente yo lo dije ayer en el mitin ha sido la tierra peor tratada de este país en las épocas oscuras y es la que tiene el mejor pueblo, en mi opinión, porque es solidario y abierto, profundamente andaluz y profundamente español. Por ello Andalucía ha sido la pieza maestra de la construcción de un Estado de las Autonomías para todos, con una visión que permite ver a España en su totalidad.
A. Yélamo.- En ese sentido, ¿Andalucía tiene que envidiarle a otras Comunidades consideradas también históricas, como puede ser el caso de Cataluña y su proceso autonómico, o no?
Presidente.- El Estado de las Autonomías, la descentralización política, el reconocimiento de las identidades, no es un proceso de comparación, de envidia; ésa es una visión reduccionista, estrecha y limitadora del potencial de la autonomía. La autonomía representa que cada uno dé lo que tiene, lo mejor que tiene, para el progreso de su pueblo. Eso no significa competir, no; significa simplemente dar posibilidades a todos los territorios con autogobierno. Si en todos ellos se produce, como suele producir, la democracia y la cercanía de la resolución de los problemas, y permitir la defensa del interés, de las cosas de uno, las que están más cerca, eso genera que crezcan la mayoría de las partes y, creciendo la mayoría de las partes, crece el conjunto.
Lo paradójico del debate que tenemos a veces sobre España, sobre su ser y su destino, es que todas las Comunidades Autónomas que la constituyen han evolucionado muy positivamente. Todas crecen, todas han mejorado; por tanto, es impensable que el conjunto no lo haga, impensable. Igual que es un reduccionismo absolutamente inaceptable intelectual y políticamente decir que el Estado se debilita porque sea Manolo Chaves quien gestione los hospitales, los centros de salud y los institutos de Andalucía, por poner un ejemplo, porque Manolo Chaves es tan Estado como el Presidente del Gobierno de España.
Eso es la comprensión democrática de nuestra Constitución y de nuestro sistema.
A. Yélamo.- Pero, por muy referente que se sea, se hace necesario superar determinado listón yendo ya al proceso estatutario andaluz de participación. A su juicio, ¿cuál es el nivel mínimo que debe de establecerse para considerar que este paso que da Andalucía es un paso definitivo y absolutamente respaldado?
Presidente.- La historia demuestra que no es bueno lo de poner límites en un referéndum, visto lo que pasó y lo que le pasó, sobre todo, a la UCD con aquella actitud.
Yo no tengo ninguna duda de que, más allá del grado de participación que exista en un referéndum, donde todo el mundo sabe que es un partido relativamente amistoso… No hay la competición que se produce en unas elecciones, no es una competición oficial, que eso, lógicamente, estimula más, le da más pasión; pero la gran mayoría del pueblo andaluz, primero, da una nota muy alta a lo que ha sido la autonomía en estos veintiséis años y, dos, está convencida de que este Estatuto es igual a progreso para Andalucía. Por tanto, va a dar un resultado ampliamente mayoritario a favor del "sí" y, además, si somos capaces de estimular la participación, sin duda alguna el pueblo andaluz volverá a dar una respuesta de su altura democrática, que es una altura muy elevada, en mi opinión.
Desde aquí les pido que vayan a votar, que además lo hagan como un acto cívico, un acto de compromiso, porque, sin duda alguna, lo mejor que le ha pasado a Andalucía en estos veintiséis años ha sido su autogobierno y el PSOE ha tenido la fortuna de dirigir el Gobierno del autogobierno.
A. Yélamo.- Para hacer un autogobierno eficaz y creíble es necesario un buen sistema de financiación, unas bases suficientes de ingresos, de recursos para la Comunidad. También el Estatuto se somete a consulta a los andaluces; se habla de esto y se habla precisamente de una fórmula para captar inversiones del Estado en razón de su población; en Cataluña, en razón a su riqueza, a su PIB. El propio Manuel Chaves ha reconocido que esto va a plantear en el futuro dificultades, tanto al Gobierno como al Congreso de los Diputados, a la hora de elaborar el Presupuesto. ¿Se considera, por tanto esto, una incógnita que va a plantear sobre la mesa del Presidente del Gobierno dificultades y problemas?
Presidente.- No es frecuente en la historia de nuestro país que tengamos la actitud de ponernos como ejemplo haciendo las cosas; pero el modelo de financiación, cómo se ha financiado el proceso de descentralización política, las autonomías, en España es un ejemplo de hacer bien las cosas. Los datos son elocuentes: el cambio económico, el crecimiento, el empleo, la renta de las familias en Andalucía, se ha multiplicado por cuatro desde que tenemos autonomía en un país que en estos momentos está creciendo en empleo y creciendo económicamente como nadie y tiene superávit público.
Recordarán muchos que, cuando empezaron las autonomías, se decía "esto va a suponer más gasto para el Estado: más Gobiernos, más Parlamentos, más funcionarios". Hemos demostrado que al revés, que la autonomía ahorra dinero, porque las cosas, cuando se hacen cerca, se hacen con más interés y con más cuidado que cuando sólo lo puede hacer un gran monstruo despersonalizado, como era el Estado centralista, además de autoritario.
Fíjese que nuestras cuentas públicas están mejor que cualquiera de los países centralistas del mundo y no tenemos ningún problema en cómo se gestiona y la cobertura que da la sanidad, que da la educación o que dan prestaciones sociales que estamos incrementando en estos momentos, como la Ley de la Dependencia.
Se han hecho las cosas muy bien. La autonomía funciona. Además de ser muy democrática, porque acerca el poder al pueblo y, por tanto, el gobernante tiene que estar respondiendo todo el día de por qué no hay un centro de salud en mi comarca, de por qué esta carretera está mal, que es mucho más difícil de exigir eso a un Director General en Madrid al que no se accede, al que no se llega, al que seguramente le resulta todo muy lejano y lo dice el Presidente del Gobierno; además de eso, es eficaz. No sólo es más democrático, sino que es eficaz, porque hemos sido capaces de distribuir bien las cuentas públicas.
El Estado retiene un gran potencial para hacer vertebración, solidaridad y cumplir con las funciones esenciales (seguridad, defensa, política exterior) y los Gobiernos autonómicos, que, por cierto, en general están en este momento muy bien de recursos públicos, afortunadamente para ellos y para todos, hacen las políticas sociales.
El modelo es ejemplar, digámoslo al mundo, y lo hemos hecho nosotros, lo han hecho los españoles de la generación, de la transición, de la libertad y de la democracia. Hemos pasado de ser un régimen, cuando no había democracia, centralista, antipático, que no se podía presentar en el mundo a ningún sitio, a un régimen que, gracias a la democracia y al autogobierno como idea progresista y avanzada, es mirado por el conjunto de los países más avanzados.
María Esperanza Sánchez.- Quiero, Presidente, volver otra vez a retomar esta última parte de su respuesta; pero antes, para continuar con el capítulo de financiación, Andalucía con este Estatuto pide más, está claro, en lo concreto de la financiación, y pide también, y realmente está especificado ahí, en el Estatuto, en una de las disposiciones adicionales, acabar con la deuda histórica. Hay plazos: dieciocho meses para fijarla, tres años para acabar de pagarla.
El Presidente Chaves ha dicho que es una prioridad y que inmediatamente que se apruebe el Estatuto va a intentar que esto se ponga en marcha para solucionar el asunto. ¿Usted está dispuesto a negociar esto inmediatamente?
Presidente.- Evidente. Hay un dato que creo que los andaluces recordarán, aunque las cosas pasan rápidamente. Pero nada más llegar al Gobierno me había comprometido con los andaluces y con el Presidente Chaves a reconocer 2.500 millones de euros del modelo de financiación, por no reconocer población suficiente, que había hecho el Gobierno del Partido Popular. Lo reconocimos y lo hemos pagado.
Por supuesto, el Gobierno de España tiene que estar siempre atento a las necesidades de financiación que tienen las Comunidades Autónomas. No digamos Andalucía, con ocho millones de habitantes y aún con algún tramo prioritario por superar en el terreno de la educación, aunque quiero decir que en este momento las expectativas de inversión en Andalucía son muy elevadas, porque en lo que afecta a las infraestructuras estamos invirtiendo 3.500 millones de euros al año.
Andalucía de aquí a pocos años, cinco o seis años, va a tener una nueva vertebración, tanto por lo que se refiere a la Alta Velocidad, como por lo que se refiere a esa comunicación nueva pos Despeñaperros, esa nueva autovía de doble calzada. Todas las capitales van a ver como se conectan con Alta Velocidad. Andalucía va a estar conectada, además, mejor que su nunca en su historia, hacia el este y hacia el oeste, hacia Portugal y hacia Murcia.
Tiene, por tanto, unas enormes potencialidades y, además, tiene el compromiso de que en los próximos siete años tiene que tener la inversión que corresponde a su población.
Quiero hacer un matiz, porque antes lo preguntaba. Decía: "Cataluña en función del PIB". Hay que explicar esto. Hay muchas veces que el debate, si no se explica, y muchas veces los debates están muy simplificados, ¿no?...
España tiene siete años decisivos por delante para su financiación en infraestructuras. ¿Por qué? Porque son los que corresponden a las Perspectivas financieras 2007-2013, que es, presumiblemente, el último año en el que vamos a tener fondos europeos, a ser receptores netos, a pesar de que nuestro PIB estará ya muy por encima de la media europea.
Por tanto, en ese tramo final del dinero que viene de Europa hemos querido, con todas las Comunidades Autónomas, en función de los diferentes intereses y necesidades, establecer un criterio que comprometiera, pero no a este Gobierno, a todos los Gobiernos, y que fuera acordado; un criterio razonable. En Andalucía es la población, que me parece razonable, y hay otras Comunidades que van a tener inversión por encima de su población; Cataluña es en función del PIB que aporta.
El problema es que lo podemos hacer, es que yo tengo la suerte de poder decir a los españoles que no va a quedar una inversión en infraestructuras sin hacer en los próximos años en España, porque vamos a terminar este ejercicio presupuestario con un superávit en torno a 16.000-18.000 millones de euros; de superávit; que vamos a tener superávit en 2007 y que, por tanto, vamos a tener la capacidad para que todo el territorio, por supuesto, andaluz y todo el territorio nacional tengan una vertebración y una red de infraestructuras por ferrocarril, que es nuestra prioridad en estos momentos, de Alta Velocidad. Yo creo que tendremos, dentro de aquí a diez años, una red de Alta Velocidad como pocos países del mundo, de las mejores, de las dos o tres mejores, y por supuesto eso nos hará tener una enorme fortaleza de futuro para nuestra riqueza y nuestro bienestar.
Mª E. Sánchez.- Y decía el Presidente que Andalucía con este Estatuto está claramente demostrando que quiere más, más autogobierno, más competencias. Ha habido algún momento difícil, pero relativamente, porque se ha solucionado todo gracias al consenso con el Partido Popular. Pero, por ejemplo, una de las competencias que planteó problemas, no sé exactamente si grandes problemas, al Gobierno fueron las competencias sobre la gestión del Guadalquivir. Digo que gracias al consenso se le ha quitado el problema. ¿El Gobierno tiene asumidas esas competencias para Andalucía tranquilamente?
Por otra parte, ¿cómo valora que este Estatuto haya sido en paz, finalmente, por el consenso?
Presidente.- El consenso es un dato enormemente positivo. Desde aquí quiero felicitar a Manolo Chaves que ha hecho por ello todo lo que estaba en su mano; también a un compañero al que ya no le podemos felicitar, que es Alfonso Perales; y también al Partido Popular, pues que haya estado en el consenso me parece muy positivo.
El Gobierno va a cumplir el Estatuto y el Gobierno ha sido partidario de dar… Es quien, digamos, abrió la puerta o las compuertas en este caso puede ser más ajustado a la participación determinante de las Comunidades Autónomas en la gestión del agua. Yo conozco bien esta materia porque en la Comunidad Autónoma de la que provengo la reivindicación sobre el Duero, aunque allí la hace también el Partido Popular, es histórica. Ya en el año 1983 reivindicábamos. ¿Por qué? Porque la Comunidad Autónoma va a estar mucho más encima de muchos de los problemas que afectan a la gestión, buen uso y adecuación de una cuenca hidrográfica.
Siempre eso tiene que estar dentro de una planificación general, por supuesto; siempre teniendo en cuenta, cuando afecta a más de una Comunidad Autónoma la cuenca, en este caso, o un río, que el Estado tiene que tener la última palabra y también, lógicamente, cuando haya una cuenca que atraviesa más de un Estado. En este caso pienso, lógicamente, en Portugal y la cuenca del Duero.
Pero es posible hacerlo. A veces, tenemos un debate sobre las competencias del Estado y de las Comunidades Autónomas. Ahora se dice que las Comunidades Autónomas ganan competencia y pierde el Estado. Es una visión tan simplista y tan falsa, tan reduccionista. ¿Por qué? Porque las competencias de los poderes públicos no son estáticas y para una sola vez en la historia o en la vida. De lo que es el Estado cuando nació a lo que es hoy y lo que cambia cada día, realmente no lo reconoceríamos. Al igual que era impensable que hace ochenta o cien años pudiéramos seguirnos llamándonos Estado compartiendo una moneda con otros quince, nadie podía pensar que, cuando llega el fenómeno del cambio climático, la cuestión es que afecta tanto al Estado como a las Comunidades Autónomas.
¿Pierde algo el Estado? No, lo que pasa es que hay nuevas realidades en las que tienes que intervenir para prevenir cosas o para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, en este caso el entorno, el medio ambiente, o el fenómeno de la inmigración.
Claro, el constituyente no entró en el fenómeno de la inmigración, porque éste era un país de emigración. Treinta años después es una de las grandes cuestiones nacionales y afecta a muchas cosas. ¿Es normal que se discuta qué hace el Estado y qué hace la Comunidad Autónoma? Claro que es normal. Se discute, por supuesto, se debate democráticamente, se llega a un acuerdo y se funciona.
Hay alguna gente que se ha caracterizado históricamente en este país siempre por poner el freno a las reformas, en vez de tener el coraje de las transformaciones, y de estar en un tiempo que no es el tiempo histórico que necesita cada momento, que necesita en este caso España hoy. Las cosas cambian y con ello tiene que cambiar la política. Las cosas cambian, las necesidades de la gente y de los países cambian, y con ello tiene que cambiar también eso que llamamos Estado. Si no, lo haríamos inútil y seguramente bastante poco legitimado por los ciudadanos.
Rodolfo Irago.- Presidente, la reforma del Estatuto de Andalucía es uno de los ejes de su política de reformas; el otro era la reforma del Estatuto de Cataluña, y lo es. ¿Qué significaría para usted que el Tribunal Constitucional declarara inconstitucionales algunos efectos importantes del Estatut y qué consecuencias tendría para otros Estatutos, como el andaluz o los que faltan todavía por tramitar?
Presidente.- Es bastante habitual, sobre todo por el Partido Popular, ver cómo se hace política preventiva. Ya la hicieron en Iraq y mire el resultado que dio; ahora la están haciendo con el nombramiento del Ministro de Justicia. ¿Ha visto una política preventiva o una acusación preventiva más notable antes de que tome posesión?
Yo no quiero hacer juicios preventivos y menos como Presidente del Gobierno y menos de un pronunciamiento del Tribunal Constitucional. Lo que sí puedo asegurar que es las reglas del Estado de Derecho y las reglas constitucionales son y están muy bien elaboradas y muy bien pensadas para que produzcan los resultados adecuados en el equilibrio, que tiene que ser razonable, entre voluntad popular, que es el principio elemental de la democracia, y voluntad de las instituciones que representan la democracia, y, por supuesto, sometimiento a lo que son los principios constitucionales.
Por tanto, no haré un juicio preventivo en ningún caso. En su día manifesté cuál era mi visión de la compatibilidad del Estatuto con la Constitución, en su momento el Tribunal Constitucional deliberará y, por supuesto, todos, lógicamente, lo aceptaremos.
R. Irago.- ¿Le ha sorprendido la recusación del señor Pérez Tremps?
Presidente.- Debo no opinar.
R. Irago.- Ha hablado usted del Ministro de Justicia y ayer también se refería a él en el mitin. La derecha judicial, política y mediática se han tomado el nombramiento del señor Fernández Bermejo como una provocación. ¿Ha habido algo de eso o, al menos, de mensaje a algunos sectores de la Justicia?
Presidente.- Ha resultado bastante llamativo del poco sosiego que caracteriza a la derecha en este momento y de esa tendencia a la poca educación democrática. Como decía ayer en este acto de Dos Hermanas, resulta muy, muy, llamativo y muy extraño que gente que presume de ser muy bien educada se manifieste en los términos tan poco educados, desde el punto de vista democrático, del insulto y de la descalificación. Es lo menos edificante que hay en la vida pública y en una democracia.
Lo que menos respeta a los ciudadanos, a los que nos sentimos representantes de los ciudadanos y somos representantes de los ciudadanos, es insultar y descalificar al adversario sin argumentos. Cuando en la política uno tiene que agarrarse continuamente al insulto y a la descalificación, yo siempre tengo dos conclusiones: la primera, que tiene pocas ideas y argumentos, y, la segunda, que no está cumpliendo bien su función, porque representando a los ciudadanos hay que respetarles siempre. Y, desde luego, hay una parte de la función política, de la responsabilidad, de la representación política, que ha de tener un contenido de ejemplo.
Estoy seguro de que a ningún político le gusta que en ningún ámbito, ni en el escolar, ni en el laboral, pueda haber un debate o dirimir diferencias a través del insulto o de la descalificación. Los responsables políticos debemos ser los primeros en una sociedad que dejemos fuera el insulto y la descalificación. Además, tengo otro convencimiento: los ciudadanos castigan a quienes hacen del insulto el arma política principal para exponer sus ideas y contradecir las del adversario.
A. Yélamo.- A propósito de insultos, y también hacía usted mención anteriormente a la pujanza económica de Andalucía, recientemente se ha vivido una polémica en nuestra Comunidad bastante significativa de lo que tiene que luchar Andalucía para huir de los tópicos.
El Presidente de la Comunidad de Navarra ha dicho que "Andalucía es una fábrica de parados". Hablamos del señor Sanz; unas declaraciones realmente descalificadoras de cuál es la situación real de Andalucía. ¿Qué decir ante este tipo de apreciaciones sobre la realidad de Andalucía?
Presidente.- Que se dé una vuelta por Andalucía, que por otra parte a todo el mundo le sienta bien. Todo el mundo quiere ir a Andalucía y es normal. Es una tierra con buen clima, amable y con una gente simpática, cariñosa. Eso es lo que yo he vivido siempre en Andalucía. Que se den una vuelta por Andalucía.
Andalucía es una sociedad dinámica hoy, con gran iniciativa. Tiene tres millones de personas trabajando, tiene un liderazgo en muchas materias de Investigación, de Desarrollo y de Innovación, y diez Universidades que funcionan. A estas alturas pensar…
Andalucía no podía trabajar. Nunca sus habitantes fueron poco trabajadores; más bien al contrario, trabajaron y mucho fuera y mucho dentro. Lo que pasa es que trabajaban en un régimen de dominación insostenible para lo que son los valores de la libertad y de la dignidad de las personas.
Hoy trabajan, trabajan libremente y, sobre todo, trabajan un millón más prácticamente, casi un millón más, de mujeres que son el mejor testimonio del cambio y de que nada tiene marcha atrás en el progreso que está teniendo este país, donde las mujeres llegan a ser el 50 por 100 de la sociedad. Nada tiene marcha atrás, porque quien gana una libertad negada durante siglos no va a consentir perderla bajo ningún concepto.
Mª E. Suárez.- Por cierto, si en este referéndum hubiera una participación superior a la que ha habido, por ejemplo, en el referéndum de Cataluña; si Andalucía diera, si no un do de pecho como el 28-F, porque aquello fue algo verdaderamente heroico y seguramente irrepetible, pero hubiera mayor participación, ¿qué supondría de capacidad de influencia de Andalucía en la política del Estado?
Presidente.- Andalucía influye en la política del Estado porque es una Comunidad con ocho millones de habitantes y con una fuerza política y social que ha ido creciendo en toda la democracia. Yo siempre digo que los políticos en general, y permítanme que los periodistas, siempre tenemos la tentación a interpretar lo que la gente piensa y lo que la gente hace.
El que quiera ir a votar… Yo, desde luego, pido que vayan todos los andaluces. Me parece que siempre votar es un acto de libertad, de expresión de lo que representas, es un acto por Andalucía, por tu tierra, por compartir con los demás que van a ir a votar. Pero el que vaya a votar quiere ir a votar y con el que no, seguramente hay que ser respetuoso y no significará ni más ni menos. Seguramente los ciudadanos al día siguiente, cuando conozcan el resultado del referéndum, tampoco le darán excesivas interpretaciones.
Tiene que producirse un resultado, en mi opinión, claramente mayoritario a favor del "sí", con una participación razonable, y no creo que haya que buscarle más tres pies al gato.
Mª E. Suárez.- En todo este proceso de reformas, desde que empezaron las reformas, en el principio, con el rechazo al Plan Ibarretxe y las turbulencias del proceso catalán, ¿en algún momento ha sentido que algo se le podía estar yendo de las manos?
Presidente.- Me hace gracia esta pregunta porque es una pregunta, en otra dirección y en otro sentido, que tiene algo que ver cuando intento explicar a aquellos que hablan de la cohesión de España. Si es que la democracia, que está muy pensada y muy experimentada en muchos países, afortunadamente ya también en el nuestro, el sistema constitucional, hace que lo que son las reglas del juego estén claramente establecidas. Por tanto, un proceso de reformas, además de la confianza en lo que representa una mayoría parlamentaria y la voluntad de los ciudadanos, tiene un marco de juego.
Debemos acostumbrarnos a que esto sea así siempre. Además, yo reivindico las reformas. A este país le han sentado magníficamente bien las reformas y los países de nuestro entorno democrático que han hecho pocas reformas en las últimas décadas están normalmente bastante estancados. La política, como la vida, es cambio, es reforma, es innovación, es búsqueda de nuevos caminos. Quedarse quieto normalmente no hace progresar a la gente.
R. Irago.- Son reformas hacia ¿qué modelo, Presidente? ¿A un Estado, una España, más federal, más confederal? ¿Ya se verá?
Presidente.- ¿Y qué significa?, yo le repreguntaría. El modelo está en la Constitución y es un modelo claro. Se opta por un autogobierno, sobre todo, en la gestión de la prestación de los servicios públicos, no nos olvidemos, con la educación y la sanidad, que es el volumen fundamental de competencias que tiene; pero he subrayado "en la gestión". Las grandes decisiones políticas, que se articulan a través de las grandes leyes, son del Estado. Los principios, igual que lo que representa el reparto del gasto público, son del Estado, igual que las grandes leyes de la hacienda pública son del Estado.
Por tanto, tenemos un modelo que combina la cohesión y las grandes reformas que afectan a todos en titularidad del Estado con una gran descentralización de la gestión, de lo concreto, de lo que afecta a la vida cotidiana de los ciudadanos. La mirada larga está siempre en los grandes temas, en el Estado, en el Gobierno central; pero el día a día de lo más directo que afecta está en las Comunidades Autónomas.
Éste es un modelo extraordinariamente positivo. Ahora tenemos que enriquecerlo y fortalecerlo con cooperación; por eso la convocatoria de la Conferencia de Presidentes y por eso los planes conjuntos. I+D+i es básico para toda España, pero también para cada territorio. Quien se quede atrás en Investigación, Desarrollo e Innovación perderá tiempo y posibilidades; por tanto, tienen que estar vinculados a un programa nacional.
Cambio climático, que es el otro gran tema que quiero lanzar al país, a las Comunidades Autónomas, a los empresarios, a la sociedad. No podemos quedarnos atrás ante los retos del cambio climático. ¿Lo puede hacer sólo el Gobierno? Lo debe liderar el Gobierno de la nación, pero solo no puede. Tiene que contar con las Comunidades Autónomas y con los agentes económicos y sociales.
Ése es el modelo.
R. Irago.- Aprovechando la cortesía del Presidente, una más. Los andaluces han sufrido en primera línea muchas veces los atentados de ETA. ¿Qué mensaje le mandaría a los andaluces, y a los españoles, a todos los españoles, cuarenta días después del atentado de Barajas? ¿Cómo están las cosas? ¿Hay preocupación porque puedan volver los atentados de manera inminente?
Presidente.- Vamos a hacer una consideración con un poco de perspectiva. Todos los grandes temas, igual que nuestro exitoso modelo de conformación territorial de España, de una España que hoy está más unida y más fuerte que nunca en la Historia, porque la España atada nunca estuvo unida; estaba impuesta, excluyendo a la mitad del país, negando la libertad… Hoy sí que España es como realmente quiere ser. Ésta es la grandeza de un Estado democrático y autonómico.
Pongamos la perspectiva también con la lucha en contra de la violencia y del terror. Son cuarenta años y hemos tenido tres años en los que existía una razonable expectativa sin víctimas mortales, sin atentados, que se rompió con el atentado de Barajas.
Los principios desde los que buscamos todos los demócratas, más allá de la coyuntura política y más allá del interés partidista de corto plazo que no va a ningún sitio, el fin de la violencia siguen vigentes y forman parte del mejor caudal democrático de esta sociedad. Es un acto fundacional de la transición: no cabe bajo ningún concepto la violencia en la política, no hay ningún tipo de política con el terrorismo.
Por tanto, sólo hay un destino para los que practican la violencia en la democracia, antes o después; es una cuestión de tiempo sólo de cuánto podremos tener que soportar. El destino únicamente es el final y los finales tienen, lógicamente, un recorrido que llevamos desde la transición democrática transitando. ¿Por qué? Porque ETA nunca tendrá posibilidad de ganar ninguno de sus objetivos.
Por ello, la democracia y los españoles han sido fuertes, han dado un ejemplo magnífico, lo seguirán dando y, desde luego, el Gobierno va a trabajar como primer deber por alcanzar el fin de la violencia.
A. Yélamo.- Ya para concluir, señor Presidente, un breve mensaje a los andaluces de cara al referéndum del 18-F a través de la Cadena SER en Andalucía.
Presidente.- Que pueden ir a votar como un pueblo libre, como un pueblo que tiene aún más futuro que pasado y como un pueblo que vive un momento de creatividad en todos los órdenes: en el orden de la investigación, de la cultura, de la solidaridad social, de la defensa del medio ambiente… Viven un gran momento. Aprovéchenlo, merece la pena. Lo viven gracias a ellos. Serán más andaluces y más españoles votando, una vez más, por el progreso y el futuro el próximo domingo.
A. Yélamo.- Gracias, señor Presidente, y muy buenas tardes.