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Discurso y posterior coloquio del Presidente del Gobierno en Tribuna Barcelona

Barcelona, viernes, 23 de julio de 2010

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President Montilla, autoridades, señoras y señores,

En primer lugar, mi agradecimiento a los organizadores de Tribuna Barcelona, al Grupo Zeta, por haberme invitado a participar en este aniversario.

Es la tercera ocasión que tengo de comparecer en esta Tribuna. Lo hice como líder de la oposición, en 2002, y unos años más tarde, en 2006, ya como Presidente del Gobierno. Entonces, iniciaba el President Montilla su actual mandato y he de decirte, President, que te quiero dar las gracias por tu presentación, por tu tarea y por tu actitud de colaboración siempre con el Gobierno de España, aunque no te callas, evidentemente.

Por azar, celebramos este aniversario en una fecha coincidente con un día también importante desde el punto de vista económico. Y quiero empezar por la economía.

Como saben, esta tarde se publicarán los resultados de las llamadas "pruebas de resistencia", los "stress test", de las principales entidades financieras europeas. Como asimismo conocen, se trata de un ejercicio de transparencia que España ha promovido desde el Consejo Europeo para conocer la situación real del sistema financiero y nuestro país va a hacer un esfuerzo singular, al cubrir este ejercicio de transparencia más del 95 por 100 del sistema financiero, frente al 50 por 100 del resto de los Estados.

Además, las instituciones españolas van a dar una mayor información desagregada con el fin de prestar atención a los riesgos ligados al sector inmobiliario. Ello permitirá a los mercados financieros conocer con suficiente precisión la situación del sistema bancario español y su capacidad de resistencia frente a condiciones muy adversas. Y será un factor determinante para la estabilidad económica y la recuperación de nuestro país.

Señoras y señores,

La llamada de atención sobre este acontecimiento, al que doy la máxima importancia, que se va a producir dentro de unas pocas horas, me da pie para comenzar esta intervención ofreciendo mi punto de vista sobre el horizonte económico de España y de Cataluña.

Estoy convencido de que este horizonte va a estar marcado por el proceso de reformas que estamos llevando a cabo.

Son reformas que, a diferencia de otras variables de la crisis que escapan al control de cada país, está a nuestro alcance culminar y aplicar. Son reformas que nos fortalecen ante la salida de la crisis y que van a compensar la retirada, más rápida de lo previsto, de los estímulos fiscales en la gran mayoría de las economías europeas. Son reformas para impulsar la recuperación económica, para propiciar el cambio de modelo productivo, para lograr una economía más competitiva y sostenible, para volver a crear empleo, que es nuestro principal desafío, y para preservar y reforzar nuestro Estado del bienestar.

Son reformas, lo sé, que no son fáciles de acometer y que comportan nuevos esfuerzos y exigencias, pero que a medio y largo plazo producirán tanto provecho como ambición seamos capaces de poner ahora en ellas.

Son, por ello, reformas que, junto a la firme pauta de rigor y de austeridad aplicada en el gasto público, seguirán absorbiendo la energía y la determinación del Gobierno de España durante los próximos meses y hasta el fin de la Legislatura.

Y son reformas, en fin, que están llamadas a producir un fuerte efecto movilizador de la actividad económica en todo el país, pero, de manera singular, en alguna Comunidad Autónoma como Cataluña, por su peso industrial, por su capacidad exportadora, por la composición de su tejido productivo y por su apuesta temprana y sostenida por la innovación.

Me he referido a ellas con cierta extensión con motivo de los últimos debates parlamentarios. Hoy me limitaré a recordar, en primer lugar, que la reforma del sistema financiero está muy avanzada y que el Congreso acaba de convalidar el Real Decreto Ley de reforma de la Ley Orgánica de las Cajas de Ahorro que modifica en profundidad el régimen jurídico de las mismas, con el fin de fortalecer su solvencia, favorecer su acceso a los mercados de capitales y profesionalizar su gestión.

Se trata de uno de los hitos más destacados del proceso que, con un alto grado de consenso, pusimos en marcha con la aprobación del Fondo para la Reestructuración Ordenada Bancaria y que en muy poco tiempo, apenas en unos meses, ha redimensionado las Cajas de nuestro país. El redimensionamiento ha sido muy significativo en Cataluña, con la conformación de tres grandes grupos de Cajas que, con un total de más de 380.000 millones de euros en activos, podrán seguir respaldando, en mejores condiciones aún que en el pasado, el desarrollo económico de esta tierra.

En estos momentos se encuentra, además, en trámite parlamentario la reforma del mercado de trabajo que el Gobierno ha presentado para reducir de manera efectiva la dualidad, promover más estabilidad laboral y facilitar la adaptación de las empresas a las exigentes condiciones de un entorno económico cambiante y muy competitivo. Esta reforma del mercado laboral, que es la más ambiciosa de las últimas décadas, pretende configurar un marco de relaciones laborales que facilite la implantación en nuestro país de ese modelo productivo renovado que necesitamos, con mayor formación de los trabajadores y más esfuerzo innovador de las empresas.

La voluntad del Gobierno es poder concluir la reforma con el mayor consenso posible y, en este sentido, hemos manifestado nuestra plena disposición a incorporar en el trámite parlamentario todas aquellas enmiendas que puedan aumentar su efectividad. Los próximos días serán decisivos para forjar este consenso e introducir mejoras en la norma inicialmente aprobada por el Ejecutivo. Y tengo confianza en que lo vamos a conseguir.

Algunas de las medidas de la reforma laboral, en tanto que pretenden aumentar la capacidad de adaptación de las empresas, flexibilizando las condiciones establecidas en los convenios colectivos sectoriales, beneficiarán en mayor medida a las empresas de menor tamaño en las cuales es difícil disponer de convenio colectivo propio. Por ello, y dado que la presencia relativa de PYMEs es mayor en Cataluña que en el resto de España, tanto en términos de facturación como de empleo, es previsible esperar que los efectos de la reforma laboral sean todavía más positivos en el caso de la economía catalana.

Señoras y señores,

La consolidación fiscal, la reestructuración del sistema financiero, la reforma laboral o la del sistema de pensiones, que también queremos concluir en los próximos meses, son necesarias e imprescindibles, pero no suficientes; hay que completar también las demás cambios de muy variada índole que inciden en la competitividad de nuestra economía.

El Gobierno ha venido trabajando en la mejora de la competitividad en su conjunto desde 2004, de manera singular con una apuesta en tres ámbitos: infraestructuras, I+D+i y formación, que son determinantes de la productividad del trabajo.

El esfuerzo de modernización de las infraestructuras en Cataluña ha tenido una significación especial en los últimos cinco años: más de doce mil millones de euros, que se concretan en realidades como la nueva terminal del Prat, la finalización de la conexión en Alta Velocidad, que continúa su recorrido hacia el resto de Europa, y el firme compromiso con el Eje Mediterráneo, de forma que el puerto de Barcelona sea este mismo año el primero conectado con Europa en ancho de vía internacional.

Las restricciones presupuestarias que hemos tenido que adoptar adicionalmente como consecuencia del compromiso de acelerar la reducción del déficit condicionarán la ejecución de alguno de los proyectos planteados; pero, si nos atenemos al criterio del volumen de inversión, que es el más relevante, se podrá comprobar cómo esa afectación tiene, en términos relativos, una entidad muy limitada, limitadísima.

En materia de educación, Cataluña destaca especialmente por la cantidad y calidad de la oferta educativa universitaria de grado y posgrado. Su gran potencial ha sido reconocido con la concesión de dos de las cinco menciones de Campus de Excelencia Internacional 2009, que viene acompañado de un compromiso de préstamos de más de treinta millones de euros.

Y en materia de investigación, hemos abordado una primera etapa consistente en reforzar la base de nuestro sistema de I+D con un incremento de inversión pública en investigación que, sencillamente, no conoce precedentes en nuestra historia, pues hemos multiplicado prácticamente por tres el volumen de gasto público en I+D. Y ahora se ha abierto una nueva etapa en la que, con criterios de máxima responsabilidad y austeridad en el gasto, vamos a optimizar el uso de estos recursos y capacidades que entre todos hemos incrementado a lo largo de los últimos años. Un ejemplo magnífico de nuestro esfuerzo y de nuestra cooperación en este ámbito ha sido la reciente inauguración del Sincrotón ALBA en Cerdanyola del Vallés, la mayor infraestructura científica construida en España y en todo el sur de Europa.

Quiero destacar también otros tres ámbitos determinantes para la mejora de la competitividad y decisivos, en particular, para el presente y el futuro de la economía de Cataluña: la política industrial, la innovación y la internacionalización de las empresas para incrementar su capacidad exportadora.

Después de un prolongado período en el que la política industrial no ha recibido la atención que se merecía, estamos diseñando un marco que encuadre las actuaciones del Gobierno en la materia. Recuerdo que a partir de 2004, cuando me hice cargo del Gobierno, recuperé un ministerio de política industrial, un Ministerio de Industria, que además conoce bien el Presidente de la Generalitat. Y esa política industrial la estamos realizando con las Comunidades Autónomas y los agentes sociales.

Quiero agradecer, en este sentido, expresamente la colaboración y las aportaciones que la Generalitat de Catalunya ha efectuado al Plan Integral de Política Industrial que se alinea y se complementa con el Plan de Política Industrial de la Generalitat para el período 2010-2020.

El objetivo del Plan Estatal es aumentar en tres puntos el peso de la industria en la economía, del 15 por 100 del PIB actual al 18 por 100 del PIB, que es la media europea, en 2020, para situarnos en ese promedio. La mayoría de los grandes países europeos tienen entre tres y cuatro más de peso de su PIB industrial en el conjunto del PIB total, como Alemania, Francia, etcétera.

En el caso de Cataluña, donde se concentra una cuarta parte de la facturación industrial, ya se alcanza ese promedio, ya se alcanza el 18 por 100, y el objetivo debería ser más ambicioso: tenemos que superar el 20 por 100 del peso del PIB de la industria en el conjunto de Cataluña, es decir, situarnos en Cataluña en el mismo nivel que Alemania o que Suecia, que están por encima del 20 por 100 en cuanto a peso industrial en el conjunto del PIB.

Otro tanto se puede decir, junto a la estrategia de política industrial, de la Estrategia de Innovación. Somos ya la novena potencia científica del mundo, es decir, ocupamos el mismo lugar en el ranking que supone nuestro Producto Interior Bruto, la novena potencia industrial del mundo; pero estamos lejos de ocupar ese lugar en innovación, en la capacidad de transformar la ciencia que producimos y publicamos a la economía. Nuestro tejido productivo debe aprovechar toda la potencialidad que tiene nuestro sistema de Investigación y Desarrollo.

Nos hemos fijado un objetivo: duplicar el número de empresas innovadoras, en 2015, lo que supone 40.000 empresas innovadoras adicionales en España. Y, de nuevo, aquí las empresas catalanas, por su trayectoria más dilatada en innovación, se encuentran en mejores condiciones de capitalizar este esfuerzo conjunto; un esfuerzo que debería traducirse en una mayor fuerza exportadora, que estamos apoyando con diversas acciones en favor de la internacionalización de las empresas.

Y quiero subrayar en este acto el buen comportamiento, el excelente comportamiento, que está teniendo nuestro sector exportador, que ha aguantado en la crisis mejor que la media europea y que este momento, en la salida de la crisis, está creciendo por encima de la media europea y está llamado a tener un papel decisivo en la recuperación y en el cambio de modelo productivo. En la medida en que ensanchemos y ampliemos nuestras exportaciones, generaremos más ahorro en nuestro país, generaremos una mayor capacidad de inversión y limitaremos el endeudamiento que ha caracterizado durante demasiados años a una buena parte del desarrollo económico de España.

En Cataluña hay 37.000 empresas exportadoras y es particularmente notable su creciente penetración en Asia, el mercado con mayor potencial del mundo y donde estamos haciendo una especial actuación para reforzar nuestros lazos diplomáticos y comerciales. Pero aquí tenemos una gran ventana de oportunidad para la empresa en general en España y, en particular, para la empresa catalana porque ya tiene puestas unas buenas bases, unas bases sólidas, en Asia, especialmente en China. Aquí, sin duda alguna, vamos a intensificar esa tarea y, desde luego, es una de las agendas prioritarias del Gobierno y una de las agendas prioritarias de mi tarea.

En definitiva, reformas decisivas para nuestra competitividad, decisivas para la renovación del modelo productivo, decisivas para la sostenibilidad a largo plazo de nuestro Estado de Bienestar y de la cohesión social, que es la seña de identidad del modelo europeo y que ha de seguir siéndolo. Y son reformas, además, que apuntan al corazón mismo de la economía catalana, a sus señas de identidad como tal y a la liberación de sus energías y de sus grandes potencialidades.

Para salir de esta crisis, como estamos saliendo, y para volver a crecer económicamente, con un crecimiento más sano, con un nuevo crecimiento económico, con un nuevo modelo de crecimiento económico, España necesita a Cataluña y Cataluña necesita a España.

Hoy más que nunca no es retórico decir que Cataluña lo tiene que hacer con España y España con Cataluña, y sólo hay un modo de concebir esta convivencia: en el seno de un proyecto común fundamentado en el respeto y en el reconocimiento de quienes lo integran. Sólo así.

Permítanme que haga una referencia personal en este acto. Como saben, y recordaba el President Montilla, se acaban de cumplir diez años desde que recibí la confianza de mis compañeros para ocupar la Secretaría General de mi partido. Estos días he tenido ocasión de pensar sobre todo este tiempo, sobre cómo han evolucionado las cosas, a veces de un modo vertiginoso y sorprendente como en los últimos meses, y sobre cómo he podido evolucionar yo mismo para adaptarme y dar respuesta a muchas de las circunstancias cambiantes que nos tocan vivir.

Pues bien, creo que, si tuviera que sintetizar en tres las ideas o valores que dan sentido a mi compromiso político y a mi tarea política, podría afirmar que no han cambiado en su raíz en estos años y que, para admitir como parámetro principal de enjuiciamiento por los demás de mis acciones y de mis decisiones, colocaría mi visión de la España plural, de la España indisociable del reconocimiento de la identidad política de Cataluña, al mismo nivel que mi concepción de la democracia, de la importancia del diálogo, del respeto al adversario, de la tolerancia, del pluralismo ideológico o, si se quiere, del talante; y, por otro, la acción política comprometida con los más desfavorecidos, con la igualdad de oportunidades, y en la lucha contra toda forma de discriminación de un ser humano por otro ser humano.

Éstas serían mis tres grandes convicciones políticas: la España plural, el avance democrático, la igualdad y no discriminación. Las sitúo en un nivel de paridad, de valor, a las tres. Son tres prioridades o principios sobre los que no me gustaría fallar o estar por debajo de mis propias exigencias y de las exigencias de los demás.

Con esta actitud he abordado siempre la posición de Cataluña en el seno de la España democrática y, en particular, cualquier acontecimiento relevante para la misma. Por eso, no tengo que hacer el más mínimo esfuerzo para apreciar que los problemas que siente como tales la sociedad catalana, la mayoría de sus ciudadanos y de sus fuerzas políticas, son problemas de España, son problemas que tenemos todos, que nos conciernen e interpelan a todos, y en primer lugar al Presidente del Gobierno, porque como Presidente del Gobierno soy también, y me siento muy especialmente, Presidente de los ciudadanos catalanes y, en consecuencia, responsable ante ellos en el ejercicio de mi cargo.

Mi posición en defensa del Estatut es conocida. Siempre me pareció que había que dar cauce, de acuerdo con los procedimientos y las normas de la Constitución, al Estatut, al Estatut que tenemos vigente hoy, y que había que dar cauce a la mayoría de la voluntad de los representantes de la sociedad catalana de renovar su autogobierno y de ver reforzado el reconocimiento de su identidad política.

Son conocidas también las dificultades, porque era y es un gran paso en la España plural el Estatut de Cataluña; dificultades que tuvimos que sortear durante el procedimiento de gestación y aprobación de la reforma; dificultades y presiones ante las que, por cierto, no nos arredramos, pues lo que hicimos era legitimo y por el camino legítimo, además de muy mayoritario aquí, en Cataluña, y más que suficientemente mayoritario en las Cortes Generales.

La segunda parte es igualmente conocida: un recurso ante el Tribunal Constitucional que cuestionaba el Estatut globalmente y de raíz, a diferencia irritante --irritante la diferencia-- de la actitud que se mostraba por los recurrentes con otras reformas estatutarias análogas, y un proceso ante este órgano, el Tribunal Constitucional, demasiado accidentado y que demoró también en exceso la decisión.

No lo puedo decir más claramente y no debería sorprender a nadie esta afirmación: constitucionalmente, no me siento, ni políticamente, responsable de la sentencia, ni de su fallo, ni de su fundamentación. La acato, por supuesto; la cumplo y la haré cumplir, y le presto, por supuesto, el debido apoyo institucional, como lo he prestado en todo momento, cumpliendo mi obligación, al órgano que la dictó en el ejercicio de sus competencias: el Tribunal Constitucional.

No soy responsable de la sentencia, pero sí me siento responsable de sus consecuencias políticas. Me hago cargo de esas consecuencias políticas.

Pienso que los efectos jurídicos de la sentencia son limitados, muy limitados si se comparan con la extensión e intensidad de la impugnación a los que da respuesta; que el Estatut ha resultado globalmente convalidado, más aún, que ahora ya no pende sobre la incertidumbre jurídica del recurso y que su vigencia está garantizada y despejado el horizonte de su desarrollo y aplicación. Pero soy consciente de que las circunstancias y los avatares que han rodeado a todo el proceso han podido generar malestar en un sector amplio de la ciudadanía de Cataluña. Y tomo nota de ello. ¿Cómo no iba a hacerlo?

No hace falta tener una sensibilidad especial hacia la fuerte identidad política de Cataluña para ello. Basta con ser y actuar como un Presidente democrático para tomar nota y escuchar la expresión de esa incomodidad. No sólo no se puede tapar la boca o desdeñar a quienes la formulan; es una expresión libre, legítima, que debe ser escuchada.

En este sentido, me parece preocupante que la derecha en nuestro país no sea capaz todavía de hacer suyo un proyecto integrador de la convivencia que incluya el reconocimiento pleno a la identidad de Cataluña. Porque carece de ese proyecto quien pasa sin solución de continuidad de la confrontación a la inhibición, como han hecho los dirigentes del Partido Popular, y no creo que eso sólo se deba a la tendencia natural a inhibirse del señor Rajoy.

Pues bien, mi reacción, no ante la sentencia, reitero, sino ante las consecuencias políticas de la misma y, más ampliamente, del proceso de impugnación seguido frente al Estatut, comporta las siguientes tomas de posición:

La primera es la de reafirmar el respeto a los sentimientos de identidad de los ciudadanos de Cataluña. Como dije cuando defendí el Estatut ante el Congreso de los Diputados, me parece completamente legítima la defensa de "la identidad nacional de Cataluña", pues ello, además, es compatible con la consideración constitucional de España como "la nación de todos". E igual compatibilidad veo en la defensa de los símbolos nacionales y de la lengua catalana. Y creo haber sido consecuente con esta convicción hasta donde mi capacidad y mi responsabilidad política podían llegar.

La segunda toma de posición es la de analizar la posibilidad de regular, por el cauce legal procedente, las cuestiones declaradas inconstitucionales por el Tribunal, no por razones de inconstitucionalidad material, sino de correcta elección de la fuente normativa, que son varias. Tenemos, pues, un amplio campo de avance en materia de justicia, en la configuración de la autonomía local en Cataluña o en la actuación diaria del Estado para garantizar que lo hace dentro de los márgenes competenciales en el ejercicio de sus competencias básicas. Y tenemos ya una legislación estatal en materia financiera que recoge compromisos como la consideración de la capacidad fiscal o la garantía de la no inversión de la ordenación de las Comunidades Autónomas tras los mecanismos de solidaridad interterritorial.

Y, en tercer lugar, reiterar el compromiso de seguir desarrollando y aplicando el Estatuto. Lo hemos hecho en los últimos cuatro años con el nuevo acuerdo de financiación, con el aumento de la inversión estatal en infraestructuras, con el traspaso en ámbitos como el de la protección de las costas, las cercanías de RENFE, las autorizaciones de trabajo de los inmigrantes o la inspección laboral.

Lo hemos hecho trabajando conjuntamente con las instituciones catalanas en proyectos de interés para toda España como el sincrotrón Alba o los polos de excelencia investigadora en las Universidades catalanas. Lo hemos hecho, incluso antes de la entrada en vigor del Estatuto, con la presencia de Consejeros catalanes en los Consejos de la Unión Europea, con las posibilidades de uso del catalán en las instituciones europeas, en la propia Administración General del Estado o, desde hace dos días, su ampliación en el Senado.

Y lo hemos hecho, incluso, proponiendo la reforma constitucional para fortalecer las capacidades de participación autonómica en el Senado y que nuestro Senado cumpla definitivamente con ese papel de Cámara de representación territorial, con un papel nítidamente federal. Es una reforma pendiente que llevaría a la discusión política, que es su sede, a muchos de los argumentos competenciales y jurídicos que hoy sólo se pueden sustanciarse en el Tribunal Constitucional.

Saben que propusimos esa reforma para convertir el Senado en una Cámara de representación territorial, pero saben que la reforma exige el concurso y la voluntad mayoritarios, es decir, un acuerdo en el que debe participar el Partido Popular.

Por tanto, nos queda trabajo por hacer. Como he tratado en la reunión con el President Montilla de esta misma semana, tenemos que resolver algunos procesos de traspasos en discusión y debemos fortalecer nuestros mecanismos de relación en distintos ámbitos, como las inversiones culturales, operación en ámbitos de policías o mecanismos de participación autonómica en determinadas competencias del Estado.

Hemos hecho el firme propósito de avanzar en estos temas con calma y con rigor; calma porque necesitamos recuperar la confianza y recuperar el sentido de la afirmación de lo que significa el desarrollo de la España plural; calma y confianza porque las fuerzas políticas catalanas, en primer lugar la Generalitat, tienen que dar pasos también constructivos, como los que se produjeron en la reunión que mantuve con el President en Moncloa, para abrir ese espacio de confianza, de concertación y de colaboración.

Por ello no es de extrañar, y el President ha hecho referencia, que antes que nada haya que recuperar la confianza: la confianza de las relaciones entre instituciones y la confianza de las relaciones entre las fuerzas políticas y, en definitiva, en la sociedad en su conjunto. A esa tarea me voy a dedicar de manera prioritaria, porque reitero, como afirmé hace unos minutos, que las consecuencias de la sentencia forman parte de mi responsabilidad política.

Desde mi responsabilidad política entiendo absolutamente imprescindible y necesario que esta Cataluña fuerte --fuerte en su identidad política, fuerte en su historia y fuerte en su capacidad económica-- se sienta escuchada; sienta que de verdad es un actor fundamental, decisivo en el proyecto común que es España, la España plural, y sienta de verdad que es respetada en sus sentimientos de identidad, en sus símbolos, en su historia y en su cultura.

Esta tarea que tenemos por delante es una tarea que merece la pena, porque siempre trazar el horizonte y el rumbo de la cooperación, de la confianza, del respeto, del sumar y del unir es mucho más motivador y supone siempre mejora en la historia de los pueblos, que cualquier otra tentación de desunir, de enfrentar, de confrontar, de hacer conflictos.

Me tendrán siempre de este lado, del lado de los que quieren ganar la confianza, respetar a Cataluña y avanzar juntos en una España democrática, plural y diversa, que es la España que el mundo conoce y la España que el mundo respeta y valora.

Muchas gracias.


COLOQUIO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO EN TRIBUNA BARCELONA

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Domingo Jaumandreu.- Señor Presidente, quería hablarle sobre las infraestructuras de transporte y los recortes que fueron anunciados ayer. Durante los últimos veinticinco años he tenido el honor de trabajar para, después, dirigir una importante multinacional en España, y durante los últimos diez años asumiendo puestos de responsabilidad en Europa. Desde la perspectiva europea se me hace muy difícil poder explicar a mis ex colegas, con quienes hoy estaba hablando por la mañana, unas decisiones tan drásticas como el recorte de las conexiones con Europa.

Hace veinticinco años, cuando gobernaba Felipe González y en Cataluña el President Pujol, nuestra multinacional apostó muy fuerte por invertir en Cataluña como un lugar desde donde se podría manufacturar y servir productos para Europa basándonos en dos elementos de competitividad: la gran calificación del personal, especialmente el de ingeniería, cosa que no ha defraudado nunca porque las universidades catalanas, como usted muy bien ha dicho, preparan excelentes profesionales, pero con una gran promesa de desarrollo de infraestructuras de comunicación con Europa. Y han pasado veinticinco años y seguimos con la misma autopista de peaje con dos carriles que nos comunican con Europa. En estos veinticinco años desaparecieron los aranceles, desaparecieron las aduanas y seguimos sin comunicación con Europa.

¿Cómo se puede explicar que ayer se haya decidido anular el desdoblamiento de la A-2, que es la alternativa a la autopista de peaje, y también suspender las conexiones de la A-7 con la A-2, que son las que tienen que dar la fluidez necesaria para que el puerto de Barcelona sea más accesible?

Presidente.- Seré breve y espero serlo más breve que la pregunta; pero, al menos, quiero darle y aportarle algún dato que me parece relevante sobre la inversión en infraestructuras y los ajustes. Tengo que hacer alguna consideración inicial.

España hoy ocupa una posición de liderazgo en el campo de las infraestructuras de transporte. Hemos transitado desde un déficit histórico que lastraba nuestra capacidad de competir a ser un referente para muchos países en el proceso de modernización de las infraestructuras. Ahora tenemos que hacer, necesariamente, un esfuerzo de contención del gasto para reducir el déficit, imprescindible, en un ámbito en el que, insisto, hemos hecho en los últimos años un esfuerzo de gran magnitud.

En los años entre 2009 y 2012 la inversión media en infraestructuras será similar a la ejecutada en el período 2005-2008, que fue un período de bonanza y crecimiento económico; lo digo para que situemos lo que representa la reducción. Nos vamos a situar en años donde había crecimiento económico.

Cataluña. En Cataluña tampoco vamos a parar y quiero decirlo muy claro porque sólo se rescindirá inversión por valor del 0,6 por 100 de los contratos que el Ministerio de Fomento mantiene actualmente en Cataluña. Y debo recordar que en 2009 el Ministerio de Fomento ha ejecutado más de 2.600 millones de euros de inversión en Cataluña. Es la primera Comunidad Autónoma en inversión ejecutada por el Ministerio de Fomento y desde que accedimos al Gobierno, entre 2004 y 2009 más de 12.800 millones de euros. Invito a cualquiera a que me haga una comparación con cualquier período anterior de cualquier Gobierno de inversiones en infraestructuras de transporte en Cataluña. Y en 2009 también fue la primera Comunidad Autónoma en inversión licitada.

Con el nuevo escenario presupuestario, de los 182 contratos que el Ministerio de Fomento tiene en marcha en Cataluña, con una inversión superior a 5.500 millones de euros, se rescinden cinco contratos, 181 millones de euros pendientes de ejecutar; pero tres se volverán a licitar: uno con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y dos por el sistema de colaboración público-privado. Con ello quedarían dos contratos rescindidos, el 1,1 por 100 de los contratos vigentes, menos que la media española, que es del 1,61 por 100; el 0,6 por 100, como antes dije, de la inversión vigente, menos de la media nacional, que es el 2,7 por 100.

Cinco en carreteras --en concreto, ya que me parece que se ha referido a la conexión de las autovías A-2 y A-7, he de decirle que sobre esa autovía está prevista una nueva licitación con cargo a los Presupuestos Generales del Estad--, ninguno en ferrocarriles, ninguno en aeropuertos y ninguno en puertos. Ése es el balance de la situación resultante como consecuencia del ajuste presupuestario que hemos hecho en materia de infraestructuras.

Podría extenderme aún más y hacer un detalle de en qué infraestructuras en estos momentos está invirtiendo el Gobierno de España en Cataluña; pero, dada la oportunidad, lo voy a hacer. Estamos actuando en la Autovía del Nordeste Madrid-Barcelona: en proyecto hay 85 kilómetros y en ejecución diez kilómetros, con una inversión de cincuenta millones de euros, y en servicio hay treinta kilómetros. Estamos actuando en la Autovía del Mediterráneo, en la A-7: en proyecto, 163 kilómetros con 900 millones de euros de inversión; en ejecución, ocho kilómetros, con 47 millones de euros. Y voy rápido ya: estamos actuando en la Autovía Lleida-Viella-Francia, en la Autovía Huesca-Lleida, en la Autovía Figueras-Olot, en la Autovía Tarragona-Montblanc, en la Autovía de circunvalación B-40, en la mejora de la Autopista del Mediterráneo, en la A-7, y estamos actuando en varios entornos urbanos: en el entorno de Barcelona, en ejecución ya cinco kilómetros y en proyecto, 240; en el entorno de Girona, en el entorno de Lleida y en el entorno de Reus.

En ferrocarriles, estamos actuando en el Corredor Mediterráneo; estamos actuando en el AVE Tarragona-frontera francesa, la conexión internacional; estamos actuando en Cercanías de Barcelona con el nuevo Plan de Infraestructuras, con una inversión prevista de cuatro mil millones de euros a licitare hasta el año 2015, y ya se han invertido más de seiscientos millones de euros en Cercanías de Barcelona; estamos actuando en la estación internacional de La Sagrera; estamos actuando en el puerto de Tarragona y en el puerto de Barcelona, con la ampliación sur; hemos actuado en aeropuertos, en el de El Prat, y estamos actuando en el Girona y en el de Reus.

Y ya no voy a entrar en las infraestructuras hidráulicas y medioambientales.

Son 5.500 millones los que están en estos momentos en distintas fases de ejecución de infraestructuras en Cataluña en una época de crisis económica. Ahora tenemos que reducir, sí, pero he dado el dato: el 0,6 por 100. De todas formas, he visto que ha manifestado un interés especial por uno de los desdoblamientos y voy a encargar al Ministro de Fomento que revise si, en efecto, tiene tanta importancia para la economía, porque siempre estamos dispuestos a escuchar y, además, es bien conocida la eficacia en esta materia del Ministro de Fomento.

Pero gracias por la pregunta y me ha dado la oportunidad. Como verían todos los que están aquí, he venido bien preparado de datos para poner en valor los esfuerzos en materia de infraestructuras que estamos haciendo en Cataluña.

Luis del Olmo.- Señor Presidente, con lo que está cayendo, con lo que ha caído hace unos días aquí cerquita, en la Diagonal, en esa manifestación multitudinaria, se necesita coraje para venir aquí, al foco del huracán. Sólo un político leonés podía hacerlo.

He escuchado con mucha atención su discurso, ha dicho que en los próximos días tendremos una mejoría, ha hablado del desarrollo de la España plural y ha hablado de lo del final de la crisis, yo no me creo nada. Me gustaría creerle, paisano, pero no me lo creo.

Pero mi pregunta iba por otros derroteros. Presidente, ¿usted, como Jefe de Gobierno, cree que Cataluña se le está yendo de las manos, de verdad? Le hago la pregunta desde otro punto: si su compañero, el President Montilla, tuviera otro partido y no fuera compañero suyo del Partido Socialista, ¿usted actuaría con más firmeza ante cualquier planteamiento de independencia? Solamente eso, Presidente.

Y, abusando de que tengo el micrófono y abusando de mis queridos compañeros catalanes, me va a permitir. Cataluña es una nación histórica, nadie lo duda, pero déjeme recordar a nuestra tierra. ¿Y León, que ha tenido leyes, y fueros, y reyes, no es una Comunidad histórica?

Presidente.- Gracias, Luis. Empezaste muy bien y luego, en fin… Tengo que decir en su honor y en nuestra amistad que fue quizá el primer periodista que pronosticó y que anticipó varios años antes de que fuera el XXXV Congreso, quien podía ser y quien sería Secretario General del PSOE. Él fue, Luis del Olmo, y por eso siempre, aparte de nuestra amistad como leoneses, le tengo un gran respeto.

Te iba a decir que podría ser más o menos relevante que creas o no algunas de las cosas que he dicho, pero sólo me conformo con una cosa y es que, cuando suceda, lo digas públicamente, como has hecho siempre. Cuando la recuperación económica, en la que ya estamos, porque hemos crecido en el primer trimestre y el segundo trimestre vamos a tener un crecimiento económico superior al primero, mejor que en el primer trimestre, y, por tanto, ya son dos trimestres de crecimiento, tenemos que mantener ese ritmo y, ante todo, tenemos que crear empleo, que es, sin duda alguna, el gran problema.

Dos, que he venido al huracán. Siempre que he venido a Cataluña me he sentido muy a gusto, porque ésta es una sociedad, ante todo --en mi tarea he podido conocer a muchos catalanes--, de respeto y culta. Por tanto, vengo siempre contento. Que ahora haya un clima difícil por la sentencia me obliga más y, a lo mejor, vengo más, porque creo, tengo la firme convicción, que cualquier riesgo que pudiera existir en la línea de lo que hemos hablado de ahondar la desafección y de dejar que se consolide mínimamente desde Cataluña la idea de la desafección hacia lo que representa la España plural creo que es un error gravísimo en términos históricos. No lo voy a permitir y voy a dejar todo mi esfuerzo voy a dejarme la piel para que eso no pase.

Y, como tengo una gran confianza en la sociedad catalana, una gran confianza, estoy convencido de que podremos hacer con tiempo, con un cierto tiempo, por delante y con esfuerzo, que haya sido un mal momento. Lo haremos, porque la gran mayoría de los catalanes y la gran mayoría del conjunto de los españoles desea caminar juntos, con respeto y reconocimiento a lo que significa Cataluña, y significa mucho por historia, por identidad, por capacidad económica y por la fuerza de sus ciudadanos, la fuerza que siempre la he interpretado como una fuerza democrática, cívica, de la mayoría. Hay algunas posiciones que no comparto para nada y que pueden responder a otros objetivos o a otros intereses legítimos, pero de la mayoría.

Creo que Cataluña ha sabido estar ejemplarmente en la transición democrática, en el pacto constitucional, en la modernización de España y en la vanguardia de las libertades cívicas, de un modelo económico competitivo, de su europeismo y de su apertura al mundo y al Mediterráneo, y por algo está aquí la sede de la Unión por el Mediterráneo. Cataluña ha sabido estar y sabrá estar, y España y el Gobierno van a saber estar con Cataluña y hacer lo que es necesario para profundizar en esa confianza.

Como a veces pasa, éstos son momentos difíciles pero son grandes oportunidades. Es una gran oportunidad para que esa especie de tensión latente, de ese malestar a veces difuso y a veces explícito, lo superemos definitivamente. Tenemos que hacerlo, pero también tengo que decir a todos los catalanes que no es una tarea sola del Gobierno ni del Presidente del Gobierno, porque España es amplia, plural políticamente, hay diversas posicione.

Y les puedo asegurar, ahora que estamos en esta etapa de recuerdos con los diez años, que los meses en los que discutimos el Estatut --yo apoyaba la aprobación del Estatut y negocié con las fuerzas políticas catalanas para llegar a esa mayoría del Estatut-- no fueron meses fáciles, ¡eh!, para el Gobierno por apoyar el Estatut; por reconocer la identidad nacional de Cataluña; por afirmar el valor, el aprecio y el respeto en el uso de la lengua catalana; por votar a favor de símbolos nacionales para Cataluña; por ampliar sus competencias; por establecer una relación bilateral; por fijar una disposición adicional que incrementaba las infraestructuras o por apostar por un modelo de financiación, que luego concluimos en un gran acuerdo, que se presumía insolidario y que llevó a alguna fuerza política por el conjunto de España a decir que "ahora el dinero de las Comunidades más pobres va a ir a las Comunidades más ricas".

Eso se dijo en España por quienes forman parte del pacto constitucional y en el pacto constitucional está la formulación de cuidar al máximo esa capacidad incluyente de la Constitución de 1978, donde quedaron discusiones latentes, pero se buscó un espacio donde todo el mundo o la gran mayoría podía sentirse cómodo.

Superaremos esta etapa, sin duda, pero tenemos que hacer un gran esfuerzo. Fíjate, Luis, no lo hago como reproche a otras fuerzas políticas; pero, para consolidar de verdad la España plural, un modelo con rasgos federales, de mayor participación de las Comunidades en la formación del Estado y de respeto definitivo a la identidad y al autogobierno, necesitamos que las fuerzas políticas del centro-derecha estén también en esa tarea y en esa posición. Eso es así.

Por tanto, hagamos todo lo necesario para convencer, como estoy convencido, de que la España más fuerte es la España plural, que la España mejor unida es la España que reconoce la diversidad y, en particular, la diversidad de Cataluña. Y también hagamos un esfuerzo para decir a los catalanes que el mejor proyecto es el proyecto común desde el respeto a las sensibilidades; pero hacer cosas juntos es más útil para todos y que cualquier tentación es un camino incierto y sin sentido a la luz de nuestra historia y a la luz de lo que piensa la inmensa mayoría de los catalanes.

Por tanto, Luis, cuando veas la recuperación económica más consolidada y veas que Cataluña sabe estar, como ha sabido y vuelve a estar, y el conjunto de España sabe estar, espero que lo reconozcas.

Y, por supuesto, nuestra tierra tiene historia. ¡Cómo no va a tener historia! Y leyes, y fueros, y ha tenido hasta caciques. A mí lo que me importa es que la historia democrática, la historia de la España constitucional, sea una historia de éxito y no hay historia de éxito para la España constitucional si esa historia no lleva la España plural y el reconocimiento de la diversidad. El éxito de España, que ha sido grande en estos treinta años, es un éxito que depende, en gran medida, de esa integración de la diversidad, y por supuesto de Cataluña. Y, como Cataluña es una sociedad de éxito y que trabaja por el éxito, estoy convencido de que también lo va a hacer de una forma unida y cooperando con España.

Luis, no soy optimista porque tus pronósticos se cumplieran, porque yo me llevo bien con la vida, ésa es la verdad; no, soy optimista porque conozco lo que da de sí Cataluña y lo que da de sí el conjunto de la España democrática, que, por cierto, es mucho más de lo que a veces nosotros pensamos, sentimos y decimos, y mucho menos de lo que creemos que nos consideran y valoran fuera; pero nos respetan y nos admiran. Demos motivos para que siga así.

Pere Yufera.- La abogacía está preocupada desde hace muchos años por el tema del acceso a la profesión. Se dictó una ley hace cinco años, una "vacatio legis" de cinco, años y desde entonces se han ido dictando una serie de proyectos de reglamento en los que a día de hoy se está dejando todavía para una orden ministerial conjunta para hablar sobre el contenido del master y la prueba de capacitación. Estamos a un año vista y parece que esto nunca llegará. La pregunta es: ¿existe realmente la voluntad de que, de alguna forma, llegue definitivamente esa Ley de acceso a la profesión de abogado y que realmente lo que se busque es la formación de abogados, que es lo que realmente se necesita, y estar equiparados a la Unión Europea?

Presidente.- Es una ley conocida y querida por mí, y puedo confirmar que esa Ley va aplicarse en el momento en que corresponde por el periodo de "vacatio legis" que contemplaba. Además, puedo afirmar que los trabajos para esa aplicación y las exigencias de acceso a la abogacía están bastante avanzados por parte del Ministerio de Justicia y que los tendremos en el plazo previsto.

Puedo, además, confirmar que hace pocas semanas fue objeto de deliberación en el Gobierno. La tarea está avanzada y se concluirá en el tiempo previsto, pero puedo confirmar que va a ser así y que la Ley se va a aplicar.

Joaquín Coello.- En tiempos de crisis hay que hacer cambios regulatorios y en estos cambios regulatorios yo me refería a varios. Uno de ellos es la gestión autónoma de puertos y otros son la gestión autónoma de aeropuertos, el transporte de mercancías y las universidades. Que esto no nos acaba de funcionar yo creo que lo demuestran dos cosas: en España se transporta por ferrocarril el 4 por 100 de las mercancías y en Europa, entre el 20 y el 25 por 100; que nuestras universidades no son óptimas desde el punto de vista de la docencia y de la Investigación y el Desarrollo lo prueba el hecho de que en cualquier ranking internacional de universidades España --usted lo ha dicho-- novena potencia económica del mundo, la primera Universidad es la Universidad de Barcelona y está entre el 150 y el 200.

Realmente, la singularidad de gestión de estas cuestiones en el mundo occidental y en España es absolutamente singular, absolutamente especial. Solamente tienen una ley de aeropuertos como España, Portugal y Grecia. En cualquier país de la Unión Europea, desde un federal como es Alemania a un central como es Francia, no tienen este sistema que tenemos nosotros. Cambiar esta regulación es volver a las prácticas habituales de Occidente y mejorar la eficiencia en la gestión de estas cuestiones.

Yo pienso, Presidente, que esto es fácil de hacer por tres razones: la primera, porque tiene usted un magnífico Ministro de Fomento y aprovecho la ocasión para decir que no siempre ha sido el caso, pero ahora sí; porque tiene usted un excelente Ministro de Educación, también antes, pero ahora también, porque esto, Presidente, no vale dinero, no es necesaria más inversión, y se puede hacer sin más inversión, es simplemente un cambio de modelo de gestión; y, en tercer lugar, porque es algo que muchas Comunidades Autónomas defenderían y aceptarían. En el cambio de modelo de aeropuertos, seguro que Madrid estaría de acuerdo, seguro que Andalucía estaría de acuerdo, seguro que Baleares estaría de acuerdo y, probablemente, Canarias. En el modelo de puertos, probablemente Galicia, probablemente Valencia y probablemente Canarias.

Por tanto, es fácil. ¿Cuál es el inconveniente? Presidente, el inconveniente es un inconveniente tradicional en España y es la fuerza de nuestras entidades y nuestros organismos, digamos, paraestatales o parapúblicos, como AENA, ADIF, Puertos del Estado, etcétera, y naturalmente el poder y la fuerza de determinados funcionarios del Estado de alto nivel. Estas reformas, Presidente, son necesarias para España y creemos que son necesarias para Cataluña. Desde luego, son, y usted lo conoce bien, muy pedidas en Cataluña. ¿Puede usted hacerme algún comentario sobre esto?

Presidente.- Puedo hacerle algunos comentarios. Hay algunas cosas en las que comparto la opinión y otras en las que creo su opinión exige algún matiz.

Por ejemplo, la gestión portuaria es una gestión que se desarrolla con una amplia autonomía. Desde luego, el Gobierno de la nación, desde la Ley de Puertos vigente, no tiene, digamos, más que la responsabilidad de financiar las inversiones en los puertos y conseguir el dinero en Europa, lo que alguna vez nos genera algún problema porque son los consorcios los que aprueban las inversiones de los puertos. En materia de puertos, sin embargo, los datos no tienen nada que ver con los que ha referido del transporte por mercancías de ferrocarril en nuestro país, que es donde tenemos un "gap", una desventaja competitiva, de manera espectacular con Europa. Aquí tenemos que hacer un cambio, lo estamos haciendo, un cambio regulatorio y de inversión, para facilitar el transporte de mercancías y, por supuesto, con la liberalización que Europa va a poner en marcha.

Universidad. Sobre la gestión de la Universidad es verdad que hay una mayoría de ejemplos en el mundo donde las universidades gestionan aun con más autonomía y con un modelo de gestión que está mucho más directamente vinculado a su relación con la empresa, como factor clave, además, para que esa desigualdad de posiciones a las que yo hacía referencia entre lo que producimos científicamente y lo que innovamos se reduzca. Pero, más que de regulación, es una tarea de acción y de compromiso de los Gobiernos, por supuesto de los Gobiernos autonómicos con las universidades, que tienen una amplia responsabilidad de competencias, y de las empresas con las propias universidades.

Puedo decir que el marco de "intervención" del Gobierno en el campo universitario no va más allá de la Ley, pues tenemos una ley que reconoce la autonomía universitaria. La responsabilidad de la relación, de la gestión y de la financiación es de las Comunidades Autónomas, y podemos ir a un modelo de más autonomía legislativamente, podemos ir a un modelo de una gestión distinta, pero hay que tener el consenso de la comunidad universitaria. Y la última reforma que hemos hecho en el marco de la legislación universitaria se ha hecho con ese consenso.

Aeropuertos. Sí, y creo que lo hemos hablado en más de una ocasión, están varios proyectos y varios trabajos normativos en marcha. El modelo aeroportuario necesita un cambio de gestión, aunque debo resaltar que los resultados aeroportuarios en España son buenos, porque AENA ha hecho, en términos comparativos, en términos de productividad y en términos de volumen de tráfico, una buena gestión. Pero necesitamos hacer un cambio para que cada aeropuerto pueda tener una expectativa y una capacidad de planificación y de resultados más cercana a sus intereses.

Por tanto, sí en una cierta medida, pero no estamos sólo ante un problema de regulación en algunos casos, estamos ante un problema de cultura. Yo he pensado si es el marco legislativo. No. Voy a dar algún dato ahora interesante. ¿Por qué hemos llegado a la media de inversión en I+D+i desde el sector público a la media europea y por qué estamos muy atrás en la media de inversión de I+D+i en el sector privado? ¿Hay algún aspecto de legislación o de incentivo? No. Somos, prácticamente, el país que más deducciones fiscales tiene de I+D+i.

¿Cuál es la razón por la que nuestra empresa o porque el número de empresas de nuestro país todavía es limitado y el volumen de recursos y de inversión desde la empresa a I+D+i? Yo creo que hay dos factores fundamentales: uno, la falta de implicación con la Universidad, porque somos de los países desarrollados donde menos implicación hay entre Universidad y empresa; pero ésta es una cuestión de cultura y de actitud, no sólo de legislación y de incentivos, porque por más incentivos fiscales que tenemos al I+D+i, y los hemos ido ampliando y ampliando, el gasto privado crece muy poquito. Y el segundo factor creo que tiene que ver con lo que supone, en gran medida, el tamaño de nuestras empresas; es decir, hay una relación directa entre capacidad de invertir en I+D+ y el tamaño de la empresa.

Tenemos que fomentar, y estamos trabajando en un plan de incentivos, el que exista más mediana empresa, porque la pequeña empresa tiene limitaciones para invertir en I+D+i. Estamos realizando un plan de consolidación y crecimiento de las empresas. En España no es fácil que dos empresas, dos PYMEs, se unan. Hay que dar incentivos y hay que favorecer mecanismos, porque una de las diferencias que nos sitúa… Hay una tabla que es muy, muy, evidente. Los países europeos que tienen un porcentaje mayor de empresas medianas y grandes son los que más inversión hacen en I+D+i privada; los países que tenemos un porcentaje de empresas más pequeñas son los que menos inversión en I+D+i privada realizan.

Enric Hernández.- No le sorprenderá que vuelva a hablar del Estatut. Hace unos minutos usted ha venido a decir que ha entendido el mensaje de la sociedad catalana, que asume las consecuencias políticas de la sentencia del Tribunal Constitucional y que está dispuesto a enmendarlas. Yo no diré, como el maestro Del Olmo, que no me creo nada, no diré tanto; pero sí le diré que, aunque la música suene bien, estaría bien conocer un poco más de esa letra que ustedes pactaron o hablaron el pasado miércoles en La Moncloa.

Por eso le preguntaré si existe una "hoja de ruta" para esas conversaciones con la Generalitat, si se van a mantener de inmediato o se van a postergar hasta después de las elecciones catalanas y, sobre todo, cómo va a evitar que esa negociación, a la larga, se transforme en la permanente negociación a cambio de apoyos parlamentarios que tantas veces ha condicionado el desarrollo del autogobierno catalán.

Presidente.- Son muchas preguntas. Ya sabía que, Enric, ibas a hacer peguntas políticas puras.

Debo decir una cosa y voy a empezar por esta afirmación: el Estatut es la norma que más autogobierno ha reconocido en la historia a Cataluña. El autogobierno que contiene el Estatut, después de la sentencia, es un autogobierno que está en las cotas máximas de cualquier país federal que pongamos encima de la mesa, y, además, con un amplio reconocimiento de la identidad de Cataluña. Fue impulsado por el Parlament de Cataluña y por las fuerzas políticas catalanas, pero fue aprobado bajo mi mandato como Presidente del Gobierno y como responsable de la mayoría parlamentaria, y, desde luego, no para garantizar mi mayoría. Eso no se corresponde con la verdad; es más, como bien se sabe, el Estatut en última instancia lo pacté con Convergencia i Unió y, desde luego, no se ha caracterizado por dar en muchas ocasiones el respaldo parlamentario al Gobierno. Y, como se sabe también, el Estatut no contó con el apoyo de Esquerra Republicana de Cataluña, que era una fuerza que, por compartir Gobierno en Cataluña, se podía pensar o podíamos aproximarnos a que debería de tener una actitud más proclive a ese apoyo, no.

Los hechos son los hechos. Yo no apoyé el Estatut por necesidad de votos en el Parlamento; apoyé el Estatut por convicción política y apoyé el nuevo modelo de financiación, que mejora como nunca la financiación de Cataluña, por convicción política y porque era un compromiso con el Estatut. Y ahora, como he dicho hoy, me hago cargo de las consecuencias, de los efectos, de la sentencia para recuperar sin prisas, con los hechos, la confianza y hacer que Cataluña sienta que puede perfectamente trabajar en un proyecto de España plural que respete identidad, autogobierno, potencialidad, capacidades y sentimientos.

Lo primero que tenemos que hacer en la "hoja de ruta" es encontrarnos en los sentimientos porque, si no nos encontramos en los sentimientos, estoy convencido de que esto no es una cuestión de la transferencia de las becas, no. Si empezáramos por ahí y yo viniera a decir aquí "traigo no se cuantos traspasos y traigo no se cuantos recursos y más inversiones y tal"… No, o nos sentimos cerca en lo que somos y en lo que representamos, en nuestras identidades y en nuestras formas de ver una España plural, o ir hacia esa otra vía me parece que es un error.

Por tanto, recuperemos los sentimientos y acerquémonos la confianza. Yo he dicho en mi intervención tres caminos necesarios en terrenos políticos, jurídicos y en los hechos: uno, leyes que pueden regular aquello en lo que la sentencia del Tribunal Constitucional dice: "atención, legislador, usted puede regular esto, pero no en el Estatut; tiene que ser en una ley orgánica", y hay ahí una tarea por hacer y está identificable; dos, traspasos pendientes, pues hemos hecho muchos traspasos de competencias desde que soy Presidente de Gobierno y antes del Estatut y después del Estatut 31 materias se han traspasado a Cataluña, y hay pendientes traspasos; y, luego, hay un tercer ámbito, que es importantísimo y que es un ámbito político: que el Estatut intentó llegar hasta donde podía llegar. En algunos casos sabíamos, cuando aprobábamos el Estatut, que estábamos en el límite, y es que el Estado, al final el Gobierno, pero no sólo el Gobierno, sino en otras ocasiones el Legislativo, respete el marco estatutario y competencial. Ésta es una cuestión que seguro para el President es muy, muy, determinante.

En esos tres campos tenemos que trabajar. Esto no tiene que ver nada, y creo que ya lo pueden imaginar, con las elecciones de Cataluña, sean cuando sean, en otoño o hasta diciembre, no sé cuando es plazo; cuando sean. No tiene nada que ver. Esto es un tema mucho más de fondo y que traspasa las elecciones, por supuesto, éstas y seguramente las siguientes.

La sentencia ha puesto una pregunta encima de la mesa a todos nosotros y tenemos que responder a esa pregunta. Nos ha abierto una interrogante y tenemos que cerrarla con nuestras acciones, con nuestras palabras y con nuestra sensibilidad. Ésa es la tarea.

José Sanclemente.- Quizá abundando en lo que decía Enric, usted ha dicho "caminar juntos". Nos da la impresión, señor Presidente, de que va a ser difícil caminar juntos a partir de ahora. El pueblo catalán se ha sentido ofendido. Usted dijo "apoyaré" y el señor Rajoy dijo "impugnaré". Él si que ha cumplido su palabra y lo ha impugnado y a tope.

Yo creo que Cataluña ha ayudado durante muchos años a la gobernabilidad de España. Nosotros, los catalanes, ahora sí, nos sentimos, digamos, ofendidos. Yo creo que las relaciones con España en estos momentos serán difíciles de recuperar. Un solo ejemplo: una cosa tan absurda como pueda ser "La Roja". Mucha gente preferiría que hubiera perdido porque no se sienten, se sienten… Gente muy conocida, sí. Quizá los que están en la sala, no, pero se lo puedo expresar… Y personas ya con cierto nivel.

Nosotros apoyamos mucho lo que diga el President Montilla, confiamos mucho; quizá confiamos menos en los veinticinco diputados de Madrid en estos momentos. Entonces, salen muchas voces independentistas ya en estos momentos. ¿Cree que se puede arreglar con estos tres puntos y este caminar juntos? Antes quizás sí; ahora, Presidente, yo creo que va a ser muy difícil a partir de ahora. El sentimiento catalán, lo que se vio en la manifestación del día 10 de julio, aquello era muy importante. Era el corazón de Cataluña el que se manifestaba y gentes vinieron de todas partes. Yo creo que "Houston, tenemos un problema".

Presidente.- No sé si es una pregunta o es una miniconferencia, pero, diré dos cosas.

Primera, hoy "El Periódico de Cataluña" publica una encuesta que es elocuente, es clara: la inmensa mayoría de los ciudadanos de Cataluña, por supuesto, quería que ganara "La Roja". Yo estoy convencido de que era así y una afirmación en otro sentido me parece que no se corresponde con la realidad de lo que yo conozco de Cataluña y de los catalanes.

Dos, claro que hay un momento de dificultad, pero el saber hacer y el saber estar de Cataluña y de la España democrática han sido lo que nos ha hecho avanzar en treinta años con éxito, y tengo el profundo convencimiento de que Cataluña va a saber estar y de que España, a través de sus instituciones centrales y desde luego el Gobierno, va a saber estar a la altura de las circunstancias.

Yo tengo tanta confianza en los veinticinco diputados del PSC como en el President Montilla. ¿Por qué? Por que esos veinticinco diputados del PSC expresan nada más y nada menos que el voto ampliamente mayoritario de los catalanes. Hasta un cuarenta y tantos por ciento votaron a los diputados del Partido Socialista para que, por cierto, pudiéramos formar Gobierno en España.

No, no es tiempo para subrayar las sensibilidades distintas, no; es tiempo para subrayar todo aquello que puede ayudar a construir en positivo y no a ahondar más los sentimientos o las divisiones. Pido que nadie juegue a eso. Cataluña, a través de muchos de sus ciudadanos, ha expresado su malestar y el Presidente del Gobierno de España ha venido, ha dicho aquí, aquí y en la tribuna del Congreso de los Diputados de España, donde está la soberanía, que no se podía tapar la boca a la gente cuando se expresaba, ni se podían acallar los sentimientos ni las identidades; que había que escuchar. Escuchar para trabajar juntos, reconocer el malestar, como he expresado aquí, y puestos a trabajar con la voluntad de saber que esto ha podido ser un momento difícil, un mal momento, pero que lo vamos a superar. No tengan ninguna duda.

Esto es lo último que quiero decir hoy: vamos a trabajar juntos, vamos a hacer muchas cosas juntos, vamos a salir de la crisis juntos y vamos a hacer que el Estatut, deseado y querido por la sociedad catalana, no quede en un recuerdo negativo por la sentencia. Se puede hacer y lo debemos hacer. Pongámosle la voluntad y, cuando se pone la voluntad en esa dirección conjunta, se consiguen las cosas. Desde luego, los veinticinco del PSC, el President Montilla y yo nos vamos a emplear y lo vamos a hacer, ya saben, cueste lo que nos cueste, cueste lo que me cueste.

Gracias.