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Discurso del Presidente del Gobierno en un acto organizado con motivo del Día Internacional de la Mujer

Madrid, sábado, 07 de marzo de 2009

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Queridas amigas y amigos, mayoritariamente amigas, querida Ministra, Director del Reina Sofía, Ministra de la Vivienda, Ministro de Justicia,

Sabéis que cuando decidí crear el Ministerio de Igualdad recibí algunas críticas y sabéis que es un ministerio que tiene un presupuesto reducido, de momento, que es el Ministerio que menos presupuesto tiene, pero para mí es el Ministerio que tiene los objetivos más grandes que podemos conseguir en las próximas etapas en la sociedad española. Además, creo que hemos podido constatar, y esto lo digo con toda la modestia, que acerté nombrando a Bibiana Aído como Ministra de Igualdad.

Hoy es un día en el que tenemos que celebrar la cosecha de la vida y somos muchas las personas que, con el corazón lleno de alegría y serenidad, hemos venido esta mañana a compartirlo.

Desde esta casa para la paz, que es un museo como el Reina Sofía, nos sonríe Maruja Mallo, de quien este año conmemoramos el centenario de su nacimiento: la mujer libre, la compañera de aquellas ejemplares modernas que limpiaron de escombros, con su palabra y su acción, valientes, ciertos sueños destruidos; las que lograron el derecho al voto para las mujeres españolas, entregando el regalo de la autoestima y de la libertad a todos los españoles, porque un derecho es mucho más que algo que se posee a título individual: es un instrumento para la convivencia.

Y nos sonríe Remedios Varo que acabó sus días en el exilio mexicano, como tantas otras, tras escribir, con el lenguaje misterioso de su pintura, señales en este camino hacia la igualdad.

Por los pasillos, por los rincones, en el jardín del Reina, flota la sin par Ángeles Santos, a quien la historia le negó el nombre, la ocultó, como a las otras dos grandes artistas que he querido que me acompañaran en este acto, como a tantas mujeres.

A ellas, a todas las que han trabajado por nosotros, a las que nos han enseñado el incalculable valor de la perseverancia y el esfuerzo ofrecido a un proyecto ciudadano democrático, solidario, que pregona el diálogo y la grandeza del respeto, me gustaría que les dedicáramos hoy este acto. A ellas y a todas las mujeres del pasado y del presente a las que no se nombra, a las que se les roba el nombre, a las que la historia no pregunta, a las que han vivido sus vidas como un perpetuo interrogatorio, a las que no están, a las que se quedaron en el camino, a las que se les arrebataron los sueños y el futuro, y hasta la vida; a todas y por todas estamos esta mañana aquí y celebramos el primer 8 de Marzo de la democracia con un Ministerio de Igualdad.

Amigas y amigos,

Una vez más, con el compromiso que se hace presente en actos como éste, parece claro lo que decía Max Weber de que los valores no se demuestran, se muestran. Mostrar valores, mostrar igualdad y libertad, y valores de profundización democrática y fortalecimiento de la ciudadanía es lo que lleváis haciendo tantas mujeres españolas en vuestras vidas diarias desde la llegada de la democracia y, aun antes, en la clandestinidad. Es lo que habéis hecho y hacéis desde tantos lugares, en el movimiento asociativo, en el trabajo político, en las instituciones y en la cultura. Decía Flora Tristán en 1843 que era a las víctimas de la desigualdad y la injusticia a quienes correspondía la misión de establecer al fin sobre la Tierra el reino de la justicia y la igualdad entre las mujeres y los hombres.

Gracias a vosotras se han abierto muchos caminos, se han roto muchos techos, a veces de cristal y otras veces de materiales más duros. Cada techo que habéis quebrado nos ha dado impulso y vigor para volver a mirar hacia arriba, para no detenernos, para no conformarnos.

Gracias a vosotras, este Día Internacional que ahora celebramos en España es mejor que en otros tiempos y, a la vez, está preñado de ilusión y de ambición.

Gracias en buena medida a vosotras, a España se nos ve, cada vez más, como una sociedad abierta y llena de vitalidad, un país más libre en la vanguardia de los derechos civiles y de las políticas de solidaridad y de igualdad, porque lo que parecía una utopía hace treinta años hoy parece una utopía desde fuera de nuestras fronteras, en muchos lugares del mundo: haber llegado a conquistar las leyes y la extensión de derechos de ciudadanía. Lo podemos decir siempre, sin triunfalismo, pero orgullosos de lo que hemos avanzado desde aquellos años cuando con ansias de libertad y de justicia proclamamos en nuestra Constitución la igualdad de todos ante la Ley sin discriminación alguna y nos comprometimos colectivamente a promover las condiciones para que la libertad y la igualdad fuesen reales y efectivas, a remover los obstáculos que impidieran su plenitud. Lo decía en aquellos años quien fuera un alcalde señero de esta ciudad, Enrique Tierno, y esto nadie lo sabe tan bien como vosotras: si no hay igualdad suficiente, cuando la igualdad no se practica, la libertad se convierte en privilegio.

Sabéis que comparto plenamente con vosotras la defensa de esa igualdad y de esa libertad, que no avanzan por caminos separados porque se requieren mutuamente. Sabéis que comparto con vosotras, con toda la energía que soy capaz de transmitir, la exigencia de combatir las situaciones de injusticia y de violencia que se ejercen contra las mujeres, que nos repugnan, que me repugnan; de ese machismo criminal con un trasfondo atávico y desde una injusta y falsa superioridad de los hombres. Y sabéis que comparto con vosotras ese compromiso con la vida, con la vida digna, con la vida feliz, que sólo es posible alcanzar desde el respeto, desde la libertad y desde la igualdad.

Sabéis que estoy convencido de que los avances de nuestra sociedad se deben, recordando el lema de los actos conmemorativos del Instituto de la Mujer, a que este tiempo de libertad es, a la vez, un tiempo de mujeres. Por eso a nadie le debe extrañar que en más de una ocasión, a pesar de las críticas que he recibido hoy lo voy a repetir y las volveré a recibir, diga que quiero que sepáis que me siento feminista y que, si tenemos futuro, es porque hemos tomado la firme decisión de no volver a ser ya más una sociedad incompleta en capacidades, en valores y en respeto a todos los que la integramos.

Desde el convencimiento de que una sociedad con ambición no puede prescindir de la abundancia, de la inteligencia, del río de imaginación y de esa fuente de energía limpia que representan las mujeres; desde la creencia de que una sociedad decente, Bibiana, tiene que ser sensible al inmenso caudal de dignidad testimoniado en la vida de las mujeres, porque una sociedad que quiere ser mejor no puede dar la espalda a los valores en los que se ha venido forjando la lucha por la igualdad.

Me honro en haber sido el primer Presidente que nombró un Gobierno paritario, con la primera Vicepresidenta en la historia de nuestro país, y me satisface haber hecho algo que espero que a partir de ahora sea simplemente normal y que no merezca ni siquiera ser recordado, hacer un Gobierno paritario; como también me siento muy satisfecho de haber creado el primer Ministerio de Igualdad, de haber puesto al frente de la cartera de Defensa a una mujer y de contar con un Gobierno en el que hay más ministras que ministros.

Todo esto puede ser valioso y es un valor que hay que atribuir a la propia sociedad y, en particular, a las mujeres españolas; pero lo que os aseguro que guardaré para siempre en mi memoria con un especial sentimiento es que la primera Ley del Gobierno que aprobamos en 2004 fuera la Ley de Medidas Integrales contra la Violencia de Género. Desde entonces hasta ahora han presentado denuncias más de 140.000 mujeres. El año pasado, 2008, éstas continuaron incrementándose un 12 por 100.

Es cierto que la violencia machista y criminal sigue cobrándose víctimas, pero no perdamos de vista que siete de cada diez de esos asesinos no habían sido denunciados previamente y que siete de cada diez de esas víctimas no contaban con los mecanismos de protección que hubieran podido impedirlo. Hemos aumentado la protección, pero tenemos que seguir trabajando para ganar eficacia contra esta lacra terrible, infame.

Una línea fundamental de ese trabajo tiene que ser la denuncia: la denuncia de la violencia como un problema colectivo y la denuncia concreta de cada uno de los casos en que se produce. Denuncia para proteger y denuncia para combatir lo que trae causa de una dominación histórica de años, siglos y milenios con desigualdad en los derechos e infravaloración de las mujeres. Sí, la desigualdad y la infravaloración de las mujeres están en el origen de esa violencia.

Como nos quedaba y nos queda aún un importante terreno que conquistar, en 2007 aprobamos la Ley de Igualdad efectiva de mujeres y hombres; una de las leyes más avanzadas, en este ámbito, de todas las democracias y de la cual ayer, en Consejo de Ministros, hacíamos un balance de su aplicación en este período de dos años. Es una ley que en menos de dos años, no llega a dos años, ha incorporado la cláusula de igualdad a más del 30 por 100 de los convenios colectivos que se han firmado en las grandes empresas, que está incrementando el porcentaje de mujeres en los altos cargos de la Administración, que está incorporando los enfoques y la perspectiva de género en los planes públicos y en las leyes que se remiten al Parlamento, y que ha propiciado que el 80 por 100 de los padres de este país se acojan al nuevo permiso de paternidad para contribuir a esa tarea fundamental en el ejercicio de su responsabilidad.

Queda todavía mucho por hacer. Hay que desarrollar hasta las últimas consecuencias la Ley de Igualdad. Es fundamental. Se están reduciendo, es cierto, pero continúan siendo notables, y por tanto inaceptables, las diferencias salariales. He prometido superarlas y tengo puesto todo mi empeño en ello.

Sabéis bien que ahora nos enfrentamos a una crisis económica que tiene graves consecuencias, entre otras, en el empleo. Hay quienes temen que pueda afectar especialmente a las mujeres en el ámbito laboral y profesional, o que vaya a dificultar el cumplimiento de algunos objetivos de igualdad. Sobre ello os quiero decir lo siguiente, con rotundidad: en primer lugar, claro que vamos a superar esta crisis, esta difícil crisis. Entre otras razones, lo pienso porque tengo confianza en nuestra sociedad, y en particular en las mujeres: en las mujeres que se han incorporado al mercado de trabajo, en las que fundan empresas y en las que, cada vez más, ejercen puestos de responsabilidad, aunque aún son muy pocas, sobre todo, en los Consejos de Administración de las grandes empresas. Cuanto más conservadores son los sitios, menos mujeres hay.

De ninguna manera la crisis puede suponer un deterioro de los derechos civiles o de las políticas sociales; antes al contrario, de esta crisis debemos salir con la convicción de hacer una sociedad más fuerte, más cohesionada, más igualitaria y con más políticas sociales. No vamos a dejar que se dé un paso atrás en materia de igualdad, porque ahora, más que nunca, hay que reivindicar la igualdad y la solidaridad poniendo en práctica las políticas que conducen a garantizarlas.

No vamos a aceptar que las consecuencias de la crisis se carguen sobre quienes se encuentran en situaciones menos favorables, como es el caso de muchas mujeres, en particular, de mujeres que han venido de fuera a trabajar con nosotros y que han de tener todo el respaldo, toda la solidaridad y todos los derechos; y porque, además de una grave injusticia, sería una decisión irresponsable y poco inteligente, porque las mujeres tienen mucho que aportar y un gran terreno por desarrollar aún en la sociedad española y contribuir a un cambio de modelo económico donde la solidaridad prime más que la codicia, donde el trabajo bien hecho arrincone a la especulación y donde el sentido de compartir una sociedad más armónica y más justa esté impulsando los mejores valores y principios de ese cambio.

Podemos hablar, pues, de un modelo económico con perspectiva de género y con más mujeres en la vanguardia, en la innovación y en las posiciones de mando de esta sociedad. Es un modelo más sostenible, más moderno y más competitivo. Es, por tanto, esta crisis una gran oportunidad para afrontar más reformas y más cambios que avancen en la igualdad y en valores que sostengan económicamente un futuro de mucha más cohesión general.

En esta semana se ha presentado también el informe de la Comisión de Expertos sobre la futura Ley del Aborto. El Gobierno va a elaborar un Proyecto de Ley que siga las recomendaciones de la Comisión. No queremos que en España pueda haber ninguna mujer injustamente incriminada, humillada o simplemente insegura cuando desea interrumpir su embarazo, y éste va a ser el objetivo inexcusable de la nueva Ley.

Pero no son éstos los únicos retos que tiene el Ministerio de Igualdad, que ha organizado este acto. El Gobierno ha comprometido una nueva ley de largo alcance, una ley para hacer de España un país sin discriminaciones, con igualdad de trato, donde todos los ciudadanos y ciudadanas de cualquier condición cuenten con derechos efectivos exigibles, por tanto, no sólo sobre el papel, sino en el día a día ante cualquier posible discriminación. Sacaremos adelante una ley, por tanto, que es una de las leyes fundamentales de esta Legislatura, que garantice la igualdad de trato y la lucha contra la discriminación allí donde esta pueda surgir, porque la única desigualdad legítima es la que se precisa para igualar en positivo a quienes la hayan padecido.

Como Presidente del Gobierno, os aseguro que seguiremos con las reformas que hemos emprendido, abriendo nuevos caminos y oportunidades, impulsando codo con codo, de vuestra mano, con las organizaciones que tanto han luchado en representación de las mujeres, el cambio social que definitivamente haga de la igualdad el hecho común en todos los actos de la vida.

El viaje es largo, tan largo como que hacemos frente a la injusticia y a la discriminación mayor que la historia de la Humanidad ha producido, que es la discriminación hacia las mujeres.

El viaje es largo y nos quedan aún capítulos por escribir. Permitidme terminar con una referencia literaria muy breve a propósito del viaje, recurriendo al más clásico de los libros en lo que al viaje se refiere: "La Odisea". En el pasaje en el que se encuentra la aventura de los lotófagos había en una tierra cercana a la costa un pueblo que se alimentaba de flores. Cuando algunos compañeros de Ulises se adentraron para saber qué clase de gentes vivían por allí, aquellos les dieron a comer el fruto del loto, un fruto dulce cuyo efecto era que quienes lo probaban ya no querían regresar, se olvidaban de su casa y del viaje. Se cuenta que tuvieron que sacarlos de allí a la fuerza y atarlos a los bancos de la nave, mientras los demás, dice Homero, batían el canoso mar con los remos. De este modo, los navegantes no olvidaron su origen ni su destino.

Como sabéis, el motivo de la Odisea es el regreso a Ítaca, la tierra de la que partieron y que, conforme discurre la travesía, se convierte en destino, en esperanza, en meta. En este viaje también tenemos una Ítaca, un sentido: es el principio de la libertad y de la igualdad radical de todos los seres humanos. De él partimos e irlo haciendo realidad es lo que nos guía.

Aquí el mar también es ancho y quedan distancias por recorrer, etapas que cumplir y escollos que salvar, pero seguiremos remando juntos. Sé que vosotras lo haréis, estoy seguro, pero os quiero pedir algo: si percibís que el Gobierno, por comer del fruto fácil del conformismo o por disfrutar del fruto dulce de la complacencia, se olvida del mundo y del rumbo, sujetadnos a vuestro banco. Pero no hará falta. En la España de hoy queda lejos la tristeza de Clara Campoamor, considerando su grandísimo logro un pecado mortal. El tiempo de la oscuridad y la derrota ha terminado gracias a la acción de tantas mujeres que se atrevieron, que se atreven, que os alzáis frente a cualquier tipo de imposición, de humillación y desigualdad. Y que todos los que lo combaten sepan que la inmensa mayoría no tiene miedo a la igualdad.

Nadie nos va a detener, porque nadie os puede detener. La igualdad efectiva entre las mujeres y los hombres es una marea incontenible que va a superar todos los diques y que va a llegar hasta el último rincón de este país, hasta la última institución, hasta la última empresa, hasta el último hogar, incluso hasta el último Banco, que ya es decir. Y, como sabemos que aunque nos cueste va a ser así, hoy hemos venido, sencillamente, a compartir nuestra alegría.

Muchas gracias.