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Discurso y posterior coloquio del Presidente del Gobierno para presentar los objetivos de la Presidencia española de la Unión Europea en un acto organizado por la Asociación de Periodistas Europeos

Madrid, jueves, 12 de febrero de 2009

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Mi agradecimiento, en primer lugar, a la Asociación de Periodistas Europeos y, en particular, a su Presidente, Diego Carcedo, por sus palabras, y a su Secretario General, Miguel Ángel Aguilar, así como a la Fundación Carlos de Amberes que nos acoge, por esta invitación para hablarles de los proyectos para la Presidencia española de la Unión Europea del primer semestre de 2010.

Quedan aún unos cuantos meses para ello, pero ya sabemos que la nuestra va a tener que ser una Presidencia exigente y comprometida. Quedan unos meses y es verdad que todavía no se habla mucho de la Presidencia española de la Unión Europea, y estoy convencido de que la Asociación de Periodistas Europeos, que ha jugado un papel determinante en nuestro compromiso europeo, será un dinamizador del debate sobre los objetivos y los retos de esa Presidencia.

No podría ser otra la actitud de un país europeísta como España. Vamos a asumir esta Presidencia en un tiempo complejo e incierto como el que estamos viviendo; tan complejo y tan incierto para la Comunidad internacional, para cada uno de sus Estados y también para la Unión, para su realidad actual y para su futuro.

Necesitamos, como pocas veces en las últimas décadas, una Europa fuerte, que sepa ejercer su liderazgo. Y, como tal cosa no está hoy garantizada, nuestro compromiso con esa idea de Europa ha de ser, si cabe, mayor en este momento.

Permítanme, entonces, que comience esta intervención hablando de Europa, de Europa hoy; es decir, de Europa ante la grave crisis económica global que estamos sufriendo; de Europa ante el desafío de construir un modelo productivo sostenible y equilibrado; de Europa ante el reto pendiente de su propia integración política; de Europa, en fin, en el tránsito sin duda deseable, pero no fácil hacia un sistema multipolar de relaciones internacionales, porque todo esto es lo que Europa se juega ahora y en los próximos meses.

Es, por tanto, sobre esa realidad, que puede contemplarse con esperanza pero también con temor a la frustración, sobre la que ejercerá España, con todas las consecuencias, comprometida y exigente, su Presidencia.

No trato con estas palabras, por si hubiera alguna duda, de invitar a una reflexión teórica, siembre bienvenida por lo demás, sobre el proyecto europeo; lo que planteo me parece más apremiante: es buscar soluciones y es acertar a definir el papel de Europa, de la Unión, de sus instituciones y de sus actores para un presente y un futuro inmediato rodeados de incertidumbre.

Procuraré expresarlo con toda claridad para reflejar la intensidad de mi convicción: del liderazgo europeo en este tiempo de crisis dependerá en buena medida cuándo y cómo la superaremos los países miembros, y del liderazgo de Europa en este tiempo de cambios dependerá la estructura del nuevo sistema financiero internacional y el mayor o menor compromiso con un orden internacional justo y equilibrado, con la lucha contra el cambio climático y con la consecución de los Objetivos del Milenio.

Todo ello no depende sólo del liderazgo de Europa, de un papel responsable y activo de la Unión, es verdad, pero sin él nada de lo mencionado será igual. Y para España, para la posición mayoritaria de los ciudadanos españoles será peor; sin duda, mucho peor. Para España el éxito de este planteamiento será clave de su propio éxito.

En definitiva, y parafraseando unos términos bien conocidos, Europa tiene que ser, en este impreciso trance constituyente en el que se encuentra el mundo, una potencia imprescindible. Imprescindible, que es lo opuesto a prescindible.

A mi juicio, la Unión ha mostrado actitudes positivas, de liderazgo, en la reacción frente al crash financiero de septiembre, pero no podemos sentirnos tan satisfechos de otros comportamientos que estamos viendo en algunos rincones de la Unión estos meses. Hay algunos síntomas inquietantes de nacionalismo antieuropeo, de xenofobia, y también son visibles las tentaciones proteccionistas. Tampoco hemos acertado siempre en este último período a modular el liderazgo en el seno de la Unión, a conjugar el liderazgo institucional del Consejo con el de algunos países miembros y a impulsar concertadamente el papel más activo que al parecer todos deseamos, y también el papel que debemos reconocer a la Comisión.

Para conseguir todos estos objetivos necesitamos una Europa fuerte, que es la que comenzamos a diseñar en el Tratado de Lisboa: la Europa de la integración, de la solidaridad, de la innovación, de la competitividad, de la educación y de la ciudadanía, y la Europa con una sola voz en el mundo de una manera definitiva.

Para una Europa más fuerte el Tratado de Lisboa crea unas instituciones fuertes: un Presidente del Consejo Europeo que ha de ser una personalidad con peso político, un Alto Representante de la Política Exterior y de seguridad eficaz, y una Comisión Europea independiente y dinámica, con un Parlamento Europeo que refuerza sus competencias.

Si las cosas van como se espera, la puesta en práctica del Tratado se hará esencialmente durante la Presidencia española, pero hoy por hoy ello depende del referéndum irlandés. Irlanda, por cierto, no es la causa de nuestra debilidad, de la debilidad de Europa, sino más bien su consecuencia.

Como saben, el Gobierno irlandés se ha comprometido a celebrar antes del término del mandato de la actual Comisión Europea, es decir, antes del próximo 1 de noviembre, un nuevo referéndum sobre el Tratado de Lisboa. Confío en que el pueblo irlandés valore el esfuerzo que ha hecho, hasta donde podía, el Consejo Europeo precisando el alcance de las cuestiones que les trasladó el Gobierno de Irlanda; que valore eso y, sobre todo, su interés en respaldar el Tratado para construir esa Europa más fuerte, que bien podría resultar más acuciante a los ojos de los irlandeses en estos tiempos de aguda crisis que nos afecta a todos.

España desea vivamente que se produzca ese respaldo. Para la Presidencia española será, sin duda, más fácil trabajar a favor de la fortaleza de Europa poniendo en marcha el nuevo marco institucional; pero perseguiremos este objetivo en todo caso, con o sin nuevo Tratado, y hemos previsto los dos escenarios.

Además, en cierto modo, nos vamos a anticipar ya a Lisboa haciendo algo verdaderamente innovador, que es preparar una Presidencia en coordinación, como es natural, con la Presidencia anterior, Suecia en este caso, y también en trío con las dos posteriores, Bélgica y Hungría, lo que dará mayor continuidad al proceso y resultará beneficioso para todos los europeos, en lo que ha venido trabajando la Secretaría de Estado para la Unión Europea, con el Ministro al frente, en los últimos meses y que ha culminado en un acuerdo precisamente ayer por la noche.

Señoras y señores,

Hace cincuenta años Europa se construyó a partir del desarrollo económico y energético, con la agricultura, con el mercado común y con lo que Schuman llamó las "solidaridades de hecho".

Para el Gobierno de España, hoy, en un mundo globalizado, la fortaleza de Europa hay que asentarla en dos grandes principios: la capacidad de generar innovación en todos los terrenos, la voluntad transformadora, y la de promover la igualdad en sus diversas manifestaciones, tanto hacia dentro de la Unión, como hacia fuera de Europa. Todas las acciones de nuestra Presidencia van a estar guiadas por estas dos ideas motrices transversales.

La innovación la entendemos no sólo como tecnológica, sino también económica, institucional y política. La innovación es condición sine qua non para que los europeos salgamos bien de la crisis, con la posibilidad real de generar nuevos empleos y mejores empleos. No hay nada más opuesto a este gran objetivo que quedarnos convertidos en una suerte de gran museo sin peso en el mundo.

La segunda idea es la de igualdad. Europa ha liderado la lucha por la igualdad de oportunidades y por la solidaridad entre grupos sociales, entre regiones y Estados; también hacia el exterior habiéndose convertido en el primer donante global de ayuda al desarrollo; y por la igualdad de género. El mundo que ahora estamos construyendo necesita profundizar en la igualdad, en la solidaridad y en la cohesión. El liderazgo de Europa en este momento pasa por hacer valer esta seña de identidad.

La innovación y la igualdad van a dar sentido y van a impregnar las tres prioridades de nuestra Presidencia:

  • En primer lugar, el impulso hacia un nuevo modelo económico que lleve a Europa a ponerse al frente de la competitividad global y permita salir mejor y más fácilmente de la actual crisis económica y financiera.
  • En segundo término, la reafirmación y profundización en la Europa social, en la Europa solidaria hacia sus ciudadanos y hacia las poblaciones que la rodean.
  • Finalmente, la adaptación al nuevo mundo multipolar de una Unión que tiene que tener una sola voz y una sola manera de actuar.

La dimensión europea ha estado presente desde un principio en las medidas que hemos ido tomando frente a la crisis. Ha habido coordinación europea y no sólo entre Estados, sino también con las instituciones, en el seno del Consejo y a través del liderazgo de la Comisión, para lanzar un estímulo de doscientos mil millones de euros, el 1,5 por 100 del PIB comunitario.

Ya en la Cumbre del G-20 en Washington optamos por una salida coordinada de la crisis. Ahora, a principios de abril, en Londres, hay que completar la tarea participando en el diseño del nuevo sistema financiero, que no puede esperar demasiado. Previamente, se celebrarán reuniones preparatorias entre los 27 y los Gobiernos europeos que asistiremos a Londres para conjugar nuestras posiciones. La Unión Europea tiene que ir a Londres preparada para hablar con una misma voz y liderar una reunión que vaya más allá de declaraciones conjuntas y tome decisiones a corto y también a medio plazo, a través de una tarea que se prolongará en el tiempo.

No necesito recordar en este momento lo que significa para España participar en este proyecto constituyente global, al habernos incorporado al grupo de países que lo lidera. Por desgraciadas y conocidas razones históricas, estuvimos ausentes de Bretton Woods, San Francisco e, incluso, Roma. Esta vez hemos recuperado el lugar que nos corresponde como país.

La posibilidad cierta de hacer valer la posición de la Unión Europea no hubiera sido posible sin lo que es hoy uno de nuestros principales activos: el euro. El papel del Banco Central Europeo, para dotar de liquidez al sistema financiero y propiciar la rebaja de los tipos de interés, está resultando determinante y va a resultar determinante para la salida de la situación.

A los agoreros del euro -siempre hay agoreros de casi todo, que van sembrando la idea de que la Unión Monetaria, que acaba de cumplir sus diez años, está en peligro les replicaría que la moneda única ha constituido y constituye un asidero de estabilidad que, por encima de todo, es el valor más apreciable y más decisivo en tiempos de tanta incertidumbre como los que vivimos. No es casual, por ello, que empiece a haber una larga lista de espera para integrarse en la Unión Monetaria.

Crear el área más dinámica y de mayor competitividad económica del mundo fue el objetivo que nos fijamos cuando adoptamos la llamada "Estrategia de Lisboa" también hace diez años, cuando arrancó el euro. Esta vía innovadora ha dado unos resultados positivos, pero por debajo de las aspiraciones iniciales. Necesitamos una estrategia económica europea reforzada, dotada de nuevos instrumentos para construir la Europa de la innovación y del empleo. No podemos esperar otros diez años para conseguirlo.

Por ello, durante la Presidencia española vamos a impulsar una revisión en profundidad, que significa una revisión para acometer las raíces, de la Estrategia de Lisboa. Para ello, la coordinación no va a bastar. A medio y largo plazo debemos pensar en estrategias más avanzadas. Tras la experiencia de esta crisis, debemos tomar pasos valientes y osados que esta vez nos permitan de verdad lograr que la Unión Europea se convierta rápidamente en el área económica más dinámica del mundo.

Para lograr que Europa se transforme en locomotora de la economía global y avance hacia la unión política debemos también progresar en una política energética común. Y es, de nuevo, en nuestra Presidencia cuando deberá aplicarse el II Plan de Acción Energético trianual 2010-2012. Debemos también avanzar el plan de grandes infraestructuras en Europa.

La Unión Europea debe seguir en la vanguardia en la lucha contra el calentamiento global y sus efectos. De que nos mantengamos unidos y con objetivos claros los europeos dependerán mucho los resultados de la Cumbre sobre Cambio Climático de Copenhague en diciembre próximo, que ha de sentar las bases para un post-Kioto. Y la actitud de la nueva Administración Obama es muy alentadora respecto al cambio de política que defenderá Estados Unidos.

Por tanto, primera prioridad de la Presidencia española: proseguir la lucha por dejar atrás la crisis y alzar un nuevo modelo económico más competitivo y, sobre todo, más innovador y más sostenible, en una radical defensa de la sostenibilidad como eje principal de las economías más avanzadas y más innovadoras en el medio plazo.

Segunda prioridad, profundización en la Europa social, en los derechos sociales y en la igualdad efectiva entre las mujeres y los hombres europeos. Se trata, en resumen, de recuperar y potenciar el concepto y la práctica de la ciudadanía europea en su vertiente social.

Frente al recelo proyectado, interesado y pertinazmente durante unos cuantos años por las corrientes de pensamiento neoconservadoras, el modelo de economía social europea se ha convertido en el modelo a seguir para superar esta crisis.

Hay que actualizar y reforzar la política de cohesión económica y social, que tan buenos resultados ha dado en España, entre otros países, y que ahora puede extenderse a los países y regiones que han entrado con más atraso en la Unión Europea. Nos proponemos, por esta razón, impulsar un nuevo estatuto sobre las Regiones Ultraperiféricas.

Me propongo, asimismo, avanzar en la constitución de una sociedad civil europea definitivamente anclada en la igualdad de género, franqueando los espacios públicos y privados que aún se resisten a ella, y convertir la lucha contra la violencia de género en un objetivo europeo enriquecido con las mejores aportaciones de algunos de los Estados miembros.

Quizás uno de los programas que a lo largo del tiempo más ha contribuido a hacer Europa desde su misma base ha sido el "Erasmus", de becas para estudiantes. Voy a proponer ampliar este tipo de programas a otros ámbitos de la vida profesional.

También vamos a aprovechar la Presidencia española para seguir conformando una auténtica política europea de inmigración. Esperamos avanzar de forma significativa en la integración plena de los inmigrantes en nuestras sociedades, en la creación de un marco de diálogo y cooperación fluido con los países de origen y tránsito de la inmigración, y en el establecimiento de nuevos sistemas de control de nuestras fronteras exteriores.

En particular, España ha desarrollado una política nacional de inmigración. Lo hemos conseguido sin que en España se produzcan estallidos xenófobos como los que vemos y hemos visto en otros lugares. Hemos logrado trasladar a la Unión Europea nuestra visión y, junto con el resto de los Estados miembros, empezar a construir entre todos una política común.

Nuestro objetivo fundamental tiene que ser el reforzamiento de los valores de la libertad, de la dignidad humana, de la seguridad y de la justicia, es decir, los rasgos definitorios, y por tanto irrenunciables, de la Europa en la que creemos.

Una nueva dimensión para nuestra Presidencia: 2010 será el Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, que es tanto como proclamar el año de la solidaridad, hacia dentro y hacia fuera de las lindes de la Unión.

Vamos a insistir en Londres, y por supuesto durante nuestra Presidencia, en que en estos momentos de crisis financiera y desaceleración económica mundial hay que hacer un esfuerzo especial para evitar que los países en desarrollo vean disminuir los canales y flujos de financiación necesarios para alcanzar sus objetivos de desarrollo.

Mi Gobierno mantiene el compromiso de destinar el 0,7 por 100 del Producto Interior Bruto a la Ayuda Oficial al Desarrollo al final de la actual Legislatura. La lucha contra el hambre y la pobreza debe continuar siendo objetivo prioritario en la política de cooperación española y de cooperación europea.

El liderazgo de Europa en el futuro va a depender en buena medida, en mi opinión, de su compromiso creciente con la política de cooperación al desarrollo; una política, un compromiso, no lo olvidemos, que tiene un doble valor: un valor moral indiscutible y apremiante, por un lado; y de prevención de los conflictos que alimenta la pobreza extrema, por otro.

La cooperación europea al desarrollo de los pueblos nos permite renovar los ideales europeos. La idea fundacional de Europa fue la paz. La paz sigue siendo el designio de Europa, pero la paz para todos ya no puede concebirse sin la solidaridad.

En consecuencia, queremos que la Presidencia española sea juzgada también por los avances en el modelo social europeo, en la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, en la política común de inmigración y en la cooperación al desarrollo. No puedo ni quiero olvidarme de la defensa de los derechos humanos, que es uno de los pilares fundamentales de la construcción europea y de su proyección al exterior. Desgraciadamente, ha habido una pérdida de peso de Europa en este terreno, que hemos de recuperar.

Y paso, así, a abordar, por último, nuestra tercera prioridad.

Un mundo multipolar ofrece a Europa nuevas oportunidades para el liderazgo, pero hay que saber aprovecharlas. Somos la primera potencia comercial del mundo, el primer donante de ayuda exterior y el segundo en cuanto a capacidad militar. Si queremos hacer valer estos atributos en la escena internacional, es imprescindible avanzar en la integración de la Política Exterior y de Seguridad. Y tanto la abierta coyuntura actual, como el Tratado de Lisboa, nos brindan una excelente ocasión para hacerlo.

En primer lugar, pretendo que la Presidencia española dé un espaldarazo a Croacia dentro de la Unión Europea y a los anhelos de Turquía de ingresar en la Unión. Ese gran país lleva esperando demasiado tiempo a sus puertas.

Quiero que la Presidencia española se distinga por ser "euroamericana", en la más amplia acepción del término.

Desde luego, tenemos que conceder una importancia central a la relación de la Unión Europea con América Latina y el Caribe, trabajando intensamente por el fortalecimiento de esta asociación estratégica birregional que hemos venido construyendo en los últimos años.

Pondremos, en este sentido, todo nuestro empeño en que la VI Cumbre Europa-Latinoamérica y el Caribe constituya un salto cualitativo en el fortalecimiento de la relación esencial entre dos regiones del mundo que compartimos fuertes lazos históricos, sociales, culturales y económicos; y, ya definitivamente, también valores y principios democráticos y un compromiso en favor de la paz, de los derechos humanos y del multilateralismo.

Aspiramos a que se materialice la firma del Acuerdo de Asociación entre la Unión y Centroamérica, el primero de los Acuerdos entre ambos bloques regionales.

En el nuevo mundo multipolar que se abre camino Europa y Estados Unidos deben seguir siendo aliados y socios esenciales. Tenemos una estupenda ocasión para fortalecer la relación transatlántica con la nueva Administración norteamericana, pero Europa debe ser también capaz de responder a esas expectativas, de estar a la altura de las circunstancias. Y lo que ha de valer para la lucha contra el cambio climático y para las negociaciones comerciales para cerrar de una vez la Ronda de Doha, debe valer también para asumir más responsabilidades en mantener la paz y seguridad internacional, muy especialmente en nuestro entorno más cercano, y también en el lejano, cuando esté en riesgo la paz mundial.

En 2010 se cumplirán quince años desde que España, en una anterior Presidencia, bajo otro Gobierno socialista, impulsó lo que se vino a llamar la Nueva Agenda Transatlántica para mejorar las relaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos. Pues bien, nos proponemos que la Cumbre Unión Europea-Estados Unidos, que celebraremos en la primavera de 2010, apruebe una Agenda Transatlántica Renovada.

La política de vecindad va a ocupar igualmente un espacio relevante en nuestra Presidencia, ya sea con la Unión por el Mediterráneo (Euromed), cuya Cumbre esperamos celebrar cuando se cumplan también quince años del Proceso de Barcelona, y con Marruecos, con el que esperamos profundizar en el Estatuto Avanzado de asociación ya alcanzado.

Asimismo, la Presidencia española mirará a África, continente que día a día cobra más importancia para nosotros. En este caso, nuestras relaciones se fundamentan en dos pilares: el Diálogo Político Global Unión Europea-África y la Estrategia Conjunta Unión Europea-África aprobada en la pasada Cumbre de Lisboa.

En cuanto a Rusia, debemos integrarla en el espacio euroatlántico en construcción. La actitud tanto de los actuales dirigentes rusos, como la de la Administración Obama, abre una ventana de oportunidad que hemos de aprovechar, a la que no podemos bajo ningún concepto renunciar.

Desarrollaremos también una extensa actividad exterior en otros lugares del mundo, impulsando las relaciones con Asia. Concretamente, destaco la relación y la Cumbre con Japón, e impulsaremos las relaciones, ya bastante consolidadas, con China e India. El renacer de China habló de renacer pues en 1820 China representaba el 33 por 100 del PIB mundial, junto al de India, es uno de los grandes cambios de nuestro mundo en este siglo.

Y, naturalmente, están Oriente Próximo y los esfuerzos que los europeos hemos de dedicar a una estabilidad y paz regional que parta de un nuevo arranque que, primero, consolide el alto el fuego y, posteriormente, permita volver a encauzar un proceso de paz entre israelíes y palestinos.

Vamos a impulsar de forma decidida la Política Común de Seguridad y Defensa europea. Naturalmente, en este terreno que entre en vigor o no el Tratado de Lisboa no será en absoluto indiferente.

Intentaremos impulsar el desarrollo de la Estrategia de Seguridad Europea, revisada, planteando objetivos estratégicos en relación con operaciones, capacidades y partenariados. Previamente, porque está muy ligado a ello, nos proponemos elaborar una Estrategia Nacional de Seguridad, que creo que será muy útil para la labor de la Administración, pero también para la comprensión de los ciudadanos de los retos a los que nos enfrentamos.

Posteriormente, prestaremos especial atención a las relaciones entre la Unión Europea y la OTAN, y estudiaremos la posibilidad de proponer la creación de una formación específica del Consejo en formato Ministros de Defensa.

En particular, deseo que la Presidencia permita avanzar en el empeño de lograr una moratoria efectiva de la pena de muerte en 2015.

Señoras y señores,

Como ven, estamos preparando una Presidencia de España con una agenda muy ambiciosa. Nuestra diplomacia trabaja a pleno rendimiento. Soy consciente de ello, como también lo soy, y tenemos la experiencia reciente de la Presidencia francesa, de que pueden surgir cuestiones imprevisibles que condicionen la ejecución de esa agenda y nos obliguen a ajustar las prioridades. Pero el punto de partida debe ser ambicioso.

La Presidencia es una gran oportunidad para España y lo es en este momento tan decisivo para Europa porque lo es para el mundo.

A estas alturas puedo decirles que hemos hecho una planificación detallada del conjunto de las reuniones previstas y de las agendas de esas reuniones, desde los Consejos Europeos a los grupos de trabajo que se reunirán durante los seis meses.

La Presidencia española constituye un desafío que trasciende de la esfera gubernamental y se presenta como el paradigma de una cuestión de Estado, por encima de los intereses de partido y dirigido a la consecución de un gran proyecto de país.

Por ello, haremos un especial esfuerzo por alcanzar un consenso sobre el programa de la Presidencia con las fuerzas parlamentarias, en primer lugar, y con las Comunidades Autónomas. Mi propósito, a tal efecto, es iniciar en breve un proceso de consultas con todos para informarles sobre los planes previstos y recabar sus ideas y apoyos para completarlos y mejorarlos. Y presentaremos, posteriormente, el programa, como es lógico, en el Parlamento, en el Congreso de los Diputados.

Se trata, sin duda, de un acontecimiento central de la Legislatura y de los próximos años para España, que ha de compartirse de forma abierta y transparente con el conjunto de la sociedad, con esos ciudadanos, los españoles, que siempre se han sentido tan europeos y europeístas. Éste es el motivo de mi presencia en esta Asociación, de hacerlo ante la sociedad civil y ante un nutrido grupo de personas, de europeístas españoles, como es esta Asociación, que han contribuido y pueden contribuir en este período de manera muy determinante al éxito y a la consecución de los objetivos de la Presidencia española.

Se da la circunstancia de que en unos meses todos ellos van a tener la posibilidad de participar en las elecciones al Parlamento europeo y, por tanto, de tomar conciencia sobre la importancia, que las diversas fuerzas políticas deberíamos ser capaces de trasladar, de la Unión y de su futuro.

Como saben, estas próximas elecciones se van a tener que celebrar, inevitablemente, de acuerdo con la reglas de Niza, por lo que elegiremos en España a cincuenta diputados, cuatro menos de los que nos corresponderían con el Tratado de Lisboa ya en vigor. No obstante, quiero recordar que el Consejo Europeo ha atendido nuestra reclamación y recuperaremos esos cuatro escaños cuando dicha entrada en vigor se produzca.

Señoras y señores, concluyo.

En un mundo con incertidumbres, con el colapso que hemos vivido de los grandes modelos heredados del siglo pasado, necesitamos para salir de la crisis un modelo y un gran compromiso de Gobiernos y de sociedades. Ese modelo es Europa, porque Europa es, ante todo, la "pax europea" y porque la paz europea es convivencia, derechos, bienestar, creatividad y libertad. Es la garantía para guiarnos en un mundo multipolar, que cifra su estabilidad en alcanzar un desarrollo sostenible y solidario.

La paz europea se apoyará en la igualdad y en la innovación como los dos grandes valores del presente y del porvenir.

La paz europea es, como sabemos bien desde hace tres décadas, la mejor forma para España de defender, desde nuestra condición de europeos, sus principios y sus intereses.

En un momento en que confluirán los esfuerzos europeos y globales para recuperar una agenda que permita superar el desconcierto y la incertidumbre del presente, y en un momento en que recibiremos las propuestas para una agenda de futuro para la Unión Europea del Grupo de Reflexión presidido por Felipe González, creo que la única alternativa para España será ejercer una Presidencia transformadora y no gestora. Creo que la única alternativa para Europa será hacerse fuerte en sus instituciones, ante los europeos y en el mundo. Ya dijo Salvador de Madariaga que "Europa no será una realidad hasta que no lo sea en la conciencia de la gente".

Hoy quiero terminar expresando mi convicción de que Europa, con una Presidencia española, sabrá estar a la altura de esa exigencia histórica, consolidando y transformando políticas para que la Unión sea cada vez más perfecta; los objetivos, más compartidos y la instituciones, más ágiles y sensibles a la voluntad y aspiraciones de los ciudadanos.

Muchas gracias.


COLOQUIO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DESPUÉS DE LA PRESENTACIÓN DE LOS OBJETIVOS DE LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UNIÓN EUROPEA

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P.- Presidente, usted ha mencionado que uno de los objetivos para la Presidencia será incentivar la competitividad. En España tuvimos un discurso ayer del Gobernador del Banco de España diciendo que es imprescindible que incentivemos la competitividad con una reforma laboral aquí, en España, y, si no lo hacemos, el crecimiento económico puede bajar a la media europea o inclusive más abajo. Quería su evaluación sobre ese pronóstico del Gobernador.

También el Gobernador dijo que no descartaba la posibilidad de una intervención gubernamental en alguna entidad bancaria en el futuro. ¿Puede comentar esto?

Presidente.- Creo que empezamos con pocas preguntas europeístas y más bien nacionales. Yo he hecho todo el esfuerzo para que el discurso fuera lo suficientemente sugerente y pudiéramos entrar en los temas de fondo de Europa, pero veo que nos ceñimos a cuestiones concretas.

Afortunadamente, hay opiniones diversas en torno a las necesidades más imperiosas para recuperar competividad y productividad en Europa y también, en este caso, en España. Hay algunas de las cosas que ha dicho el Gobernador que comparto, otras que no. Eso lo que demuestra, por otro lado, creo, es un buen síntoma de salud democrática. Normalmente, procuro nombrar a responsables de estas instituciones, más que por sus fidelidades, por sus cualidades y el Gobernador del Banco de España las tiene bien acreditadas.

¿Qué es lo que necesitamos para impulsar nuestra competitividad? Dos cosas, básicamente. Mejorar los ratios de extensión de la educación a los jóvenes más allá de la educación obligatoria es el primer objetivo, la primera necesidad, para mejorar la competitividad de la economía española. ¿Por qué? Porque necesitamos el mayor número posible de trabajadores, sobre todo de jóvenes, que tengan la mejor formación, con una formación más elevada. Estamos a diez-quince puntos de diferencia en esto con la media europea.

Hemos hecho en los treinta años de democracia extraordinario un período de extensión de la educación. Cuando a veces se comentan nuestros datos sobre educación, se olvida de dónde venimos y qué datos había sobre estudios superiores o estudios medios de muchas familias en los albores de la democracia, que es un factor condicionante de la educación de los hijos.

Éste es el primer objetivo: extender la educación, y lógicamente la calidad de la misma, todo lo que se pueda. El segundo objetivo es incrementar nuestra inversión en Investigación y Desarrollo. En los últimos años hemos dado un gran salto y nos hemos acercado son datos de 2006-- al 1,30 del PIB, pero estamos por debajo de un objetivo tan razonable como es el 2 por 100 del PIB en investigación entre el sector público y el sector privado. El sector público ha casi triplicado la inversión y algunos de los efectos de esta multiplicación por tres de la inversión en Investigación y Desarrollo están ahora surtiendo efecto.

Tenemos siempre un problema con los datos europeos y es que los datos, habitualmente, de Eurostat y, a veces, de la Comisión tienen un cierto retraso. Sin embargo, desde nuestra perspectiva se podrá comprobar que 2007 y 2008 han supuesto para España un fortísimo incremento del potencial innovador y de investigación.

Ésas son las dos condiciones básicas, las más importantes.

¿En qué sectores debemos de priorizar la mejora, la transformación, del modelo económico en España y también en Europa? ¿Dónde está, desde mi punto de vista, la gran ventana de oportunidad para generar una economía más competitiva y más innovadora, y también un empleo más estable? Sin duda, y ésa va a ser la apuesta del Gobierno lo viene siendo, pero ahora la vamos a reforzar justo para preparar la salida de la crisis económica--, es en el sector, el amplio sector, que hoy constituye la sostenibilidad ambiental: prioridad de energías renovables, pero también reutilización de la energía, ahorro energético, tratamiento y gestión de nuestra riqueza en materia de aguas, todo lo que representa preservación en el ámbito rural, reforestación, etcétera. Debemos de ser una gran potencia en este sector y tenemos ya las mejores condiciones porque, en investigación y en empresas de alto contenido tecnológico, en algunas de estas ramas estamos muy fuertes.

Ésta va a ser la gran apuesta de España. En mi opinión, es una apuesta ganadora, una apuesta con un gran potencial exportador, una apuesta con un gran potencial de creación empleo estable y una apuesta que va a exigir también o que permite la readaptación de una parte del sector de la construcción, en donde nosotros tenemos un alto nivel de competitividad. Hablábamos de la construcción de la vivienda y tenemos que recordar que hay muchas cosas que sirven para hacer viviendas que son fruto de innovación y que han dado creación de riqueza, que pueden readaptarse perfectamente a lo que es todo el sector de la sostenibilidad.

Éstas son, en mi opinión, las grandes líneas.

¿Mercado laboral? No quiero eludirlo. Estados Unidos tiene el mercado laboral más flexible del mundo y está destruyendo empleo con unas cifras que no se recordaban desde hace treinta años. Lo que crea empleo es la actividad económica y una sociedad con los trabajadores con derechos, con salarios cada vez mejores y con un Estado de Bienestar sólido es una sociedad más competitiva. Los derechos sociales y el bienestar social crean riqueza, porque cuanta más ciudadanía tengamos con mejores condiciones de educación y con mejores condiciones de apoyo a la conciliación laboral y familiar tendremos más potencial económico.

Lo otro representan tesis que hemos visto que están dentro del catálogo de recetas incluidas en los postulados neoconservadores: no regulación, no intervención, adelgazar el Estado del Bienestar… Los resultados no son satisfactorios y, desde luego, no debemos de ir por ese camino.

P.- Presidente, mi pregunta tiene que ver con el discurso que acaba de pronunciar. Ha dicho usted que en los próximos días o en las próximas fechas tiene previsto reunirse o llamar a partidos políticos y a Comunidades Autónomas para alcanzar un consenso de cara a esa importante cita de la Legislatura, que es la Presidencia europea. Me gustaría saber si usted cree que en este momento, en este momento político que vivimos, el Partido Popular estará dispuesto a aceptar esa llamada suya, teniendo en cuenta que ayer rompieron relaciones con el Ministerio de Justicia o que le acusaron de…

Una segunda parte era que, como ayer le acusaron a usted de ser el Gobierno que peor estaba utilizando o que más estaba utilizando las instituciones públicas, era si sigue sin caberle ninguna duda de esa cita.

Presidente.- Esta respuesta sí que es muy rápida: no tengo ninguna duda que sí, por supuesto. Además, ya hemos hablado con el Partido Popular y hablaremos con más profundidad a medida que se vayan acercando los meses hacia la Presidencia europea.

P.- Presidente, yo tenía dos preguntas sobre su discurso. Ha dicho usted que Europa tiene que asumir más responsabilidades y mantener la paz y la seguridad internacional. Quería saber a qué se refiere exactamente, si tenemos en cuenta que usted ha llegado a decir que, si se nos piden más recursos para Afganistán, la respuesta sería "no".

Le quería preguntar también si, dado que cuando España asuma la Presidencia de turno todavía no va a haber una Presidencia permanente de la Unión Europea, estaría usted dispuesto a asumir o si cree usted que sería bueno asumir una Presidencia tan personalista como la que tuvo Sarkozy.

Presidente.- En relación con la primera cuestión, afortunadamente, las responsabilidades globales a favor de la paz y la seguridad no son sólo responsabilidades militares. Tenemos que conseguir que Europa, con la Comunidad Internacional y especialmente con Estados Unidos, conquiste más escenarios de paz con la política. Tengo confianza en que la política es un camino que también conduce a la paz, a la solución de conflictos y a dotar de estabilidad a determinadas zonas allí donde en estos momentos existe más inseguridad, más incertidumbre y más inquietud.

Además, estoy convencido de que esta reflexión forma parte de lo que va a ser la nueva estrategia de la Administración norteamericana y que Europa debe de compartirla y comprometerse activamente, porque la oportunidad que se ha abierto con el cambio de Administración en los Estados Unidos de Norteamérica para ensanchar las vías políticas, diplomáticas y de acuerdos para reducir conflictos no la podemos desperdiciar.

La segunda pregunta es bien sencilla. Para mí, el señor Sarkozy hizo una muy buena Presidencia francesa de la Unión Europea. El listón lo ha dejado muy alto. Intentaremos esmerarnos, pero el listón lo ha dejado muy alto.

P.- Uno de los problemas que comparten Italia y España es la inmigración clandestina de los "sin papeles". Me parece que usted tiene este problema muy cerca. ¿Qué solución debe hacer Europa con los sin papeles? Frontex ¿es viable o no es viable?

Presidente.- El problema de la inmigración ilegal hay que combatirlo en dos frentes. El primero es el frente interno, el frente de las fronteras. Y creo que el desarrollo de Frontex, desde luego para el caso de España, ha sido positivo y útil. Entre otros, hemos tenido colaboración de países como Italia para evitar la salida de inmigrantes ilegales desde las costas del África subsahariana.

Eso es necesario, pero lo más determinante es que los inmigrantes, que son personas a las que llamamos ilegales, puedan tener una oportunidad de trabajo y de expectativa de vida en sus países. Para ello es absolutamente esencial que todos los grandes países europeos, la Unión Europea, Estados Unidos de Norteamérica y los países desarrollados cumplamos los Objetivos de Desarrollo del Milenio formulados por Naciones Unidas, y facilitemos la financiación para una estructura productiva en los países donde se está produciendo esa salida dictada por la miseria extrema y que tengan otra nueva oportunidad.

En mi opinión, esta segunda política es absolutamente esencial y prioritaria. Y creo que aquí tenemos un camino por recorrer. Podremos poner más medios en Frontex, podremos endurecer las legislaciones o podremos contener la inmigración ilegal, contenerla; pero el problema de fondo es de una envergadura que tiene mucho más que ver con lo que pasa allí que con lo que pasa aquí, en nuestras costas y en nuestras calles. Creo que lo decía muy bien Miguel Ángel Aguilar: como no exportemos prosperidad a muchas zonas del mundo, acabará afectándose nuestro bienestar.

P.- El regreso de Francia a la estructura militar integrada de la OTAN ¿va a tener algún reflejo, va a ser compensado de alguna manera o va a activar algún mecanismo de la defensa europea? ¿Va a tener alguna contraprestación?

Presidente.- Yo creo que son vías que caminan de manera paralela, pero necesariamente no tiene por qué haber un impacto o una consecuencia. La política de defensa europea debe de avanzar y la OTAN no puede ser una excusa o un freno para desarrollar y consolidar mucho más una política europea de defensa. Será mucho más útil para Europa, pero también para la perspectiva de la seguridad atlántica.

Sabemos que esto produce siempre algún problema de rozamiento, pero en esto tengo que decir que España y Francia quizás seamos los países con más voluntad y con más decisión de desarrollar una política cada vez más integrada y más fuerte de defensa europea.

P.- Al comienzo de su discurso decía que los europeos no nos podemos sentir tan satisfechos de comportamientos que estamos viendo en la Unión estos meses y citaba síntomas inquietantes de nacionalismo antieuropeo, de xenofobia y tentaciones proteccionistas. Me gustaría saber, Presidente, si les puede dar nombres y apellidos a quienes tienen esos síntomas.

Presidente.- ¡Hombre!, uno, está en los periódicos y, desde luego, parece que es de buena educación no señalar con el dedo y no poner a ningún grupo, ni menos a un país, en una posición un poco complicada. Lo hemos visto todos. Son minoritarios, pero creo que la Europa de las libertades, la Europa de los derechos, siempre tiene que dar una respuesta contundente a cualquier expresión de esta naturaleza, aunque sea minoritaria y coyuntural, que, en mi opinión, ésas son las dos características de los fenómenos que vemos en alguna ocasión, como en las últimas semanas o meses.

P.- Presidente, en el contexto general de su discurso usted ha hablado de sus esperanzas puestas, después del G-20 de noviembre, en la próxima reunión de abril. Me gustaría saber en qué se basa su optimismo si la "hoja de ruta" y los objetivos marcados en el G-20 de noviembre prácticamente no se han cumplido. Los mismos dirigentes europeos ya se quejaron de, que a la vuelta, cada uno en su casa se dedicó a lo suyo. ¿En qué se pueden basar esas esperanzas que usted tiene si la situación económica es aún peor que en noviembre?

En segundo lugar, en cuanto al proteccionismo, ¿nos olvidamos de los 150 euros? Me refiero a los 150 euros para gastarnos en productos españoles solamente.

Presidente.- Yo creo que la Cumbre de Washington tuvo dos compromisos, adoptó dos compromisos, de todos los países que estábamos allí. Primer compromiso, se estableció un programa de trabajo para la reforma del sistema financiero internacional, programa de trabajo que necesitará, al menos, después de la Cumbre de Londres, todavía unos meses para su puesta en marcha, en vigor, porque, como todo el mundo sabe, es extraordinariamente complejo. Ese programa de trabajo contenía unos principios, una "hoja de ruta", que los países del G-20 han estado trabajando y sobre el que hay documentos que se verán en la Cumbre de Londres.

No hay ninguna duda que cuanto antes se reformen el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, las reglas de supervisión y la coordinación de las reglas de supervisión en el sistema financiero, antes daremos más confianza al sistema financiero internacional. Pero ésta es una agenda de una gran envergadura. ¿Por qué? Porque la reforma del sistema financiero internacional comporta una reforma de la relación de poderes y comporta un acuerdo en la nueva relación de poderes que viene establecida desde hace más de cincuenta años.

Todo el mundo tiene que entender que esto va a ser un proceso negociador de gran calado. El peso de unas regiones y otras, el peso de los países emergentes y las nuevas reglas del sistema financiero para el Fondo Monetario Internacional, todo esto va a costar tiempo.

Segundo compromiso que hubo en Washington: ante la perspectiva de la recesión mundial o en gran parte del mundo, desde luego en la gran mayoría o en la inmensa mayoría de las economías desarrolladas, hacer una apuesta por el estímulo de la demanda a través de un compromiso de gasto público, un estímulo fiscal de inversión, fijado en el 1,5 por 100 del PIB o en el 2 por 100. En aquel momento no se concretó, pero ahí se ha situado. Europa adoptó ese compromiso y todos los países hemos adoptado ese compromiso.

Por tanto, si hubo un resultado en las acciones de los Gobiernos, ¿cuándo veremos el resultado en la evolución de la economía? Inevitablemente, ante una grave recesión como la que estamos viviendo y un colapso del sistema financiero internacional que no tiene precedentes en la historia, tendremos que saber soportar unos meses difíciles --esperemos que no más de un año-- para poder tener indicios positivos.

Pero he de decir una cosa: el sistema financiero, del cual depende toda la economía y que financia la economía, estuvo a punto del colapso y, por tanto, de tener una catástrofe mundial en la economía a finales de septiembre y primeros de octubre. Si la Unión Europea, en su ámbito del Eurogrupo y en coordinación de la Unión Europea con Estados Unidos y con otras economías poderosas del mundo, no hubieran salido al rescate del sistema financiero y el Banco Central hubiera tomado sus decisiones, la situación hoy sería mucho peor, muchísimo peor, porque hubiéramos visto en caída a un número mayor de entidades financieras de las que hemos visto, y han sido muchas, y un frenazo a la economía o una recesión de la economía aún mucho más profunda.

Comprendo que es difícil trasladarlo, porque en septiembre a octubre aún no teníamos percepción de la realidad, en la calle, de cuál era la dimensión que tenía el problema del sistema financiero; pero la dimensión era gravísima. Pusimos un dique, pero eso no quiere decir que los efectos que ya había generado toda la falta de funcionamiento normal del sistema financiero no se hubieran drenado ya a toda la economía mundial para provocar la recesión. Y ese drenaje negativo que el sistema financiero produjo durante meses tiene que discurrir y tiene que recorrer su cauce necesariamente hasta que podamos nuevamente ver la recuperación una vez que se haya drenado todo lo que se yuguló en la economía como consecuencia de la crisis del sistema financiero.

Por lo tanto, la Cumbre de Washington tenía sus objetivos: ya, de entrada, el que se produjera fue positivo; espíritu de coordinación; dos, voluntad de reforma del sistema financiero; y, tres, impulso de la demanda. Y estoy convencido de que la Cumbre de Londres va a tener un componente más decisorio que programático, como fue la Cumbre de Washington.

P.- Podría intentar disfrazar esta pregunta de pregunta europea, pero prefiero hacerla directamente. Quisiera, Presidente, saber si a usted le parece ético que su Ministro de Justicia se haya ido de caza con el juez que instruye un caso de corrupción que se aplica al Partido Popular y si considera también que éste es motivo suficiente para cuestionar al juez por parte de este partido.

Miguel Ángel Aguilar.- Mucha gracias por la pregunta. He dicho que los periodistas tenemos muchísimas ocasiones de estar con el Presidente; ahora, en la calle, cuando salga. Este ámbito lo vamos a reservar para las preguntas que tienen que ver con su intervención, es decir, con su programa europeo.

P.- Quería preguntarle al Presidente. Veo que el moderador está haciendo esfuerzos ímprobos para conseguir que el coloquio se ciña al tema europeo. Lo que me pregunto es quién hará esos esfuerzos para conseguir que en las próximas elecciones europeas se hable de temas europeos y no se hable de temas domésticos.

Por ejemplo, seguramente sería una buena manera de motivar a la sociedad a que en las elecciones europeas se hable de temas europeos el que pudiéramos saber con antelación, por ejemplo, si gana el Partido Socialista a nivel europeo, quién va a ser el Presidente del Consejo Europeo y, si ganan el Partido Popular y homólogos, quién va a ser; es decir, si no vamos a votar y luego nos vamos a encontrar con que los Gobiernos entre sí van a tomar una decisión al margen de los ciudadanos. Sé que hay un problema de desfase con el referéndum irlandés, pero seguramente sería bueno que los ciudadanos cuando voten sepan qué significa votar socialista o votar popular, independientemente de que sea en España, en Alemania o en el Reino Unido.

Si me permite también, volviendo sobre el tema de la xenofobia que se ha planteado antes, he visto que su respuesta para mí ha sido optimista, cuando ha dicho que son brotes muy minoritarios, y también he visto que en su discurso se ha sentido orgulloso de que en España no se hayan producido todavía reacciones de ese tipo. Me pregunto si el Gobierno español y los Gobiernos europeos no deberían tomar ya medidas para evitar que eso se produzca, porque, quizá, si no se hace nada, ese fenómeno va a ir en aumento en vez de ir en retroceso.

Presidente.- En relación con la primera pregunta, he de decir que me parece que es una idea a tomar en consideración el que no sé si en estas elecciones, quizás sea un poco prematuro en el futuro podamos ver en las elecciones al Parlamento Europeo una definición de opciones con caras nítidas, individualizadas. Puede ser una buena idea.

En mi experiencia en el Consejo Europeo debo decir que la Unión Europea es, ante todo, una unión de países y de ciudadanos. Por tanto, los referentes de alternativas ideológicas o de proyectos ideológicos no se sitúan como en lo que puede ser la lógica en cada país, la lógica nacional. Eso está extraordinariamente matizado y, por ello, a veces se producen esas situaciones que son más difíciles de explicar a la ciudadanía. A mí me parece que es un modelo razonable. No es que las ideologías no ocupen su espacio, pero es más fuerte la voluntad de unir que la voluntad de llevar adelante tu proyecto político ideológico. Así resumiría yo lo que he vivido en Europa y me parece que es bastante razonable.

En cuanto a la otra cuestión, de momento han sido brotes minoritarios, globalmente, y desde luego en nuestro país, también. Los ha habido, pero muy minoritarios. ¿Vamos a hacer algo para prevenir? No, estamos haciendo ya desde hace mucho para prevenir. Y la mejor manera de prevenir cualquier situación de este tipo es, por un lado, una integración de la inmigración, un diálogo activo con las organizaciones sociales representantes de los inmigrantes y un diálogo en el ámbito local, que es fundamental. Tenemos muy buenos ejemplos de Ayuntamientos que gestionan la diversidad y que gestionan la presencia de un porcentaje muy alto de inmigrantes en muchos de sus barrios, con consejos de participación, con consejos de cooperación o con mediadores, y que dan muy buenos resultados. Para ello, como se sabe, el Estado viene destinando un fondo de recursos económicos para la inmigración.

Y, con carácter más general, evitar brotes de xenofobia representa educar, educar en ciudadanía.

P.- Como se ha mencionado varias veces, ¿cómo se imagina un Presidente con amplios poderes y que se nombre un verdadero Ministro de Exteriores? ¿Cuál es su idea? ¿Cómo se debe de hacer esto?

Presidente.- Sí, me lo imagino y estoy convencido de que lo que viviremos y que llegará el momento. Para ello, ¿qué debemos de hacer? Yo creo que hay dos condiciones fundamentales. La primera es que los Gobiernos de los Estados no sientan que una parte de su responsabilidad política se decide o se determina por el papel que hace en el seno de las instituciones europeas, por lo que exige a la Comisión o por lo que consigue en un Consejo Europeo. Esta cultura hay que cambiarla.

¿Cuál es el requisito para cambiarla? El requisito es un requisito, en este caso, de acuerdos de grandes partidos. ¿Por qué? Porque las oposiciones… Da igual el color político, ¡eh! Donde hay un Gobierno popular o conservador la oposición socialdemócrata está siempre esperando a ver y a juzgar su papel en Europa, y donde hay un Gobierno socialista o socialdemócrata también sucede con las oposiciones populares o conservadoras. Esta dinámica hay que romperla y esto sólo se rompe con un acuerdo partidario.

En el momento en que los Gobiernos de cada Estado no se sientan tan compelidos para lograr cosas y para criticar a la Comisión, que es un deporte fácil y favorito de muchos de los Gobiernos, haremos que las instituciones únicas, unidas, de Europa tengan más fortaleza, más proyección y más representatividad, y que la dialéctica de control político europeo sea en el Parlamento Europeo y no sea en los veintisiete Parlamentos nacionales.

M.A. Aguilar.- Presidente, si me permite, la otra cosa que falta son medios de comunicación que realmente sean europeos, que tengan una difusión representativa, relevante, en el conjunto de todos los territorios europeos. Y esa falta de interrogar a los poderes políticos desde una óptica europea produce también pésimos resultados. El déficit de Europa, más que democrático, es un déficit mediático. Eso lo tenemos muy estudiado aquí, en la Asociación.

Veo que ha decidido, Presidente, dejarme… Ya había quedado yo mal con Tele 5, pero usted ahora quiere recuperar eso, quedar bien y yo te lo alabo.

Presidente.- Más que nada lo hago por la Asociación.

Quiero decir que forma parte del mejor espíritu europeo, que es un espíritu cuajado por valores democráticos, la prudencia en el debate público. La exageración tan evidente no se compadece con lo que son las reglas habituales de la democracia, de cómo es el duelo político en democracia.

Yo, por tanto, lo que pido es un poco de mesura a algunas de las declaraciones que se han producido y a algunas de las valoraciones sobre hechos que se han producido. Mesura y tranquilidad, por una razón: porque lo que más me interesa, que es lo que los ciudadanos deben conocer, es que, afortunadamente, el Estado de Derecho funciona bien en este país y, lógicamente, la Ley es para todos en lo que representa el tener que dar cuentas, en su caso, y también en las garantías de la defensa.

En segundo lugar, alguna cosa hemos aprendido ya en la democracia de nuestro país y es que normalmente no es útil atacar a los demás para intentar resolver problemas propios. Los problemas propios hay que resolverlos y no se consigue casi nada atacando a los otros. Esto debería de servir como lección. Yo entiendo que siempre hay circunstancias o cada un cierto tiempo cada partido tiene algún problema, más o menos de envergadura, y lo debe resolver. ¿Qué deben hacer los demás? Lógicamente, estar con paciencia esperando a que lo resuelva.

Pero está demostrado: cuando alguien tiene que resolver una cosa que es fundamentalmente suya, hágalo en esa dirección, porque atacar a los demás no sirve. Por tanto, como creo que eso forma parte del buen funcionamiento democrático, voy a entender que las cosas que se han dicho son simplemente fruto del momento o de la exageración y no vamos a responder. Esperamos que las cosas tranquilamente vuelvan a su cauce.

M.A. Aguilar.- Muchas gracias, Presidente. La crisis es la oscuridad, pero ya dijeron los expertos eléctricos que los problemas de la luz se resuelven en la oscuridad. Y yo creo que también se van a resolver los problemas de la crisis.

Muchísimas gracias por haber venido aquí a presentar estas anticipaciones sobre el programa para la Presidencia europea.

Presidente.- Muchas gracias.