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Discurso del Presidente del Gobierno en el acto de homenaje a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado fallecidos en acto de servicio

Madrid, jueves, 08 de enero de 2009

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Quiero, en primer lugar, agradecer la presencia aquí de los representantes de las instituciones del Estado el Congreso de los Diputados, el Senado, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Alcalde de Madrid, el líder de la oposición… y quiero agradecerla muy especialmente porque el acto que celebramos hoy en la sede de la Presidencia del Gobierno es uno de los más importantes y emotivos del año.

Este homenaje a los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que han perdido la vida en acto de servicio tuvo lugar por primera vez en 2008, a principios de año; lo volvemos a hacer a comienzos de 2009 y se va a acabar convirtiendo en una de nuestras tradiciones más sentidas.

Con esta celebración de homenaje, que quiere ser sencilla y sentida, respetuosa y entrañable, deseamos compartir con los familiares y con los compañeros de esos servidores públicos el recuerdo y el dolor de su ausencia; unas emociones que, sin duda, se habrán visto avivadas en estas fechas recientes de la Navidad. Sean todos ellos bienvenidos a este acto en el que honramos la memoria de ocho guardias civiles y de cinco policías nacionales que durante 2008 lo entregaron todo en cumplimiento del deber; en cumplimiento de un deber tan socialmente valioso como es el de preservar la convivencia y hacer posible el ejercicio de los derechos por parte de todos.

Nuestro más hondo reconocimiento y sincero afecto, pues, a quienes perdieron la vida desempeñando una de las tareas más dignas y más nobles de cuantas pueden desempeñarse en un Estado democrático: proteger la libertad de los ciudadanos y garantizar la seguridad de las personas.

Seguridad para el disfrute de la libertad, éste es el servicio esencial que prestan en la comunidad las mujeres y los hombres que trabajan en la Policía y en la Guardia Civil; la seguridad que ampara nuestra convivencia pacífica y la que nos permite realizar nuestros proyectos individuales y colectivos de vida.

Acabamos de conmemorar el treinta aniversario de nuestra Constitución. En este período los españoles hemos desafiado y superado no pocas limitaciones históricas; también la de proteger eficazmente la libertad y la seguridad de los ciudadanos en el marco de un Estado democrático de Derecho. Nuestra Ley Suprema proclama que el respeto a la Ley y a los derechos de los demás es fundamento del orden político y de la paz social, y atribuye a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad la misión de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades, y garantizar la seguridad ciudadana. Bien podemos congratularnos del balance de estos treinta años cuando, además, las amenazas a las que nuestras Policía y Guardia Civil se han tenido que enfrentar no han sido pocas ni de gravedad menor.

Sin duda, vuestro trabajo es duro, es abnegado y comporta riesgos, como el homenaje que celebramos hoy pone de manifiesto señaladamente.

El recuerdo de estos servidores públicos fallecidos, de vuestros familiares, resalta aún más el mérito de la tarea, la suya y la de todos sus compañeros, la tarea vital e insustituible que nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desarrollan en los pueblos, en las ciudades y en las carreteras de España, veinticuatro horas al día, durante todos los días del año.

A los policías y a los guardias civiles aquí presentes en este momento tan significado os digo que tenemos en alta estima lo que hacéis y que somos sensibles a vuestras necesidades. Quiero reiteraros, una vez más, el apoyo del Gobierno en el ejercicio de vuestro cometido, que lleváis a cabo de una forma admirable, con una eficacia que los ciudadanos saben reconocer y valorar, pues ven en él el rostro más cercano y útil de lo público, de lo que todos compartimos.

Seguiréis teniendo el respaldo que necesitáis para poder desempeñar vuestras funciones cada día con mejores recursos materiales, con unos medios humanos cada vez mejor formados y en número suficiente, y en las condiciones laborales adecuadas. Éste es el compromiso del Gobierno que presido y en el que quiero insistir en un momento de tanta significación, en medio del recuerdo vivo y duro de las personas cuya ausencia evocamos, y en una ocasión tan especial en la que ninguna palabra debe decirse en vano.

Junto al compromiso, la expresión de cariño, sobre todo la expresión de cariño, a vosotros, a sus familiares y a sus seres más cercanos. Sabemos que nadie nunca podrá compensar el sufrimiento de su pérdida, sabemos que no alcanzaremos a llenar la ausencia que han dejado en vuestras vidas y sabemos que ni siquiera podremos evitar ahora la pena que, sin duda, produce el recordarles; pero precisamente estamos aquí, juntos, para que le memoria de su sacrificio prevalezca sobre el olvido.

Estamos aquí, juntos, para acompañaros en vuestro sufrimiento y poder decirlos personalmente, de viva voz, en nombre de todos los españoles, que el dolor de cada una de vuestras familias también lo sienten como propio todos los ciudadanos de bien. Estamos aquí, juntos, para expresaros nuestra gratitud, la del Gobierno y las altas instituciones del Estado, en representación de los ciudadanos; una gratitud que les debemos a ellos y que hoy os queremos trasladar a vosotros: la gratitud por su abnegación, por su valentía, por su generosidad y por su sacrificio.

Quienes tanto nos dieron no merecen nuestro olvido. Recordémosles siempre y honrémosles siempre.

Muchas gracias.