Está usted en: 

Discurso del Presidente del Gobierno ante los participantes en la V Conferencia de Embajadores de España

Madrid, lunes, 08 de septiembre de 2008

Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en LinkedinCompartir en OrkutCompartir en TuentiCompartir en DeliciousCompartir en MySpace

Ministro, autoridades, altos cargos del Ministerio y también de Moncloa, Embajadoras y Embajadores,

Puedo aseguraros que es para mí una satisfacción este nuevo encuentro en esta Conferencia, una satisfacción doble: por un lado, porque veo caras conocidas, amigas, cercanas, que ya en este tiempo de la acción de Gobierno han compartido tiempo, tarea, ilusiones y esfuerzo, y algún rato menos bueno, que ya sabéis que para mí son pocos; pero que, en definitiva, quedan ya marcados de manera clara en el desarrollo y en la impronta de lo que es la tarea pública…

Ésa es una buena razón para felicitarme por este encuentro y la otra buena razón es constatar la vitalidad de la diplomacia española, que se corresponde con la vitalidad de un país que ha ido creciendo en su presencia en el mundo, que ha ido expandiendo sus principales señas de identidad: la España de la capacidad económica, la España de la capacidad empresarial y la España de la fuerza cultural a través de ese vehículo que representan nuestra lengua y nuestras lenguas.

Vitalidad diplomática de una España del siglo XXI, moderna, abierta, que está en todos los rincones del mundo y que comparte en las grandes organizaciones internacionales los desafíos más intensos que tiene la era contemporánea; una era contemporánea y unos años próximos que tenemos por delante que han de tener algunas líneas maestras en la acción de nuestra diplomacia y de nuestros Embajadores, capitaneada por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Yo la definiría como una política exterior comprometida. Nuestra política exterior no puede basarse en la inhibición, ni puede basarse en contemplar, sino que ha de basarse en el compromiso en todo lo que interese a España y a los valores fundamentales de nuestra sociedad. Es un compromiso que tiene prioridades que, si uno lanza una mirada al orden internacional, advierte que, al menos, debemos de situar como las más importantes la lucha contra la pobreza; la construcción de la paz o de un orden internacional seguro, fundamentado en la Carta de Naciones Unidas, defendiendo el sistema multilateral que representa Naciones Unidas; una gestión y un compromiso responsables con los recursos naturales y en la lucha contra el cambio climático, y, en cuarto lugar, una respuesta ordenada al fenómeno de las migraciones como uno de los grandes desafíos contemporáneos. Repito, lucha contra la pobreza, el principal factor de desestabilización en el orden mundial; instituciones mundiales fuertes en búsqueda de la paz; afrontar el reto del cambio climático y el fenómeno de las migraciones.

Todo ello ha de tener una seña de identidad tratándose de política de España, de política exterior de España, de política que representa a España, la España que cumple ahora treinta años de su Constitución democrática: esa seña de identidad es la defensa de los derechos humanos, la defensa de la legalidad internacional y la defensa de los valores de una convivencia pacífica. Eso emana del preámbulo y emana de todas las disposiciones que la Constitución nos dicta y nos enseña para guiar la acción del Estado.

De entre esas grandes prioridades la lucha contra la pobreza la hemos situado en primer lugar por razones de imperativo ético, por razones de reconocimiento de los compromisos de Naciones Unidas en torno a los Objetivos del Milenio y también por razones de alto interés nacional, porque nuestro bienestar, el bienestar de España y de la Comunidad Europea, de esa comunidad de países que forman la Unión Europea, depende, en gran medida, del grado de malestar de los países que no tienen un nivel de renta y de desarrollo mínimamente admisible; de manera singular, de África Subsahariana y de Latinoamérica. De ahí que la lucha contra la pobreza y el que estemos en el grupo de países que cumpla con el requerimiento de los Objetivos del Milenio constituye una gran prioridad nacional, europea y mundial.

Ésta será la Legislatura en la que daremos un nuevo avance para llegar al 0,7 por 100 de Ayuda al Desarrollo. Ésa será una seña de identidad de nuestro país.

Además, en esa tarea de lograr aportar orden y seguridad a la convivencia internacional y la paz como la tarea esencial, tenemos que seguir defendiendo una visión de la seguridad basada en democracias fuertes, en Estados comprometidos con los derechos humanos y en una Comunidad Internacional que respete las instituciones de las que se ha dotado.

Es frecuente interpelar a la fuerza y a la autoridad de Naciones Unidas para resolver conflictos o prevenir conflictos; pero nunca se hace la pregunta de cuánto poder damos a Naciones Unidas para esa tarea porque, en definitiva, el poder de Naciones Unidas sólo se lo pueden dar las naciones. De ahí que la reforma del Consejo de Seguridad y de las estructuras de la ONU sea fundamental para que cumpla un papel de mayor garantía y de mayor eficacia en la preservación de la paz.

La lucha contra el cambio climático constituye la tercera gran prioridad de este tiempo. Damos los pasos para cumplir nuestros compromisos internacionales en el marco del Protocolo de Kyoto, en la apuesta por las energías renovables y en el apoyo al ahorro energético, en donde, por cierto, tenemos empresas de primer nivel.

En cuarto lugar, el fenómeno migratorio, que ha empezado a formar parte de la tarea más habitual y más intensa de gestión por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores: diálogo y gobernabilidad concertada; diálogo con los países emisores de inmigración, los países de origen, y gobernabilidad concertada, ante todo, en el marco de la Unión Europea: ordenación de los flujos migratorios, lucha contra inmigración clandestina, control de fronteras y establecimiento de redes de protección e integración social de los inmigrantes.

Embajadoras y Embajadores,

Además de estos cuatro objetivos prioritarios, os quiero llamar la atención sobre la necesidad de que la política exterior contribuya a reactivar el crecimiento económico y a fomentar la idea de una globalización gobernada para que no provoque situaciones de graves turbulencias como las que estamos viviendo desde hace prácticamente un año.

Las economías desarrolladas, y en particular la española, han visto durante estos últimos años un gran crecimiento, gran crecimiento que ha permitido una abundancia de liquidez que favoreció el desarrollo de mercados y de productos financieros cada vez más sofisticados, que acabaron originando riesgos en el propio sistema y que han ocasionado "burbujas financieras". A ello se ha unido el incremento del precio del petróleo y de los alimentos básicos, aunque la tendencia en las últimas semanas es favorable y espero que se mantenga. Ello ha supuesto un estancamiento, prácticamente un frenazo, de las economías desarrolladas a un lado y a otro del Atlántico.

Por ello es fundamental, porque esto también está globalizado, que haya una respuesta compartida y que en nuestra tarea de política exterior esté siempre presente sumar actuaciones y concertar iniciativas también para procurar la reactivación económica.

Hay, pues, una dimensión creciente de la política exterior en el ámbito de la economía porque, cada vez más, nuestro crecimiento económico se juega fuera de nuestras fronteras como consecuencia del gran avance de la internacionalización de nuestra economía.

Quiero recordaros que España se sitúa actualmente como el tercer inversor mundial, sólo después de Estados Unidos y de Francia; que nuestras inversiones prácticamente empiezan a estar por todos los continentes y en sectores estratégicos, y que es una tarea prioritaria de nuestra diplomacia y de nuestros Embajadores el apoyo a nuestras empresas, el fomentar y el abrir nuevos espacios de inversión para la actividad económica española.

Hay sectores en los que, como sabéis, ocupamos una posición de liderazgo, a los que hay que prestar más atención: energías renovables, telecomunicaciones, finanzas, turismo y transporte, de manera singular. Por ello ese ámbito ha de estar especialmente cuidado en todo lo que representa el apoyo y el soporte a las empresas españolas.

Hay que trabajar intensamente para abrir nuevos mercados, consolidar este importante proceso de internacionalización y, desde luego, realizar una tarea de explicación y defensa de la fortaleza de la economía española, más allá del momento de dificultad que atravesamos.

Por tanto, cada vez más, el bienestar de la sociedad española depende, en buena medida, de vuestra tarea a medio y a largo plazo. Vuestra tarea es muy importante para mantener la confianza en el modelo económico español y, de manera singular, en determinados ámbitos de opinión donde de manera insistente se establecen valoraciones, a mi juicio, demasiado críticas con nuestra fortaleza económica.

Debéis, pues, expresar cuáles son nuestras fortalezas, lo que hemos conseguido en estos últimos treinta años como país, colectivamente: de un país atrasado, cerrado y sin desarrollo, a un país que se ha abierto al mundo, que ha conquistado grandes metas en su capitalización y que ha logrado avances importantísimos en el bienestar.

Confianza, pero no como una simple palabra; confianza de los hechos y de los datos. Os voy a dar uno que me parece relevante: en el primer semestre de este año, de un año difícil, la inversión extranjera directa en España se ha multiplicado por tres en relación con 2007, estando cerca de los treinta mil millones de euros. Es, por tanto, un dato elocuente como signo de confianza que la diplomacia ha de tener de manera permanente presente en su actuación.

Esa tarea de generar confianza va a estar presente también en mi próximo viaje a Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Sé que voy a contar con todo el respaldo de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores.

Embajadoras y Embajadores,

Hemos vivido cambios en los últimos años en el escenario internacional y también cambios en España. En España los cambios han determinado que nuestro país sea cada vez más fuerte y con más capacidad de influencia en el mundo, y eso se expresa en el avance y crecimiento de nuestro servicio exterior, de nuestras Embajadas y de nuestros Consulados, que hay que mantener en los próximos tiempos.

Si somos más fuertes y si tenemos más capacidad de estar en todas las regiones del mundo, es lógico que hayamos priorizado en esta etapa África y Asia; es decir, allí donde menos estábamos. Ahora bien, no olvidamos en ningún momento que somos ante todo un país europeo, un país de la Unión Europea, y que nuestra seña de identidad principal, junto a nuestras fortalezas como España, es pertenecer a la Unión Europea.

Hemos estado siempre en la vanguardia de la construcción europea y hemos defendido y debemos defender siempre, ante todo, el interés europeo, porque es la mejor manera de defender nuestro propio interés. Y, a pesar de que, a veces, en Europa, en Bruselas especialmente, se extiende un cierta desánimo y una pérdida de vigor en torno al proyecto europeo, conviene que tengamos siempre presente que lo mejor que tenemos como país en nuestra mirada al mundo es precisamente nuestra condición de país de la Unión Europea.

Es una Europa que nunca estará acabada definitivamente, una Europa que en este tiempo ha de tener como principal objetivo fortalecer su papel en la escala internacional, su fuerza y su capacidad de interlocución para promover estabilidad y para cumplir el papel que le corresponde como gran potencia económica que es. Por ejemplo, un papel como el que, a impulsos del Presidente Sarkozy, se realizó el pasado 1 de septiembre en el Consejo Europeo, en donde la Unión demostró el compromiso y la capacidad para aportar su fuerza política y diplomática en aras a dar orden, estabilidad y seguridad ante la crisis entre Rusia y Georgia. Esperemos que las gestiones de hoy den resultado y que la Unión Europea aparezca como esa gran potencia capaz de dar equilibrio y sentido a la seguridad europea, a la nueva seguridad europea, tras la caída del muro, desde el reconocimiento al papel de Rusia, pero desde la exigencia a que esta gran potencia que es Rusia cumpla y respete los principios básicos de un orden internacional seguro.

No puedo dejar de recordaros que dentro de esas señas de identidad de nuestra política y de nuestra acción en el exterior está la defensa, la mirada, la atención, la palabra, a favor de la igualdad de género, a favor de las mujeres que sufren maltrato y a favor de que la mitad del mundo sea igual a la otra mitad.

Es una visión, insisto, europeísta que nos exige ver cuanto antes cumplido el objetivo de ratificación del Tratado de Lisboa para marcar la hoja de ruta de la futura Presidencia española en 2010 en los contenidos esenciales.

Esta tarea, la tarea de preparación de la Presidencia española, es una tarea del Presidente del Gobierno, del Ministerio de Asuntos Exteriores y una tarea de todos los Embajadores de España. Os pido vuestra ayuda para tal fin, de una manera singular a todos los Embajadores ante la Unión Europea y a nuestra representación en las instituciones europeas, que tan buen trabajo hace, porque en ese período estamos comprometidos y decididos a dar un impulso fundamental en la construcción europea, en la mirada de Europa hacia algún continente, y será, por tanto, muy trascendental para los intereses de España.

También quiero hacer una referencia a las relaciones trasatlánticas. Queremos promover en esta Legislatura, durante la Presidencia Europea de 2010, para alcanzar un multilateralismo eficaz, una nueva profundización de las relaciones trasatlánticas, una nueva etapa, que coincide con lo que supone el avance de la presencia de la política exterior europea en el concierto internacional.

Además, nuestras relaciones bilaterales con Estados Unidos deben avanzar desde el respeto mutuo. Hay una trama de intereses económicos poderosa y una trama de valores culturales extraordinariamente rica, como la lengua y la cultura, que debemos preservar.

África es el continente que más nos duele y el que más sufre; por tanto, el que más atención merece. Hemos hecho un esfuerzo de apertura de nuevas Embajadas y Oficinas Comerciales. Y esa mirada a África ha de estar guiada por construir una política con África, una política en la que España ha ganado mucho terreno en los últimos años en respeto, en reconocimiento y en consideración. Es una política en la que deseo implicarme más de manera personal.

Vamos a tener una Reunión de Alto Nivel España-África Occidental en el próximo mes de diciembre y pienso realizar tres giras al continente africano en esta Legislatura, igual que tres son los viajes que pienso poner en marcha hacia Asia, un continente al que España ha llegado tarde y, por tanto, en el que tenemos que recuperar el tiempo perdido. Sin duda alguna, es el nuevo gran centro económico y cultural del mundo.

Un nuevo Plan Asia debe servirnos de hoja de ruta para abordar nuestra acción exterior en esta región, igual que el Mediterráneo, esa otra región, constituye para España uno de los ámbitos más intenso y más trabado de relación en los últimos tiempos.

Acabamos de abrir el tiempo de la Unión por el Mediterráneo desde el Proceso de Barcelona. Como sabéis, y en esto tenemos un empeño muy querido y muy intenso, estamos trabajando para que el Secretariado de la Unión por el Mediterráneo esté en la ciudad de Barcelona. También os pido, lógicamente, la tarea oportuna para ganar este objetivo.

Es probable que en 2010, coincidiendo con la Presidencia española de la Unión Europea, se celebre la segunda Cumbre de la Unión para el Mediterráneo, que deberá consolidar esta asociación renovada. Si es así, en ese tiempo tendremos una gran responsabilidad. Queremos trabajar en este ámbito para impulsar una Carta Euromediterránea de la Seguridad Alimentaria, otra en el campo de la energía y en el cambio climático, y también centrar los esfuerzos en el área educativa.

El Magreb y Oriente Próximo están muy presentes, de manera singular, en el Ministro de Asuntos Exteriores; casi media vida diplomática. Lo he podido constatar de manera directa y personal en muchas ocasiones. Espero viajar próximamente a Oriente Próximo para afianzar nuestras relaciones bilaterales y para ofrecer la contribución de España y la tarea que España viene realizando en la búsqueda de la paz en la región.

En pocas semanas estaremos nuevamente en una Cumbre Iberoamericana, en El Salvador. Trabajamos muy estrechamente con los Gobiernos latinoamericanos, trabajamos casi a diario con todos los Gobiernos latinoamericanos. Estamos empeñados en que la consolidación de la institucionalidad democrática sea algo definitivo en la región y en que la cohesión social y la lucha contra la desigualdad de ingresos y la pobreza sea la gran tarea de Latinoamérica en este tiempo. Estamos decididos a seguir apostando por el diálogo con todos los países latinoamericanos, con los que han dado un gran avance histórico en su consolidación democrática, en su progreso económico --no citaré ninguno-- o con aquellos a los que estamos esperando con un íntimo deseo para que estén en el ámbito del pleno concierto democrático, del pleno concierto de la relación en todas las instancias internacionales.

Embajadores y Embajadoras,

El tema de la reunión de este año de la Conferencia era el de la diplomacia pública, es decir, una nueva dimensión internacional de nuestra política exterior, a la que otorgo gran relevancia. Esa diplomacia pública tiene un objetivo: fortalecer la imagen y la percepción de nuestro país, dar a conocer a todas la opiniones públicas nuestra realidad y nuestras políticas, nuestros principios comunes como país en este tiempo. Contamos ya con algunos instrumentos de gran valía: el Instituto Cervantes y las Casas América, Asia, África y Árabe. Debemos mejorar nuestra capacidad de acción.

Una Comisión de Diplomacia Pública se va a encargar de esta tarea y va a incorporar a miembros del Gobierno, de la sociedad civil, de los medios de comunicación, del mundo de la cultura y de la empresa, para analizar cada año nuestra proyección exterior en todos los ámbitos y proponer futuras líneas de actuación.

Embajadoras y Embajadores, servidores del Estado,

En una idea de la España democrática común compartida, quiero expresaros mi reconocimiento y el de todo el Gobierno de España. Allí dónde estéis representando a nuestro país, permaneced trasladando la imagen del diálogo, del respeto y de la comprensión con todos los países y con todas las instituciones. España es un país que siempre trabaja de manera constructiva y que siempre elige entenderse y agotar el diálogo, antes que la incomunicación o el enfrentamiento.

Sé de vuestra vocación de servicio he constatado vuestra capacidad profesional y también del esfuerzo que en muchos sitios vuestra labor comporta. Tengo muy presentes vuestras preocupaciones y vamos a afrontar el compromiso que hemos establecido: una ley reguladora del marco de acción exterior del Estado y de su Servicio Exterior, para modernizar y racionalizar todos los aspectos relacionados con la acción exterior del Estado.

Vuestra tarea comporta una gran responsabilidad y un gran honor. Representáis a una sociedad dinámica y con enorme potencial, a un país cargado de historia, lleno de cultura y que es querido en el mundo. La España de nuestros días es la de un gran país, una sociedad valiente, libre y con una singular capacidad de ensanchar la convivencia dentro y fuera de nuestras fronteras.

Tenéis toda mi confianza para desarrollar esa política exterior del Gobierno de España, para desarrollarla desde la profesionalidad, para desarrollarla representando a todos los españoles y para defender los valores y los intereses que sabéis que están presentes en la inmensa mayoría de nuestros compatriotas. También en una tarea que es especialmente importante, que sabe el Ministro que siempre estoy muy cerca cuando hay algún problema de ello, de proteger a todos los ciudadanos españoles que se encuentran fuera de nuestras fronteras, bien de manera estable o bien de manera circunstancial.

Sé que el fortalecimiento de los Consulados es uno de los anhelos que tiene el Ministro y seguiremos intentando colmar ese anhelo y fortalecer lo que es nuestro servicio exterior.

Desde esa confianza os animo a todos a que sigáis trabajando con empeño, con afán, con ganas, con voluntad de servicio.

En estos cuatro años ya largos como Presidente del Gobierno puedo decir que he conocido, y ello me ha llevado a valorar extraordinariamente nuestro Cuerpo Diplomático, a las personas que integran el Cuerpo Diplomático, a las personas que en general representan a España fuera de nuestras fronteras, que me siento orgulloso, en última instancia, de dirigir vuestra acción y que tenéis todo mi apoyo y toda mi confianza. Merece la pena servir a España y merece la pena hacerlo desde la representación diplomática en el exterior.

Muchas gracias.