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Discurso del Presidente del Gobierno en Tribuna de Barcelona

Barcelona, lunes, 20 de noviembre de 2006

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Muchísimas gracias por esta invitación para comparecer en Tribuna de Barcelona en una fecha señalada; una Tribuna de Barcelona que ha sido, es y seguirá siendo un exponente de libertad, un foro de pluralidad, de reflexión y de debate sereno, algo tan propio de la sociedad catalana. Quiero, por tanto, unirme a la felicitación y, ante todo, unirme al estímulo para que esta Tribuna siga con la vitalidad, con la capacidad de innovación y con la fuerza que permite que las palabras se conviertan en hechos y en avances para el bienestar colectivo.

Quiero agradecer de manera muy singular las palabras de José Montilla. Su presentación ha sido generosa; su valoración, casi con seguridad movida por el afecto personal, y, desde luego, creo permitidme que ahora diga "Pepe", Pepe, que tus palabras, y también sucede esto en la vida política, a uno le producen una emoción evidente y esa emoción, conjuntamente con el mucho trabajo que llevamos haciendo en los últimos años desde el Gobierno, en consonancia con la tarea del partido, sólo quiero y deseo que se vuelvan hacia tu capacidad y hacia tu fuerza para que tengas todo el éxito en tu tarea que, según me has confirmado hace un momento, empezará previsiblemente el próximo jueves o viernes en la sesión de investidura. Ése es mi deseo conjuntamente con toda mi mejor actitud en la colaboración y en la relación entre ambos Gobiernos.

Amigas y amigos,

Estamos cercanos ya a concluir 2006 y voy a empezar por una afirmación que procuraré demostrar y argumentar, aunque es una afirmación contundente: amigas y amigos, España se encuentra en el mejor momento de su historia contemporánea. Parece una afirmación contundente, lo es; pero no es una afirmación osada sino cierta, y hay numerosos datos y argumentos que así lo avalan.

Trataré de fundamentarla ante ustedes no sin antes dejar bien claro, bien sentado, que no pretendo atribuir esta situación y lo que puede representar el futuro inmediato de nuestro país, de nuestra convivencia colectiva, a las virtudes del Gobierno, ni regatear, ¡lejos de mí!, mérito a ninguno de los Gobiernos anteriores de ningún color político ni de ningún nivel, porque atribuyo este momento histórico, este éxito colectivo hoy que hace 31 años que se produjo la muerte del dictador y es tan palpable el éxito colectivo al conjunto de la sociedad, al dinamismo de sus distintos sectores, a una actitud vital y positiva, a la contribución de todas las generaciones desde que irrumpimos a la libertad y también a la capacidad de forjar consensos sobre decisiones fundamentales que hemos tenido en el orden político, económico y social.

¿Por qué digo que España se encuentra en el mejor momento de su historia contemporánea? En primer lugar, porque en el orden económico bastaría para sustentar esta afirmación con la sola presentación, si existiese, de un índice agregado de las principales variables económicas por las que se mide un país: crecimiento, creación de empleo, disminución del paro, nivel de precios o de inflación, estado de las cuentas públicas, endeudamiento público y sostenibilidad cada vez mayor de los sistemas de protección social que fundamentan el Estado del Bienestar.

Quiero recordar que encadenamos en 2006 un período continuado de doce años de alto crecimiento económico. Por referirme el último período, encadenamos once trimestres de un crecimiento económico que se acelera cada trimestre y que sitúa en estos momentos nuestro crecimiento en el 3,8 por 100, una cifra muy notable, y que nos va a permitir estar en un promedio muy por encima de la media europea, donde estamos ya prácticamente convirgiendo en renta per cápita. Dentro de poco lo he anunciado en Barcelona superaremos a Italia en renta per cápita y al inicio de la próxima década, y a lo mejor antes, nos situaremos a la altura de Alemania.

Hoy trabajan en nuestro país más personas que nunca, cerca de veinte millones de personas. En esta Legislatura, en donde tengo la fortuna de presidir el Gobierno de España, se van a crear más de tres millones de puestos de trabajo, los mismos que tienen prácticamente Andalucía o Madrid; es decir, en una sola legislatura vamos a crear tantos puestos de trabajo como todos los que tienen la Comunidad Autónoma de Madrid o la Comunidad Autónoma de Andalucía. Así estamos evolucionando nuestro potencial de creación de empleo.

Estamos ya por encima de la Unión Europea en tasa de actividad y en tasa de empleo, y estamos en la media en tasa de paro; previsiblemente, algo por debajo de la media dentro muy poco tiempo. Permítanme afirmar que son registros que parecerían un sueño a la generación anterior y un objetivo extraordinariamente difícil de alcanzar hace apenas una década.

Tenemos un número considerable de empresas españolas, y singularmente de empresas catalanas, firmemente establecidas en el exterior, que operan en distintos sectores productivos, muchos de ellos asentados ya en tecnologías de vanguardia.

El progreso que hemos sido capaces de generar se ha repartido ampliamente por todo el país. Nunca ha habido tanta cohesión territorial real como en este momento de la historia de nuestro país. Hoy son más reducidas que nunca las distancias de bienestar existentes entre las distintas Comunidades Autónomas.

Los españoles vivimos cada día más, nos situamos entre los primeros pueblos del mundo en esperanza de vida al nacer: prácticamente ya en los ochenta años.

Disponemos de un alto nivel formativo: más de cinco millones y medio de españoles son titulados universitarios. Lo hemos multiplicado por cinco veces en el último cuarto de siglo.

Somos un país de evidentes oportunidades. No pasa del 8 por 100 el número de los hijos de padres con estudios primarios o inferiores que se hayan mantenido en el mismo nivel, mientras que el 37 por 100 han alcanzado estudios universitarios.

Nuestros ciudadanos disfrutan hoy de más derechos civiles, libertades individuales y derechos sociales que nunca en la Historia, y dentro del grupo de países que más derechos cívicos y libertades individuales confiere a sus ciudadanos. La sociedad española es más abierta, plural y tolerante que en cualquier momento anterior de nuestra historia, a pesar de que quedan algunos residuos, en mi opinión francamente minoritarios. Y también, ¡atención!, es la que más ha avanzado en la igualdad real, en la igualdad de oportunidades y de trato, entre mujeres y hombres. Quizá el cambio social que explica tanto avance, tanto progreso y tanta creación de empleo.

Quiero aprovechar esta oportunidad después de hacer este balance de nuestro momento económico, de empleo y social para agradecer a sindicatos y organizaciones empresariales su firme y ejemplar compromiso con el bienestar colectivo. Hoy reitero que una de las cualidades que tiene este país, que representa un valor añadido en nuestra capacidad de crecimiento económico y de creación de empleo es, sin duda alguna, la actitud de organizaciones sindicales y de organizaciones empresariales, responsables, colaboradoras con los objetivos globales del país y que dan cada día muestra de una visión moderna de lo que representa la economía y de los representa la cohesión social.

El valor del diálogo social nos ha permitido en este período una veintena de acuerdos que permiten mejorar la calidad y estabilidad en el empleo, reformas en las pensiones y prestaciones sociales para garantizar el futuro de nuestro sistema de protección, y decisiones eficaces para la regularización y la integración social de los inmigrantes. Todo ello da una enorme confianza a las expectativas de nuestra economía y a las perspectivas de lo que representa el avance en el desarrollo del Estado del Bienestar y en nuestro sistema de protección social.

Quiero recordarles que estamos por encima de los 40.000 millones de euros en lo que representa el Fondo de Reserva de la Seguridad Social y que, lejos de las peores previsiones de hace sólo quince años, afortunadamente para nuestro país y para las generaciones que vienen, tenemos una Seguridad Social sólida y robusta, que irá exigiendo reformas como la que acabamos de hacer en concertación con sindicatos y empresarios, pero que nos permitirá ir ganando confianza de futuro.

Y quiero recordarles que, para envidia de muchos países europeos, vamos a culminar este ejercicio presupuestario de 2006 con un amplio superávit en las cuentas públicas, que estará claramente por encima del 1 por 100 del PIB, y que la reducción de nuestra deuda en relación con el PIB nos va a situar en la tendencia actual en uno de los mejores países, con más potencial para su capacidad de financiación, de la Unión Europea y, en conjunto, de todos los países desarrollados, porque nos acercaremos a estar en una situación el doble mejor, en materia de deuda, que Estados Unidos o que Japón.

Es, por tanto, pueden comprenderme, satisfactorio saber que en la evolución económica y en la gestión de los asuntos públicos podemos estar labrando un camino bastante despejado para el futuro y para los compromisos con las generaciones que han de venir y que hoy están contribuyendo y trabajando en nuestro país.

Estamos a punto de aprobar el Presupuesto para 2007. Va a ser el tercer Presupuesto del Gobierno que presido y quiero recordarles simplemente un dato a modo de resumen: tres Presupuestos de este Gobierno y tres años de crecimiento por encima del 3 por 100; tres Presupuestos de este Gobierno y tres años de crecimiento del empleo por encima del 3 por 100; tres años de este Gobierno y tres años que van a ser con superávit público en nuestras cuentas por encima del 1 por 100, y por primera vez en la Historia; tres años de Presupuestos y tres años de subida de las pensiones mínimas el doble de la subida media de las pensiones: en la Legislatura, un 25 por 100; tres años de Presupuestos de este Gobierno y el Salario Mínimo Interprofesional va a recuperar todo el poder adquisitivo perdido. Permítanme, por tanto, que exprese que vivimos un momento, desde el punto de vista económico, de empleo y social, que nos exigirá un gran esfuerzo para mantenerlo y aún mejorarlo.

Como país contamos con voz propia, autónoma y respetada en todos los organismos internacionales. Hemos fortalecido de manera muy singular lo que representa el compromiso con Naciones Unidas, la institución llamada a garantizar un orden internacional más justo, más pacífico y más solidario, que será la mayor garantía de estabilidad y de seguridad para el conjunto de los países y, por supuesto, para el conjunto de los países desarrollados.

Por ello, hemos propuesto la Alianza de Civilizaciones basada en el conocimiento y el respeto mutuo, en el diálogo y la comprensión, y en la solución de las más lacerantes injusticias como vía para evitar la incomprensión, el sectarismo y la confrontación, porque un mundo que cada vez se acerca más, como consecuencia del progreso, de la capacidad del ser humano y del avance tecnológico; un mundo que se acerca más tiene que avanzar en un conocimiento mutuo y llevar a cabo acciones en el ámbito de los jóvenes, de la cultura y de los medios de comunicación que fomenten el diálogo y la confianza, no la separación y la división.

Por ello, permítanme que les diga que, mirando al siglo XXI, la fuerza más poderosa para garantizar el equilibrio del orden internacional, la seguridad y el progreso de la inmensa mayoría de los ciudadanos; la fuerza más poderosa es la fuerza de la paz. Desde la paz se pueden construir convivencia democrática y libertades, desde la paz se puede favorecer el desarrollo económico y social de los pueblos, desde la paz se puede construir el entendimiento y el respeto a las civilizaciones y a las distintas culturas.

Por ello, España, como país europeo, mediterráneo e iberoamericano, como país con una mirada universal tan amplia, ha de ser un país que esté en el grupo de aquellos que buscan la paz y la solución racional de los conflictos. Por eso hemos mantenido la posición que hemos mantenido en torno al conflicto bélico de Iraq, que cada día que pasa demuestra cómo no se deben hacer las cosas, que cada día que pasa pone de manifiesto que el camino adecuado nunca, en situaciones de esa naturaleza, ha de ser la fuerza, sino el consenso multilateral y la alternativa a través de otras sendas de trabajo.

Por ello, queremos que el conflicto de Oriente Medio, que es la causa de muchos conflictos, la razón de mucha violencia y la justificación de mucho fanatismo, ha de tener un compromiso exigente y urgente para superar una situación que cada día se deteriora.

Estamos, como país, comprometidos con el avance de la dimensión política de la Unión Europea, de cuya pertenencia nos hemos beneficiado intensamente. Un país como España, de profunda alma europeísta, tiene que estar siempre en el grupo de países de vanguardia que quieren construir una unión política más perfecta.

Desde mi punto de vista, Europa ha vivido sus mejores momentos cuando ha tomado la iniciativa, cuando ha tenido una carga de audacia; primero, en su nacimiento, que era un proyecto ambicioso, aunque algunos lo tacharon de utópico en aquel momento histórico después de la Segunda Guerra Mundial, pero ha sido el mejor proyecto que en el siglo XX nació para unir países y favorecer el progreso económico de los pueblos. También Europa fue audaz y valiente cuando abrió a las puertas a los países del Sur, como España, y también lo fue cuando promovió la integración de los países llamados de la Europa del Este. Y, desde mi punto de vista, ahora tiene ante sí el reto de ser valiente y de apostar por la unión constitucional y mirar al mundo con más seguridad en sí misma y con más capacidad de creer que juega un factor que es un factor decisivo en el equilibrio al que caminamos, con un poder asiático creciente, con el poder de los Estados Unidos de Norteamérica, con las difíciles situaciones que se viven en Oriente Medio y la lamentable situación que tiene buena parte del continente africano.

Además de nuestro compromiso con la Unión Europea, nuestro papel en América, en Iberoamérica, como saben, ha trascendido la común identidad histórica y cultural y ha adquirido una sustantiva dimensión económica y de cooperación. Y empezamos poco a poco a tener una presencia en el continente asiático, cuyo dinamismo le situará en primera fila mundial en muy pocas décadas y del que hemos estado tradicionalmente ausentes. Por primera vez también desde hace mucho tiempo hemos vuelto, porque teníamos la obligación de hacerlo, la mirada a África, un continente decisivo dada nuestra posición fronteriza.

Amigas y amigos,

Desde el punto de vista de la sociedad, no cabe duda que ésta es una sociedad plenamente libre, con una gran pluralidad de medios de comunicación que nos sitúa también en las posiciones de vanguardia, y, socialmente, es evidente que somos una sociedad que integra y que integra ejemplarmente. En una década, en tan sólo una década, hemos multiplicado por ocho el número de extranjeros que viven con nosotros y que hoy suponen casi uno de cada diez habitantes.

Pero, a la vez, somos una sociedad solidaria y generosa, cooperamos cada vez más al desarrollo y ocupamos el liderazgo mundial en la donación de órganos y trasplantes, y en adopciones internacionales. Especialmente, ocupa ese liderazgo Cataluña.

Somos también una sociedad cada vez más sensibilizada ante la protección de la naturaleza y del medio ambiente. El 14 por 100 de las empresas que tienen algún sistema de gestión ambiental en la Unión Europea a Quince están establecidas en España y en la última década hemos duplicado la superficie de los Espacios Naturales Protegidos.

Este recorrido nos lleva a afirmar que España es un país que ha avanzado extraordinariamente en un corto espacio de tiempo. Ha sabido desarrollar un proceso de reformas que nos permite funcionar mejor como país e innovar en la forma de ejercer el poder, también en la forma de ejercer el poder, porque el llamado Estado de las Autonomías es un gran éxito y las reformas estatutarias que llevamos adelante en este tiempo van a representar un firme paso para acercar más el poder a los ciudadanos, permitir el progreso de todos y cada uno de nuestros pueblos y avanzar en un Estado que cada día se parece más a como es en realidad: plural y diverso, unido en valores democráticos y en objetivos de cambio social.

España se ha convertido en un país situado a la vanguardia en múltiples aspectos y que tiene ante sí un prometedor futuro. De ello da buena prueba que somos uno de los países más atractivos del mundo: somos el quinto país en inversión extranjera de toda la OCDE; el primero en atracción de trabajadores de otros países de la OCDE; el segundo en número de turistas. En definitiva, un país al que viene de forma tan elevada el capital a invertir; los trabajadores, a trabajar, y los turistas, a conocer nuestros rincones y nuestras potencialidades, es un país que ofrece una imagen ante el mundo con un gran potencial de futuro y con una evidente estabilidad de presente.

Es un país que, dado su progreso, se puede plantear ahora reformas cualitativas: competitividad económica; estabilidad y calidad en el empleo; igualdad real, plena y definitiva de la mujer; protección ante la dependencia; cuidado del medio ambiente y hábitos de vida protectores de la salud.

Es evidente que no todo está resuelto. Ni siquiera, afortunadamente, está todo conseguido. También tenemos retos que afrontar para dar pasos sin marcha atrás en una convivencia colectiva en paz, con igualdad y con bienestar. Permítanme que les enuncie simplemente algunas de las prioridades que tiene nuestro país por delante y que constituyen los objetivos de acción más relevantes del Gobierno:

  • Recuperar el déficit histórico de Investigación, Desarrollo e Innovación.
  • Asegurar la excelencia en la educación superior y extender la educación de nuestra población hasta los dieciocho años.
  • Situarnos en primera fila de la Sociedad de la Información.
  • Responder a los problemas del envejecimiento.
  • Dotar de servicios públicos eficientes y de calidad a una población que crece intensamente.
  • Resolver la disponibilidad de agua.
  • Asegurar la provisión energética.
  • Promover un urbanismo equilibrado y ampliar las posibilidades de acceso a la vivienda.
  • Activar mecanismos de cooperación institucional.
  • Mantener la solidaridad interregional.
  • Evitar los riesgos de exclusión social.
  • Avanzar en la descentralización política.
  • Cubrir una nueva etapa de fuertes inversiones en infraestructuras, incluidas Cercanías, donde prime una visión en red para incrementar la cohesión.
  • Fomentar las culturas de nuestro país, sus identidades y sus lenguas.
  • Y hacer que la política discurra en el terreno del debate de las ideas y las oportunidades, y no en el de los insultos.

Quizás de todos estos objetivos el último sea el más difícil de conseguir.

Éstos son los retos sobre los que se concentra la acción del Gobierno y de la mayoría parlamentaria que lo sostiene. Éstos son los quehaceres de la España contemporánea.

Esta es una visión sintética de España y queda como tarea, por eso lo he dejado para el final, poner fin a la mayor tragedia de nuestra realidad colectiva, al terror que nos hiere desde hace cuarenta años. Es un intento difícil que exige, a la vez, coraje, precaución y un irrenunciable compromiso democrático; un intento que merece la pena, que merecería también el apoyo y la colaboración de todos los partidos democráticos, y que necesitaría prescindir de toda tentación partidista, de toda visión a corto plazo. Desde aquí quiero agradecer su actitud a los partidos que están dando un apoyo al Gobierno en el proceso de paz y, de manera muy singular, a los grupos políticos catalanes cuya lealtad en esta materia quiero hoy resaltar ante todos ustedes.

En esta visión de España Cataluña ocupa un lugar fundamental para mí. Cataluña ha progresado con España; de hecho, el progreso de Cataluña ha tirado del progreso de España. Algunos de los valores que han permitido que pasemos la página de una España atrasada hoy, 20 de noviembre, intolerante e injusta han arraigado tradicionalmente en Cataluña.

Esta sociedad ha sido siempre emprendedora, abierta, plural, tolerante, europeísta, vanguardista y volcada a la cultura; solidaria en su interior y hacia fuera. Y desearía que esa pluralidad y una sincera actitud de compromiso con el proyecto de la España moderna y europeísta fuera un compromiso firme, profundo y definitivo.

Cataluña ha conocido en las últimas décadas un avance espectacular y ha resuelto en los últimos años muchas de sus aspiraciones históricas y algunas de sus reivindicaciones más sentidas. Permítanme que diga que nunca ha sido tan manifiesto el compromiso del Gobierno de la nación, del Gobierno de España, con la forma propia de sentirse Cataluña como en este momento histórico.

Cataluña cuenta hoy con su nuevo Estatuto, el Estatuto que le confiere más autogobierno de la Historia y también más responsabilidad a sus instituciones y a sus partidos políticos. Cuenta con los antecedentes documentales de su historia un día incautados, que le restituyen su dignidad institucional. El catalán ha sido reconocido en las instituciones europeas y Cataluña recuperará su déficit en infraestructuras en los próximos siete años, tal y como establece el nuevo Estatuto de Autonomía. Barcelona cuenta con su Carta Municipal que permitirá a esta gran capital responder a las necesidades más apremiantes de los ciudadanos.

Pero Cataluña cuenta, sobre todo, con la capacidad de su gente para seguir en la delantera del proyecto común de los españoles y, desde mi punto de vista, Cataluña afronta hoy cuatro grandes prioridades. Y anticipo que para esas cuatro grandes prioridades va a contar con la plena colaboración de mi Gobierno.

Primero, Cataluña debe acelerar su potencial competitivo y ser uno de los polos de liderazgo de Europa y del mundo en capital tecnológico e innovador. Puede hacerlo, debe hacerlo y, además, discurre el camino adecuado para conseguirlo.

En segundo lugar, la sociedad catalana afronta el reto de un intenso y acelerado cambio demográfico. Atrae a muchos trabajadores de distintos países y culturas, y eso exige un doble esfuerzo: un gran esfuerzo de convivencia y un discurso renovado de la identidad de Cataluña en España y en Europa, un discurso de orgullo de país. Vienen de fuera porque esta sociedad da enormes oportunidades y los que vienen de fuera deben vivir en el orden de nuestros valores, con derechos y deberes. Y los ciudadanos que viven más intensamente la cercanía de estos nuevos catalanes han de recibir de los poderes públicos un especial apoyo en las políticas sociales, en las condiciones de trabajo, en la escuela, en la vivienda y en la sanidad.

El tercer reto que, desde mi punto de vista, afronta Cataluña, es su posición en el conjunto de España. Desde el primer día como Presidente del Gobierno he procurado que se superen viejos prejuicios, que todavía anidan en determinados sectores, sobre el ser catalán y el ser español. El destino, que es lo que más importa a las personas con ideales, nos une y nos une de la mejor manera que uno cabe imaginar: a través del respeto, del afán por el progreso, por los derechos democráticos y por la justicia social. Porque Cataluña será más Cataluña y España será más España cuanto más y mejor democracia tengamos, cuanto más justas sean sus sociedades y libres sus hombres y mujeres. En ese espacio caben todas las banderas, todas las lenguas y todos los símbolos. Ninguno estorbará; más bien, cada uno puede disfrutar del resto.

Por último, en cuarto lugar, permítanme que me adentre en un territorio sensible en este momento. Cataluña o, mejor, las fuerzas políticas catalanas deben procurar una etapa de sosiego, que es un estado en el que crecen las ideas y los valores más nobles. Esa otra manera de hacer política que ha caracterizado a Cataluña debe primar en este tiempo post-estatutario con una voluntad de diálogo y de entendimiento entre catalanes y de catalanes con el conjunto de España. Ésa será la actitud del Gobierno que presido: de diálogo, de entendimiento y de plena colaboración.

Señoras y señores,

Ésta es mi visión sintética de España para Cataluña y mi visión de Cataluña en España. Puede que algunos tengan una visión tan positiva como la mía, aunque es ciertamente difícil; pero si les puedo asegurar que, como Presidente del Gobierno y como español, siempre estaré del lado de los que ven a Cataluña como un gran activo para la convivencia colectiva de nuestro país.

Muchas gracias.