Señorías,
La igualdad es también una de las señas de identidad del país que con ustedes quiero seguir construyendo. Además de una exigencia constitucional, la igualdad debe ser una seña de identidad de la España sólida y cohesionada.
Presentaré a la Cámara una ley integral de igualdad de trato, que elimine la discriminación en todos los ámbitos y por cualquier motivo en nuestra sociedad. Acabaremos, Señorías, con la discriminación por la orientación sexual. Integraremos plenamente a las personas con discapacidad para verlas por fin trabajando y viviendo con normalidad. Erradiquemos cualquier discriminación por razones religiosas o de ideología en nuestro país. Añadamos esta Ley de Igualdad de Trato a las leyes ya aprobadas de igualdad entre hombres y mujeres y contra la violencia de género, que han situado a España en la vanguardia internacional en derechos.
Mi idea de España es también la de un país en el que izquierda y derecha pueden impulsar juntas avances en derechos y libertades. Les espero para tal objetivo.
Un país digno, Señorías, no tolera que el género decida la suerte de una persona. Un país decente no consiente que las mujeres queden un peldaño por debajo de los hombres en ningún ámbito de la vida: ni en el trabajo, ni en la política, ni en el ocio, ni en la familia; en ninguno.
Por eso, la lucha contra la violencia de género, contra todo tipo de violación de los derechos de las mujeres; el apoyo al empleo femenino; las medidas de conciliación de la vida laboral y familiar; el apoyo a la corresponsabilidad en las cargas familiares y la promoción de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social y política seguirán siendo nuestros objetivos prioritarios en los próximos años.
El país que quiero no puede tolerar que cada semana muera una mujer por la violencia machista. La política desarrollada en la Legislatura pasada ha servido para mejorar la situación de las mujeres víctimas de violencia y para salvar vidas, pero no ha sido suficiente. Ahora tenemos que mejorar la coordinación de las Administraciones para detectar con prontitud los casos, prevenir y proteger a las mujeres en cualquier rincón de España. Quien se atreva a agredir a una mujer ha de saber que caerá todo el peso de la Ley sobre él y que hacia él se dirigirá el desprecio y la reprobación de toda la sociedad. Cualquier cobarde que levante la mano a una mujer deberá saber que no tiene enfrente a un ser desprotegido, sino a 44 millones de personas dispuestas a plantarle cara.
Pondré también mi empeño y el del Gobierno para que las mujeres que sufren sepan que estamos todos de su lado; que no han de tener miedo; que la denuncia no traerá más desvelos, sino más tranquilidad, y que no hay razones para resignarse, sino motivos para rebelarse en la defensa de la dignidad propia y de la dignidad de todos.
El Gobierno no puede abordar este problema solo. Necesitamos a las Comunidades Autónomas. Por eso una primera iniciativa será la convocatoria de una Conferencia de Presidentes para abordar el problema en toda su dimensión y con visión de Estado.
Para erradicar la violencia a largo plazo se exige trabajar intensamente por una sociedad que trate por igual a hombres y mujeres. Nos vamos a implicar, así, activamente en la puesta en marcha de los planes de igualdad en las empresas, para lo que contaremos con empresarios y con trabajadores.
Vamos a combatir especialmente la más irritante de las discriminaciones laborales: la salarial. Un país digno, Señorías, la España que ambiciono, no permite que una mujer cobre un solo euro menos que un hombre por hacer el mismo trabajo.
Vamos a seguir apoyando el empleo femenino, especialmente para las mujeres en la madurez, entre los 45 y los 64 años. Ellas sufren dificultades añadidas para encontrar empleo, en muchos casos después de haber dejado pasar oportunidades por atender a sus hijos. Trataremos de reducir en, al menos, un tercio la inactividad de estas mujeres. Para ello me propongo que sepan qué oportunidades de trabajo tienen, que puedan recibir buena formación para el empleo y que los empresarios que les den trabajo tengan bonificaciones adecuadas.
Mi idea de España es la de un país que fomenta la corresponsabilidad en la vida familiar, hombres y mujeres que compartimos tareas. Desde el Gobierno intentaremos ponerlo más fácil: ampliaremos de dos a cuatro semanas el permiso de paternidad; generaremos prestaciones de Seguridad Social para los padres de menores hospitalizados; permitiremos que las jornadas laborales sean más cortas para quienes cuidan de sus hijos, no sólo hasta que tienen ocho años, como hasta ahora, sino hasta los doce; y ayudaremos a las empresas a que creen escuelas infantiles para llegar a las trescientas mil plazas que nos hemos propuesto como objetivo para que las parejas más jóvenes puedan conciliar su vida laboral y su vida familiar. En la España a la que aspiramos, Señorías, nadie ha de verse obligado a elegir entre un empleo o un hijo.
Debemos también, Señorías, dar garantías plenas a las mujeres que deciden, conforme a los derechos que les reconoce la ley actual, recurrir a la interrupción voluntaria del embarazo. La Ley dice lo que no pueden hacer ni ellas ni sus médicos; pero también dice lo que pueden hacer, con pleno respeto a su intimidad y a su salud.